¿Héroes o villanos?
7. La ignorancia de los villanos: el intelectualismo moral
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La dificultad de definir el mal
En los cómics no habría superhéroes sin sus inseparables contrapartes: los supervillanos. Ellos son su antítesis, es decir, la negación de todo lo que representan los héroes, dado que, en vez de salvar el mundo, buscan destruirlo o dominarlo. Sin embargo, resulta importante intentar determinar qué es lo que hace que alguien sea o se vuelva un villano más allá de la oposición con sus némesis.
Para definir a los villanos apelamos a la noción del mal: es decir, un villano es un individuo que hace el mal sistemáticamente. Esto nos conduce a una nueva pregunta de orden filosófico: ¿qué es el mal? Solemos responder esto de manera casuística, esto es, dando un listado de casos que sirven de ejemplos de actos molos: mentir, asesinar, robar, ser egoísta, dañar, etc. Sin embargo, si nos detenemos a pensar un poco más en estos actos, descubrimos que en ciertos contextos algunas de estas conductas no son necesariamente malas. Ante una emergencia, por ejemplo, incumplir la ley puede ser aceptable; ante una amenaza a la propia vida y la de los demás, nos parece correcto recurrir a la violencia para la defendernos. Por lo tanto, estos casos no representan absolutamente (esto es, para cualquier situación) actos malvados.

Supervillanos y villanas de D.C. - Sus historias, motivos y poderes son sumamente variados
Más allá del problema de no poder identificar actos absolutamente malos, hay una cosa que podemos tomar por segura: bueno y malo son conceptos opuestos y relativos. Ya hemos dicho algunas cosas sobre la oposición. Respecto de la relatividad, cabe señalar que es una noción que puede interpretarse de dos maneras. En un primer sentido, el mal es relativo al bien y viceversa en la medida que cada uno no puede definirse por sí mismo sin apelar a su contrario, al igual que sucede con los fenómenos de la luz y la sombra: para que haya oscuridad es necesario que existala luz. En un segundo sentido, la bondad y la maldad de los actos podrían ser relativos al juicio que hace un sujeto de ciertas acciones. Esto tiene por consecuencia que no existirían el bien y el mal absolutos, sino que serían conceptos relativos a cada sujeto.
El segundo sentido es propio de la doctrina filosófica denominada relativismo moral, sostenida originalmente por Protágoras de Abdera (485 - 411 a.C.), quien fue uno de los miembros destacados del movimiento de los sofistas en la antigua Grecia. Protágoras decía que sólo existen opiniones respecto de lo que es bueno y lo que es malo, y que todas las opiniones tienen igual valor, por lo que las acciones buenas y malas dependerán del sujeto que las juzgue. Bajo el relativismo moral, podríamos defender a los villanos más viles porque cualquier acción se podría justificar. Quiénes son héroes ahora y quiénes villanos dependerá de cómo presentemos a los héroes y cómo presentemos a los villanos. ¿Te imaginás ser abogado del Guasón o el Cráneo Rojo?

Busto de Protágoras
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Villano por ignorancia
Sin duda el relativismo moral nos coloca en una posición incómoda. De hecho, fue una de las mayores preocupaciones de otro filósofo de la Antigüedad, Sócrates (470 - 399 a.C.), quien junto a su discípulo Platón (427 - 347 a.C.) discutieron con los sofistas sobre este asuntos y otros afines. Ellos plantearon que el Bien es un valor absoluto, al punto de considerar que la idea del Bien existe por sí misma y constituye la entidad más perfecta. Dado que en el pensamiento de Sócrates y Platón el Bien existe objetivamente, las acciones serán buenas o malas en función de un criterio objetivo, que es la conformidad o no de estas acciones con la idea del Bien. Con esta propuesta evitamos el relativismo y recuperamos una distinción clara entre héroes y villanos, pero a su vez encontramos otra postura ética con sus particularidades: el intelectualismo moral.

Sócrates (izq.) y Platón (der.)
El intelectualismo moral sostiene que sólo obra bien quien conoce el bien. De este modo, la moralidad termina siento una cuestión de sabiduría. Sócrates y Platón creían que hace falta cultivar el intelecto por medio de la práctica filosófica, no sólo para volverse uno más sabio, sino también para convertirse en buena persona.
Ahora bien, ¿cómo juzgaremos a los supervillanos desde esta postura filosófica? El intelectualismo moral tiene una particular mirada acerca de los malhechores, y es que así como actuar bien es conocer el bien, actuar mal es consecuencia de la la ignorancia. Esto implica que los villanos no cometen sus fechorías por mala voluntad, es decir, por un deseo perverso de destrucción y desorden, sino que, en realidad, piensan erróneamente que están haciendo lo correcto.
En la siguiente imagen encontramos un grupo de famosos villanos con sus objetivos. Cada uno busca algo positivo, pero desafortunadamente yerran al no comprender que sus fines personales no coinciden con el verdadero bien.
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Aristóteles y la virtud
La postura del intelectualismo de Sócrates y Platón zanja la cuestión del relativismo y nos propone un criterio objetivo para juzgar las acciones humanas. No obstante, perdimos en el camino el concepto de villano, que bajo la postura del intelectualismo moral se confunde con la del ignorante del bien. Si basamos las acciones éticas en el conocimiento del bien, nos resultará difícil responsabilizar a los villanos de sus actos, simplemente porque siempre podemos sostener que no saben lo que hacen.

Supervillanos de Marvel
Frente a esta dificultad del intelectualismo, Aristóteles (384 - 322 a.C.), discípulo de Platón, sostiene otra postura ética: la ética de la virtud o del carácter. Lo primero que va a señalar al intelectualismo de sus predecesores es que no basta con el conocimiento del bien para obrar bien, sino que además es necesario querer obrar bien y formar un hábito de ello Siguiendo esta línea, la buena voluntad y el carácter de la persona constituyen puntos cruciales de las acciones morales. A su vez, cree que es un error identificar la virtud de los buenos individuos con el conocimiento únicamente. En ese sentido, Aristóteles considera que el conocimiento es una virtud, dado que existen otras virtudes. De entre ellas, le presta principal atención a una virtud práctica de la voluntad: la prudencia.
La virtud de la prudencia resulta central en las consideraciones aristotélicas acerca del bien y del mal. ¿Por qué? Aristóteles consideraba que el mal es el vicio, lo opuesto de la virtud, y que los vicios pueden presentarse por dos vías, el defecto y el exceso. Por ejemplo, el valor es una clara virtud, mientras que la temeridad (su exceso) y la cobardía (su defecto) son sus vicios. Lo mismo sucede en el caso de la honestidad, con la mentira (defecto) y la falta de tacto (exceso) como sus vicios. La prudencia es la virtud que se obtiene al habituar nuestra voluntad a buscar el justo medio entre el exceso y el defecto. A diferencia del conocimiento del intelectualismo moral, esta virtud se practica y se ejercita hasta formar el hábito de actuar correctamente.

El Profesor Hulk puede ser visto como el justo medio entre Hulk y el Dr. Banner
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Para seguir filosofando
Con el modelo de las virtudes y los vicios de Aristóteles, podemos abordar nuestra categorización de los personajes de los cómics en héroes y villanos a partir de considerar si son virtuosos o no. Sin embargo, luego de discutir el relativismo, el intelectualismo y la ética de la virtud, podemos preguntarnos: ¿Realmente quieren el mal los villanos? Si desconocen el bien, ¿pueden ser considerados malos ellos mismos? Si conocen el bien, ¿qué los lleva a seguir el camino del mal, un mal hábito o una mala voluntad?