La Revolución Industrial: 1750-1830

6. Impacto social de la Revolución Industrial

Hasta aquí hemos explorado los procesos socioeconómicos que permiten comprender el desarrollo industrial en Inglaterra a finales del siglo XVIII. Ahora les proponemos situar la mirada en las consecuencias sociales de este último a partir de algunos interrogantes: ¿cuál fue el impacto del desarrollo industrial en la sociedad? ¿cómo se fue conformando la clase obrera inglesa?, ¿de qué modo el desarrollo industrial alteró el estilo de vida de los y las trabajadores/as?, ¿cuáles eran las condiciones laborales de la mano de obra industrial? 

La formación de la clase obrera fue un proceso lento y en continuo desarrollo: se nutrió de trabajadores rurales que fueron desplazados de sus campos, tras el continuo cercado de tierras y los cambios en la agricultura, como también de antiguos artesanos. A su vez, como veremos en el apartado siguiente, es importante considerar la mano de obra femenina desde una perspectiva de género a fin de comprender de manera cabal la formación de la clase obrera en la Inglaterra de fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX.

El análisis del historiador marxista británico Edward P. Thompson es un clásico ineludible para abordar el tema, entre otras cuestiones, por su interés en la experiencia de los trabajadores, por rescatar sus vivencias dentro y fuera de las fábricas, por darles voz: “me propongo rescatar al humilde tejedor de medias y calcetines, al jornalero luddita, al obrero de los más anticuados telares, al artesano utopista y hasta al frustrado seguidor de Joanna Southcott, rescatarlos de una posteridad excesivamente condescendiente…”.

En su planteo, sostiene que la explotación sufrida por los trabajadores, tanto a nivel económico como político, fue esencial en la toma de conciencia de clase, es decir, en sentirse parte de un grupo con intereses comunes, frente a otra clase opresora, la burguesía. Sin dudas, el término explotación resume las condiciones del trabajo durante las primeras décadas de la Revolución Industrial: las jornadas laborales en la fábrica superaban las doce horas, se ejercía una disciplina férrea sobre el obrero, con penas de castigo físico ante el incumplimiento, quejas y reclamos, o bien, el despido. Esto último era sumamente delicado debido a que los industriales no tomaban mano de obra que había sido despedida por los motivos mencionados.

A su vez, a diferencia del trabajo rural (donde la jornada laboral se regía por la salida y ocultamiento del sol y el tiempo se organizaba con los ritmos de siembra y cosecha), en las fábricas, el tiempo comenzó a ser medido con exactitud y regularidad: el obrero debía entrar a un horario puntual y trabajar más de 12 horas por día en espacios cerrados, poco ventilados, como eran las primeras fábricas. Sumado a todo ello, el jornal era ínfimo, apenas alcanzaba para la subsistencia. El siguiente es un testimonio sobre las condiciones de vida de los y las trabajadores, adultos y niñas/os.

Ícono video Las/os invitamos a escuchar este fragmento sobre la situación de la clase obrera:

(Fuente: Turner Thakrah: Informe del médico, 1831)

Por otra parte, el espacio urbano se vio profundamente alterado por el desarrollo industrial, los cambios producidos en las ciudades pueden advertirse en la novela de Charles Dickens, Tiempos difíciles

La ciudad se fue expandiendo y los trabajadores se asentaban en zonas situadas en los márgenes de la ciudad. Estos barrios obreros se veían presos del humo y el hollín que despedían las chimeneas fabriles. 

Ícono video Para cerrar, les proponemos ver el siguiente registro documental -realizado por Mitchell & Kenyon Films (1900-1906)-, a fin de dar vida a los hombres, mujeres y niños/as que trabajaban en la industria (si bien se filma un período posterior al analizado aquí). La cámara registra la puerta de entrada a una fábrica de algodón de la ciudad de Lancashire Heartland, en 1901.