La Segunda Guerra Mundial
| Sitio: | Campus Claves Académica |
| Curso: | Historia del siglo XX - Enlace UBA |
| Libro: | La Segunda Guerra Mundial |
| Imprimido por: | Invitado |
| Día: | sábado, 18 de abril de 2026, 06:57 |
1. Introducción
Como analizamos en el bloque anterior, con la Primera Guerra Mundial se inició un período signado por una violencia extrema que se prolongó hasta el estallido y fin de la Segunda Guerra Mundial. En este bloque nos dedicaremos a analizar las causas, el desarrollo y la culminación de esta nueva contienda que clausura la “época de las catástrofes”. Una época (1914 - 1945) en la cual se llevaron a cabo dos guerras prolongadas y despiadadas que dejaron el saldo de millones de muertos; la reestructuración de fronteras y el reparto de territorios entre algunas de las potencias vencedoras, lo que ocasionó diversos conflictos que perduran hasta el presente; una crisis económica en la década de 1930 de una magnitud y extensión inusitadas. También fue un período que propició transformaciones profundas en las estructuras sociales que fueron de la mano de un clima de agitación social; la crisis del liberalismo como sistema de ideas -que había dominado el orden social y político desde mediados del siglo XVIII- y el auge de nuevas nociones relativas al Estado y la política económica, y la emergencia y consolidación de formas de gobierno dictatoriales y totalitarias. Este conjunto de temas y problemas, entre otros, se recrudecieron con la Segunda Guerra Mundial que incrementó las pérdidas humanas, de valores y de bienes materiales que, como veremos al abordar un tema central de este bloque -el Holocausto- son muy complejas de comprender. Comencemos con los antecedentes más sobresalientes que anticiparon el estallido de la conflagración.
2. El contexto europeo en 1939
En este capítulo, desarrollaremos dos importantes procesos que pueden leerse como una antesala de la contienda mundial. En primer lugar, la Guerra Civil española, que se desarrolló entre 1936 y 1939. Como veremos, la república española, que debió enfrentarse con el ejército del bando nacional, no contó con el apoyo de las principales potencias europeas, pues con el objetivo de preservar la delicada paz internacional luego de Versalles y evitar así una nueva conflagración mundial estas optaron por mantener una actitud neutral. Sin embargo, esta decisión marcó una serie de tensiones y alineamientos que presagiaron el enfrentamiento que se daría a escala mundial. En segundo lugar, los regímenes fascistas en general, y Hitler en particular, iniciaron una política de extensión territorial de sus estados, que pusieron en riesgo una y otra vez el frágil equilibrio europeo que se quebró definitivamente con el inicio de la Segunda Guerra Mundial.
2.1. Antecedentes: La Guerra Civil Española (1936-1939)
Un precedente de la Segunda Guerra Mundial en Europa fue sin duda la contienda española, que se inició en 1936 y concluyó en abril de 1939, tan sólo seis meses antes del estallido bélico mundial.
¿Qué llevó a España al enfrentamiento armado entre connacionales?
Para entender la Guerra Civil es necesario retrotraernos a 1931. Luego de la desastrosa experiencia de siete años de la dictadura de Primo Rivera -apoyada por el rey- un referéndum a la Corona dio el triunfo a una coalición de diferentes tendencias políticas y el 14 de abril se proclamó la Segunda República y el rey tuvo que marchar al exilio. A partir de allí, se inició un proceso en la península que implicó importantes cambios políticos, sociales, económicos y culturales: las reformas laicistas, es decir, aquellas que implicaban la separación de la Iglesia y el Estado español (por ejemplo, el matrimonio civil, el divorcio), el sufragio femenino, la reforma agraria en favor de los sectores más rezagados en el campo, las autonomías regionales al País Vasco y Cataluña, entre otros.
A pesar de su ímpetu reformista, desde un inicio la República estuvo signada por la inestabilidad. En 1934 se desencadenan conflictos sociales de gran trascendencia: tras la revolución de Asturias, llevada a cabo por sectores obreros nucleados en torno a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) anarquista, siguió un período de represión, a manos de un gobierno de derecha (favorable a los intereses económicos más conservadores de la sociedad).
El punto álgido de tensión en la sociedad española se dio tras la victoria del Frente Popular, en las elecciones de febrero de 1936. ¿Qué fue el Frente Popular? Se trató de una coalición de diversos sectores políticos, entre los que se hallaban el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Comunista Español (PCE) (recordemos que a partir de 1935, la III Internacional, alienta a los PC de los diferentes países a seguir una estrategia de alianzas con otras fuerzas políticas, en los denominados Frentes Populares, para resistir el avance de los fascismos en Europa).
Ahora bien, la llegada al poder de una coalición de izquierda generó temor y preocupación en los sectores más conservadores: el Ejército, la Iglesia, la gran industria, terratenientes, etcétera. En dicho clima social, el 17 de julio de 1936, tras 6 meses de gobierno del Frente Popular, se inicia en los territorios coloniales de España en África (Marruecos) un alzamiento rebelde contra la República, que es replicado al día siguiente en la península. El golpe de Estado liderado por el militar Francisco Franco no logra su cometido de deponer, a través del uso de las armas, al gobierno legítimo español. De esta manera, se inicia una guerra civil que se prolongó durante tres años.
El grupo rebelde denominado “sublevados” o “nacionalistas”, conformado por el Ejército y organizaciones de ultraderecha como la Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS) -de ideología fascista-, tenía como objetivo acabar con la experiencia republicana y especialmente, con el gobierno de Manuel Azaña, presidente tras la victoria del Frente Popular. Para el bando nacionalista, el enemigo era el comunismo soviético, ateo e internacionalista, y la victoria del Frente Popular en 1936 era leída e interpretada como resultado de la penetración ideológica del comunismo soviético en España. Desde la perspectiva de los franquistas, dicha ideología encarnaba todos los males: atentaba contra el orden económico capitalista, la religión, el orden moral y el nacionalismo español. El siguiente afiche franquista contra el comunismo es ilustrativo de todo ello:

"Dos compañeros inseparables. Comunismo y miseria"
Fuente: Fradkin, Raúl (coord.) (1999), Historia. El mundo contemporáneo. Siglos XVIII, XIX y XX, Buenos Aires, Ángel Estrada y Cía, S.A.
¿Y el resto de Europa? ¿Tuvo participación en la guerra en España?
El bando nacional contó con el apoyo no oficial de los regímenes de Mussolini y de Hitler, a través del envío de refuerzos bélicos (armas y hombres). Un suceso tristemente conocido de dicha ayuda es el bombardeo a cargo de la legión Cóndor sobre el pueblo vasco de Guernica, en abril de 1937. El horror de dicho ataque perpetrado sobre población civil (entre los que se contaban ancianos y niños), fue retratado por el artista español Pablo Picasso en su célebre obra Guernica, que actualmente se exhibe en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. ¿La conocían?

Guernica de Pablo Picasso - Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Les dejamos el link de dicho museo, con imágenes e información relevante sobre la obra y el contexto bélico de su producción.
Por otra parte, el bando republicano recibió ayuda de la URSS, pero no contó con el apoyo de las potencias occidentales liberales y democráticas (Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia, por ejemplo), las cuales sostuvieron una política de neutralidad y de no intervención, dejando a su suerte al gobierno republicano, elegido democráticamente y que era víctima de la embestida bélica.
La Guerra Civil española generó un gran impacto internacional: los ojos del mundo y los medios masivos de comunicación estaban puestos en el desenlace bélico de la península. El impacto fue de tal envergadura que se constituyeron las Brigadas Internacionales. ¿Sabían qué fueron las Brigadas Internacionales? Fueron organizaciones militares compuestas por voluntarios de diversos países que se dirigieron a España para luchar a favor de la República. Movilizados por los ideales que esta última representaba, quisieron defenderlos frente al avance de las derechas en Europa. Desde nuestro país, por ejemplo, centenares de argentinos se dirigieron al territorio español para unirse al Ejército Republicano y las Brigadas Internacionales.
¿Y cuál fue el rol de la mujer durante la guerra?
La mujer española tuvo un rol muy destacado en las filas militares en el transcurso de la contienda. Las milicianas combatieron en los campos de batalla, en un clima de marcada euforia por la participación femenina en ámbitos que habían estado reservados para los hombres (recordemos que, durante la República, las mujeres habían alcanzado el derecho al voto).
Imágenes de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha:
- Fusilamientos Guerra civil. Fuente: La-guerra- civil -española.bolgspot.com.ar
- Milicianas, mujeres republicanas en las trincheras de la Guerra civil. Fuente: www.rtve.es
- Guerra civil española ¿una guerra de mujeres? Fuente: www.dw.com
- Mujeres de armas tomas archivo ABC: www.abc.es
- Las mujeres de la guerra civil española, Más que milicianas. Fuente: khronostoria.com
- Buscame en el ciclo de la vida 160. La mujer en la guerra civil española. Fuente: buscameenelciclodelavida.blogspot.com
Sin embargo, mientras avanzaba la guerra, el bando nacional y rebelde fue conquistando cada vez más zonas del país (una de las primeras fue Galicia): en enero/febrero de 1939, la caída de Barcelona precipitó la victoria de los rebeldes. Medio millón de republicanos huyeron para salvar sus vidas, cruzando los Pirineos hacia Francia, en el crudo invierno de 1939.
Les proponemos escuchar un pequeño fragmento del testimonio de un niño español que debió emprender dicha marcha agotadora junto con su familia:

Extraído de: María Bjerg (2012) El viaje de los niños. Inmigración, infancia y memoria en la Argentina de la Segunda Posguerra, Bs. As., Edhasa, p. 23.
Los miles de refugiados españoles que arribaron a Francia en dichas condiciones fueron recluidos en improvisados campos de refugiados: para ellos y ellas, las vicisitudes y miserias no acabarían aún. El camino del exilio recién se iniciaba: muchos siguieron sus derroteros/itinerarios en América -siendo Argentina uno de los principales destinos del exilio republicano- o bien en otros países de Europa, y otros tantos perecieron en los años de la Segunda Guerra Mundial.
Finalmente Madrid, que había llevado a cabo una extensa resistencia al sitio impuesto por los sublevados del bando nacional, fue derrotada en marzo de 1939. El 1º de abril de dicho año concluye la Guerra Civil Española con la victoria de Franco y la derrota de la República. La contienda dejó un saldo de miles de muertos (militares y civiles), familias destrozadas, miseria y hambre en el suelo español. A partir de allí, se abriría un capítulo oscuro en la historia de España, signado por la represión ejercida sobre quienes apoyaron o combatieron en el bando republicano: encarcelamientos políticos, fusilamientos, hostigamiento a las familias de los condenados y apropiaciones de los bebés de las presas políticas. Asimismo, se retrocedió en todos los cambios jurídicos, sociales y culturales que se habían implantado durante los años republicanos. Recién la muerte de Franco puso fin a la dictadura en 1975. Aunque el retorno a la democracia implicó el recupero de los derechos políticos y un destape cultural y social, esta transición democrática tuvo ciertos límites: la República no volvió a proclamarse y los delitos de lesa humanidad perpetrados por la dictadura franquista comenzaron a ser investigados recién en 2014 por una querella argentina motorizada por hijos e hijas de víctimas del terrorismo de Estado español.
2.2. La expansión territorial de Hitler hasta 1939
Durante los años previos a la guerra, Hitler llevó a cabo una política de expansión territorial en Europa justificada por el concepto geográfico de espacio vital (Lebensraum). Como hemos visto anteriormente, al llegar al poder, en 1933, emprendió un proceso de militarización de la sociedad alemana, desconociendo el Tratado de Versalles, a la vez que se retiró de la Sociedad de las Naciones (la organización internacional creada tras la Primera Guerra Mundial, que velaba por preservar la paz).
A partir de allí, el objetivo del régimen nazi consistió en unificar en una sola nación a todas las poblaciones germánicas (es decir, alemanes) que vivían en otros países del este europeo. Por ello, emprendió una campaña de anexiones territoriales, agrandando Alemania a costa de otros países. En primer lugar, las tropas nazis ocuparon Austria, en marzo de 1938.
En el tramo final de la ya clásica película “La novicia rebelde” (1965) se aborda este suceso. En el siguiente fragmento pueden apreciar cómo el protagonista austríaco (el capitán Von Trapp), al regresar de un viaje, se encuentra con la esvástica (bandera de la Alemania Nazi) colgada en el frente de su casa y, en franca oposición con la anexión y ocupación nazi de Austria, descuelga la bandera y la rompe, sin importar las consecuencias que este acto podía provocar:
¿Cuál era el origen de la bandera nazi?
En 1920, Hitler había adoptado la cruz esvástica como símbolo principal del Partido Nazi. La misma había sido utilizada como símbolo del sol o de buena suerte por los pueblos arios, centenares de años atrás (un pueblo indoeuropeo originario del que se especulaba que era racial y lingüísticamente homogéneo). A partir de allí, dicha cruz pasó a tener una connotación antisemita (es decir, contraria a la población judía y a la mezcla racial en general).
Luego de la anexión austríaca, siguió el turno de Checoslovaquia: allí, la región de los Sudetes (región fronteriza con Alemania), de gran importancia industrial, también estaba habitada por población germánica.
Ahora bien, ¿cuál fue la actitud de las principales potencias occidentales ante la expansión territorial nazi sobre Europa? En el caso de Austria, no manifestaron su oposición. Por un lado, consideraron prudente no enfrentar a Hitler para preservar la paz en el continente y, por otro lado, el anticomunismo del líder nazi les resultaba conveniente para hacer frente a la extensión del socialismo en los nuevos y pequeños Estados del este europeo. No obstante, sí expresaron su desacuerdo a la pretensión nazi de continuar expandiéndose territorialmente. A tal fin, en septiembre de 1938, los Primeros Ministros de Gran Bretaña y Francia se reunieron con Hitler (y con Mussolini, como mediador) en la ciudad alemana de Múnich.
El líder fascista también estaba llevando a cabo una política imperialista para Italia: en octubre de 1935 se lanzaba a conquistar Etiopía, en África. Dos eran los objetivos: insertar sus productos en nuevos mercados para enfrentar la recesión económica y reivindicar el pasado imperial en el que se quería legitimar el régimen de Mussolini. Es decir, con diferentes motivaciones y objetivos territoriales, ambos gobiernos totalitarios llevaron a cabo una política de expansión en los años treinta, sin hallar demasiadas voces en contra en el plano internacional.
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Acuerdo de Múnich (1938)
Retornando a la reunión concertada en Múnich, el objetivo de dicho encuentro consistía en llegar a un acuerdo con el líder nazi para evitar el estallido de una nueva guerra. Con dicho fin, se aceptaron las pretensiones alemanas sobre la región de los Sudetes a cambio de un pacto de no agresión de Hitler hacia Gran Bretaña y Francia. Checoslovaquia quedó indefensa y dividida (la región checa quedó en manos de los alemanes y Eslovaquia se vio obligada a separarse).
En líneas generales, la población alemana de la región de los Sudetes se mostró satisfecha de la anexión a Alemania, por lo que recibió de manera muy entusiasta al ejército de ocupación nazi. En las siguientes imágenes se pueden advertir las muestras de alegría por parte de vastos sectores de la población germana de los Sudetes:

Jóvenes de los Sudetes marchando del brazo de soldados de infantería alemanes
Fuente: La Segunda Guerra Mundial. Los nazis, España, Ediciones Folio, S.A., 2008.

Mujeres alemanas de los Sudetes con vestimenta tradicional, reciben emocionadas a los soldados alemanes.
Fuente: La Segunda Guerra Mundial. Los nazis, España, Ediciones Folio, S.A., 2008.
El Primer Ministro inglés, Arthur Chamberlain, dijo al retornar de Múnich: “Tengo la convicción de que esto significa la paz para nuestra generación”. Nada más lejos de lo sucedido en los meses venideros.
En agosto de 1939, Hitler firmó un pacto de no agresión con Stalin (algo impensado, dado el anticomunismo que profesaba) para poder continuar su expansionismo territorial sobre el este sin temer una reacción por parte de la URSS. El Pacto Molotov-Ribbentrop implicó un acuerdo secreto de reparto de Polonia entre ambos regímenes (nazi y soviético).
Desconociendo lo acordado en Múnich con las potencias occidentales, Hitler continuó su proyecto de engrandecer territorialmente Alemania. El 1º de septiembre de 1939 invadió Polonia, hecho que desencadenó la Segunda Guerra Mundial.
3. El desarrollo de la guerra
La contienda se extenderá por seis años y se desplegará en tres frentes (Europa, África del Norte y el Pacífico) y en tres escenarios bélicos (tierra, agua y aire), tratándose de una guerra total que será aún más destructiva que la Primera Guerra Mundial. A partir de la invasión a Polonia y hasta 1941, la Alemania nazi emprendió un avance arrollador sobre Europa, que parecía no hallar límites: Dinamarca, Noruega, Luxemburgo, Holanda, Bélgica y finalmente Francia fueron ocupados por los ejércitos nazis.
Ahora bien, ¿cómo se agruparon los principales países enfrentados al estallar el conflicto? Por un lado, el Eje, integrado por Alemania, Italia y más tarde Japón (luego se unieron Hungría, Rumania y Bulgaria). Por otro lado, los Aliados: Gran Bretaña y Francia. Faltarían algunos años para el ingreso de Estados Unidos y de la Unión Soviética al bando aliado, lo cual modificará el rumbo de la guerra.
¿Y España? Como hemos visto, el país ibérico acababa de salir de un conflicto armado que arrasó con la economía interna, así como también con la población civil y militar (sin contar con el éxodo de exiliados tras la victoria de Franco). Durante la Segunda Guerra Mundial, el dictador español llevó adelante una política ambigua, sosteniendo una neutralidad ante el conflicto bélico, pero con claras simpatías hacia la Alemania nazi y la Italia fascista.
Hacia 1941, gran parte de Europa había sido ocupada por los ejércitos de Hitler. La cercanía fronteriza de Francia con Alemania había llevado a la primera a diseñar, entre 1927 y 1935, una impresionante obra de ingeniería a lo largo de la frontera franco-alemana: la denominada Línea Maginot. La misma, con una profundidad de 100 metros bajo tierra, estaba compuesta de cámaras, galerías, cuarteles para las tropas, depósito de víveres y municiones, hospitales de sangre y un ferrocarril subterráneo que la atravesaba de un extremo a otro. No obstante, dicha fortificación no pudo cumplir con el objetivo para la cual fue diseñada y construida: evitar una eventual invasión alemana. ¿Por qué no fue capaz de evitar el avance nazi, en mayo de 1940? Porque este último se produjo desde Bélgica y no desde el área fronteriza que cubría la Línea Maginot, lo cual da cuenta del plan ambicioso de Hitler, quien conquistó primero Luxemburgo, Holanda y Bélgica, antes de arremeter contra Francia. A partir de la invasión nazi, el país galo quedó dividido en dos: una zona bajo control alemán y otra no ocupada directamente, pero a cargo de un gobierno francés colaboracionista con el régimen de Hitler: la Francia de Vichy. Las imágenes de la bandera esvástica flameando en las calles parisinas causaron un gran impacto y estupor a nivel internacional.


Fotos históricas André Zucca
Con respecto al Reino Unido, el primer ministro Winston Churchill emprendió una decidida lucha “solitaria” contra el enemigo nazi. Durante el año 1940, el país debió hacer frente a un constante bombardeo a cargo de la aviación nazi, que tenía a la población civil en vilo, día y noche. Cuando las sirenas comenzaban a sonar, la gente debía abandonar sus casas para dirigirse a sitios seguros bajo tierra, previstos para proteger a la ciudadanía. Al cesar el bombardeo y retornar a sus casas, no sabían con lo que se podían encontrar. En esta imagen podemos ver la reacción de una mujer sobre las ruinas de su casa en Londres, tras un bombardeo nazi. La escena fue captada por el fotógrafo Henri Cartier-Bresson, quien dejó testimonios visuales de la guerra.

Fuente: Colección Conozca Más, Nº 27, Buenos Aires, Editorial Atlántida, 1995.
Por lo tanto, durante la primera etapa de la guerra, el nazismo avanzaba de manera arrolladora por el este y el oeste europeo. Mientras tanto, Japón (aliado de Hitler y Mussolini) extendía su poderío en el Pacífico. No obstante, la situación comenzó a revertirse a partir de 1941 con el ingreso de dos grandes Estados a la Segunda Guerra Mundial: la Unión Soviética y los Estados Unidos.
3.1. La guerra cambia de rumbo: 1941
El año 1941 es sumamente relevante debido a la entrada de dos importantes potencias en la contienda bélica: la Unión Soviética y Estados Unidos. Pese a las diferencias de carácter ideológico y económico que separaban a los gobiernos norteamericano y soviético, pasaron a integrar el bando Aliado (junto con Gran Bretaña) para enfrentar a la Alemania nazi, la Italia fascista y Japón. A partir de la participación del Ejército Rojo y de las tropas norteamericanas, el equilibrio bélico favorable al Eje comenzó a revertirse.
¿Cómo se explica la entrada de Estados Unidos y la Unión Soviética al conflicto mundial?
La misma fue resultado de la ambición expansiva bélica de los Estados del Eje. Por un lado, desconociendo el pacto de no agresión firmado previamente con la Unión Soviética, en el verano de 1941 Hitler llevó a cabo el Plan Barbarroja, que consistía en la invasión nazi del territorio ruso. Si bien halló una seria resistencia por parte del Ejército Rojo, hacia 1942 el alcance del dominio alemán sobre Europa era enorme, como permite advertir el siguiente mapa:

Fuente: Colección Conozca Más, nº 27, Buenos Aires, Editorial Atlántida, 1995
Por otro lado, en diciembre de 1941, el bombardeo japonés sobre la base norteamericana de Pearl Harbour (Hawai) determinó el ingreso de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial. Es decir, la invasión a la URSS y el ataque a Estados Unidos reforzaron el bando aliado “antifascista”.
La posición victoriosa del Eje comenzó a revertirse: la batalla de Stalingrado fue la primera gran derrota nazi en suelo soviético y el ejército nazi comenzó una lenta retirada del frente oriental. A su vez, en el norte de África, los aliados recuperaron posiciones y, desde allí, en 1943 invadieron el sur de Italia. Así se dio inicio a un enfrentamiento entre las tropas del Eje (fascistas italianos y alemanes nazis) y la resistencia armada italiana (comunistas, socialistas, liberales, anarquistas), los partisanos, quienes junto con los aliados se enfrentaron y vencieron al régimen fascista. Con la ayuda alemana, Mussolini se dirigió al norte de Italia, formando la República de Saló hasta la derrota final, en 1945. La victoria partisana sobre el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial es conmemorada desde entonces a partir de la canción popular italiana Bella Ciao, cantada como un himno de la resistencia antifascista.
Y la España de Franco, ¿qué actitud tomó en esta segunda etapa de la guerra?
El dictador español llevó a cabo una política ambigua, al sostener que, a nivel ideológico, se estaban desarrollando tres tipos de enfrentamientos diversos con los cuales mantenía un tipo de política acorde a sus intereses. Primero, en la lucha entre el Eje y los Aliados se mantenía neutral. Segundo, en aquella sostenida entre Alemania y la Unión Soviética se proclamaba a favor de la primera. El envío de una unidad militar al frente ruso, la denominada División Azul (durante octubre de 1941 y noviembre de 1943), puede ser señalado como gesto inequívoco de las ligazones establecidas entre España y el Eje. Si bien la División Azul estaba compuesta por “voluntarios” (caso contrario, hubiera implicado el ingreso definitivo de España a la guerra), el ejército regular proporcionó la mayoría de los cuadros y sus oficiales, contabilizando en total 47.000 españoles. La misma contaba también entre sus filas a miembros del Consejo Nacional, gobernadores civiles y activos militantes del régimen. Tercero y último, en la contienda entablada entre Japón y los Aliados se colocaba a favor de estos últimos.
3.2. La derrota del Eje
El avance de los aliados sobre Europa se produjo por el este y el oeste, cercando a Alemania e Italia. En junio de 1944, el desembarco aliado en Normandía pasó a la historia como el “día D”: norteamericanos, británicos y canadienses llevaron a cabo una gran invasión marítima sobre el continente, obligando al ejército nazi a replegarse. En agosto de 1944, se produjo la liberación de Francia de la ocupación nazi. La alegría de la población parisina y los festejos llevados a cabo quedaron retratados en innumerables imágenes de la guerra:

Fuente: Colección Conozca Más, Nº 27, Buenos Aires, Editorial Atlántida, 1995.
Por otro lado, el Ejército Rojo fue avanzando por Europa oriental hasta Berlín. En mayo de 1945, los aliados ocuparon la capital alemana, dando fin al ambicioso plan de Hitler de extender el poderío alemán por Europa y el mundo. Similar destino tuvo el efímero régimen fascista en el norte de Italia: Mussolini fue apresado y fusilado por grupos antifascistas. En el caso del régimen nazi, ante la derrota inminente, Hitler y varios jerarcas nazis se suicidaron, dejando al pueblo alemán a merced de los aliados, que obtuvieron la rendición incondicional de Alemania.
En la siguiente fotografía podrán observar cómo los soldados rusos despliegan la bandera de la Unión Soviética sobre el Parlamento alemán, el Reichstag.

Fuente: Archivo del Museo de Historia de Rusia. (Sputnik)
¿Y Japón?
La rendición nipona se logró unos meses después, en agosto de 1945, luego del lanzamiento -que Estados Unidos decidió unilateralmente sin consultar con sus aliados- de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, que dejaron un saldo inmediato de alrededor de 120.000 muertes (que se incrementarían en los meses subsiguientes) y con nefastas consecuencias para los sobrevivientes de los dos atentados nucleares sobre población civil.
En 1945, la guerra iniciada en 1939 había dejado como saldo una suma espeluznante de aproximadamente 50 millones de muertos, entre población civil y militar; Europa y Japón quedarían con sus campos y sus complejos industriales destruidos; la estructura social quedaría devastada como resultado no sólo del ingente número de muertos, sino también de los miles de desplazados; y finalmente, con un orden político por reconstruir. Durante el período bélico, por otra parte, se produjo uno de los hechos más aberrantes del siglo XX: el holocausto sobre el pueblo judío. A este tema dedicaremos nuestra atención en el siguiente apartado.
4. El Holocausto
Cuando hablamos del holocausto (o shoah) nos referimos al genocidio que se desató en contra de la población judía bajo el nazismo, sobre todo entre 1941 y 1943. No obstante, la política racial del régimen nazi comenzó tempranamente, con la promulgación en 1935 de la denominadas Leyes Raciales de Núremberg. De esta manera, los nazis dieron carácter legal a sus ideas raciales sobre la humanidad: consideraban que la raza aria (a la cual pertenecían los alemanes) era superior, mientras que los judíos pertenecían a una raza inferior. En virtud las leyes raciales, se determinaba quién era judío (investigando la ascendencia familiar) y se les quitaba la ciudadanía alemana, excluyéndolos del resto de la población: no podían compartir espacios públicos, como bares, tranvías, colegios, etcétera; se les denegó el ejercicio de profesiones y de determinados cargos (en la prensa, por ejemplo), y se prohibieron los casamientos “mixtos”, es decir, entre alemanes “arios” y judíos, y toda relación entre ambos. Quienes violaban la ley eran penalizados y además, víctimas de humillaciones, se les obligaba a desfilar por las calles portando carteles detallando su “crimen”, escoltados por miembros de las SS.
Campañas difamatorias antisemitas se desplegaron bajo el régimen nazi, a cargo del Ministro de Propaganda, Joseph Goebbels: caricaturas y estereotipos sobre la población judía eran difundidos en la prensa; en los colegios se distribuían cartillas de prejuicios entre los niños alemanes, alertando a la sociedad de los peligros que entrañaba “el judío”. Además, se lo responsabilizaba de la Primera Guerra Mundial, de su inicio y, especialmente, de la derrota alemana, como podemos advertir en el siguiente póster, ampliamente distribuido bajo el régimen nazi. En él, se representa al pueblo alemán descorriendo una cortina de conspiración para encontrar detrás al “judío instigador y prolongador de la guerra”.

Fuente: La Segunda Guerra Mundial. Los nazis, España, Ediciones Folio, S.A., 2008

La propaganda antisemita atribuía rapacidad al pueblo judío y alianzas con los comunistas. Fuente: Astigarra, Maisa, Ana Frank (2007), Madrid, Globus
¿Cómo impactó dicha campaña en la sociedad alemana?
En Alemania, los prejuicios contra la población judía (que había alcanzado los plenos derechos civiles y políticos en 1871) existían desde antes de la llegada de los nazis al poder. Las medidas legales del régimen contra la población judía fueron aceptadas por la sociedad, aunque de manera pasiva, con indiferencia, generándose una distancia cada vez mayor entre la minoría de judíos alemanes y el resto de la población (los judíos alemanes representaban el 1% de la población en Alemania y el 4% en Berlín).
Ahora bien, los historiadores tienden a distinguir entre una minoría del partido, para la cual el antisemitismo era una prioridad, y la inmensa mayoría de la población alemana, para la cual no lo era, que si bien aceptó con cierta indiferencia las leyes raciales, no apoyaba abiertamente los actos violentos de los sectores más radicales del partido. Un ejemplo de esto último es el suceso conocido como “la noche de los cristales rotos”, en noviembre de 1938, que implicó ataques contra las propiedades y locales de la población judía, a la vez que se ejerció violencia física sobre esta última.
Tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial, la política racial del régimen se fue extendiendo al resto de los Estados europeos bajo el control nazi. La conformación de guetos -barrios cerrados donde era obligada a residir la población judía, en pésimas condiciones habitacionales y de salubridad, hacinada y marginada del resto de las ciudades- fue práctica habitual en los territorios ocupados.

Judíos confinados en el gueto de Varsovia, Polonia. Fuente: La Segunda Guerra Mundial. Los nazis, España, Ediciones Folio, S.A., 2008
Así, aunque muchos judíos intentaron escapar de la persecución nazi, las posibilidades se fueron reduciendo. No sólo la expansión nazi les dejó pocas alternativas dentro de Europa, sino que incluso muchos que tenían los recursos para migrar no pudieron conseguir asilo y muchos países (como Estados Unidos) no modificaron sus cuotas migratorias frente al aumento de la demanda de ingreso por parte de judíos.
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El genocidio nazi en los campos de concentración y de exterminio
En 1941, la población judía de toda la zona europea ocupada por Hitler debió portar la estrella de David en su vestimenta, como insignia visual de su condición de judío. A su vez, la existencia de numerosos campos de concentración fue parte esencial del genocidio nazi: los más grandes fueron Auschwitz-Birkenau, Bergen-Belsen, Treblinka y Mauthausen (destino de muchos republicanos españoles tras la ocupación alemana de Francia), entre otros.

Ingreso al campo de concentración Auschwitz, en el complejo Auschwitz-Birkenau (actualmente Museo estatal Auschwitz-Birkenau). En el ingreso, la frase macabra “Arbeit macht frei” (el trabajo libera) que leían los prisioneros al arribar. Fuente: Astigarra, Maisa, Ana Frank (2007), Madrid, Globus
En los campos de concentración los objetivos eran dos. Primero, la deshumanización o desaparición simbólica de las víctimas: se les tatuaba un número que reemplazaba su nombre, se les rapaba, se les vestía con ropas de prisioneros, se les despojaba de todo bien (desde propiedades y joyas, hasta fotografías) que los vinculara con su historia y con la persona que eran antes de arribar al centro, se les separaba en pabellones de varones y de mujeres, y se les sometía a trabajos forzosos que incluían en ocasiones involucrarse en el circuito del campo. Segundo, el exterminio físico de los prisioneros a los que nada más podía extraérseles.
¿Cómo era la organización de tareas en los campos de concentración nazis?
Estaban muy bien delimitadas: por ejemplo, algunos recibían a los prisioneros, los cuales habían sido trasladados en trenes, en vagones completamente hacinados, sin posibilidad de sentarse siquiera, sin beber ni comer durante dos o tres días. Se procedía al despojo de sus escasas pertenencias, se establecía una diferenciación entre los aptos para trabajar y aquellos que no (los cuales eran conducidos directamente a las cámaras de gas).

Llegada de prisioneros a Auschwitz y selección para sus diversos destinos por miembros de las SS. Fuente: Astigarra, Maisa, Ana Frank (2007), Madrid, Globus
El sistema que posibilitó el asesinato masivo de judíos estaba organizado de acuerdo a una división de tareas (similar al taylorismo, que hemos analizado anteriormente en el sector industrial), las cuales eran llevadas a cabo por individuos (muchas veces los propios prisioneros) que cumplían con una labor burocrática, una acción individual que, unida al engranaje del resto, permitió llevar a cabo la muerte de millones de personas.
En los campos de concentración el exterminio estaba diseñado de manera fría y racional. A través de la implementación de la tecnología de la muerte, cada día las cámaras de gas se cobraron la vida de miles de personas (ancianos, mujeres, niños, hombres en general). En efecto, el gas Ziklon B podía matar diariamente a 12 mil personas: era la producción en masa de cadáveres. En este sentido, muchos historiadores han afirmado que los campos de concentración nazi eran un producto de la modernidad: "grandes fábricas industriales de la muerte".
Existen diversas interpretaciones sobre el holocausto, es decir, los historiadores aportan miradas sobre cómo concebirlo: ¿fue un plan preestablecido por Hitler, desde antes de asumir el poder en Alemania, o bien producto de las circunstancias caóticas de la guerra? También hay un interés por analizar las motivaciones que indujeron a los alemanes corrientes, que integraban las instituciones policíacas del régimen (la Gestapo, la Policía del Orden, las SS) a convertirse en asesinos, a llevar a cabo el exterminio masivo de millones de judíos.
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La solución final
Tras la fallida invasión a la Unión Soviética, el exterminio llevado a cabo por el régimen alemán se aceleró. En 1942, el jerarca nazi Heydrich expresó: “La solución final del problema judío en Europa deberá ser aplicada a once millones de personas (...), los judíos deben ser transferidos bajo custodia al Este, y allí ser afectados al servicio del trabajo. Formados en colonias de trabajo los judíos aptos, hombres por un lado, mujeres por el otro, serán llevados a esos territorios para construir las rutas; sin decir que una gran parte de ellos se eliminará naturalmente por su estado físico deficiente. Los que a fin de cuentas subsistieran -y que pueden considerarse como la parte más resistente- deberán ser tratados en consecuencia.” A partir de allí, fueron asesinados millones de judíos: sólo en Auschwitz, Polonia, casi 2.500.000 personas perecieron en las cámaras de gas. Cuando los aliados arribaron y liberaron los campos de concentración nazis, el horror cobró forma en las montañas de cadáveres apilados y en el estado de los prisioneros sobrevivientes. Numerosas fotografías son testimonios visuales de dicho escenario, tan terrorífico como incomprensible:



Imágenes tras la liberación de Bergen-Belsen. Fuente: Astigarra, Maisa, Ana Frank (2007), Madrid, Globus
La imagen sintetiza la deshumanización de las víctimas y el estado de los sobrevivientes.
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Palabras, testimonios
Tras la liberación, muchos sobrevivientes plasmaron sus vivencias en escritos y testimonios, en ocasiones luego de un lapso considerable de tiempo, necesario para procesar lo vivido, las pérdidas de familiares, los traumas psicológicos y físicos. Pero sin dudas, uno de los testimonios que reflejan dichos años de horror y persecución sobre el pueblo judío es el Diario de Ana Frank. Nacida en Alemania, en 1929, se dirigió junto con su familia a Holanda escapando de la política antisemita del régimen nazi. Durante la guerra, tras la ocupación alemana del territorio holandés, se vieron obligados a vivir escondidos en la buhardilla de la casa donde el padre de Ana tenía su negocio. Ella ingresó al refugio con 13 años y prosiguió escribiendo su diario íntimo, relatando sus vivencias, sus pensamientos y sus impresiones de la guerra, en suma, dejando un tremendo testimonio de la cruel situación. Finalmente, dos años después, las SS los detuvieron y trasladaron a diversos campos de concentración. Ana murió de tifus en Bergen-Belsen junto con su hermana Margot, en febrero o marzo de 1945, unos meses antes de la liberación del lugar por los británicos y del fin de la guerra. El diario pasó desapercibido por los oficiales nazis que requisaron el escondite y, posteriormente, su padre (único sobreviviente de la familia) lo editó, cumpliendo en alguna forma el deseo de Ana de llegar a ser escritora.
Las fotos de Ana Frank y su familia fueron tomadas por su padre, Otto Frank, antes de la Segunda Guerra Mundial y durante su estancia en Ámsterdam. Después de la guerra, Otto Frank donó muchas de estas fotos al Museo Ana Frank en Ámsterdam, donde se exhiben actualmente
En el siguiente video se visualiza a Ana en Ámsterdam, observando desde su balcón la salida de una pareja de novios de la casa contigua a la suya.
Es la única filmación de una de las mujeres más trascendentes del siglo XX. ¿Y por qué lo fue? Las palabras de Primo Levi, un judío italiano y militante antifascista que sobrevivió al campo de concentración de Auschwitz, nos brindan una respuesta al interrogante:
“Una sola Ana Frank nos conmueve más que las innumerables personas que sufrieron igual que ella, pero cuyas imágenes permanecen en la sombra. Y así quizá haya de ser: si debiéramos y pudiéramos compartir los sufrimientos de todos, no podríamos seguir viviendo”.
4.1. Fin de la contienda: los juicios de Nüremberg
Tras la derrota del nazismo, el mundo fue conociendo los horrores que aquel llevó a cabo en el corazón mismo de Europa. La liberación de los numerosos campos de concentración por parte de las tropas aliadas (el Ejército Rojo de la URSS, mayormente), dejó al descubierto la organización de la maquinaria de la muerte por parte del régimen nazi.
En noviembre de 1945 se inició el juzgamiento a los responsables del genocidio que llevó a cabo el nazismo, en la ciudad alemana de Nüremberg. ¿Quiénes juzgaban? El tribunal estaba conformado por miembros de los Estados vencedores, es decir, no fueron los propios alemanes quienes juzgaron los crímenes cometidos durante el régimen de Hitler. Entre 1945 y 1949 funcionó en la ciudad alemana de Nüremberg el tribunal internacional, que juzgó a los altos jerarcas nazis bajo los siguientes cargos: conspiración para la guerra, crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. De los veinticuatro jerarcas nazis, doce fueron condenados a muerte, otros a prisión perpetua. A su vez, se llevó a cabo un proceso de desnazificación en Alemania (una Alemania dividida y ocupada, como veremos más adelante).

Fuente: Fradkin, Raúl (coord.) (1999), Historia. El mundo contemporáneo. Siglos XVIII, XIX y XX, Buenos Aires, Ángel Estrada y Cía, S.A.
Muchos responsables del genocidio nazi lograron huir de Europa, cambiar su identidad y vivir en otras regiones del mundo, por ejemplo, en Argentina (Adolf Eichmann y Erich Priebke son algunos nazis que fueron capturados en nuestro país años más tarde).
Los juicios de Nüremberg dieron origen a una nueva visión internacional sobre la protección de los pueblos. A partir de entonces, los Estados se comprometieron a perseguir los crímenes de otros Estados en contra del género humano. En 1948, la Organización de las Naciones Unidas proclamó la Declaración de los Derechos Humanos: inspirada en el horror del genocidio llevado a cabo por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, su principal finalidad es la protección universal de los derechos de todas las personas.
5. Balance
La primera mitad del siglo XX finalizó con una guerra mundial, más extensa y dramática que la primera, si tomamos en cuenta el empleo de numerosa tecnología bélica y especialmente, el número de muertes. Durante el período de entreguerras, los procesos políticos, sociales y económicos en Europa posibilitaron el ascenso de regímenes autoritarios y fascistas que condujeron a Europa nuevamente a la contienda. Tras 1945, el reordenamiento de Europa quedó a cargo de las potencias vencedoras. No obstante, las fricciones entre ambas por motivos político-ideológicos prefiguraron un nuevo enfrentamiento que marcará los decenios venideros e impactará a nivel mundial.
La experiencia de la guerra y, particularmente, el plan sistemático de destrucción del pueblo judío y de otras minorías (eslavos y gitanos), legó a la humanidad una nueva terminología: el concepto de genocidio. A partir de entonces, se lo emplea para designar el exterminio de grupos nacionales, raciales o religiosos llevados a cabo por los Estados.
6. Bibliografía del bloque
- Baumann, Zygmunt (1997), Modernidad y Holocausto, Madrid, Sequitur.
- Bjerg, María (2012) El viaje de los niños. Inmigración, infancia y memoria en la Argentina de la Segunda Posguerra, Bs. As., Edhasa.
- Browning, Christopher (2002), Aquellos hombres grises, Madrid, Edhasa, 2002.
- González, Lucas, Boragina, Jerónimo, Dorado, Gustavo y Sommaro, Ernesto (2008), Voluntarios de Argentina en la Guerra Civil Española, Bs. As, Ediciones CCC, Centro Cultural de la Cooperación.
- Hobsbawm, Eric (1987), Historia del siglo XX, Barcelona, Crítica.
- Jackson, Gabriel (2006), La República española y la guerra civil 1931-1939, Barcelona, Crítica.
- Milward, Alan (1986) La Segunda Guerra Mundial 1939-1945, Barcelona, Crítica.
- Payne, Stanley G. (2005), El franquismo. Primera parte. 1939-1950. La dura posguerra, Madrid, Arlanza ediciones.
- Traverso, Enzo (2002), La violencia nazi: una genealogía europea, Buenos Aires, FCE.
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