¿Qué es ser humano?

6. Dios, ángeles y humanos: antropología teológica judeocristiana

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Símbolos de la religión judeocristiana

La simbología religiosa de Evangelion es uno de los rasgos que la hace sobresalir entre otras series animadas japonesas. El anime está colmado de símbolos que remiten a elementos de la tradición judeocristiana, algunos evidentes y otros no tanto. Por ejemplo, resulta muy sugerente la aparición en el primer capítulo de los monstruos llamados ángeles. Estas bestias colosales no se parecen en nada físicamente a la idea de ángeles que tiene la mayoría de las personas, aquellos seres alados y clementes con forma humana que se hallan retratados en pinturas renacentistas como la Anunciación (1425-6) de Fra Angelico. 

     

El arcángel Gabriel pintado por Fra Angélico

Sachiel, el tercer ángel en Evangelion

Hay otros elementos teológicos en la serie más profundos y enigmáticos, que a veces suelen ser pasados por alto. Entre ellos está el Árbol de la Vida o de Sephiroth, que aparece en la apertura y luego en algunos episodios. ¿Sabías que este Árbol es uno de los símbolos más importantes de la Cábala? La Cábala es un conjunto de enseñanzas esotéricas judías que busca explicar la relación entre Dios y el Universo. Esta doctrina entiende el Árbol como un diagrama con diez esferas que representan diez nombres hebreos de Dios y veintidós senderos que simbolizan distintos estadios de comprensión de la unión entre la Divinidad y su Creación. 

El Árbol de la Vida durante el Tercer Impacto

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Razón y fe

Así pues, los componentes teológicos que aparecen en Evangelion nos hacen preguntarnos acerca de si existe un Ser Supremo que nos ha dado vida y ha creado el resto del universo. Si es así, ¿qué es lo que tiene planeado para nosotros? ¿Hay un destino que debemos cumplir? ¿O bien somos libres para escoger nuestro camino? Por otra parte, ¿de qué manera la Divinidad nos comunica sus planes? ¿Es posible que nuestra inteligencia sea incapaz de entender las ideas de una entidad que nos trasciende, es decir, que tiene un modo de ser y unas facultades superiores a las nuestras? Habría que contemplar la posibilidad de que no podamos comprender racionalmente el mensaje divino dada nuestra finitud. Es posible que la Revelación, que es la manera en la que Dios se manifiesta a las distintas religiones monoteístas, tenga una naturaleza irracional o ilógica para nosotros y sólo podríamos aceptarla por medio de la fe. De hecho, esta era la opinión de Tertuliano (155 - 220), uno de los cuatro Padres de la Iglesia Cristiana. Es célebre su frase prorsus est credible, quia ineptum, popularizada en una versión alterada credo quia absurdum. La primera puede traducirse por “es creíble precisamente porque no tiene sentido”, mientras que la segunda por “creo porque es absurdo”. Esta misma idea se vuelve hallar extremada en místicos religiosos como Teresa de Ávila (1515 – 1582), una docta de la Iglesia católica conocida también por su nombre beático Santa Teresa de Jesús. Según el misticismo, los seres humanos pueden recibir la gracia divina que los coloca en un estado extático y les permite tener una unión íntima con Dios por un breve instante. Tal experiencia es de carácter inefable, es decir, no es posible de comunicar por completo a otras personas con palabras.

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Quinto Septimio Florente Tertuliano Teresa de Ávila

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Sagradas escrituras

En la Edad Media, período histórico de la civilización occidental que comienza en el siglo V y termina en el siglo XV, la pregunta filosófica acerca de qué es ser humano estaba estrechamente unida a la Revelación. Esto se debía a que los cultos religiosos cumplían una función central en las sociedades medievales. Estas sociedades eran mayormente teocéntricas y monoteístas: creían en la existencia de un único Dios, Creador y Fundamento de la totalidad de las cosas. Asimismo, atribuían a Dios los atributos de la omnipotencia, la omnisciencia, la eternidad y la omnibenevolencia.

En estos asuntos coinciden las tres grandes religiones que imperaron durante el Medioevo: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Es común denominarlas en conjunto las religiones del libro, debido a que cada una posee un libro sagrado principal: la Torah, la Biblia y el Corán. Para los creyentes, estos textos son la Palabra de Dios. Esto quiere decir que a lo largo de las páginas redactadas por individuos iluminados (profetas, apóstoles, etc.) Dios dejó revelada su existencia, su naturaleza y sus intenciones con el fin de que las personas tomen conocimiento de Él y puedan adorarlo.

A propósito de escrituras sagradas, en Evangelion se hace constante referencia a Manuscritos del Mar Muerto. En la ficción se trata de unos rollos antiguos y proféticos que la organización SEELE utiliza para llevar a cabo el Proyecto de Complementación Humana. Sin embargo, están inspirados en unos manuscritos reales descubiertos en 1946 al norte del Mar Muerto.

Los manuscritos del Mar Muerto

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San Agustín de Hipona

Entre las criaturas creadas en el acto de la Creación (luz, tierra, bosques, ángeles, animales, etc.) se hallaba el hombre –entendamos aquí hombre (homo) como especie humana y no como varón (vir), pese a que la cultura histórica patriarcal siempre ha tomado provecho de la ambigüedad del término. El hombre no es una criatura como cualquier otra, sino que goza de una esencia especial que le hace ocupar un lugar privilegiado en el universo.

La antropología teológica judeocristiana parte de la creencia de que la humanidad tiene cierta semejanza con la divinidad, pues ella es imago dei (imagen de Dios). San Agustín de Hipona (354 – 430) fue un filósofo de la Antigüedad tardía que reflexionó sobre este dictum bíblico. Dado que fue, junto a Tertuliano, otro de los Padres de la Iglesia, su doctrina estableció los fundamentos del dogma cristiano e influyó hondamente el pensamiento medieval.

Agustín consideraba que las enseñanzas de los filósofos antiguos tenían su porción de verdad y por este motivo iluminaban a quienes tomaban conocimiento de sus ideas. Como cuenta en Confesiones, en unos libros de filosofía neoplatónica encontró pruebas y razones de que Dios existe, que todas las cosas fueron hechas por Él y que Él es la vida y la luz de los hombres. Pero el alcance del pensamiento discursivo (el lógos en griego antiguo) es limitado cuando no está acompañado por la fe y la gracia divina. De ahí que insistiera en la sentencia “nisi credideritis, non intelligetis, que en español se traduce por “si no creéis, no entenderéis”.

San Agustín de Hipona

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La conversión del alma

Agustín consideraba, al igual que los pensadores antiguos, que el hombre estaba compuesto de alma y cuerpo. En este sentido seguía la tradición del dualismo antropológico. Enseñaba que el alma era el elemento inmaterial e inmortal que daba vida al cuerpo y dado que en ella radicaba el centro de la percepción, el pensamiento y la voluntad, el alma debía gobernar al cuerpo, controlar sus pasiones.

Debido a que el hombre es un ser caído por su pecado original, la voluntad de su alma suele estar corrompida y se desvía fácilmente de la Divinidad hacia las cosas sensibles del mundo. No es que las cosas sensibles sean malas en sí mismas, ya que al fin y al cabo son creaciones de un Dios que es pura bondad. Sin embargo, no son Dios y al desearlas el alma escoge algo inferior respecto de lo tiene la posibilidad de alcanzar, por lo que vive turbada. La única manera de recuperar la paz perdida es la conversión, esto es, reencontrar dentro de sí misma a Dios mediante la fe y la razón para elegirlo como Bien Supremo y consagrarse a su amor.

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Pregunta Para seguir filosofando

En el capítulo final de Evangelion titulado “La bestia que gritaba amor en el corazón del mundo”, Shinji vive una experiencia introspectiva en donde se cuestiona entre muchas cosas si vale la pena seguir existiendo en un mundo de sufrimiento. Al final de este diálogo existencial consigo mismo cambia de perspectiva y comienza a amar el mundo tal cual es. ¿Podemos decir que Shinji tuvo una experiencia de conversión como la que proponía San Agustín en sus Confesiones?