Desafío 5: Aprobar los exámenes

3. Averiguar cómo son las evaluaciones

3.3. Exámenes orales

En este caso, las consignas se resuelven oralmente en un formato de conversación con el evaluador. A partir de una consigna o pregunta inicial, el estudiante o la estudiante inicia la respuesta y el docente puede plantear nuevas preguntas en función de los temas que se van desarrollando.

La situación de interacción con el evaluador suele generar ansiedad a quien rinde porque:

  • La respuesta debe ser más rápida que en un examen escrito. En el examen escrito podemos tomarnos un tiempo para pensar antes de comenzar a escribir. En el examen oral tenemos otra persona enfrente esperando a que comencemos y nos puede dar temor que el silencio se interprete como falta de conocimiento. Pero tené presente que podés hacer pausas durante el examen para elaborar un esquema mental de respuesta, incluso armar un esquema o listado de ideas antes de comenzar a hablar.
  • La posibilidad de repreguntas del docente durante la respuesta limita el control sobre la propia respuesta. Las repreguntas en general son para que completes o corrijas algo de lo que venías diciendo, para que hagas una relación con otro tema, etc. Estas preguntas en realidad ayudan porque, a diferencia de los exámenes escritos, podés hacer ajustes sobre la marcha.

Pero es cierto que estos exámenes pueden resultar más exigentes para estudiantes con menos facilidad o experiencia en la expresión oral. Los exámenes orales en general se utilizan en instancias de examen final y son poco frecuentes en materias de primer año. En ocasiones son un complemento de otras formas de evaluación, por ejemplo:

  • Se entrega un trabajo escrito y luego hay un “coloquio” oral sobre ese trabajo. En este caso las preguntas serán solo sobre el contenido del trabajo previamente presentado. 
  • Se entrega una producción y luego hay una “defensa” de ese trabajo. En este caso, el estudiante explica el trabajo y las preguntas apuntan a la justificación de las decisiones que tomó.