La sociología a lo largo del tiempo
| Sitio: | Campus Claves Académica |
| Curso: | Sociología |
| Libro: | La sociología a lo largo del tiempo |
| Imprimido por: | Invitado |
| Día: | viernes, 4 de septiembre de 2026, 20:17 |
Tabla de contenidos
1. Presentación
2. De la vida cotidiana a la sociología
¿Alguna vez te detuviste a pensar si las personas siempre vivieron en sociedades y si esa organización fue igual en todas las épocas? ¿Cómo llegamos a organizarnos y a vivir como lo hacemos hoy?
A diario convivimos con realidades sociales que nos afectan: el lugar donde nacemos, el dinero que tenemos, las leyes que seguimos, las ideas que compartimos, la cultura que nos rodea. Nada de esto es casual: todo forma parte de una compleja red de relaciones sociales que nos configura, como individuos y como miembros de grupos y comunidades.
Ahora bien, ¿quién se ocupa de estudiar estas interacciones y tratar de explicarlas? Esa responsabilidad le corresponde a la sociología, una disciplina que se centra en comprender la vida en sociedad.
Pero ¿cómo surge la sociología? Para responder a esta pregunta, es necesario retroceder en el tiempo. En el pasado, las personas vivían en sociedades mucho más simples que las actuales. Las relaciones sociales eran más directas, y las costumbres y tradiciones se transmitían de generación en generación sin grandes cambios.

Recreaciones de escenas de sociedades antiguas
Sin embargo, a medida que las sociedades comenzaron a transformarse (con el crecimiento de las ciudades, los avances tecnológicos, los nuevos sistemas económicos y los cambios políticos), las personas empezaron a experimentar complejos cambios que ya no podían entenderse con las explicaciones tradicionales, basadas en la religión o en la autoridad de reyes y monarcas. Fue entonces cuando se hizo necesario buscar miradas distintas y respuestas más profundas sobre el ser humano y la sociedad.
Si nos remontamos a los inicios de la sociología, observamos que las teorías sociológicas han evolucionado a la par de los cambios en la vida social. Incluso los conceptos que damos por conocidos —como sociedad o justicia— han variado notablemente desde los primeros pasos de la sociología. Esto demuestra que, aunque las corrientes y enfoques hayan cambiado con el tiempo, la sociología continúa siendo una herramienta fundamental para reflexionar sobre el mundo en que vivimos y para buscar soluciones a los conflictos que enfrentamos. Por ello, estudiar su evolución resulta clave no solo para comprender nuestro presente, sino también para proyectar el futuro de nuestras sociedades.
A continuación, vamos a introducirnos en los orígenes de la sociología, sus principales pensadores y las transformaciones que marcaron el nacimiento de esta disciplina. Esto nos permitirá reconocer cómo se fue configurando una mirada científica sobre la vida social y por qué sigue siendo relevante en la actualidad.
3. ¿Cuándo surge la sociología?
La sociología nace en el transcurso del siglo XIX como un síntoma de los cambios que afrontaron las sociedades europeas en esos tiempos, que significaron el inicio de muchas de las características de la sociedad actual. Estos cambios no aparecieron de repente. Las sociedades europeas se estaban transformando desde hacía siglos (en realidad, siempre estuvieron transformándose). Veamos cuáles fueron esos cambios clave.
3.1. Cambios en las sociedades
En el transcurso de los siglos XV y XVI se produjo una serie de cambios y acontecimientos clave que signaron la reconfiguración de la historia europea y mundial:
- La generalización de la imprenta, alrededor de 1448, que permitió la difusión ampliada del conocimiento e impulsó la alfabetización en las capas medias de la sociedad.

Imprenta de mediados del siglo XV
- El comienzo de la conquista europea de América, en 1492, que significó una gigantesca transferencia de recursos, sobre todo en metales preciosos, hacia Europa. Esto generó la aceleración del comercio, el desarrollo de los mercados y el comienzo de un proceso de acumulación y transformación productiva que modificaría los fundamentos económicos del orden medieval europeo.

Cristóbal Colón tomando posesión del Nuevo Mundo (1893), cromolitografía de Louis Prang y Compañía
- La Reforma Protestante, que se inicia en 1517 y significó la ruptura de la unidad doctrinal de la Iglesia Católica, lo que llevó al debilitamiento de la cosmovisión cristiana que había unificado a la Europa feudal.

Representación de Ferdinand Pauwels (1872) de Martín Lutero clavando sus noventa y cinco tesis en una puerta de la iglesia de Todos los Santos, de Wittenberg
Todas estas innovaciones y transformaciones marcan el fin de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna.
3.2. Tres grandes revoluciones
Las consecuencias de los cambios y transformaciones sociales se van a ir acumulando hasta desembocar en tres grandes revoluciones:
- Una revolución económica, la Revolución Industrial, a partir de 1760 aproximadamente. Implicó el cambio en los procesos productivos que, con la incorporación de mejoras técnicas constantes, va a dar su marco distintivo al nuevo modo de producción y acumulación que llamamos capitalismo.

Paisaje industrial (1895), de Edmund Kregczy
- Una revolución política, la Revolución francesa, que en 1789 planteó la posibilidad de una nueva forma de organizar políticamente a las sociedades, basada en las ideas de derechos civiles (Liberté), ciudadanía igualitaria (Égalité) y solidaridad social (Fraternité). Dio lugar a la posibilidad de pensar a los Estados-nación como repúblicas democráticas.

La Libertad guiando al pueblo (1830), de Eugène Delacroix. Representa la movilización popular durante la Revolución francesa.
- Una revolución cultural o intelectual, la Ilustración, que se inicia en el siglo XVIII, pero que tiene sus antecedentes en el humanismo del Renacimiento de los siglos XV y XVI, y en el empirismo científico y el racionalismo filosófico del siglo XVII. Significó una creencia generalizada entre los pensadores, filósofos y científicos europeos en la capacidad de los seres humanos para hacer uso de la razón como medio de llegar a la comprensión y explicación de los distintos aspectos del mundo.

Lectura de la tragedia El huérfano de la China, de Voltaire, en el salón de madame Geoffrin (1812), de Anicet Lemonnier. Representa un encuentro de intelectuales en el contexto de la Ilustración.
3.3. La ciencia de la sociedad
La sociología es heredera de las tres grandes revoluciones.
- De la Revolución Industrial, porque el desarrollo del capitalismo transformó la organización social: comenzó a perder peso la pertenencia estamental (nobleza/pueblo) y empezó a tomar fuerza la división por clases sociales (burguesía/proletariado). Esta nueva organización generó conflictos económicos expresados en la lucha de clases que atravesó a toda la sociedad.
- De la Revolución francesa, porque planteó la ruptura del viejo orden medieval y la difusión de ideales como igualdad ante la ley, participación política popular y representación democrática. Estos ideales han impulsado luchas sociales ─lo que dio origen al socialismo y al comunismo─, inspiraron revoluciones (independencias latinoamericanas, Revolución rusa) y transformaron el mapa mundial con la caída de imperios y el surgimiento de nuevos países.
- De la Ilustración, porque la explicación natural y social del mundo ya no pudo dejarse en manos de la religión, sino que comenzó a explicarse por medio de la ciencia. Si bien en un inicio se tomó como modelo para explicar el mundo a las ciencias naturales (como la física de Newton), este enfoque resultó insuficiente para comprender los cambios sociales, lo que llevó a la necesidad de una nueva forma de pensar lo social.
Principales hitos de la Sociología
La sociedad cobra, entonces, una nueva forma, y los enfrentamientos recrudecen y se expanden. La nueva sociedad moderna no navega aguas tranquilas. Se ve a sí misma zozobrante y amenazada. Necesita estabilizarse y organizarse. Necesita orden para progresar. Las herramientas para solucionar sus problemas y estabilizar el orden las va a buscar en la ciencia. Pero como la ciencia de la sociedad no existía, había que crearla. Así nace la sociología.
4. Referentes teóricos
Los orígenes de las ciencias sociales pueden rastrearse en distintos pensadores que, mucho antes del surgimiento formal de la sociología, reflexionaron sobre la organización de la vida colectiva. Veamos quiénes eran y qué pensaban acerca de la sociedad.
4.1. Los precursores
Entre los precursores de las ciencias sociales modernas encontramos a Maquiavelo, quien en el Renacimiento reflexionó sobre la relación entre gobierno y sociedad. Más tarde, los pensadores contractualistas como Hobbes, Locke, Montesquieu y Rousseau se enfocaron en el problema del orden social y en el surgimiento de los Estados modernos a través de la idea de “contrato social”, es decir, el acuerdo entre gobernantes y gobernados que legitima la autoridad política. Con ellos, los temas de la organización social dejaron de explicarse como algo divino o inmutable, y comenzaron a pensarse en términos de representación política y soberanía popular. De este modo, fue tomando forma lo que hoy conocemos como ciencia política.

Imágenes de Maquiavelo (escultura de Lorenzo Bartolini [1843]), Hobbes (detalle del retrato de Wright [1669-1670], Locke (retrato de Kneller [1697]) y Rousseau (retrato de Ramsay [1766]), respectivamente
La segunda forma de pensar los asuntos sociales se dio con el surgimiento de la economía política. Sus principales exponentes fueron William Petty, Adam Smith y David Ricardo, quienes se ocuparon de temas como el desarrollo equilibrado de las sociedades, el intercambio, la circulación del dinero y la producción, especialmente tras la Revolución Industrial. Estas reflexiones aparecieron al mismo tiempo que los grandes cambios políticos y económicos en Europa, como una manera de explicarlos y también de proponer soluciones.

Imágenes de Adam Smith (retrato de Alexander Muirhead basado en un medallón del escultor James Tassie [1902] ) y David Ricardo (retrato de Thomas Philips [1821]), respectivamente
Los cambios de la época no fueron solo políticos y económicos, sino también sociales. La vida tradicional desaparecía: la población migraba del campo a la ciudad, las ciudades crecían con rapidez y, al mismo tiempo, aumentaban la pobreza, el hacinamiento, las enfermedades y los conflictos. Los campesinos se transformaban en trabajadores asalariados y obreros industriales, que empezaron a organizarse en sindicatos y partidos para defender sus derechos frente a empresarios y al Estado. Estas luchas sociales marcaron el clima de toda la época.
4.2. Los inicios de la reflexión sistemática
En el marco de la nueva etapa “científica” del pensamiento, surge el positivismo, que proponía estudiar la sociedad con métodos científicos, como si fuera una “física social”. Su aplicación práctica se llamó higiene social, pensada para curar los problemas de la sociedad y organizarla de un modo nuevo, dirigido por científicos e industriales en lugar de la antigua nobleza. El discípulo de Saint-Simon, Auguste Comte (1798-1857), fue quien le dio el nombre de sociología a esta “física social” a partir de la combinación del latín socius, ‘socio’, y el griego λογία, ‘tratado, estudio, ciencia’. Según él, la sociología debía ayudar al Estado a conciliar orden y progreso. Estas ideas positivistas marcaron fuertemente a su época, y todavía hoy se reflejan en símbolos como la bandera de Brasil.

Bandera de Brasil con el lema “Orden y Progreso”
La sociología nace, entonces, preocupada por comprender el desorden social generado por la modernidad y como una propuesta utópica para reconstituir un orden. Pero también surge como una forma de pensar científicamente los problemas sociales.
Para estos intelectuales, la ciencia era más una referencia simbólica que un método de estudio. Sus análisis y proposiciones eran más filosóficos que científicos. Pero otros autores tomaron ese nombre, sociología, y con él denominaron a sus propuestas para estudiar sistemáticamente los fenómenos sociales. Esas propuestas implicaron aportarle a la sociología un método riguroso para producir conocimiento y un objeto concreto de estudio sobre el cual aplicarlo. La sociología dejó de ser un tipo de especulación filosófica y se convirtió en una ciencia social reconocida e integrada en las instituciones universitarias. Y no solo “una” ciencia social, sino “la” ciencia de la sociedad.
Fueron muchos los autores que llevaron a cabo intentos similares y que produjeron obras importantes. A finales del siglo XIX y principios del XX, dos de ellos se destacaron no solo por la calidad y la profundidad de sus trabajos, sino también por la importancia que tuvieron para el desarrollo futuro de la sociología, al punto tal de que continúan siendo imprescindibles para pensar también los problemas de la sociedad actual. Se trata del francés Émile Durkheim y el alemán Max Weber. Ambos son considerados los clásicos indiscutidos de la sociología y sus fundadores más emblemáticos.
Junto a ellos, y en el mismo lugar fundacional, se coloca a Karl Marx, que, si bien nunca utiliza el término sociología para designar a su forma de estudiar a la sociedad, propone, al igual que los anteriores, un método propio, el materialismo histórico, y un objeto concreto de estudio, las relaciones materiales de producción. Su obra es considerada, por lo tanto, tan sociológica como la de los autores mencionados. Con Marx, que pertenece a una generación anterior a la de Durkheim y Weber, comenzaremos este recorrido por las ideas de los clásicos de la sociología. Y terminaremos con Talcott Parsons, un autor estadounidense de la generación posterior, que puede ser considerado el último de los clásicos o el primero de los teóricos contemporáneos, ya que, a mediados del siglo XX, dio forma, a partir de las obras de Durkheim y Weber, entre otros, a un intento de elaborar una teoría unificada para la sociología en particular y las ciencias sociales en general.
A continuación, exploraremos las principales ideas de estos clásicos de la sociología.
5. Principales pensadores
5.1. Karl Marx (1818-1883)
Karl Marx analizó y criticó la sociedad de su tiempo. A diferencia de otros pensadores, propuso soluciones y participó activamente en luchas sociales, lo que le valió persecuciones y exilios. Participó de la Liga de los Comunistas ─ para la cual redactó el Manifiesto del Partido Comunista, junto con su colega y amigo Friedrich Engels (1820-1895) ─ y de la Asociación Internacional de los Trabajadores, lo que lo convirtió en un “líder subversivo” para los gobiernos europeos. Su acción política y sus escritos inspiraron a movimientos socialistas, socialdemócratas y comunistas en la lucha contra lo que entendían como injusticias del capitalismo.
Marx estudió en la Universidad de Berlín, donde predominaba la influencia de Hegel. Este filósofo sostenía una visión idealista de la historia: toda la humanidad sería el resultado del avance de la razón hacia la plena conciencia de sí misma, proceso que se da a través de la dialéctica, es decir, la afirmación, negación y superación de ideas, lo que impulsa un mayor conocimiento y dominio del mundo. Influenciado por Hegel, Marx adoptó la idea del cambio a través de conflictos, pero rechazó la visión idealista de que este podía lograrse solo con enfrentamientos de ideas. Su célebre afirmación radica en que no basta con interpretar el mundo, sino que hay que transformarlo.
Junto con Engels desarrolló el materialismo histórico, enfoque que sostiene que para comprender la sociedad hay que estudiar las condiciones materiales de vida y las relaciones de producción que conforman su “estructura” económica. Las ideas, religiones, filosofías y formas políticas serían una “superestructura” que refleja esas bases materiales. Así las ideas dominantes de una época reflejan los intereses del grupo social que controla los medios de producción. Con este marco conceptual, Marx sentó las bases de un enfoque científico para estudiar las sociedades, aunque nunca se definiera a sí mismo como sociólogo.
Aplicando este enfoque a los problemas sociales de su tiempo, Marx sostiene que estos no son consecuencia del fracaso del capitalismo, sino de su propio éxito como modo de producción en las sociedades modernas. En este modo de producción se establece la división de clases entre la burguesía, la clase propietaria de los medios de producción (tierras, maquinarias, capital) y el proletariado (clase trabajadora que solo posee su fuerza de trabajo). Esta separación entre clases es el resultado de un proceso histórico de expropiación y de dominación que lleva a que una parte minoritaria de la sociedad le imponga al resto condiciones de sometimiento y explotación.
Para analizar las consecuencias sociales de estas relaciones, Marx y Engels señalan que no se debe comenzar por las ideas que las sociedades adoptan para explicarlas, ya que las ideas dominantes reflejan las relaciones materiales de poder. El punto de partida debe ser el estudio de las relaciones materiales de producción, es decir, la estructura económica de la sociedad. Desde esta perspectiva, Marx investigó historia y economía en Londres, y plasmó sus análisis en su obra El capital, donde explica las condiciones y consecuencias del éxito del capitalismo, y cómo la burguesía alcanzó el poder transformando el feudalismo tras la Revolución Industrial y la Revolución francesa.

Cubierta del libro El capital
En dicha obra, Marx explica que el modo de producción capitalista se basa en la explotación del trabajador asalariado: el obrero produce mercancías cuyo valor excedente, la plusvalía, es apropiado por el capitalista. Este plusvalor se reinvierte continuamente, lo que genera acumulación constante. Los trabajadores solo cuentan con su fuerza de trabajo y las relaciones humanas aparecen solo como relaciones con las mercancías. De este modo, las mercancías son humanizadas y los humanos cosificados. Esto toma la forma de un “fetichismo” que oculta el hecho real de que toda la riqueza es producida y distribuida mediante relaciones sociales de producción e intercambio.
En los inicios del capitalismo, las condiciones de trabajo eran duras: salarios miserables, largas jornadas, ambientes peligrosos y trabajo infantil. Pero en la sociedad liberal burguesa los trabajadores son formalmente libres: son las condiciones materiales las que restringen de hecho esa libertad limitando sus opciones al hacerles elegir entre la explotación laboral o el hambre. Sin embargo, los trabajadores pueden usar esa libertad formal para organizarse sindical y políticamente para exigir la mejora de sus condiciones de vida.

Niños trabajando en el contexto del capitalismo industrial del siglo XIX
De este modo, Marx creía que, una vez organizados con conciencia de sus intereses de clase, reconocerían la necesidad de una transformación social completa mediante una revolución socialista que instaurara un modelo de sociedad más justa. El modelo de esa sociedad es el comunismo, en el que cada ser humano aporta trabajo según sus capacidades y recibe beneficios según sus necesidades.
5.2. Émile Durkheim (1858-1917)
Émile Durkheim fue un sociólogo francés interesado en aplicar la ciencia al estudio de la sociedad. Aunque comenzó estudiando filosofía, como Marx, vivió en un contexto en el que las ciencias sociales empezaban a consolidarse en la academia francesa, especialmente durante la Tercera República, cuando se buscaba modernizar el Estado y la educación. En 1887 asumió la cátedra de Pedagogía y Ciencias Sociales en la Universidad de Burdeos y trabajó para establecer la sociología como ciencia reconocida y útil para comprender y fortalecer el orden social. Fundó la revista L’année sociologique y escribió tres obras clave: La división del trabajo social, Las reglas del método sociológico y El suicidio.
En Las reglas del método sociológico, publicado en 1895, Durkheim presenta un objeto propio de estudio y un método científico para la sociología, lo que le permitiría diferenciarse de todas las otras formas no científicas de reflexión sobre la sociedad. Además, le permitiría distinguirse, por su objeto de estudio específico, de las otras ciencias que tratan sobre los seres humanos: la biología y la psicología. Este objeto es el “hecho social”, definido como toda forma de actuar, pensar o sentir, exterior a las personas y capaz de ejercer sobre ellas una influencia coactiva.

Cubierta del libro Las reglas del método sociológico
De este modo, Durkheim sostiene que hay muchos aspectos de la vida social, formas en las que los seres humanos actúan, piensan o sienten (como las creencias religiosas, la vestimenta, el lenguaje o la educación), que no dependen solo de la voluntad individual, sino que les vienen impuestas por la sociedad en la que viven. La sociedad es, entonces, una realidad que condiciona y a la vez posibilita la acción individual. Por supuesto que las personas pueden, si lo desean, actuar contradiciendo esos hechos sociales, pero entonces deben enfrentar las resistencias o sanciones que toda sociedad aplica a los intentos de actuar en contra de lo establecido como norma, ya sea formal o informal.
Desde esta perspectiva, Durkheim postula que la sociología estudia los hechos sociales, que son aspectos sociales (no biológicos ni psicológicos) del comportamiento humano. Su método científico consiste en tratar estos hechos como cosas externas y objetivas, en evitar el sentido común o las ideas preconcebidas, y en basar los análisis únicamente en observaciones y fundamentos rigurosos. Así, la mejor forma de estudiar los hechos sociales es mediante el análisis de las regularidades y los cambios en los comportamientos sociales que se observan en las estadísticas.
Dos años después, en El suicidio, Durkheim aplicó este método sociológico para explicar un hecho antes considerado subjetivo: quitarse la vida. Analizando estadísticas europeas, concluyó que los aumentos en las tasas de suicidio se relacionan con cambios sociales de la modernidad. Estos cambios tienen su anclaje en el creciente individualismo que debilita los lazos comunitarios que antes vinculaban a las personas entre sí. En su estudio, identificó distintos tipos de suicidio: el egoísta, causado por la falta de integración social; el altruista, motivado por un exceso de integración y dedicación al grupo donde predomina el deseo abnegado de proteger al grupo aún a costa de la propia vida; el anómico, provocado por la desregulación social y económica que deja a las personas sin normas claras, y el fatalista, resultado de normas demasiado rígidas que asfixian la vida, como la esclavitud o matrimonios infelices sin posibilidad de divorcio.

Émile Durkheim dictando clases en la universidad
Estos cambios observables en las formas de un hecho social como el suicidio están relacionados con los cambios en la forma de organización social que había descrito en su primera obra, La división del trabajo social, de 1893. En ella, Durkheim había explicado que, con el desarrollo de la modernidad, se da una creciente división del trabajo. Esto significa que van apareciendo nuevas ramas en la industria y el comercio, se van especializando las funciones administrativas y surgen nuevas actividades y nuevos conocimientos. Se produce, así, un cambio en la forma en la que se da el vínculo de los individuos entre sí y con la sociedad. A este vínculo lo llamó “solidaridad social”. Afirma entonces que se pasó de una “solidaridad mecánica”, basada en la pertenencia total del individuo al grupo y en comportamientos tradicionales similares, a una solidaridad orgánica, donde la integración social surge de la complementariedad entre individuos que cumplen funciones diferentes y aportan a la sociedad según sus roles.
De este modo, Durkheim sentó las bases de una sociología científica centrada en la observación empírica, la objetividad y el estudio de los mecanismos que mantienen unida a la sociedad.
5.3. Max Weber (1864-1920)
Max Weber era alemán. Estudió derecho y luego se dedicó a la historia jurídica y económica europea. Fue profesor en Friburgo y Heidelberg, y participó en debates sobre los métodos de investigación en ciencias sociales, entre la escuela austríaca de economía y la escuela histórica alemana. Los economistas de la escuela austríaca sostenían que solo se podía hacer ciencia si se proponían modelos explicativos generales, como los de las ciencias de la naturaleza. Los historiadores alemanes defendían el estudio de los casos históricos concretos para describirlos y explicarlos en profundidad.
Weber interviene proponiendo una nueva forma de producir conocimiento sobre las relaciones sociales que involucra tanto la comprensión en profundidad como la explicación en general. A esta forma la va a llamar sociología comprensiva. En distintos textos, cuya versión final aparece publicada en 1922, poco después de su muerte, en un volumen titulado Economía y sociedad, va a definir a la sociología comprensiva como la ciencia que busca comprender el sentido o significado que los seres humanos les otorgan a sus acciones para poder explicarlas.

Cubierta del libro Economía y Sociedad
A diferencia de Durkheim, que estudiaba hechos sociales objetivos, el objeto de la sociología comprensiva de Weber es la acción social subjetiva. Para poder investigarla, elaboró el método de los tipos ideales, construcciones teóricas que no existen en la realidad tal cual, pero sirven como modelos para comprender y entender fenómenos reales. Así, defendió un método analítico y comparativo, distinto del positivista, que considera más adecuado para estudiar a los seres humanos y sus motivaciones.
De este modo, Weber señala que las acciones sociales de los seres humanos se pueden comprender al compararlas con cuatro tipos ideales de acción:
| Tipo ideal | Definición | Ejemplo |
| Racional con arreglo a fines | Busca un objetivo concreto mediante el cálculo de los medios adecuados. | Planear la hora de salida para llegar puntual. |
| Racional con arreglo a valores | Se actúa en función de principios éticos o creencias, sin importar las consecuencias prácticas. | Rezar, devolver un objeto perdido, participar en causas solidarias. |
| Tradicional | Motivada por costumbres y hábitos heredados. | Rituales, comidas típicas, vestimentas culturales. |
| Afectiva | Surge de emociones o impulsos del momento. | Discutir tras un incidente, abrazar espontáneamente a alguien querido. |
Desde esta perspectiva, las acciones sociales pueden generar distintos tipos de relaciones sociales. Si se basan en afectos o tradiciones compartidas, generan relaciones comunitarias (ej.: colectividades de migrantes, hinchas de un club deportivo). Si, por el contrario, se basan en intereses racionales (fines o valores), se forman relaciones societarias (ej.: intercambios comerciales, asociaciones, ONG). Ahora bien, cuando el sentido de la relación social es la intención de cada una de las personas participantes de imponer la propia voluntad sobre las demás, lo que tenemos es una relación de lucha. Si una parte logra imponerse pese a la resistencia, se habla de una relación de poder. Y, si mediante el ejercicio del poder se logra obtener obediencia sin que haya resistencia, el poder se convierte en una relación de dominación.
Para Weber, el poder es un concepto que no le alcanza para explicar lo que sucede en la sociedad. Y, por ello, desarrolló el concepto de dominación. En este sentido, el estudio de la dominación social es central ya que constituye la base del orden social a lo largo de la historia. Para sostenerse en el tiempo, la dominación debe ser legítima, es decir, aceptada por los dominados. Weber distingue tres tipos ideales de dominación legítima:
| Dominación tradicional | Se apoya en la costumbre y el respeto a la autoridad heredada (por ejemplo, monarquías, feudalismo, patriarcado familiar). |
| Dominación racional-legal | Se funda en normas legales aceptadas como válidas, típica del Estado moderno y su burocracia. |
| Dominación carismática |
Se sustenta en la creencia en las cualidades extraordinarias de un líder (militar, político, religioso o cultural). Es la más intensa, pero también la más inestable, ya que depende directamente del carisma del líder; suele transformarse en dominación tradicional o legal cuando este desaparece. |
Particularmente, los movimientos carismáticos han sido fuerzas transformadoras a lo largo de la historia que impactaron en los órdenes tradicionales y racional-legales. En este marco, Weber estudió especialmente los movimientos religiosos para explicar el origen de la modernidad occidental, caracterizada por la racionalización (es decir, la tendencia a organizar la acción humana según criterios de eficiencia, cálculo y control) que se refleja tanto en la política (Estado burocrático) como en la economía (capitalismo europeo).

Imagen de una oficina que representa la división de tareas y la documentación formal
La Alemania de Weber vivió intensos procesos de reorganización política, desde la unificación bajo el Imperio Alemán hasta la inestable República de Weimar. En este contexto, Weber centró su análisis en el Estado y el capitalismo, y explicó ambos a partir del proceso de racionalización occidental. Según el autor, este proceso se originó en el judaísmo profético y continuó con el catolicismo y el protestantismo, lo que generó una creciente orientación racional de la conducta. Al desligarse de lo religioso, esta racionalidad se consolidó como un componente central del pensamiento moderno occidental, tanto del espíritu del capitalismo (orientado a una práctica racional constante) como del deber ético de actuar de acuerdo a las normas que legitima el orden burocrático-legal del Estado moderno.
5.4. Talcott Parsons (1902-1979)
La obra de Talcott Parsons, sociólogo estadounidense, es muy compleja y fue desarrollada en distintas etapas. Su objetivo fue crear una teoría unificada para la sociología y las ciencias sociales, centrada en la acción social.
En La Estructura de la acción social (1937), Parsons sostiene que esa teoría ya contaba con bases en las ideas de Marshall, Pareto, Durkheim y Weber, con estos dos últimos como los pensadores más influyentes. La importancia de su trabajo fue tal que contribuyó a consolidar a Durkheim y Weber como clásicos indiscutidos de la sociología. La teoría voluntarista de la acción le permite a Parsons señalar el marco de referencia abstracto con el cual comprender cualquier acción concreta. Posee cuatro componentes que configuran la unidad básica de análisis de la sociología. Lo llama el “acto-unidad”, y está compuesto por:
- El actor, un agente social que es quien lleva a cabo la acción.
- Un fin, que es el estado de cosas deseado al que se orienta la acción.
- Una situación, que tiene condiciones que el agente no puede controlar y medios que el agente controla y usa para obtener sus fines.
- Una o más normas, que expresan los valores culturalmente vigentes en la sociedad y que regulan el modo en que el agente elige los medios y los fines para actuar.
Desde este marco, Parsons sostiene que no puede pensarse a la sociedad como una sumatoria de individuos ni a los individuos como átomos aislados que persiguen cada uno solo sus propios intereses. Por el contrario, toda acción, por más que esté motivada por fines individuales, transcurre en el seno de una cultura con normas que la regulan y valores por los cuales también se orienta la acción. Al regularse por los valores sociales que se expresan en las normas, puede comprenderse un aspecto de la acción social que está ausente en la teoría utilitarista liberal: las acciones sociales contribuyen a conservar el orden social no como un resultado automático de la libertad de mercado, sino porque en su propio desarrollo están guiadas por orientaciones normativas que reproducen los valores culturales vigentes.
En El sistema social (1951), Parsons amplía su teoría de la acción y la presenta a la sociedad como un sistema, es decir, como un conjunto de elementos organizados que se relacionan para cumplir una función definida. Puede estar formado por objetos, ideas o personas. El modo en que se organizan los elementos de un sistema define su estructura (aspecto estático), y la forma en que se relacionan define su función (aspecto dinámico). Los sistemas existen en un entorno con el que interactúan: si son abiertos, pueden intercambiar información, energía o materia mediante entradas y salidas, e incluso compartir elementos con otros sistemas.

Cubierta del libro La estructura de la acción social y del libro El sistema social
Todas estas nociones le permiten a Parsons afirmar que la acción social es un sistema abierto muy complejo en el que intervienen componentes de otros sistemas, pero que no se puede explicar completamente por ninguno de ellos.
Toda acción se desarrolla en condiciones materiales del entorno que tienen que ver con los aspectos físicos y químicos del mundo natural. Necesita incorporar elementos adaptados a esas condiciones y, por eso, utiliza componentes del sistema orgánico humano. Es decir, en toda acción participa, de alguna manera, el cuerpo humano. Asimismo, para orientarse hacia el logro de un fin, depende de decisiones y motivaciones (función que cumplen los componentes del sistema de la personalidad), inspiradas en el principio freudiano del placer. Al ser una acción social, implica interacción entre varios actores y es regulada por normas compartidas (sistema social), que garantizan orden mediante recompensas o sanciones. Además, las acciones se guían por valores, ideas y creencias comunes (sistema cultural), que se reproducen y mantienen a través de la práctica social.
La acción puede ser comprendida, así, como un sistema abierto que se interpenetra con otros cuatro sistemas que son independientes entre sí:
- El sistema cultural le aporta a la acción las pautas de valor.
- El sistema social genera la integración social de los actores.
- El sistema de la personalidad provee las orientaciones motivacionales para el logro de las metas.
- El sistema biológico, que Parsons llama “organismo o sistema conductual”, le otorga la capacidad de adaptación con el ambiente, lo que incluye la obtención de los recursos energéticos que hacen posible la acción.
La teoría de Parsons fue criticada por su carácter abstracto y alejado de las descripciones concretas de la vida social. Sin embargo, otros encontraron en ella una apología de las condiciones en que se daba la integración de las masas en la sociedad de consumo estadounidense de mediados del siglo XX.
Cuando esa sociedad entró en crisis en la década de 1960, con los conflictos generacionales, raciales y las protestas por la Guerra de Vietnam, la influencia del paradigma parsoniano entró también en crisis y fue atacado por su invisibilización teórica del conflicto social. Parsons hizo modificaciones en su teoría, pero ya era tarde: nuevas perspectivas ganaron terreno, y algunas incluso rechazaron la necesidad de una teoría general, lo que llevó a la fragmentación de la sociología en múltiples corrientes.

Manifestación contra la guerra de Vietnam en Estados Unidos en la década de 1960
Recién hacia fines del siglo XX reapareció en la sociología la idea de construir una teoría de la sociedad de la mano de autores como Anthony Giddens (1938), Pierre Bourdieu (1930-2002) y los alemanes Jürgen Habermas (1929) y Niklas Luhmann (1927-1998), sobre quien hablaremos más adelante.
6. La sociología en la Argentina, su recorrido histórico y principales figuras
Para cerrar este bloque, vamos a hacer un breve recorrido por la historia de la sociología argentina, que se inicia en la misma época que la sociología europea y tiene una tradición tan rica e interesante como ella. La sociología en la Argentina encuentra su origen, al igual que la europea, en las condiciones sociales que atraviesa el país. Algunas son similares: la transición a la modernidad, la consolidación del Estado moderno, el orden social, las migraciones, las formas de gobierno, la sociedad de masas, el conflicto de clases, el progreso y la industrialización. Pero muchas son específicas del contexto histórico local, como ser las consecuencias de las guerras de independencia y la guerra civil, el conflicto entre federales y unitarios, el problema del desarrollo y la dependencia económica, el centralismo porteño, el peronismo, los gobiernos autoritarios, la lucha armada, el terrorismo de Estado, la transición democrática y la reivindicación de los derechos humanos.
Podríamos decir que el comienzo del pensamiento social en la Argentina se da entre 1830 y 1880 con Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento y Esteban Echeverría, pero los primeros cientistas sociales fueron José María Ramos Mejía, Carlos Octavio Bunge, Ernesto Quesada y José Ingenieros. Quesada fue quien más desarrolló una mirada sociológica sistemática, mientras que los demás estuvieron más influenciados por el positivismo biologicista y la psicología social.
En 1899, Ernesto Quesada asumió la cátedra de Sociología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde permaneció hasta 1924, influido por el pensamiento de Durkheim. Su obra La época de Rosas (1898) fue la primera en analizar la historia argentina desde una perspectiva sociológica. Paralelamente, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA, Juan Agustín García y su suplente, Leopoldo Maupas, también dictaron Sociología, fuertemente influenciados por Durkheim.

Imagen.1926-Filosofía-y-letras [Fotografía], Archivo General de la Nación, 1926, https://buenosaireshistoria.org/fotografias/facultad-de-filosofia-y-letras/
El punto cúlmine de la institucionalización de la sociología en la Argentina se daría en 1957, con la creación de la carrera y el departamento de Sociología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires por parte del emigrado italiano Gino Germani. Paralelamente, se abrirían otras dos carreras de grado en universidades privadas: la Universidad Católica Argentina (UCA) en 1959 y la Universidad del Salvador (USAL) en 1963. Durante los años siguientes seguirían abriéndose más carreras en universidades públicas (en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca y en la Universidad Nacional de Mar del Plata), que luego serían cerradas por el golpe cívico-militar de 1976, ya que la sociología era considerada una “disciplina subversiva”, al igual que la psicología o la antropología.

Fotografía de Gino Germani en la década de 1950
Sin embargo, los militares reabrieron la carrera de Sociología de la UBA, que había sido cerrada a mediados de 1975 por el gobierno de Isabel Martínez de Perón. Esta reapertura se dio con un programa totalmente modificado, en el que se había eliminado todo el material que era considerado subversivo. La carrera pasó así a depender del Rectorado de la Universidad y a dictarse en el subsuelo de la Facultad de Derecho, a cargo de abogados y profesores antiperonistas.
Los sociólogos que pudieron escapar del terrorismo de Estado se exiliaron, algunos en España, Italia y Francia, pero muchos otros huyeron a países latinoamericanos, con México como destino más importante, seguido por Brasil y Venezuela. Mientras tanto, en la Argentina las carreras que se dictaban en la UCA y la USAL continuaron con los mismos contenidos y programas.
Otros sociólogos que no migraron se refugiaron tanto en estas universidades como en los centros privados de investigación que habían comenzado a fundarse desde los años 60. La sociología no dejó de existir durante la dictadura, pero fue aislada y reducida a su mínima expresión.
El fin de la dictadura significó también el retorno al país de muchos de los exiliados, como Juan Carlos Portantiero (1934-2007), uno de los más influyentes en los análisis de la transición democrática. Posibilitó, además, la apertura y reapertura de carreras de sociología a lo largo y ancho del país, tanto a nivel de grado como de posgrado, incluyendo a varias universidades privadas.

Raúl Alfonsín dirigiéndose a la ciudadanía tras el retorno de la democracia en 1983
En los años posteriores, el campo académico se expandió y fragmentó, y las demandas de sociólogos y sociólogas, tanto por parte del Estado como de diversas instituciones y empresas de la sociedad civil, también se multiplicaron.
7. Repasando
En este bloque estuvimos estudiando el contexto histórico del surgimiento de la sociología, que incluye a las tres grandes revoluciones (la Industrial, la francesa y la Ilustración), y repasamos sus principales autores. De entre ellos, nos concentramos en el pensamiento de Marx y su concepción materialista de la historia; en la obra de Durkheim y su método sociológico centrado en la explicación de los hechos sociales; en la sociología comprensiva propuesta por Weber mediante el método de los tipos ideales, y en la descripción del sistema general de la acción que Parsons presenta como resultado de su teoría voluntarista de la acción. Finalizamos con un recorrido por la historia de la sociología argentina hasta el presente.
8. Autoevaluación
9. Bibliografía
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