El mundo de entreguerras
| Sitio: | Campus Claves Académica |
| Curso: | Historia del siglo XX - Enlace UBA |
| Libro: | El mundo de entreguerras |
| Imprimido por: | Invitado |
| Día: | martes, 21 de abril de 2026, 02:13 |
1. Introducción
En el siguiente apartado vamos a avanzar en el análisis del mundo en el período entreguerras, es decir, en los años comprendidos entre el fin de la Gran Guerra y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en 1939.
En los veinte años entre una contienda y otra ascendieron al poder dictadores como Benito Mussolini, en Italia y Adolf Hitler en Alemania. Mientras tanto, la Unión Soviética se sumergía en un proceso de industrialización y represión bajo el poder de Stalin. Además, en los años treinta se inició el período conocido como la Gran Depresión que llevó a una nueva reestructuración del sistema capitalista tal y como se conocía hasta entonces.
El examen de los procesos políticos, sociales y económicos de los años veinte y treinta nos permitirán responder importantes interrogantes, tales como: ¿Qué sucedió en Alemania, tras perder la Primera Guerra Mundial? ¿Cómo quedó reconfigurado el equilibrio de naciones? ¿Cuáles fueron las causas de la llegada al poder del fascismo y del nazismo? ¿En qué consistió la crisis internacional de 1929? ¿A qué llamamos crisis del liberalismo? Estas son algunas de las preguntas que orientarán la lectura del siguiente bloque.
¡Comencemos!
Foto 1 (arriba a la izquierda): Grupo de niños con el uniforme de Balilla - Fotógrafo italiano.
Foto 2 (arriba a la derecha): Adolf Hitler con las Juventudes Hitlerianas del partido nazi - Universal History Archive.
Foto 3 (abajo a la izquierda): Hitler saluda a miembros de las Juventudes hitlerianas en Leipzig
Foto 4 (abajo a la derecha): Trabajadores forzados del gulag de Kolymá
2. Europa tras el fin de la Primera Guerra Mundial: La crisis del liberalismo
Como señalamos en el bloque Los inicios del siglo XX, la Primera Guerra Mundial supuso un quiebre civilizatorio con respecto al orden mundial previo. Es decir, los rasgos propios de la etapa imperialista (las últimas décadas del siglo XIX), a nivel político, social y económico, se vieron alterados tras la contienda bélica.
Por un lado, debemos tener en cuenta que el mapa europeo se reconfiguró en 1918: el hundimiento de los imperios Austrohúngaro, Alemán y Ruso dio paso a la creación de numerosos estados: tal es el caso de Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Finlandia, entre otros.
Les proponemos observar el siguiente mapa, en el cual podrán apreciar los cambios mencionados, concretamente, cuáles fueron los territorios que se desmembraron de las fronteras imperiales de Alemania, Austria-Hungría y Rusia.

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El Tratado de Versalles
Tras la victoria de la entente (Francia y Reino Unido), los aliados en la Primera Guerra Mundial, las naciones beligerantes firmaron en París tratados de paz, el más importante de ellos fue el Tratado de Versalles (en junio de 1919), firmado con Alemania. Se inició un período de tensa estabilidad en una Europa devastada por los años bélicos.
Conferencia de Paz de París, 1919
Los “cuatro grandes”

De izquierda a derecha: Thomas Woodrow Wilson (presidente de Estados Unidos), Lloyd George (Primer Ministro del Reino Unido), Vittorio Emanuele Orlando (Primer Ministro italiano) y Clemenceau (Primer Ministro de Francia).
Las condiciones de paz impuestas generaron profundas tensiones en el viejo continente, y más específicamente en Alemania. ¿Por qué motivos? En gran parte, porque el acuerdo de Versalles responsabilizó exclusivamente a Alemania del inicio de la contienda (en virtud de la cláusula de la “culpabilidad de la guerra”), razón por la cual esta última se vio obligada a aceptar condiciones extremadamente duras: por un lado, asumir las llamadas reparaciones de guerra (es decir, pagar indemnizaciones -importantes sumas de dinero anuales- a las naciones victoriosas), perder sus colonias de ultramar, al igual que extensos territorios del propio Estado alemán y aceptar la ocupación extranjera en la cuenca del Sarre, una zona alemana sumamente rica en recursos minerales, como el carbón.
Por otro lado, Alemania vio afectadas sus Fuerzas Armadas: el ejército quedó reducido a 100.000 hombres, su flota marítima a unos pocos barcos y su fuerza aérea, prohibida. A su vez, debió eliminar el servicio militar de los ciudadanos alemanes y la nación se vio impedida de fabricar o comprar armas, entre otras cláusulas punitivas. La intención de las naciones vencedoras (y de Francia en particular, debido a una enemistad de larga data con su país vecino) era evitar un renacimiento militar y económico de Alemania. Por todo ello, el Tratado de Versalles despertó un fuerte rechazo por parte de la población alemana y de la mayoría del espectro político, en un clima plagado de humillación y de deseos de revancha que tendrá importantes consecuencias en los años siguientes, como veremos más adelante.
¿Recuerdan el proceso revolucionario desencadenado en Rusia, en 1917? El mismo impactó fuertemente en los años subsiguientes: como hemos señalado, fue la primera vez que una revolución socialista triunfaba dando inicio al primer gobierno obrero de la historia. Ello sumado a la crítica situación económica que atravesaban los países, alentó diversos alzamientos revolucionarios, alentó diversos alzamientos revolucionarios de los movimientos obreros en Europa, que intentaban seguir el ejemplo ruso: en Italia, durante el llamado "bienio rojo" (1919 y 1920) se hicieron sentir con mayor fuerza en la zona industrial del norte: huelgas, toma de fábricas (por ejemplo, la de la fábrica automotriz Fiat, en Turín) y distintas movilizaciones obreras y comunistas. También en Alemania, se sucedieron intentos revolucionarios de la mano de la Liga Espartaquista, cuyos miembros se habían alejado de la Socialdemocracia alemana, y en 1919 conformaron el Partido Comunista Alemán.
Ahora bien, la organización de los partidos comunistas europeos se articuló a través de la creación de la Tercera Internacional Comunista, fundada en Moscú, en 1919, y brindó una estructura organizativa al accionar de los comunistas, en Europa en particular. ¿Cuál era su finalidad? La lucha contra el sistema capitalista a nivel mundial, para lo cual se delinearon diversas estrategias de lucha que debían cumplirse por parte de los diferentes partidos comunistas del mundo, en el intento por extender o exportar la Revolución Rusa.
Sin embargo, los alzamientos revolucionarios en Europa tras la Primera Guerra Mundial fueron duramente reprimidos y muchos de sus líderes, asesinados. Quisiéramos destacar aquí a la líder socialista y una de las fundadoras de la Liga Espartaquista de Alemania: Rosa Luxemburgo.

Fuente: Rosa Luxemburgo en un evento paralelo al Congreso Socialista Internacional de Stuttgart en 1907
Rosa Luxemburgo fue asesinada, al igual que su compañero Karl Liebknecht, en el marco de la salvaje represión por parte de los freikorps, milicias armadas paramilitares antimarxistas, conformadas en gran parte por los veteranos de la gran guerra.
En la siguiente imagen pueden observar el grabado que la artista alemana Khäte Kollwiz le dedicó a Karl Liebknecht en donde se expresa el dolor de los/as compañeras y de los trabajadores.

Fuente: Käthe Kollwitz, Memorativo a Karl Liebknecht (1919-1920). Grabado en madera. Extraído de Donald Drew Egbert, El arte y la izquierda en Europa. De la Revolución Francesa a Mayo de 1968, Barcelona, Gustavo Gili, 1981.
En suma, tras el fin de la Primera Guerra Mundial, los sistemas políticos liberales de Europa se vieron inmersos en problemáticas políticas, sociales e ideológicas. La imposibilidad de los gobiernos de responder a las demandas sociales del período de posguerra, el impacto producido por cuatro años de lucha sangrienta y el triunfo de la Revolución Rusa pusieron en crisis a las instituciones políticas liberales y democráticas desarrolladas a lo largo del siglo XIX. Esta crisis política fue parte de una crisis general de la moral burguesa.
¿Qué implicó esto último? Que tanto los partidos que defendían el orden capitalista, como aquellos que lo enfrentaban, adoptaron medios de lucha ajenos a la participación liberal democrática. En muchos estados europeos, los años de entreguerras vieron un quiebre en sus instituciones liberales y la llegada al poder de regímenes autoritarios: son los años del ascenso del fascismo.
3. La gran crisis capitalista de 1930
En términos económicos, podemos decir que la entreguerras es un período de reestructuración y renovación del capitalismo. ¿Por qué? Porque en el año 1929 se produce una crisis financiera, conocida como el “crack del ‘29”, que inauguró una profunda y prolongada depresión económica cuyo impacto llevó a cuestionar al capitalismo como un sistema capaz de asegurar prosperidad. Esta Gran Depresión tuvo como epicentro a Europa y Estados Unidos, aunque se extendió e impactó a escala mundial. La única zona que salió indemne fue la Unión Soviética, pues, como veremos en el última parte de este bloque, se había embarcado en un proceso de modernización por medio de una economía planificada.
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Las causas de la crisis de 1929 y la Gran Depresión
Entre los historiadores y economistas existe un consenso de que sus causas deben rastrearse en la Primera Guerra Mundial, puesto que a partir de allí se generaron una serie de conflictos permanentes vinculados a la misma. En primer lugar, cabe recordar que la guerra requirió la movilización masiva de hombres en edad activa, lo que supuso no sólo la pérdida de mano de obra producida por las muertes, sino también debido a las dificultades de reinserción social y económica de quienes habían participado de la guerra. Esto afectó a las familias, ya que la ausencia de los padres suponía una caída económica, debido a la pérdida de los ingresos del varón y a la persistente brecha entre los salarios masculinos y femeninos. Relacionado con ello, frente a los bloqueos navales o terrestres, la reducción de alimentos había afectado el consumo de calorías en una gran parte de la población. Y, a estos problemas, tenemos que añadir que a las cifras de muertos de la Gran Guerra se sumaron los fallecidos por la epidemia de gripe (influenza A) que afectó a todo el mundo en 1918. En segundo lugar, es necesario considerar las consecuencias que tuvieron algunas de las principales cláusulas del Tratado de Versalles: el trazado de nuevas fronteras y la emergencia de nuevos Estados en el mapa europeo, que condujeron a una serie de conflictos interétnicos, y las reparaciones de guerra solicitadas a los países vencidos, en particular las demandadas para Alemania casi imposibles de pagarlas por su intransigencia. Y, en tercer lugar, la guerra provocó el desplazamiento de la hegemonía de las potencias europeas hacia Estados Unidos; concretamente, se evidenció el pasaje de Londres a Nueva York como centro financiero internacional. Entre estos factores y otros el camino hacia un equilibrio en la posguerra se vio obstaculizado.
Una de las figuras clave del período fue John Maynard Keynes. Este economista británico, que participó de las discusiones de Versalles y se retiró antes por los desacuerdos ante el tratado que se firmaría, advirtió -en un ensayo titulado Consecuencias de la paz (1919)- sobre la crisis política y financiera que podía suscitarse si no se tomaban ciertas precauciones, como la planificación de ayudas económicas para reconstruir Europa. Es decir, para Keynes, tanto la política como la economía eran imprescindibles para pasar de una economía de guerra a una economía en tiempos de paz y, para ello, era necesaria una cooperación internacional que no se llegó a consolidar.
Muchas naciones se endeudaron sin lograr una reactivación consistente de sus economías. Los saldos en la balanza comercial (indicador que mide la relación entre las exportaciones y las importaciones de un país en un determinado período) fueron enormemente negativos, y este desequilibrio quedó planteado como una cuestión fundamental a resolver en la posguerra.
Ahora bien, después de atravesar un período crítico, caracterizado por altos índices inflacionarios, la economía empezó a repuntar, sobre todo, a partir de ciertas estrategias ya aplicadas con la crisis de 1873, como el avance de los monopolios y oligopolios, la introducción de la gestión científica del trabajo, algunas políticas proteccionistas, etcétera. Particularmente, en los años ’20, Estados Unidos inició una etapa de gran crecimiento económico en la producción industrial, en especial, en la rama automotriz estimulada con la línea de montaje creada por Henry Ford. Además, en este período se instaló la venta masiva de bienes de consumo, que profundizó el otorgamiento de créditos por medio de una agresiva publicidad. Son los años de pleno auge de la radio y el cine como vehículos privilegiados para vender no solo bienes y servicios sino también el modelo de vida norteamericano a nivel local e internacional, para cuya realización era necesario el abandono de la posición aislacionista por parte de Estados Unidos.
El el auge de la industria de la construcción, otro de los pilares de la bonanza económica experimentada durante los años locos, se apreció en la construcción de rascacielos en las principales ciudades norteamericanas.

Edificio Radiator construido en 1924, combina el estilo art deco con el neogótico. El estilo art deco, si bien tiene su origen en Francia en la década de 1910, tuvo su auge en Estados Unidos entre las décadas de 1920 y 1930.
Fuente: Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/American_Radiator_Building)
Pero es importante destacar que ese frenesí por el renovado impulso industrial y comercial estuvo acompañado, por una lado, por el auge de venta de acciones que llevó a una especulación bursátil (es decir, los valores de las acciones de la bolsa aumentaron a un ritmo mayor que el valor real de las compañías) y, por el otro, por una expansión de créditos (y, por ende, de endeudamientos). Ambas circunstancias incidieron en las fluctuaciones experimentadas por una economía que, con alzas y bajas, desencadenó el crack de 1929 de la bolsa de Nueva York. Los signos de esta crisis no fueron tenidos en cuenta a excepción de algunos periodistas especializados que levantaron su voz de alarma frente los indicios de una burbuja especulativa por el incremento desmesurado de la inversión en la Bolsa. De esta manera, la atracción de capitales que producía el sector financiero y bursátil (en particular Wall Street”) produjo una caída de las inversiones en la economía real de los Estados Unidos (vinculada a la producción de bienes) y también de las inversiones norteamericanas que motorizaban la reconstrucción europea (un mercado consumidor clave para los Estados Unidos). A partir de 1928 la retracción de la demanda comenzó a mostrar señales claras. Así, la caída de los beneficios llevó a los capitalistas norteamericanos a restringir aún más las inversiones, aumentando los despidos en las fábricas, y profundizando la caída de la demanda, en una espiral negativa.
En los Estados Unidos, la especulación bursátil se dio en el marco de un sistema que estaba sumamente fragmentado: había una gran cantidad de pequeños bancos, que en su mayoría se encontraban en zonas rurales y dependían de la actividad económica local. Esta situación contribuyó a profundizar la magnitud de la crisis financiera, ya que al no poder devolver los préstamos bancarios además de pequeños ahorristas retirando masivamente sus depósitos, una gran cantidad de estos pequeños bancos quebraron.
3.1. El impacto de la crisis
El pánico que generó el colapso de la Bolsa de Nueva York condujo al derrumbe de las bolsas de Europa, a una serie de quiebras bancarias en varios países y a la desvalorización de las monedas. Todo ello impactó en una baja de precios de los bienes industriales y agrícolas, estos últimos afectados desde antes, que devino en la Gran Depresión. A su vez, la quiebra del sistema bancario implicó el cese de créditos, una mayor baja en el consumo y una caída del comercio internacional, que llevaron a las empresas a disminuir el ritmo productivo o directamente suspender la producción. Esto generó profundas consecuencias sociales, como la suspensión o despidos de trabajadores. En un lapso muy breve, infinidad de personas perdieron su trabajo y los bienes que habían adquirido a crédito, y muchos cayeron en la miseria.
Sin dudas, el desempleo masivo fue una de las características más sobresalientes de la gran depresión, como podemos observar en algunas de las fotografías que tomó Liborio Justo en Nueva York y que funcionan como un documento privilegiado de aquellos años.
El desempleo masivo y la crisis agrícola produjeron un aumento de las migraciones internas (no sólo en Estados Unidos) y una desarticulación de las relaciones sociales. El aumento de la delincuencia, el alcoholismo y la indigencia, el auge de las cocinas comunitarias y de las separaciones familiares fueron algunas de las expresiones de aquella desarticulación.
Te invitamos a ver algunas fotos de esta serie de Nueva York, pero antes ¿sabías quién fue Liborio Justo?
Liborio Justo (argentino, 1902-2003) -hijo de Agustín P. Justo, presidente de Argentina en la “década infame”- renegó de sus orígenes familiares aristocráticos para enrolarse en las filas de la izquierda. Conmovido por la Revolución Rusa de 1917, participó de la Reforma Universitaria que se inició en la provincia de Córdoba, Argentina: fue una experiencia que lo acercó al marxismo y marcó su trayectoria como militante político. Con los objetivos de conocer la realidad social, en su contexto nacional e internacional, y de acercarse al pueblo viajó por muchos lugares, entre ellos Estados Unidos. Allí estuvo durante los años entre 1926 y 1934. Recorrió Nueva York y esa estadía le permitió registrar el contraste entre una ciudad suntuosa y los estragos que causó la Gran Depresión de 1930, signada por una pobreza impensada hasta ese momento. En esas composiciones se destacan, por un lado, los desocupados, aglomerados en los bancos de una plaza, umbrales, leyendo el diario en busca de trabajo o haciendo una larga fila para recibir un plato de comida, y, por el otro, las manifestaciones y huelgas que reclamaban una salida urgente a la crisis. De sus vivencias y reflexiones, Liborio Justo también escribió numerosos ensayos históricos, obras narrativas.
Fuente: Catálogo de la exposición documental y fotográfica de la Biblioteca Nacional de la República Argentina, Liborio Justo. Pasión y lucha. 100 años de historia argentina, 2007
La sensibilidad que expresan esas instantáneas merecieron un gran reconocimiento y fueron expuestas en The Howard Greenberg Gallery de Nueva York, en 1997.
3.2. Explicaciones económicas de la crisis
La crisis de la década del ‘30 dio lugar a diversas interpretaciones a partir de varios interrogantes: ¿por qué la Bolsa de Wall Street se desplomó con tal virulencia?, ¿por qué el quiebre bursátil neoyorquino se propagó al resto de las bolsas y bancos del mundo?, ¿existía un proceso de recesión previo a la caída de Wall Street?, ¿en qué medida las medidas de política monetaria del gobierno de Estados Unidos contribuyeron a la profundización de la crisis?, en última instancia: ¿qué causas provocaron una depresión tan profunda y sostenida en la economía capitalista a principios de los años ‘30?
Ante estas preguntas, algunos analistas sostuvieron que la especulación desmedida estimuló la gestación de una burbuja financiera que estalló al cabo de algún tiempo. Otros han subrayado que el sostenimiento de políticas de austeridad fiscal (recorte del gasto público) agravaron el efecto recesivo posterior a la caída de la Bolsa. Finalmente, otros autores rastrearon el origen de la crisis en problemas más profundos que involucraban a los Estados Unidos y a la economía mundial.
John M. Keynes fue uno de los primeros en proponer una explicación teórica que desafiaba la concepción clásica y neoclásica del mercado, argumentando que el problema radicaba en la insuficiencia de la demanda agregada. Una demanda insuficiente habría generado un fenómeno de sobreproducción y un nivel excesivo de oferta de bienes y servicios que no podía ser absorbido por el mercado. A partir de interpretaciones como la de Keynes, muchos de los gobiernos comenzaron a aplicar políticas intervencionistas que procuraban estimular la demanda con el propósito de revertir el ciclo económico depresivo.
La postura de Keynes fue cuestionada en la década de 1960 por la escuela monetarista representada por Milton Friedman y Ana Schwartz, quienes sostuvieron que el origen de la crisis de 1929 estaba ligado a cuestiones monetarias. Según estos autores, la Reserva Federal no había ofrecido suficiente liquidez para que los bancos pudieran afrontar la crisis financiera, de forma que esta política monetaria restrictiva habría contribuido a profundizar el declive económico.
Por su parte, Peter Temin observó que esta interpretación monetarista desestimaba los signos evidentes de debilidad que mostraba la economía estadounidense en la segunda mitad de la década de 1920. Este sería el principal factor que habría impedido una pronta recuperación una vez producida la crisis financiera. Temin observa que antes del estallido financiero de 1929 eran perceptibles varios factores que contribuyeron luego al colapso del sistema bancario estadounidense, como ser la caída de la construcción de viviendas, que reducía la actividad de la construcción y las industrias conexas, o la caída de los precios agrícolas, que afectaba a los productores rurales, muchos de los cuales no podían hacer frente al pago de los préstamos bancarios.
¿Qué es una medida anticíclica?
Las medidas anticíclicas son formas de intervención económica, cada vez más habituales desde los años ‘30, que procuraban regular los niveles de actividad y ocupación a partir de modificar los niveles de la tasa de interés, de la emisión monetaria y de los impuestos y gastos de la administración estatal.
¿Qué es la demanda agregada?
De acuerdo con John M. Keynes, la demanda agregada resulta de la suma de todos los bienes y servicios que corresponden al consumo de las familias, la inversión pública y privada en todo un país, además de la demanda del sector externo.
3.3. La importancia del New Deal
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Una mayor presencia del Estado
¿Cómo dar respuesta a la crisis?
En 1933, en Estados Unidos asumió el presidente demócrata Franklin Roosevelt, quien, con el objetivo de resguardar al capitalismo y atenuar los efectos económicos y sociales de la crisis que preocupaba cada vez más, puso en marcha un conjunto de medidas denominado New Deal. El rasgo más relevante de este programa fue la intervención estatal a partir de la ejecución de políticas económicas que contemplaban la situación de los sectores económicos y sociales más desfavorecidos. Esta acción del estado se extendería hacia otros países y, de esta manera, quedarían desplazadas las ideas liberales predominantes hasta el momento.
Implementado desde 1933, el New Deal comprendió diferentes modalidades de intervención económica del Estado. Se propuso así promover el consumo y la inversión con diferentes estrategias. Como podrán advertir en el siguiente cuadro, las medidas procuraban regular y promover la actividad de distintos sectores claves para la reactivación económica. Por ejemplo, en lo que atañe a la producción agraria se sancionaron precios mínimos para impedir que el productor quiebre; el comercio internacional se reguló por medio de leyes proteccionistas. En el ámbito bancario y financiero, el New Deal involucró un estricto control y resguardo de la actividad de los bancos y de la bolsa de valores con el objetivo de evitar pánicos y quiebras financieras. El Estado aseguró los depósitos bancarios y estableció normas y regulaciones para el funcionamiento del mercado de acciones bursátiles. Con respecto al problema de la desocupación se crearon subsidios y se realizó una enorme inversión en la obra pública (escuelas, calles y parques de recreación para incentivar la contratación de mano de obra). Asimismo, se legalizaron los sindicatos y se determinaron salarios mínimos para reactivar el consumo. También se establecieron impuestos más progresivos.

Cuadro extraído de Marichal, Carlos (2010). “El colapso financiero de 1929: ¿Por qué hubo una gran depresión en los años 30´?”, en C. Marichal, Nueva Historia de las grandes crisis financieras. Una perspectiva global. 1873 -2008, p. 126.
En definitiva, a partir de esta crisis hubo un cambio en la concepción en torno al gasto público, desde entonces percibido para muchos economistas y estados como una “inversión”. En este sentido, es importante destacar que la gran depresión modificaría las políticas económicas aumentando los controles estatales en pos del bienestar de la población; aspecto que signará los años posteriores en los cuales la población demandará la actuación del estado en momentos críticos. En efecto, las novedades que aplicó el New Deal serán retomadas por los Estados occidentales en la Segunda Posguerra dando vida a un tipo de Estado conocido como Estado de Bienestar o Estado Benefactor.
Para reforzar este tema, en el siguiente link podés ver un video "Keynes y la crisis más profunda del sistema capitalista" en el que se explica, con imágenes muy atractivas, la crisis de la Gran Depresión y el impacto que tuvo la teoría de Keynes en ese contexto.
4. Los fascismos en Europa
Seguramente han escuchado o leído el término “fascista”, pero ¿a qué refiere exactamente? Los años de entreguerras se caracterizaron por el ascenso de fascismos europeos: concretamente, el caso italiano, y la variante alemana, el nazismo. A nivel general podemos decir que ambas fueron doctrinas que representaron el ascenso de una fuerza nueva de derecha que se enfrentó con el liberalismo, el socialismo y el comunismo. Además, implicaron el ejercicio del poder de forma autoritaria, y constituyeron regímenes totalitarios que avasallaron las libertades individuales. El análisis del caso italiano (primero en transitar el acceso al poder de regímenes autoritarios, dictatoriales y fascistas) nos permitirá analizar el concepto con mayor detenimiento.
4.1. Italia: Régimen de Mussolini
Tras la Primera Guerra Mundial Italia se vio inmersa en una crisis económica, social y política. Pese a formar parte del bando vencedor, la suya es considerada una “victoria mutilada” ya que no obtuvo las reivindicaciones territoriales que anhelaba ni el reconocimiento del resto de las potencias vencedoras (Francia e Inglaterra). El agitado clima social producto de las huelgas y de la movilización de obreros y comunistas durante el "bienio rojo" conllevó una polarización de la sociedad que concluyó con la llegada al poder de Benito Mussolini como Primer Ministro, en octubre de 1922.
Antiguo afiliado del Partido Socialista Italiano, sus ideas políticas realizaron un giro hacia la derecha, en gran parte como resultado de su defensa del nacionalismo tras el estallido de la Primera Guerra Mundial. En 1919 conformó el movimiento de los Fascios italianos de Combate y las Milicias Voluntarias para la Seguridad Nacional, también llamadas Camisas negras, que, en 1921, darían lugar al Partido Nacional Fascista. Los años 1921 y 1922 son denominados el "bienio negro", debido a la contraofensiva fascista sobre el accionar del movimiento obrero de los años previos, instalando la violencia política en las calles en especial contra los comunistas.
En octubre de 1922, Mussolini es nombrado Primer Ministro tras la marcha realizada junto a miles de Camisas Negras con el objetivo de presionar al rey Víctor Manuel II a que diera lugar a la formación de un nuevo gobierno. Dicho suceso, conocido como la “Marcha sobre Roma” dio inicio al régimen fascista en Italia, el cual se extendió hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945.

Fuente: La Segunda Guerra Mundial. El preludio de la guerra,Los fascismos, Buenos Aires, Arte Gráfico Editorial Argentina, 2013.
Como hemos adelantado, el fascismo italiano implicó un rechazo de las instituciones políticas liberales, de los valores de la Ilustración, al mismo tiempo que se oponía al socialismo y el internacionalismo obrero. Por el contrario, postulaba la primacía del nacionalismo, del Estado sobre el individuo y de la superioridad del instinto por sobre la razón. En general, los historiadores coinciden en que las clases medias fueron su base social de apoyo, es decir, los sectores en los cuales calaron más profundamente las ideas fascistas (entre otras cuestiones, ante al temor que les generaba la revolución socialista y la lucha obrera, de la cual querían despegarse).
Con el fascismo en el poder, se impuso un gobierno de partido único: esto quiere decir que se eliminaron otros partidos políticos y las libertades políticas y civiles de la población se vieron cercenadas. Además de la imposibilidad de votar otras opciones políticas, tampoco había libertad de expresión: muchos opositores comunistas, socialistas, por ejemplo, fueron perseguidos, asesinados y encarcelados. Queremos destacar aquí a uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, Antonio Gramsci, quien sufrió numerosos años de prisión. Desde allí, a pesar de los intentos del régimen por acallar su pensamiento y la difusión del mismo, continuó una profusa labor intelectual, escribiendo numerosos artículos en lenguaje críptico (para evitar la censura), en los cuales analizaba críticamente la situación de Italia y de Europa tras las fallidas revoluciones de los años de posguerra, entre otras cuestiones.
Durante los años del fascismo, el Estado italiano intervino directamente en todos los aspectos de la sociedad: planificó la economía e impulsó el corporativismo. ¿En qué consistía este último? Era un sistema en el cual cada individuo se veía representado en el Estado de acuerdo con su rol productivo y/o profesional (obreros, universitarios, profesionales, eclesiásticos, entre otros) y no como un ciudadano que, en el marco de una democracia representativa, elige a través del voto a un presidente, diputados, senadores. Es decir, bajo el fascismo se hacía hincapié en los intereses corporativos (no individuales) los cuales eran expresados en diversos grupos económicos y “profesionales” (que, a su vez, pertenecían todos al único partido oficial). En términos institucionales esto significaba que en lugar de un parlamento con dos cámaras (como es regular en los regímenes liberales) había un Gran Consejo Fascista que no legislaba sino que más bien asentaba las decisiones de el Duce.
Mussolini fue considerado “Duce”, que significa conductor, caudillo y concentró todo el poder en su persona (si bien el rey permaneció en su cargo durante todos los años de la dictadura fascista). Se trató de un líder carismático, con una elocuencia que atraía a sus seguidores y “cautivaba” a la audiencia. En las siguientes imágenes, correspondientes a un discurso dado por Mussolini, podrán advertir el uso de gestos y movimientos corporales sumamente teatrales.

Fuente: La Segunda Guerra Mundial. El preludio de la guerra, España, Ediciones Folio, S.A., 2008
Es importante destacar que durante el régimen fascista el Estado italiano llevó adelante un programa totalitario, ¿qué quiere decir esto? Un Estado totalitario es aquel que establece un control absoluto en la sociedad, penetrando en todos los niveles de la misma: el trabajo, la vida cotidiana, el ocio, la cultura, la educación, el trabajo. De esta manera, a través de un conjunto de instituciones del partido fascista (por ejemplo, la Opera Nazionale Dopolavoro que organizaba el ocio y las actividades recreativas fuera del trabajo), se intentaba regular cada uno de los aspectos de la vida de los ciudadanos y las ciudadanas, permeándolos de las ideas y los valores del régimen.
De este modo, se aspiraba a controlar y obtener el consenso, es decir, la aprobación de la población, creando un régimen en el cual la oposición no tuviera lugar, en pos de la creación de un “hombre nuevo”, con los valores propios del fascismo.
No obstante, pese a los intentos totalitarios del régimen, la oposición al fascismo sí existió. ¿De qué manera? Principalmente, través de dos vías: por un lado, los opositores políticos (comunistas, en su mayoría) operaron de modo clandestino dentro del país, exponiéndose a la captura y juzgamiento y, por otro lado, el exilio, es decir, muchos de los que rechazaban al régimen optaron por irse del país, para proseguir su lucha contra el régimen desde el exterior.
4.2. Alemania: el ascenso del Hitler
Para comprender el ascenso de Hitler en Alemania es necesario remitir, una vez más, al legado de la Primera Guerra. En noviembre de 1918, tras la disolución del Imperio alemán, los levantamientos revolucionarios ya señalados y la abdicación de Guillermo II, se proclamó la República de Weimar (1918-1933): una experiencia basada en un sistema constitucional y principios democráticos que fue cuestionada desde sus inicios tanto por los sectores de izquierda más radical como de derecha. La coalición que conformó esta República en los primeros años estuvo representada mayoritariamente por la socialdemocracia, la cual irá perdiendo fuerza hasta ser desplazada por el nacionalismo más conservador.
En julio de 1919 se aprobó una nueva Constitución que establecía una República Federal asentada en la autoridad del presidente, un canciller y un sistema bicameral; una ley electoral proporcional que permitía el acceso al poder a fuerzas políticas minoritarias; el voto universal para varones y mujeres. Asimismo, fijaba también ciertos derechos políticos y sociales, como la libertad ilimitada de asociación, la reducción de la jornada laboral, el reconocimiento legal de los sindicatos, el acceso a un sistema de seguros de salud y desempleo, entre otros. No obstante, en el marco de estos fundamentos de avanzada, también se instituía un artículo -el artículo 48- que abría la posibilidad de gobernar de manera extraordinaria por decreto; algo que se convirtió en moneda corriente hacia 1930 y es interpretado por muchos historiadores como la antesala de la escalada autoritaria que se consolidaría con el nazismo.
En consonancia con los vientos de cambio que promovía la República se vivió un clima de gran efervescencia política y cultural expresada por medio de la profusa publicación de periódicos, revistas culturales, folletos, libros, la presencia de clubes y manifestaciones, la proyección de películas y el auge del teatro impulsado por el movimiento de las vanguardias de entreguerras. Incluso la diversidad sexual ganó visibilidad, y una de las primeras mujeres trans del mundo en realizarse una operación de reasignación de sexo -Dora Richter- fue alemana. Lamentablemente, tanto los registros de su operación como ella misma desaparecieron tras un ataque nazi. Este es el momento de esplendor del expresionismo alemán, del teatro del dramaturgo Bertolt Brecht, la Bauhaus, entre diversas manifestaciones artísticas. Todos elementos que reflejan, a su vez, el avance de los medios masivos de comunicación y la consolidación de la política como fenómeno de masas. Sin embargo, la violencia que se instaló también desde un primer momento en una sociedad que continuaba siendo profundamente tradicional cercenó gradualmente la libertad de expresión. Vale destacar que, ya instalado Hitler en el poder, muchas obras visuales de este período fueron censuras al ser consideradas “arte degenerado”, lo que nos lleva a recordar también la quema de libros de autores que no comulgaban con la ideología nazi.
Pero, volviendo a este período, los problemas económicos y sociales tampoco favorecieron la consolidación de la república. Pues, de la mano del pago de las reparaciones de la guerra, el cese de las mismas y la ocupación de la cuenca minera del Ruhr, se desató un proceso inflacionario que dio origen a la hiperinflación de 1923. Testimonios de la época ilustran la pérdida vertiginosa de valor que sufría el dinero, como se puede observar en aquellas imágenes en donde se arrastraban carretillas colmadas de billetes para comprar pan, o bien su utilización para fines domésticos (quemarlos para encender fuego) y lúdicos, empleados en los juegos infantiles.
Foto 1: Hombre transportando dinero en una carretilla.
Foto 2: Alemania, 1923: niños haciendo castillos de papel con fajos de billetes.
Foto 3: Niños alemanes construyen un barrilete hecho de billetes.
Foto 4: Alemania, 1923: un ama de casa cocina con billetes de marcos.
Foto 5: Una mujer alemana quemando billetes de papel durante la hiperinflación de la moneda alemana.
En este contexto, el Partido Nacionalsocialista (NSDAP), posteriormente devenido en el Partido Nazi llevó a cabo un intento frustrado de golpe de Estado (similar a la Marcha sobre Roma, de Mussolini), luego del cual Hitler fue encarcelado y, estando en prisión, escribió su obra Mi lucha. Este hecho, aunque fracasó, era otra prueba de la fragilidad de la República de Weimar.
El colapso económico dio paso a una nueva coalición dominada por la derecha que reavivó el revanchismo de la posguerra manifiesto en la idea, ya mencionada, de “la puñalada por la espalda”; pues, para esta fuerza política, Alemania no había sido derrotada en el campo de batalla sino traicionada por los socialdemócratas y los judíos que habían aceptado firmar una paz “humillante”. Y, frente a los conflictos internos, al tiempo que se debilitaba la República este nacionalismo extremo funcionaba como medio de cohesión social en un contexto crítico. Es así como en este contexto ganó terreno el Partido Nacionalsocialista (NSDAP). Más allá de la paulatina estabilidad lograda a nivel económico, el descontento prevaleció y se hizo escuchar por medio de grupos paramilitares, como las SS o las SA, que contribuyeron con sus acciones a consolidar a la derecha en un nuevo contexto crítico: el de la Gran Depresión de 1930.
En cuanto los préstamos norteamericanos que llegaban a Alemania a través del Plan Dawes se suspendieron por motivo del crack del 29, las dificultades económicas se hicieron sentir; la recesión comercial y la crisis agraria no tardaron en repercutir en los sectores más desfavorecidos que acrecentaron los índices de desocupación. Este nuevo escenario marcó el ocaso de la República, pues Paul Von Hindenburg (presidente de la República desde 1925 y considerado un fiel representante del militarismo prusiano) apeló al artículo 48 de la Constitución para gobernar por decreto. De esta manera, se constituyó un gobierno semiautoritario, respaldado por el ejército.
La miseria y la desocupación fue un terreno fértil para el crecimiento de descontentos y los temores de las clases medias, de los jóvenes y de todo aquel que sintiera insegura la estabilidad de su trabajo. Adolf Hitler (quien luego de la experiencia fallida de golpe de estado de 1923, optó por seguir la vía electoral) aprovechó este clima de inestabilidad política para hacer uso de su capacidad oratoria a fin de atraer y movilizar a las masas por medio de una profusa propaganda política, que prometía terminar con las amenazas del orden social alemán: el peligro de una revolución socialista y de una democracia débil. En esta espectacular imagen podemos advertir a un grupo de berlineses contemplando un afiche de campaña nazi, que dice: “Hitler, nuestra última esperanza”.

Fuente: La Segunda Guerra Mundial. Los nazis, España, Ediciones Folio, S.A., 2008
En enero de 1933 el Presidente Hildenburg nombró a Hitler como canciller. De inmediato, fueron disueltos todos los partidos políticos, desde los comunistas hasta los nacionalistas, con la excepción del Partido Nacionalsocialista, que en julio se convirtió en el “partido único” legal. En las elecciones de noviembre de 1933 los nacionalsocialistas obtuvieron el 93,2 % de los votos y, tras la muerte de Hindenburg (2/8/1934), el líder nazi logró reunir en su persona tanto el cargo de canciller como el de presidente. De esta manera, se inició la construcción del Tercer Reich, un régimen más totalitario que su par italiano (recordemos que, en Italia, Mussolini gobernó junto con dos grandes instituciones vigentes en la Italia fascista: el Rey y el Papa, con la gran influencia que ejerció esta última en la educación primaria). En el caso de Alemania, no existió otro poder que rivalizara con el del Führer durante el régimen nazi.
Entonces, a modo de balance, podemos afirmar que el intento de instaurar un proyecto democrático con la proclamación de la República de Weimar fracasó, pues a pesar de la efervescencia política y cultural, no logró legitimarse en el poder por medio de un apoyo real. De allí, se suele hablar de “una República sin republicanos”, una noción que explica la imposibilidad de construir demócratas convencidos y el ascenso nazi.
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Hitler en el poder
Una vez elegido Hitler como canciller se realiza una marcha en donde es ovacionado no sólo por las SA y las SS sino también por una infinidad de civiles que expresa el triunfo de un nuevo nacionalismo que tenía por objeto establecer un estado racial y armado que daría lugar a una nueva Alemania. A partir de la fusión entre el Estado y el partido nazi, Hitler pregonó que la lucha de clases había finalizado mientras impulsaba un sistema corporativo similar al del fascismo italiano. Es decir, un sistema que conciliaba las divergencias entre los trabajadores y los empresarios. Lo llamativo fue la adhesión de los sectores populares hacia Hitler, a quien aclamaban como “nuestro líder”, convertido en Führer de todos los alemanes. Ahora bien, ¿cómo logró esa aceptación?
Por un lado, esto se debe a que Hitler exaltaba un nacionalismo popular, que buscaba representar al electorado en tanto alemanes productores, trabajadores, otorgando a cada uno un lugar relevante en la Nación. No lo inspiraba un nacionalismo elitista, ligado a la vieja nobleza, al imperio y la gloria del Emperador (como el Partido Nacional del Pueblo Alemán y el Partido Popular Alemán), sino que le hablaba al pueblo, al volk alemán. Esto lo distinguía del resto de los partidos, por ejemplo, el Partido Comunista Alemán o la Socialdemocracia alemana, que enfatizaban la identidad de clase (el ser trabajador y, socialista o comunista) por sobre la identidad nacional. Por otro lado, es fundamental considerar que el poder del nazismo se fortaleció además por medio de una “sacralización de la política”. ¿Qué significa esto? Que bajo los fascismos se establece una relación íntima entre la religión y la política - “religión cívica”- en tanto se toman elementos y formas religiosas para ser aplicadas al ámbito secular. Dicho de otro modo, por medio de mitos, símbolos, liturgias y monumentos concebidos como auténticos “espacios sacros” se celebraba el culto a la nación alemana con la participación directa del pueblo. En este despliegue ceremonial, el Partido Único del Estado dictatorial (y no el Parlamento) actuaba como mediador entre el gobierno y los gobernados. Asimismo, cabe señalar que, la función litúrgica de los discursos en los fascismos trasladaba la importancia al entorno y a las ceremonias más que al contenido. En efecto, la puesta en escena y dramatización que se llevaba a cabo en cada cortejo, y que seguramente habrán visto en innumerables películas, era impactante y tenía como objetivo despertar la emoción de sus participantes. El ministro de propaganda Joseph Goebbels fue fundamental en la organización de estos cultos. Asimismo, la utilización de la radio y el cine, en tanto medios masivos de comunicación fueron centrales en la difusión de las ideas nazis que se pueden apreciar, por ejemplo en cintas como ”El triunfo de la voluntad".

Fuente: Historia del Siglo XX. Time. Los fascismos, Buenos Aires, Arte Gráfico Editorial Argentina, 2013
Les dejamos un fragmento de la película “Una jornada particular” (Scola, 1977) que incluye imágenes documentales de la visita de Hitler a Roma, en mayo de 1938. Allí podrán apreciar el imponente desfile fascista en honor al líder nazi que realiza el régimen de Mussolini y la ceremonia al "soldado desconocido" en el monumento conocido como "Il Vittoriano".
En relación con lo dicho, Hitler continuó potenciando su carisma. Estudiaba sus gestos, evaluando de qué manera dar énfasis a sus palabras y mejorar su oratoria. Las siguientes imágenes permiten apreciar dicha preparación, cómo se fotografiaba para luego estudiar cada imagen, a fin de obtener la postura exacta que produjera el efecto que buscaba provocar en la audiencia que participaba de las celebraciones mencionadas. 
Fuente: La Segunda Guerra Mundial. El preludio de la guerra, España, Ediciones Folio, S.A., 2008
Esa gestualidad recibió también una gran cantidad de críticas por parte de la oposición, como dejaron testimonio una gran cantidad de caricaturas de Hitler o el célebre film de Charles Chaplin, El gran dictador (1940). Les dejamos un fragmento en el cual se puede ver una sátira de la manera en la cual Hitler se dirigía a las masas durante sus discursos (algo impresionante, si pensamos que la película fue contemporánea a Hitler, es decir, se filmó en Estados Unidos mientras el poder del régimen nazi estaba en pleno apogeo).
En otro plano, Hitler desarrolló una política de intervención para reactivar la economía y paliar el desempleo. De esta manera uno de los objetivos principales fue mantener un salario satisfactorio para los trabajadores e impulsar un plan de obras públicas. Al mismo tiempo se fomentó la inversión para el rearme militar, pues de inmediato el régimen nazi desconoció los acuerdo de Versalles.
Por último, es importante destacar que el nazismo llevó adelante una política de segregación racial hacia la población judía, que evolucionaría hasta la creación de los campos de concentración y exterminio, a partir de 1939, tema que desarrollaremos en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Pero, ya en 1935, fueron proclamadas las Leyes raciales, que le quitaban la ciudadanía alemana a la población judía, es decir, los privaba de derechos políticos, civiles, económicos. Se prohibieron los casamientos entre judíos y no judíos y la población semita, es decir, judía, no podía vincularse en ningún ámbito (en los comercios, en el transporte, en las escuelas), con el resto de la población alemana.
Para cerrar, vale señalar que más allá de la concentración conseguida por Hitler y de su objetivo que se exacerbó con la Segunda Guerra Mundial (el resurgimiento de Alemania como fuerza dominante del continente europeo y del mundo por medio de una guerra que garantizaría el reordenamiento racial de la Europa central y del Este), actualmente los historiadores sostienen que el Tercer Reich no fue una dictadura estática ni monolítica, sino que por el contrario fue dinámica y cambiante frente a una serie de tensiones, por ejemplo, frente a los cuestionamientos realizado por sectores del Ejército o los fracasos bélicos durante la guerra. Al igual que en Italia y que en la URSS bajo el estalismo, la idea de que un Estado fuerte requería un ejército grande y de que el orden social se sostenía sobre la base de la célula social básica (la familia) estos regímenes avanzaron con políticas familiaristas y natalistas que procuraron reforzar roles de género tradicionales -atando a las mujeres al cuidado del hogar y los niños- y promover el crecimiento poblacional sobre la base de propagandas y recompensas simbólicas a las mujeres que más hijos dieran al Estado.
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¿Sabías que surgió un movimiento antifascista internacional para resistir al fascismo?
Hacia 1935, desde la Internacional Comunista se proclamaba la necesidad de constituir Frentes Únicos y Populares para enfrentar no sólo a Mussolini y a Hitler sino también a cualquier posible nuevo representante del fascismo. Esta consigna, que se potenció al considerar al fascismo como un enemigo de la inteligencia y la cultura, operó como un aglutinador para la movilización de militantes, intelectuales y artistas que se organizaron en una serie de agrupaciones antifascistas. Argentina, que en 1930 había sufrido el primer golpe de estado cívico militar y atravesaba un período represivo, se hizo eco del llamamiento como se evidencia en asociaciones como la Agrupación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores o Acción Argentina, y en un conjunto amplio de publicaciones.
Fuente: Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI)
5. La URSS: el Estalinismo
Con la muerte de V. I. Lenin, ocurrida en enero de 1924, se produjeron una serie de disputas en la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que dieron paso a una nueva etapa conocida como “estalinismo”, pues Iósif Stalin (secretario del Partido Comunista) será una figura clave para comprenderla. Si bien en el período previo ya se advertía cierto clima de autoritarismo creciente, los cambios que se produjeron desde mediados de la década de 1920 nos permiten pensar en un fenómeno nuevo bajo el poder de Stalin. Dejando definitivamente atrás la bandera internacionalista, se impuso la ideología nacionalista y una cultura conservadora (se exaltó el modelo familiar tradicional, se obstaculizó el divorcio, se proscribió el aborto y la homosexualidad fue considerada un delito), el culto a la personalidad, resurgió el antisemitismo y se olvidaron las ideas a favor de los trabajadores y las mujeres.
Muchos líderes de la revolución, como León Trotski, entre otros, y muchas de las medidas que se habían tomado en los inicios de este proceso fueron revocadas, lo que marcó una profunda discontinuidad en relación a la utopía revolucionaria que sobrevolaban los primeros años de la Revolución Rusa.
Esa concentración del poder en torno a la figura de Stalin se puede observar en la profusa cantidad de afiches que lo representaban como el gran líder y padre de la URSS.

Aleksandr Gerasimov, Stalin en el VXI Congreso del Partido Comunista Ruso, 1929-1930. Óleo sobre tela.
Fuente: Fer, Briony, David Batchelor y Paul Wood, Realismo, racionalismo, surrealismo. El arte de entreguerras (1914-1945), Madrid, Akal, 1999, p. 326.
Al mismo tiempo, podemos observar que en dicho período se erigieron una serie de pinturas y monumentos de factura clásica, cuyo predominio es el realismo, en contraposición a los proyectos abstractos y la agitación que habían desplegado las vanguardias rusas en los primeros años de la revolución. ¿Vemos un ejemplo comparativo? En la primera imagen de Gustav Klutsis se aprecia un fotomontaje que retrata a Lenin a partir de un juego de montajes que poseen influencias del suprematismo y del diseño industrial fomentado por las vanguardias; en cambio, en la segunda imagen, vemos una pintura monumental de Brodsky, que retrata al mismo líder bolchevique, pero a partir de un lenguaje claro y realista que excluye cualquier tipo de interpretación delineada por el espectador.

Gustav Klutsis, La electrificación de todo el país, 1920. Fotomontaje, 46 x 31 cm. Colección Costakis.
Fuente: Fer, Briony, David Batchelor y Paul Wood, Realismo, racionalismo, surrealismo. El arte de entreguerras (1914-1945), Madrid, Akal, 1999, p. 284.

Isaak Brodsky, Lenin en Smolny, 1930. Óleo sobre tela, 190 x 287 cm. Galería Tretyakov, Moscú. Fuente: Fer, Briony, David Batchelor y Paul Wood, Realismo, racionalismo, surrealismo. El arte de entreguerras (1914-1945), Madrid, Akal, 1999, p. 286.
Hacia fines de la década de 1920, Stalin se propuso terminar con el contexto crítico que padecía la URSS y apresurar la modernización por medio de una articulación entre el campo y la ciudad que asegurase una producción agrícola satisfactoria para abastecer a los centros urbanos y las fábricas. Con tal fin, se puso en marcha el Primer Plan Quinquenal (1928-1933), cuyo objetivo era llevar a cabo un proceso de colectivización agrícola forzada e industrialización acelera da por medio de una planificación centralizada y el control estatal de la economía. Era necesario mejorar radicalmente la infraestructura y el transporte y para ello se priorizó la industria mecánica, minera, siderúrgica y eléctrica. Esta “revolución desde arriba” debía desplazar definitivamente a la NEP, es decir, había que terminar con todo rastro de una economía de mercado capitalista. Luego de esta primera etapa se emprendió una segunda etapa: el Segundo Plan Quinquenal (1933 y 1937) de similares características. Entre los objetivos de dichos planes se contemplaba el rearme militar de la Unión Soviética, aislada de las naciones capitalistas y amenazada por la militarización de Alemania.

Vera Mukhina, El obrero y la campesina colectivista, 1937. Escultura de bronce, altura ca. 12 m., realizada para el Pabellón de la URSS, Exposición Universal, París, 1937.
Fuente: Fer, Briony, David Batchelor y Paul Wood, Realismo, racionalismo, surrealismo. El arte de entreguerras (1914-1945), Madrid, Akal, 1999, p. 266.
Hasta aquí, debemos tener en cuenta que esta política económica no sólo pretendía alcanzar el desarrollo económico de Occidente sino superarlo. Con ese objetivo se utilizaron recursos propios del capitalismo, como la línea de montaje para la fabricación de automóviles y tractores, pero también otros métodos como el stajanovismo.
¿Qué es el stajanovismo?
Una estrategia que se aplicó para estimular la producción a partir de una propaganda política que demandaba solidaridad patriótica, sacrificios y un gran esfuerzo hacia la industrialización al tiempo que se concedían premios para estimular el trabajo de los obreros. El stajanovismo debe su nombre al minero Alexéi Stajánov quien, en 1935, logró un récord de producción por medio de la extracción de 102 toneladas de carbón en 5 hs. y 45 minutos de trabajo, lo que equivale a extraer siete veces más carbón del esperado. De allí, se confeccionaron infinidad de afiches que promovían imitar tal proeza. Les dejamos un ejemplo de uno de ellos:

Fuente: Historia universal: Primera y Segunda Guerra Mundial. Bs. As., Arte Gráfico - AGEA, 2005, p. 59.
En simultáneo con el proceso de industrialización acelerada se realizaron campañas intensivas de educación superior para obreros y comunistas, en donde se promovió, sobre todo, la ingeniería.
Hacia mediados de la década de 1930 el gobierno soviético sostenía que se había cambiado “exitosamente” el modo de producción. No obstante, es importante destacar que la violencia formó parte de esta nueva política económica que incluyó la coerción a los campesinos; se sistematizó una persecución hacia los kulaks (campesinos enriquecidos devenidos en “enemigos del pueblo”), quienes sufrieron la confiscación de sus propiedades, arrestos, deportaciones o fueron enviados al gulag (acrónimo para denominar a la Dirección General de Campos de Trabajo). Asimismo, frente a las oposiciones que surgieron en la propia dirección del partido contra la colectivización forzada y la industrialización acelerada se desplegó una escalada represiva. Tras un discurso que consolidaba la idea de la multiplicación de conspiradores, a todo aquel que se opusiera o resistiera a las políticas económicas se los acusaba de traición y se los castigaba con penas que iban desde arrestos en masa, juicios públicos contra los “saboteadores”, torturas y fusilamientos. A esta fase se la conoce como la de “el gran terror” o “grandes purgas”. Muchos políticos, intelectuales y artistas que habían tenido un papel relevante en el período de Lenin murieron o se exiliaron durante los años del estalinismo; otros, bajo el miedo, supeditaron sus ideas u obras para sobrevivir.
En consonancia con este clima represivo, el papel de la prensa fue sesgado por medio de la censura que era aplicada a todo medio que se expresara en contra del gobierno. Entonces, ¿por qué es importante estudiar la Revolución Rusa? Porque más allá de la modernización alcanzada, luego de lo estudiado y entre tantas otras cuestiones nos permite reflexionar sobre la polarización que la Revolución Rusa despertó entre sus defensores y detractores según se contemplen múltiples variables. A su vez, como veremos, posibilita comprender el período de la “Guerra Fría”.
6. A modo de síntesis
En este bloque estudiamos los años que inauguraron el período conocido como “entreguerras”, un período de grandes convulsiones sociales, políticas y económicas signado por las consecuencias de la Gran Guerra y la crisis de las democracias liberales. Esta crisis, que se presentó también como la antesala de la Segunda Guerra Mundial, se expresó por medio de una polarización política, que enfrentó al comunismo y a numerosos grupos nacionalistas, muchos de los que reconfigurados y mediante diferentes estrategias llegaron al poder.
Por un lado, observamos que a lo largo de Europa se sucedieron levantamientos revolucionarios que, aunque reprimidos, pusieron en jaque las instituciones liberales y el sistema capitalista, Por otro lado, analizamos los regímenes autoritarios de ideología nacionalista que surgieron en Italia y en Alemania; en estos casos, sin cuestionar el sistema capitalista, los gobiernos se pronunciaron como antiliberales y anticomunistas. Asimismo, promovieron un Estado corporativo, que otorgaba una primacía central al estado frente al individuo. No se aceptaba ningún tipo de disidencia y la violencia fue un rasgo central del período. De esta manera, la coerción se instaló como práctica política al tiempo que quedó sin efecto la libertad de expresión y de asociación. Asimismo, una vez erradicado el pluralismo que caracterizaba a las democracias liberales a través de la coexistencia de diversos partidos políticos, se impusieron los Partidos Únicos que buscaban yuxtaponerse con el Estado.
Específicamente, con el caso alemán, advertimos también que los prejuicios étnicos y el antisemitismo fueron nodales de la ideología nazi, los judíos encarnaban todos los males de la sociedad, un tema que desarrollaremos en el siguiente tomo con el tema dedicado al holocausto. Otra característica de estos regímenes fue la importancia del expansionismo militar a fin de construir gobiernos imperiales, expresados en su simbología y discursos.
Además, estudiamos la Gran Depresión de 1930 que cuestionó las bases del sistema capitalista. Esto condujo a revisar las políticas económicas que predominaron hasta el momento, cuyos resultados se advierten en el fortalecimiento de estados interventores y planes como el New Deal que contemplaban, entre otras cuestiones, la necesidad de aplicar políticas sociales para proteger a los sectores más vulnerables de la sociedad.
Por último, retomamos el caso de la Unión Soviética, en donde analizamos que para llevar a cabo la implementación definitiva de una sociedad socialista tampoco faltó una represión extrema y una serie de desvíos que desvirtuaron aquella utopía revolucionaria de 1917.
7. Bibliografía del bloque
- Buchrucker, Cristian (2008), El fascismo en el siglo XX. Una historia comparada, Buenos Aires, Emecé Editores.
- Carr, Edward (1981), La revolución rusa: de Lenin a Stalin, Madrid, Alianza.
- De Felice, Renzo (1994), “La lucha de clases de la pequeña burguesía”, en Saborido, Jorge, Interpretaciones del fascismo, Buenos Aires, Biblos, pp. 135-152.
- Fitzpatrick, Sheila (2005), La Revolución Rusa, Buenos Aires, Siglo XXI Editores Argentina.
- Fritzsche, Peter (2006), De alemanes a nazis: 1914-1933, Buenos Aires, Siglo XXI Editores.
- Gentile, Emilio (2005), La vía italiana al totalitarismo: Partido y estado en el régimen fascista, Buenos Aires, Siglo XXI Editores.
- Hobsbawm, Eric J. (1997), Historia del siglo XX, Barcelona, Crítica.
- Kershaw, Ian (2000), Hitler 1889,1936, Barcelona, Península.
- Marichal, C. (2010), Nueva Historia de las grandes crisis financieras. Una perspectiva global. 1873 -2008. Debate.
- Mosse, George L. (2017), La nacionalización de las masas. Simbolismo político y movimientos de masas en Alemania desde las Guerras Napoleónicas al Tercer Reich, Buenos Aires, Siglo XXI Editores.
- Procacci, Giuliano (2005), Historia general del siglo XX, Barcelona, Crítica.
- Weitz, Eric D. (2009), La Alemania de Weimar. Presagio y tragedia, Madrid, Turner.
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