La etapa imperialista y el camino hacia la Gran Guerra
4. La Crisis de 1873 y la Gran (larga) Depresión

La caída de la Bolsa de Viena, 9 de mayo 1873. Fuente Internet s/d autor
¿Cuáles fueron las causas de la crisis mundial iniciada en 1873 y la depresión posterior?, ¿qué características definieron a esta crisis?, ¿cuáles fueron sus respuestas?
En primer lugar, para comenzar a desentrañar estos interrogantes cabe recordar, por un lado, que a partir de la revolución industrial el capitalismo no dejó de expandirse en correspondencia del liberalismo como política económica predominante, del rol de la burguesía como clase hegemónica en ese proceso y de las facilidades que brindaba el patrón oro al momento de realizar las transacciones a nivel internacional. Y, por el otro, que hacia 1870 el proceso de industrialización se había expandido más allá de las fronteras británicas. En efecto, para entonces, Estados Unidos y Alemania habían crecido notablemente. Además, naciones como Francia, Bélgica, Norte de Italia y también otros países más atrasados, como por ejemplo Rusia, ya estaban inmersos en un proceso de industrialización. Asimismo, varios países de ultramar se habían incorporado a la economía mundial. Estos señalamientos son relevantes, pues expresan una trama económica más compleja que la del período previo, más conectada y más competitiva.
En segundo lugar, debemos señalar que se trató de la primera gran crisis económica de tipo moderno, ya que su origen no obedeció a un contexto de escasez, característico de las crisis previas. A diferencia de las crisis de subsistencia, en esta coyuntura, dada la mayor industrialización, primó un exceso de producción y saturación de los mercados. ¿Qué significa esto? Que ese aumento de la oferta de productos no lograba ser absorbida por los mercados lo que llevó a un cambio de ritmo económico que culminó en una recesión hacia 1873, de alcance global.
Como advierte el historiador Eric Hobsbawm es una crisis novedosa y en algún sentido paradójica, porque si bien entre 1873 y 1896 se produce una depresión, esta no inhibió el crecimiento económico pero sí cambió su ritmo. Aunque a un ritmo menos vertiginoso que el conocido hasta entonces, la producción mundial, lejos de estancarse continuó incrementándose. Lo que estaba en juego, entonces, no era la producción sino la rentabilidad -producto del desequilibrio entre la oferta y la demanda- que afectó tanto al sector agrícola como industrial, pues ante la imposibilidad de vender los productos por falta de mercados, los precios de los bienes industriales y los alimentos cayeron impactando de manera negativa en las ganancias.
De aquí, esta crisis se define, desde algunos enfoques, como una crisis de sobreproducción que se evidenció en una baja dramática de precios a nivel mundial. Este fenómeno conocido como deflación afecta directamente los beneficios de los empresarios, quienes habían realizado inversiones a los fines de obtener ciertas ganancias que luego no fueron satisfechas, pues los productos se vendieron a un precio menor al calculado. Entonces, si aumenta la oferta, pero la demanda se mantiene estable porque los mercados nacionales no llegan a crecer tan rápido como para absorber la oferta que circula, el precio tiende a bajar. De este modo, se genera una crisis de sobreproducción que produce una baja de precios y, por lo tanto, la pérdida de beneficios. El impacto de la crisis se evidenció fundamentalmente en en el sector agrícola.
Asimismo, es importante considerar que estos factores se relacionan con otros motivos, como la presión ejercida por los avances tecnológicos en la ampliación de una producción extraordinaria, relacionada esta con el abaratamiento de costos que supuso la revolución de los transportes, la extensión de competidores, y la inestabilidad del tipo de cambio, entre otros.
En síntesis, si recordamos que una de las principales premisas de la economía capitalista es la maximización de las ganancias (lo que implica otros dos principios: por un lado, bajar los costes de producción para obtener el mayor beneficio posible y, por el otro, desplazar a los competidores), sin dudas la crisis de 1873 fue una crisis de beneficios, producto de un mundo cada vez más complejo y conectando.
Para complementar la explicación de la crisis de 1873 les proponemos escuchar a Magalí Devés del Programa UBA XXI: