Los años de la Guerra Fría

7. La descomposición (1985-1991)

A principios de la década de 1980 la Unión Soviética enfrentaba varios problemas profundos: el desafío militar de los Estados Unidos en la Guerra Fría y la necesidad de aumentar el gasto militar para continuar la carrera armamentística, la caída de los precios de las exportaciones petroleras, la disminución del ritmo de crecimiento de la economía y las dificultades para desarrollar la tecnología y la eficiencia en el sistema de planificación centralizada. Con la asunción de Gorbachov en 1985 como nuevo secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, se reanudó el diálogo entre las superpotencias y se estrecharon los lazos diplomáticos con Estados Unidos.

Con nuevos aires de cambio, este dirigente propuso estrechar los lazos diplomáticos con Estados Unidos y poner en práctica una nueva política basada en dos términos: glasnost y perestroika, los cuales se traducen en implementar una “transparencia comunicativa” y “reestructuración política” en la Unión Soviética. Estas reformas tenían un objetivo: revitalizar al socialismo y rescatarlo frente a la prolongada y creciente marea de críticas al ineficiente sistema de planificación centralizada, la inaceptable corrupción de la burocracia del Partido y la vigencia de un clima cultural y político represivo”. Las reformas económicas (“perestroika”) aspiraban a mejorar la disciplina laboral y la eficiencia de la producción mediante la descentralización de la administración económica, la participación de empresas privadas y la apertura del comercio y las inversiones del exterior. Las reformas no dieron los resultados esperados y se enfrentaron a la resistencia de los funcionarios políticos y económicos del Estado, por lo que desde 1987 Gorbachov impulsó un proceso de democratización, apertura política y transparencia informativa (“glasnost”), profundizó las expectativas de la ciudadanía frente a la apertura de espacios de participación y debate. La insatisfacción reinante y la frustración ante el fracaso de la perestroika pronto se tradujeron en críticas que se dirigieron hacia el Partido oficial, el sistema comunista y el propio Gorbachov. La inestabilidad que se vivía por entonces, que afectó el nivel de vida de la población, no favoreció la implementación de medidas concretas. Así, aquel proceso de reforma que incluía la finalización del Pacto de Varsovia y la desaceleración de la carrera armamentística, derivó inintencionalmente en el derrumbe y la disolución de la Unión Soviética. Pues la reforma de la Constitución para democratizar la sociedad, que llevó a la desintegración de la autoridad vigente, y la apertura al mundo capitalista por medio de la liberalización de los mercados condujo a una “anarquía económica” que aceleró el proceso de desintegración.

Asimismo, la apertura política y económica significó la separación del régimen de los países de la zona oriental, que se autoproclamaron independientes. Y, cuando Gorbachov decidió retirar las tropas soviéticas de la República Democrática Alemana, fue inminente la caída del muro de Berlín el 8 de noviembre de 1989. Este fue uno de los principales hechos que marcaron la clausura del orden bipolar que distinguió a la Guerra Fría. 

En medio de enfrentamientos entre conservadores (liderados por Boris Yeltsin), reformistas y radicales, los movimientos autonomistas de varias repúblicas nacionales que integraban la Unión Soviética, las noticias sobre el derrumbe de los regímenes comunistas en Europa del este y una grave crisis económica, la crisis política llevó en 1991 a la disolución de la Unión Soviética y al colapso de la economía, que hasta entonces estaba todavía en gran medida en manos del Estado.

Fotos del día de la caída del Muro de Berlín: 9 de noviembre de 1989

Fuente: Cedoc y Friedhelm Sprenger / Fuente: The Grosby Group / 

 Fuente: Imagen: picture-alliance/dpa

Les recomendamos enfáticamente ver la película Good bye Lenin! (2003), dirigida por Wolfgang Becker. Esta película retrata el derrumbe de Berlín Oriental a partir de la historia de Alex (Daniel Brühl). Concretamente, días previos a la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, la madre del personaje central (Alex), una mujer fiel a las ideas comunistas, entra en coma. Cuando despierta unos meses después, su hijo hará todo lo que tenga a su alcance para que no se entere de que ya no existía su Alemania comunista, ahora reunificada y capitalista. Les dejamos una escena maravillosa en la cual la madre se encuentra con la nueva realidad:

Boris Yeltsin será elegido como el nuevo presidente, quien creó la Comunidad de Estados Independientes. En 1991 se produjo, finalmente, la desintegración definitiva de la Unión Soviética.