Los inicios del siglo XX

4. Rusia: la Revolución en 1917

La Revolución de 1917 constituye uno de los acontecimientos más relevantes del siglo XX porque fue la primera revolución en contra del sistema capitalista que triunfó. Ese deseo por cambiar el mundo -forjado por medio de diversas voces que se alzaban a favor de la igualdad social, en las revoluciones burguesas del siglo XIX y, especialmente, en los episodios que rodearon a la Comuna de París (1871)- se ponía en marcha en Rusia. Esto era todo un desafío porque había llegado el momento de ofrecer una alternativa al capitalismo para erradicar la opresión padecida por la mayoría de la sociedad: los campesinos y los obreros. Asimismo, este proceso despertó de inmediato una profunda polarización política entre sus defensores y detractores en todo el mundo; y las esperanzas que suscitó en una gran parte de la comunidad internacional culminó en una decepción frente a sus derivas.

Muchas preguntas, tratemos de responderlas: ¿cuándo y por qué se desencadenó la Revolución rusa?,¿cómo era la sociedad rusa y cuál era su inserción en el mundo desde el punto de vista social, económico y político? En relación con ello, ¿cuáles fueron las principales causas que llevaron al proceso revolucionario?, ¿cuáles fueron las principales transformaciones y sus derivas en relación al objetivo inicial?, ¿cuándo podemos decir que se cierra el ciclo revolucionario? Numerosos son los interrogantes en torno a este suceso, diversas son sus interpretaciones y muchos son los aspectos que debemos considerar al momento de responder estas u otras preguntas.

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La sociedad rusa antes de la revolución

Rusia era un imperio plurinacional que poseía extensos territorios gobernados por un zar, Nicolás II, y la nobleza. Esta sociedad se caracterizaba por una autocracia autoritaria y represiva; es decir, el gobierno se basaba en la voluntad de una sola persona sin ningún organismo que limite su poder. La mayoría de la población estaba compuesta por campesinos que vivían en condiciones muy precarias y se organizaban de manera comunitaria al asumir ciertas responsabilidades de manera colectica, como el pago de impuestos, y la repartición de tierras.

Fuentes: Fotos de Segey Prokudin-Gorsky, en la Rusia prerrevolucionaria

En cuanto a su economía, si la comparamos con la modernización llevada a cabo por las potencias europeas del centro, Rusia estaba rezagada porque, a pesar del proceso de industrialización iniciado a mediados de 1850, su papel como exportadora de materias primas (trigo y centeno) la situaba en un lugar periférico (véase la división internacional del trabajo en el apartado Imperialismo). No obstante, gracias a las grandes inversiones extranjeras, a la abolición de la servidumbre en 1861 y a las Reformas de Stolypim en 1906 -tras la Revolución de 1905- hacia fines del siglo XIX y principios del XX, su avance fue considerable. Prueba de ello era el aprovechamiento del petróleo, la expansión de la industria metalúrgica y la extensión que alcanzó el tendido ferroviario, entre otros factores.

Esa modernización que se profundizó en los primeros años del siglo XX estuvo atada también a la recepción de créditos extranjeros y el consecuente endeudamiento que redundó en una mayor presión fiscal sobre el campesinado. A su vez, el avance industrial significó el desarrollo de una burguesía y el aumento de obreros que trabajaban en las ciudades bajo una explotación extrema y en condiciones que apenas permitían su subsistencia. Entonces, lo que tenemos que tener en cuenta para comprender por qué se inició la revolución en Rusia es que: como consecuencia de la modernización se produjo una importante alteración social y política que cambió el curso de la historia.

En el plano político se configuró una tradición revolucionaria, la más sobresaliente representada por los “populistas”, que dio luz, en el siglo XX, a la socialdemocracia (Partido Obrero Socialdemócrata Ruso), luego dividida entre los partidos menchevique, bolchevique y socialista revolucionario (eseritas). La aspiración socialista los aunaba a todos, aunque cada uno de ellos tenían plataformas y estrategias diferentes al momento de pensar cómo transformar el orden social.

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La Revolución de 1905

¿Viste la película el "Acorazado Potemkin" realizada por el célebre cineasta Sergei Eisenstein en 1925? Trata acerca de un acontecimiento histórico de gran tensión social y de la oposición radical al zarismo en distintos sectores de la sociedad y fuerzas políticas, que inclusive desató la sublevación de los marinos en el Acorazado Potemkin, que se narra en le film. Te contamos lo que sucedió. Debajo el poster de la peli. 

1905 fue un año clave: la derrota rusa frente a la guerra que mantuvo con Japón entre 1904-1905 incrementó el hambre, la miseria y el descontento de los campesinos y obreros quienes, unos meses después, se manifestaron en una serie de huelgas y una movilización con el objetivo de realizar una serie de peticiones al zar. Esa movilización, conocida como el “Domingo sangriento” fue fuertemente reprimida, lo que derivó en una gran tensión social y oposición radical al zarismo en distintos sectores y fuerzas políticas. Inclusive se desató la sublevación de los marinos en el Acorazado Potemkin, un acontecimiento que dio luz a la película homónima realizada por celebérrimo cineasta Sergei Eisenstein en 1925. Los burgueses y liberales también levantaron su voz por medio del Partido Demócrata Constitucional (kadete). El desenlace de esta insurrección dio como resultado importantes transformaciones políticas que implicaron el establecimiento de una monarquía constitucional limitada y la actuación de la Duma, órgano depositario del poder legislativo. Pero uno de los elementos más novedosos de este proceso fue surgimiento de soviet o consejo de obreros de Petrogrado: una forma de organización que se consolidó como una “asamblea obrera” para la toma de decisiones sobre diversos temas o problemas, y que se presentó, como se verá, como un componente nodal, pues si bien esta revolución fue derrotada sentó las bases para la revolución triunfante de 1917. En este sentido, esta movilización diversa ha sido caracterizada por los historiadores como una revolución de “carácter mixto”, fundamental para comprender los sucesos posteriores.

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La revolución de 1917

¿Cuándo y cómo se inició el proceso revolucionario de 1917?

Para analizar por qué y cómo se desencadenó la revolución de 1917 es imprescindible, como señalamos, abordarla como parte del proceso iniciado con la Gran Guerra; pues si tenemos en cuenta la crisis que atravesaba Rusia debemos destacar que en un contexto de guerra esta se profundizó y se visibilizó en el plano político, económico y social. En primer lugar, tenemos que tener en cuenta que la debilidad del Estado y la “desacralización” del zar -ya expresada con la Revolución de 1905- se incrementó frente al atraso económico que se hizo evidente en la contienda. Concretamente, el deficiente equipamiento militar situó a esta nación en condiciones desfavorables frente a los rivales, ocasionando así una gran destrucción material y una sucesión de derrotas que desmoralizó al ejército. En segundo lugar, es importante resaltar que la escasez de alimentos, los problemas de transporte que interrumpieron el abastecimiento de bienes básicos y el aumento de precios, impactaron sobre la retaguardia, cuyas penurias fueron difíciles de soportar.

Dos momentos fueron trascendentales: la revolución que se produjo en febrero, que buscaba la derrota del zar y la consolidación de una democracia liberal, y la revolución de octubre, que surgió como consecuencia de la radicalización socialista que ya había emergido en los meses previos. Comencemos con los acontecimientos de febrero.

A propósito del Día Internacional de la Mujer, el 23 de febrero, una gran cantidad de mujeres salió a las calles de Petrogrado para protestar en favor de sus derechos sin imaginar que esta movilización impulsaría una serie de huelgas y manifestaciones bajo la consigna “pan, paz y tierra”. En pocos días, la insurrección se esparció por toda la ciudad y el zar no dudó en ordenar su represión. Sin embargo, varios regimientos desobedecieron la orden, un hecho inaudito en la historia.

Como se ha señalado, la Revolución rusa se gestó en las calles a partir de una movilización popular que no tenía una dirección centralizada. Frente a esta insurgencia que ya era irrefrenable, el zar abdicó, la revolución se aceleró y, en febrero, surgió una situación de “doble poder”. ¿Por qué hablamos de un “doble poder”? Porque, por un lado, se estableció un Gobierno Provisional, dirigido por el príncipe Lvov, basado en el poder de la Duma y representado por una mayoría liberal, y, por el otro, se consolidó el Sóviet de Petrogrado, legitimado por obreros, soldados y socialistas de diversas procedencias. De esta manera, el poder era disputado por distintas fuerzas políticas.

El socialista Alexander Kérensky fue una de las figuras más sobresalientes del período en tanto se constituyó como el encargado de conciliar entre el Gobierno y el Sóviet. Cabe destacar que los soviets de obreros, soldados y campesinos se propagaron a lo largo del territorio ruso, mientras uno de los principales líderes bolcheviques, Vladimir Ilich Lenin, promovía en sus Tesis de abril la consigna “todo el poder a los soviets”, desafiando así al Gobierno Provisional.

Ciertamente, el proceso revolucionario se radicalizó. Prueba de ello fue el papel destacado que ejercieron los comités de fábricas. Estas organizaciones, de base obrera cuyo objetivo excedía el reclamo de una jornada laboral de ocho horas o el establecimiento de sus propios estatutos, demandaban el control obrero y la autogestión, resistiendo de esta manera limitaciones impuestas por el Gobierno y trazando el camino hacia la producción socialista. En este sentido, es posible afirmar que este proceso fue protagonizado por un pueblo que, guiado por la utopía de la emancipación de la humanidad se resistía a seguir los pasos de la democracia parlamentaria y el gobierno constitucional proclamados por el Gobierno Provisional.

Frente a estos cambios, los contrarrevolucionarios intentaron realizar un golpe de Estado bajo el mando del general Kornílov que fracasó, al tiempo que aumentaba el poder de los bolcheviques y declinaba el poder del ministro Kérensky, quien no pudo garantizar las reformas exigidas y la finalización de la guerra. Esta situación política, que se exacerbó con una crisis económica persistente, allanó las condiciones para la insurrección de octubre que culminó con la toma del Palacio de Invierno y el triunfo bolchevique.

Con el desplazamiento de Kerensky se estableció un Consejo de Comisarios del Pueblo, dirigido por Lenin e integrado por Trostky y Stalin, desde el cual se instrumentaron una serie de medidas. En primer lugar, era imperioso detener el avance del ejército alemán y negociar una salida de la guerra que garantizara la paz. Con dicho objetivo, y a pesar de haber proclamado un pacto justo y democrático, se firmó el tratado Brest-Litovsk (1918), que aceptaba condiciones muy duras, como el pago de indemnizaciones y la renuncia de territorios. Casi en simultáneo, se afrontó también el problema de las tierras con su distribución entre campesinos, se proclamó el control obrero en los comités de fábrica, lo que suponía supervisar la producción y su distribución, y se nacionalizó la banca, entre otras medidas.

Estas primeras decisiones despertaron una polarización política que desencadenó una guerra civil, entre el Ejército Rojo y el Ejército Blanco (entre los defensores y opositores de la revolución) durante los años 1919 y 1921. Les proponemos observar el siguiente afiche de El Lissitzky, uno de los artistas más destacados de la vanguardia rusa, que representa dicho enfrentamiento:

El Lissitzky, Golpea a los blancos con la cuña roja, litografía de 1920. Museo Estatal Central de Historia Contemporánea de Rusia, Moscú

En el marco de la Guerra Civil se implementaron una serie de medidas a corto plazo cuyo objetivo era salvaguardar el proyecto socialista en un contexto en el que primaba la escasez de recursos. Para ello, el Estado se proponía eliminar el libre comercio y controlar el consumo por medio de un programa conocido como “comunismo de guerra” (1918-1921), el cual dio paso a una administración centralizada que supeditó la economía a las necesidades de la guerra. En consonancia con esta concentración de la autoridad, se creó el Supremo Consejo de la Economía Nacional (VSNJ), que, si bien reconocía el control obrero en las empresas, tenía la facultad de fijar normas generales a los fines de organizar la producción.

Entre las medidas más sobresalientes que se llevaron a cabo podemos destacar: la nacionalización de todas las fábricas, el trabajo obligatorio y las requisas de granos. Estas medidas no estuvieron exentas de resistencias, lo que se observa, sobre todo, en relación a la violencia que trajo aparejada la requisa de granos. Sus rechazos y oposiciones se manifestaron en el escaso atractivo de inversión en el campo (hubo una significativa reducción de la superficie sembrada), en la emergencia de un mercado negro y en una serie de revueltas que llevaron a reorientar la política económica.

Una vez que el Ejército Rojo logró imponerse a las fuerzas contrarrevolucionarias, en 1921, era imperioso promover nuevas medidas económicas por medio de un nuevo programa que dinamizara la economía. Así surgió la Nueva Política Económica (NEP). Basado en una economía mixta (privada y estatal), este programa suponía una liberalización capitalista parcial. ¿Qué significaba esto? Que, una vez entregada un porcentaje de su producción al Estado (impuesto en especie, luego en dinero), el campesinado estaba autorizado a vender otra parte en el mercado. En sintonía con esta medida, la industria estaría en condiciones de aumentar su capacidad de producción vendiendo maquinarias, herramientas y bienes de consumo a los campesinos. El objetivo era que en el mediano plazo se generaran excedentes que permitieran un gran desarrollo de la industria pesada. De esta manera, se legalizó el comercio privado interno, conservando el monopolio del comercio externo en manos del Estado.

Ahora bien, en simultáneo con estas concesiones es importante destacar que se consolidó la disciplina del Partido Bolchevique hacia adentro de su estructura y hacia toda la población, al tiempo que se erradicaban las disidencias; un rasgo que, como veremos en el próximo bloque, se profundizaría bajo el estalinismo.

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La mujer en tiempos de la revolución

Como señalamos, el inicio de la Revolución rusa comenzó con la manifestación del Día Internacional de la Mujer y desde ese momento se fortalecieron muchas demandas que perduran hasta la actualidad. Para aquellas mujeres, la obtención de sus derechos formaba parte de la liberación política de Rusia. Durante la revolución, se crearon unidades militares compuestas solo por mujeres, que fueron un apoyo muy importante para muchos soldados desmoralizados. Se calcula que participaron alrededor de 5.000 mujeres.

Mujeres de la Revolución rusa de 1917

Durante el proceso revolucionario, la lucha por el sufragio universal dio paso a una gran cantidad de peticiones: la igualdad de derechos laborales (igual salario por igual trabajo sin distinción de sexo, sumado a las licencias por maternidad, descansos para las lactantes, etc.), la legalización del aborto y del divorcio. La primera Constitución de la República Soviética, aprobada en 1918, concedió varios de estos derechos. Sin embargo, como veremos, hacia 1930 se produce un gran retroceso respecto de los derechos alcanzados, pues su carácter revolucionario fue rechazado no sólo por los sectores más tradicionales de la sociedad sino también por el propio Partido Comunista.

Algunos grupos más radicalizados lucharon por la abolición de la familia tradicional y la irrupción de una revolución sexual. Una figura relevante fue Alexandra Kollontái, militante bolchevique que luchó incansablemente por la emancipación de las mujeres en la Unión Soviética por medio de diversas labores, como la creación de escuelas de formación y participación política, cuyo objetivo principal era impulsar la alfabetización de las mujeres. No obstante, este proyecto fue cerrado en los años treinta y acusado de “desviaciones feministas”, pues sus prédicas no fueron bien vistas, sobre todo, al defender el “amor libre”.

Las y los invitamos a escuchar un breve fragmento que expresa algunas ideas de esta líder revolucionaria:

Ícono de versión escrita Versión escrita del audio

Asimismo, estos cambios, que incitaban una profunda transformación cultural, se expresaron en una diversidad de diseños artísticos elaborados por las corrientes vanguardistas rusas, entre las que sobresalió el Constructivismo, cuyo propósito era promover un lenguaje colectivo y útil a los fines de la construcción socialista. En consonancia con las ideas revolucionarias señaladas, algunas de sus producciones creativas rechazaban cualquier diferencia sexual como podemos observar en los vestuarios proyectados y confeccionados por Varvara Stepánova y Lyubov Popova. Sus diseños se caracterizaban por el predominio de formas geométricas que ponían en cuestión el lugar otorgado al cuerpo de las mujeres como objeto de deseo. Ambas artistas, a través de sus diseños, querían simbolizar el nacimiento de una nueva generación que impugnara toda diferencia sexual.

¿Vemos un ejemplo? El diseño de Lyubov Popova para la obra de Vsevolod Meyerhold, El cornudo magnánimo (ver la imagen) nos permite observar cómo esta artista creaba trajes para los personajes femeninos semejantes al overol, ropa característica del trabajo masculino. A partir de esa similitud, Popova se distanciaba de modelos femeninos enaltecidos por la burguesía (ropa ajustada para resaltar las partes del cuerpo) y promovía el igualitarismo al diluir los estereotipos sexuales.

Fuente: Lyubov Popova, diseño de Traje de producción para el Actor N° 5 de la puesta de El cornudo magnánimo, de Vsevolod Meyerhold (1921. Gouche, tinta y collage sobre papel)