La Revolución Industrial: 1750-1830
4. Hacia el capitalismo industrial
¿A partir de cuándo podemos hablar de un capitalismo industrial?, ¿la denominada Revolución Industrial fue un cambio abrupto o implicó avances paulatinos?, ¿cómo lo aborda la historia?
Ciertamente, los procesos revolucionarios que dan origen a nuevas formas de organizar la sociedad no pueden estar circunscritos a un año o un período muy acotado de tiempo, ya que comprenden cambios paulatinos visibles en el largo plazo. No obstante, existe un consenso entre los historiadores en situar dos fases de la Revolución Industrial.
La primera fase, en torno a 1760/1780, se caracteriza por la emergencia de la industria textil y metalúrgica, un acelerado incremento de la producción y los cambios sufridos en la organización social del trabajo.
La segunda fase, entre 1800 y 1830/1850 aproximadamente, se condensa en la imagen de Inglaterra como “el taller del mundo”. En este período se producen importantes innovaciones tecnológicas, se usa el vapor como fuente de energía principal y se extiende la red de ferrocarriles. En la ciudad de Mánchester comienza a desarrollarse el sistema de fábricas, con un cambio fundamental en la forma de organización del trabajo en las que hombres y mujeres se concentran en un mismo espacio para desarrollar las tareas asignadas bajo una férrea disciplina y vigilancia.
Existen diferentes visiones que explican estas transformaciones. Por un lado, historiadores como Eric Hobsbawm colocan el énfasis en los cambios radicales de las formas y métodos de producción, en la idea de una transformación radical y profunda. Por otro lado, la perspectiva de la Nueva Historia Económica con un abordaje local y regional dentro de un contexto nacional observa, especialmente, continuidades en base a la revisión de métodos estadísticos. Concretamente, a partir de nuevas estimaciones sobre la tasa de crecimiento económico (crecimiento sostenido del producto nacional bruto) sostiene que el avance de la productividad (medida de acuerdo a la relación entre el aprovechamiento de los factores de producción utilizados -tierra, trabajo y capital- y lo obtenido tras el proceso de producción) estuvo confinada a una parte pequeña de la economía, pues aún era predominante la industria rural a domicilio. Para economistas, como Nicholas P. Crafts, el crecimiento fue lento y se limitó a los sectores asociados a la industria que convivían con viejas formas de organización del trabajo.
Asimismo, sin desconocer las continuidades, autores liberales como David Landes –tributario del reconocido economista Adam Smith-, sostienen que sí se produjo una revolución industrial, pero como consecuencia de otro factor determinante para el desarrollo económico: la cultura que poseía Europa Occidental. Desde una visión eurocéntrica, basada en una concepción lineal que responde al ideal de la competencia como motor del “progreso”, este autor, a diferencia de los enfoques mencionados, otorga una gran importancia a los avances tecnológicos vinculados al singular desarrollo cultural y científico de la Europa Occidental.
Por último, cabe señalar que, en los últimos tiempos, se ha desarrollado un enfoque global, cuya propuesta central es trazar una historia conectada que pone el foco en la transición hacia el capitalismo a partir de la observación y análisis de los movimientos y transformaciones que involucran a Europa, África, Asia y América. Esta mirada amplia, como se verá, busca comprender la consolidación de una red global que articuló una secuencia de procesos de producción agrícolas, comerciales e industriales. A su vez, esta visión global enfatiza el enfrentamiento entre diversas potencias europeas durante gran parte del siglo XVIII por el dominio comercial marítimo, cuyo resultado fue el fortalecimiento de Gran Bretaña respecto del control marítimo en las “redes comerciales globales". En correspondencia con estas visiones, que amplifican el juego de escalas y enfatizan las expropiaciones y las resistencias, se aborda también el proceso de colonización que incluye la trata esclavista como un factor fundamental para comprender los cambios profundos que dieron paso al capitalismo.
Luego de contemplar distintas interpretaciones sobre el camino hacia la industrialización retomaremos algunos interrogantes básicos: ¿dónde se produjo la denominada Revolución Industrial? ¿Qué tipo de industria fue la pionera? Para responder estas preguntas, debemos colocar la mirada en la ciudad de Mánchester, Inglaterra, y en una rama en particular: la industria textil.