La Revolución Industrial: 1750-1830
6. Impacto social de la Revolución Industrial
6.2. Controversias entre “optimistas” y “pesimistas”
Como se desprende de las consecuencias sociales de la Revolución Industrial (introducción de una nueva disciplina de trabajo, incorporación de trabajo femenino y de niños en las fábricas, malas condiciones habitacionales, entre otras cuestiones), a pesar del innegable crecimiento de la economía, el aumento de la natalidad, la emergencia de nuevos empleos, cabe preguntarse por la distribución de las riquezas, ¿fueron distribuidas equitativamente o, por el contrario, de manera desigual?
Existen visiones disímiles al respecto que dieron lugar a dos visiones contrarias, la de los “optimistas” y la de los “pesimistas”. El debate entre los que se inclinan por una u otra mirada se inició en la década de 1920, momento en el cual surgió la postura “optimista”. Según se analizaran ciertos aspectos y/o variables (aumento salarial real, pautas de consumo y distribución de la renta nacional) fueron exaltados la mejoría o empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores entre 1790 y 1840.
Para los enfoques más economicistas el aumento salarial, de consumo y la renta media per cápita del período se consideran como una prueba irrefutable de mejoría de las condiciones de la clase trabajadora. Sin embargo, para otras visiones, que no niegan la existencia de una pequeña mejora en la media del nivel de vida material, es fundamental observar en detalle los cambios introducidos por el sistema de fábricas como los nuevos modos de explotación ejercidos sobre la clase obrera, la disparidad salarial entre varones, mujeres y niños, la inseguridad, la miseria en la que vivían, el impacto en la salud y las nuevas relaciones impersonales que entrañaba el anonimato de las nuevas ciudades, como factores tan (o más) decisivos que ciertas estadísticas económicas.
En el marco de estas controversias, el carácter interpretativo sobre los datos cuantitativos o la mayor relevancia puesta en la calidad de vida de los/as trabajadores, y las vinculaciones de estas variables entre sí, se advierte en el uso de fuentes documentales de diferente naturaleza (cuantitativas y cualitativas) y que pueden condensarse en una frase del historiador, ya mencionado E. P. Thompson: “La población puede consumir más bienes y a la vez ser menos feliz y menos libre”. Este autor, a las claras, pone en un primer plano el peso que tuvo la industrialización respecto de los valores y las costumbres tradicionales que habían predominado hasta entonces y que provocaron una serie de conflictos y enfrentamientos entre los trabajadores/as y los patrones. Entre ambas visiones, “optimistas” y “pesimistas”, siguen surgiendo hasta la actualidad una serie de matices que complejizan cada vez este proceso que cambió la historia.
Para seguir reflexionando en torno a estas polémicas que lejos están de estar cerradas, les proponemos ver una película que posibilita retomar todo lo visto: Germinal (1993) de Claude Berry, un film basado en la novela homónima de Émile Zola. Como ejes principales, allí podrán ver la centralidad que tuvieron las minas, el carbón y la máquina de vapor en el proceso de industrialización, las transformaciones en las condiciones laborales de los trabajadores, la incorporación de las mujeres y los/as niños/as, las resistencias a esta nueva realidad y las ideologías del período.
