La expansión del proceso de industrialización: 1830 - 1870

4. La industrialización se expande a Europa continental

4.2. Los Estados alemanes

Si continuamos repasando algunos casos de industrialización, es posible advertir que, a diferencia del proceso gradual iniciado en Francia, el caso alemán es muy llamativo. Fue un proceso tardío pero de acelerada expansión, pues, en comparación con los centros comerciales del noroeste de Europa, aquella imagen de Alemania asociada a la fragmentación de un conjunto de estados atrasados en términos económicos, dio paso a fines del siglo XIX a la de un imperio unificado e industrializado, que disputará el poderío que poseía Inglaterra sobre los mercados. Y lo interesante de este proceso vertiginoso, como ha señalado un historiador, Tom Kemp, es esa peculiar combinación entre estructuras institucionales tradicionales y el desarrollo de las formas más desarrolladas del capitalismo. 

¿Cuáles fueron los factores que propiciaron este peculiar desarrollo? 

Por un lado, una serie de condicionantes obstaculizaron el temprano desarrollo industrial en la región germánica. En términos políticos, debemos destacar que Alemania recién se constituyó como un Estado Nacional unificado en 1871. Antes, más concretamente a partir de 1815, tras la derrota de Napoleón Bonaparte, se conformó la Confederación Alemana constituida por 39 Estados autónomos política y económicamente. Dicha fragmentación política se presentó como un obstáculo para el desarrollo industrial y comercial de la zona germana, cuya expresión más clara se advierte en la presencia de numerosas aduanas internas y las dificultades de los pasos fronterizos en toda la región. 

No obstante, entre 1840 y 1870 los Estados alemanes fueron sorteando las trabas mencionadas a la modernización de la economía y al desarrollo industrial. Liderada por el reino de Prusia, la creación de un mercado común aduanero en 1834 (Zollverein) contribuyó a homogeneizar económicamente aquella realidad política fragmentada. Si bien no incluyó a la totalidad de los Estados alemanes, significó un paso fundamental hacia el camino de la unificación política.

Por otro lado, la regulación gremial en los talleres artesanales de los Estados alemanes pervivió hasta aproximadamente el decenio de 1840. Y, como vimos para el caso francés, la producción corporativa y el consiguiente control sobre el proceso productivo y comercial atentaba contra la producción industrial moderna, limitando la competencia y la libertad de producir.

Entonces, mientras se iniciaba un crecimiento de la industrialización a partir de los años cuarenta, este no fue uniforme en todos los Estados alemanes, concentrándose en algunas regiones: el Ruhr y Silesia. Ciertamente, Prusia se destacaría como el estado más dinámico, y su desarrollo, cabe señalar, radicó en la abundancia de carbón y de hierro (minerales estratégicos en la industrialización). En la siguiente ilustración artística, y en un clima que podría representar el “infierno”, podemos observar numerosos obreros trabajando en la fundición de metales.

                                         La fundición. Los cíclopes modernos trabajando, óleo de Adolph von Menzel, 1875 Fuente: https://historia-arte.com/obras/la-fundicion

Como ya hemos mencionado, los gobiernos en el continente tuvieron una mayor participación en el desarrollo industrial, y en el caso de Prusia el Estado explotaba una gran proporción de las minas del país, lo que significó una importante industria siderúrgica y la centralidad del ferrocarril: las rieles ferroviarias complementaron la unión aduanera, en tanto facilitaron la comunicación de los diferentes estados alemanes. Además, el ferrocarril fue el gran impulsor de la modernización industrial, en tanto acortó los tiempos y distancias, abarató los costos de producción y generó así una gran demanda de manufacturas, bienes industriales y de maquinaria, que incentivó el desarrollo de una serie de ramas industriales.

Fábrica de municiones Krupp (1861), en Alemania Fuente: Atlas de historia crítica y comparada. Una visión heterodoxa desde la Revolución Industrial hasta hoy, Benoít Bréville y Dominique Vidal (comp.), Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Capital Intelectual, 2016

A su vez, debemos considerar que el desarrollo de Prusia se basó en la concentración del capital financiero en grandes corporaciones bancarias, que actuaron más como inversionistas que como banqueros, con lo que dominaron la industria y facilitaron su concentración.

Por último, y no menos importante, el Estado prusiano destinó un elevado porcentaje de sus ingresos en materia educativa. Con el objetivo de propiciar la formación profesional de técnicos y científicos invirtió grandes sumas en un sistema educativo avanzado; prueba de ello es el desarrollo de la más potente industria química de Europa. 

De esta manera, tras la unificación política en 1871 liderada por Prusia, el proceso de industrialización se extendió, adoptando alcances nacionales. Y, hacia fines del siglo XIX, constituía la principal economía industrial de Europa continental, una potencia económica y militar que entraría en coalición con los intereses británicos, en el marco de un mundo de economías capitalistas competitivas y rivales. En palabras de Eric Hobsbawm asistimos a la “Era del Imperio”.