¿Héroes o villanos?

5. La Mujer Maravilla: las críticas de los feminismos al patriarcado

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Wonder Woman, la primera superheroína

Las historietas de superhéroes tienen su origen en Estados Unidos durante el mes de abril de 1938 con el debut de Superman en Action Comics #2. Esta fecha inaugura lo que se conoce como la Edad de Oro de los superhéroes, época durante la cual surgen personajes icónicos como el mencionado Superman, Flash, Aquaman y Batman en la pionera editora DC Comics. Hoy en día ocupan un lugar central en la industria del entretenimiento: protagonizan películas, series de televisión y videojuegos que consumen personas de todas las edades. En los albores de la industria del comic, apareció una superheroína que se destacaba por sobre el resto, debido a que encarnaba una clara denuncia al hecho de que el universo de superhéroes era –¿sigue siendo?, nos preguntamos– un universo de varones, donde se reproducen prejuicios sexuales de la sociedad. Ella es Diana de Temiscira, mejor conocida como Wonder Woman o Mujer Maravilla.

Wonder Woman/Mujer Maravilla

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Romper las cadenas de los estereotipos sexistas

La Mujer Maravilla es un personaje de DC Comics cuya primera aparición fue en el n.º 8 de All Star Comics en 1941. Fue creada por el psicólogo William Moulton Marston y dibujada por el artista Harry George Peter. Moulton era un proclamado feminista y en varias entrevistas señala que la creación de la Mujer Maravilla no hubiese sido posible sin la colaboración de sus compañeras, Elizabeth Holloway Marston, psicóloga y abogada, y Oliva Byrne, con quienes conformaban una relación poliamorosa. Su intención era ofrecer una modelo para las jóvenes lectoras que rompiese con el molde sexista de las historias de superhéroes. Hasta entonces los personajes femeninos ocupaban generalmente el papel estereotipado de damiselas en peligro, remontable a la literatura caballeresca (Cantar de Mio Cid, Cantar de Roldán, etc.). El caso ejemplar de los comics es la periodista Lois Lane, interés amoroso de Clark Kent/Superman, quien número tras número debía ser rescatada de distintos peligros por el Hombre de Acero. A diferencia de Lois Lane, la Mujer Maravilla era una amazona con poderes superhumanos. Según la mitología griega, las amazonas eran un pueblo de mujeres guerreras que residían en la ciudad de Temiscira. En sus primeras aventuras Diana solía caer cautiva de villanos, era a menudo maniatada o encadenada. Sin embargo, no necesitaba de ayuda de un hombre para liberarse, a diferencia de otros personajes femeninos del género. De esta manera, evitaba devenir la víctima de malévolos o el trofeo de un héroe varón: Diana se salvaba a sí misma con sus propios recursos. Además, procuraba no recurrir a los golpes para solucionar el conflicto de la trama, sino que prefería, siempre que fuese posible, usar medios pacíficos para salvar el día, como el diálogo. Esto no era muy común en sus compañeros con capa. Cabe añadir el dato importante de que en su versión actual cumpla el papel de diplomática en la Asamblea de la ONU.

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Los superhéroes bajo la lupa de la teoría feminista

La Mujer Maravilla ha sido y aún es un estandarte cultural del feminismo. El feminismo es una teoría política y un movimiento social que lucha contra la desigualdad de género. Busca erradicar todo tipo de discriminación contra las mujeres y géneros disidentes (por ejemplo, transgéneros, no binarios). Ha establecido en las últimas décadas fuertes lazos con la comunidad LGTBIQ+ y la teoría queer, teoría interdisciplinar que revisa críticamente las nociones de sexo, género y orientación sexual a la luz de las experiencias de identidades históricamente disidentes. Cabe señalar aquí que existen versiones aggiornadas de la Mujer Maravilla en el siglo actual que la presenta como lesbiana y bisexual.

Rotas las cadenas patriarcales

El feminismo ha denunciado que la mayoría de las sociedades en la historia de la humanidad han adoptado sistemas patriarcales. El patriarcado es un concepto que cobra gran relevancia en los años sesenta con el feminismo radical a partir de obras como La dialéctica de los sexos (1970) de Shulamith Firestone (1945 – 2012) y Políticas sexuales (1970) de Kate Millett (1934 - 2017). Designa un sistema de relaciones sociales, culturales, políticas y económicas de poder que establece la superioridad del varón por sobre la mujer, de modo tal que el hombre habitualmente tiene acceso a más derechos, privilegios y ventajas.

Kate Millett (izq.) y Shulamith Firestone (der.)

Si los superhéroes no son pura invención ficticia como decíamos en la introducción de este bloque de ética, sino que representan características de la sociedad en que viven sus autores y consumidores, entonces la falta de inclusión femenina en los equipos de superhéroes es un reflejo de la ausencia de presencia femenina en puestos jerárquicos de la sociedad, como el gobierno, la gerencia o la propiedad. Es llamativo que la Mujer Maravilla es la única superheroína de la Sociedad de la Justicia de América, uno de los primeros equipos de héroes de historietas fundado a comienzo de la década del cuarenta. Lo que resulta más alarmante es que la condición excepcional de Diana como única representante de su género no cambió en lo más mínimo en la conformación de la Liga de la Justicia de la película de 2017. 

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Sociedades y ligas de superhéroes

La Sociedad de la Justicia en All Star Comics #3 (invierno 1940-1941)

La Liga de la Justicia en la película Liga de la Justicia (2017).

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Breve encuesta sobre la presencia de mujeres en altos cargos políticos

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Simone de Beauvoir y la desnaturalización de los sexos

Las feministas estadounidenses se dedicaron a desentrañar la dimensión política del sexo, que frecuentemente pasa inadvertida a los ojos de mucha gente. Esta invisibilización se debe en gran parte a la consideración del género como algo natural, ubicándolo a la par de aquello que algunos discursos médicos y sociales denominan sexo biológico. Este último corresponde a los genitales (pene o vagina), el sistema endocrino productor de hormonas (testosterona o estrógeno) y la información codificada genéticamente en el par 23 de cromosomas (XY o XY). La superposición del sexo y el género hace que se tome como natural que ser mujer no es sólo tener útero, lo que significa gozar de un cuerpo con capacidades gestantes, sino también ser sensible, dependiente, sumisa, débil o irracional (rasgos tradicionalmente asignados a la feminidad) y ocupar funciones de cuidado del espacio doméstico y de los integrantes de la familia como los niños, las personas mayores y los enfermos.

Una gran inspiración para autoras como Millet y Firestone fue sin duda El segundo sexo (1949), escrito por la filósofa francesa Simone de Beauvoir (1908 - 1986). Beauvoir buscaba en su ensayo retratar la condición femenina de su época y a lo largo de la historia. Sostenía que las mujeres han existido a la sombra de los hombres, de suerte tal que el ejercicio autónomo de su libertad depende hoy en día de la emancipación del yugo masculino. La mujer se ha comprendido siempre a partir del hombre, como objeto y alteridad, mientras que el varón era el sujeto absoluto. Sin ir más lejos, en el mito judeocristiano de la Creación, Eva, la primera mujer, es creada a partir de una costilla de Adán, el primer varón.

Simone de Beauvoir

Una de las principales hipótesis de Beauvoir en El segundo sexo está sintetizada en la célebre frase: “No se nace mujer, se llega a serlo”. Con ella Beauvoir quería expresar que ser mujer no es algo natural, sino el resultado de un proceso de socialización de personas con cuerpos femeninos. Este proceso comienza en la infancia, cuando se le otorga a las niñas un muñeco de bebé para jugar, mientras que a los niños se les regala espadas o herramientas de construcción. Los papeles sociales de género empiezan así a ser interorizados, incluso a un nivel psicológico en cuanto proceso de alienación –la alienación significa aquí pensarse a sí mismo desde lo que opinan los demás.

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Paradigma de masculinidad

Ahora bien, una consecuencia lógica de reconocer al género femenino como construcción cultural es hacer otro tanto con el masculino. Podemos proclamar que no se nace varón, se llega a hacerlo. Sin embargo, en la actualidad reina un paradigma de virilidad o masculinidad que suele ser inculcado socialmente. En los cómics de superhéroes, ese paradigma está encarnado en el personaje de Superman. Los invitamos a dar vuelta la siguiente carta para ver las características típicas que se esperan de una persona socializada bajo este paradigma de varón.