El mundo postindustrial y globalizado

Sitio: Campus Claves Académica
Curso: Historia del siglo XX - Enlace UBA
Libro: El mundo postindustrial y globalizado
Imprimido por: Invitado
Día: sábado, 18 de abril de 2026, 06:57

1. Introducción

En este último bloque del curso de Historia del siglo XX, nos centraremos en las transformaciones más destacadas que se sucedieron en un mundo globalizado, cuyo principal rasgo es la interconexión entre naciones a escala planetaria. Si bien podemos hablar de un mundo conectado desde los efectos promovidos por las revoluciones industriales - sobre todo si tenemos en cuenta avances técnicos como el barco a vapor, el telégrafo, el ferrocarril, etc., y fenómenos como el imperialismo, que favorecieron un desarrollo comercial más integrado y una división internacional del trabajo- la década de 1990 se constituye como una nueva etapa que dio lugar a la globalización.

¿Por qué en 1990? En primer lugar, porque entre 1989 y 1991 se clausuró una etapa con el fin de la Guerra Fría que permitió el desarrollo del capitalismo a escala planetaria, en especial, a partir de una conexión que se profundizó por medio de la expansión y consolidación del universo de las finanzas.  En este nuevo contexto se destacan tanto las multinacionales, que fomentan un mercado mundial libre de barreras arancelarias y una mínima intervención de los Estados para permitir la circulación de capitales, como la emergencia de nuevas potencias, por ejemplo China. En segundo lugar, en esta nueva década se consolidaron algunos de los cambios que se produjeron previamente, entre los cuales sobresale la revolución tecnológica, digital, que dio lugar a una nueva realidad histórica. En efecto, esa expansión acelerada de la revolución de la información y de las comunicaciones, identificado con una “tercera revolución industrial”, también denominada "tercera revolución tecnológica" constituye uno de los elementos clave de este nuevo fenómeno, pues transformó al sistema económico mundial y convirtió al mundo en un lugar cada vez más interconectado impactando, de esta manera, en todos los aspectos de la vida: económicos, sociales, políticos y culturales. Suele decirse que este proceso convirtió al mundo en una “aldea global”, aunque, como se verá, en un mundo en donde prima la heterogeneidad y desequilibrio. 

Con el objetivo de comprender esta era globalizada vamos a transitar sus antecedentes inmediatos para luego recorrer algunos de los principales problemas que indefectiblemente nos conducen a pensar en los desafíos de nuestro presente.

¡Comencemos! 

Collage elaboración propia. Fuente: imágenes de internet de uso libre

2. El fin del “Socialismo real”

El año 1989 fue muy importante a nivel histórico porque a partir de allí se produjo el hundimiento del comunismo en Europa oriental, luego de varias décadas de existencia de los países del “Socialismo real”. El cambio implementado en dichas zonas trajo profundas consecuencias políticas, económicas, sociales y geográficas. Por ejemplo, la transición de una economía planificada comunista a una capitalista de mercado implicó una alteración profunda en la organización económica de los países y de las personas.

Escena de la película 'Good bye, Lenin'

Escena de la película 'Good bye, Lenin'. Fuente internet: imagen de uso libre

El establecimiento de regímenes democráticos (allí donde había imperado un control monopólico de los diferentes Partidos Comunistas locales) conllevó una nueva experiencia política en sociedades que no estaban acostumbradas a la competencia política, con resultados dispares. A su vez, el fin del socialismo real revivió tensiones nacionalistas y étnicas en las ex repúblicas del bloque oriental. Esto último generó divisiones territoriales y geográficas.

¿De qué modo se vio alterado el mapa europeo tras el fin de la Guerra Fría?

Con respecto a la desintegración de la URSS, la misma dio lugar a numerosos estados, algunos nuevos y también reaparecieron antiguos estados, previos a las dos guerras mundiales (las repúblicas bálticas: Estonia, Letonia, Lituania). Por otro lado, en 1993 Checoslovaquia se dividió en República Checa y Eslovaquia, mientras que Yugoslavia seguía un camino similar, aunque signado por cruentas guerras balcánicas que dieron origen a nuevos estados (Serbia y Montenegro, Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Macedonia). En 2006 se produjo una última división territorial de la ex Yugoslavia, tras la independencia de Montenegro del estado de Serbia. El caso alemán fue singular, porque no se trató de una división territorial sino de la reunificación del país, que había estado dividido en dos durante décadas (la RFA y la RDA), representando la división de Europa en dos bloques ideológicos, políticos y económicos contrapuestos y alternativos. Incluso la guerra ruso-ucraniana iniciada en 2014 (que se encuentra  en 2024 en uno de sus momentos más críticos) se abrió como resultado de la caída de la URSS, y se integra al conjunto de conflictos bélicos conocidos como “conflictos congelados”, haciendo alusión a disputas territoriales irresueltas entre Estados herederos de la Unión Soviética, en este caso, en torno a la anexión de la península de Crimea.

2.1. La transición al capitalismo en Europa oriental: las revoluciones de 1989

Las revoluciones de 1989 en los países europeos bajo la órbita soviética se originaron tras un cambio en las relaciones que la URSS sostenía con sus satélites. Así, se produjo un cambio en la política exterior: el fin de la Doctrina Breznev y su reemplazo por la Doctrina Sinatra.

¿Qué implicaban cada una de ellas?

La Doctrina Breznev le otorgaba a la URSS el derecho de intervenir en asuntos internos de sus satélites en Europa oriental (las aplicaciones prácticas de dicha intervención fueron algunos casos ya mencionados: en Hungría,1956 y Checoslovaquia 1968). Ello significaba que los países europeos bajo la órbita soviética no tenían plena autonomía para realizar cambios en sus políticas, debían respetar el modelo de Socialismo real impuesto desde la URSS, ya que cualquier giro era visto como una amenaza a la integridad del resto de los estados comunistas. 

La nueva Doctrina Sinatra significó el fin de dicho intervencionismo soviético: la URSS se comprometía a no actuar militarmente, es decir a no intervenir más en los asuntos internos de los estados del bloque comunista. Desde ese momento, estos últimos recuperaron la plena autonomía para escoger el camino a seguir. ¿Saben por qué se denominó Sinatra a esa doctrina soviética? Por la reconocida canción de Frank Sinatra, “A mi manera”, aludiendo a la libertad de elección de dichos países.

Ícono video Les dejamos el link para que la disfruten, situándola ahora en el contexto de los años finales de la Guerra Fría.

¿Por qué la Unión Soviética adoptó dicho cambio de actitud?

En el marco del programa de reformas de Gorbachov, basados en dos conceptos clave: perestroika (reestructuración) y glasnot (liberalización, apertura), se pretendió establecer relaciones con sus satélites sobre nuevas bases, de tolerancia y flexibilidad. Pero la respuesta en Europa del Este fue contraria a la prevista por el líder ruso: en un lapso de 4 años se produjeron las revoluciones más espectaculares de la segunda mitad del siglo XX, cambios radicales que condujeron al fin de la guerra fría y el derrumbamiento de un sistema social, un modelo teórico y una ideología que había polarizado el mundo.

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¿Vemos con más detenimiento algunas de estas revoluciones?

Al referirnos a los procesos revolucionarios de Europa del este, podemos agrupar algunos casos particulares, en función de sus características: cómo se produjo el cambio, si hubo o no participación popular, si los gobiernos locales fueron los promotores de dichos cambios o si aplicaron violencia y represión contra movimientos desde abajo, entre algunos aspectos. Un primer grupo se caracteriza por un rol activo de la movilización popular: Los casos de la República Democrática Alemana y Checoslovaquia.

Alemania

El 9 de noviembre de 1989, a las 19 horas, el secretario general del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED) de Berlín, Gunter Schabowski, anunció en una conferencia de prensa internacional -transmitida en directo- la decisión del politburó del partido de liberar la circulación de las personas entre ambas zonas de Berlín. Así, se dio inicio a un momento histórico: una movilización popular en la RDA que daría fin al Muro de Berlín, y constituiría un primer paso para la reunificación de Alemania. 

Ícono video Les proponemos ver unos videos con algunos momentos claves: por un lado, la rueda de prensa, donde para asombro de todos los allí presentes, se anunciaba la normativa que permitía a cualquier ciudadano/a de la RDA cruzar las fronteras libremente a través de algunos pasos y su puesta en vigencia inmediatamente. Los efectos de la conferencia fueron revolucionarios, miles de personas se volcaron a las calles a la medianoche y cruzaron el muro, ante las miradas atónitas de los guardias que debieron abrir los puestos fronterizos.

En un segundo video podrán ver un pequeño fragmento de un noticiero de la época, donde se aprecia la cobertura realizada por un periodista, sus entrevistas a emocionados y eufóricos alemanes del este que cruzaban a Berlín occidental sin impedimento alguno, luego de tantos años de segregación.

La reunificación de Alemania se alcanzó un año más tarde, en octubre de 1990, no obstante, la caída del Muro de Berlín constituye un hito histórico: con él desaparecía el símbolo más representativo de la guerra fría. 

Checoslovaquia

En el caso checoslovaco, los cambios revolucionarios también implicaron una movilización popular (en un primer momento reprimida) y una evolución relativamente tranquila: la multitud en las calles hizo caer al régimen comunista, en la llamada “revolución de terciopelo”. Así, tras las manifestaciones y la huelga general el régimen procedió a la democratización de la política. El primer presidente no comunista del Estado fue el escritor Václav Havel, sobre quien pesaba una gran influencia Dubcek, el dirigente checoslovaco que había liderado la Primavera de Praga (en 1968).

Polonia y Hungría

En el caso de Polonia y Hungría, también se caracterizaron por cierta evolución tranquila: ambos países fueron pioneros en el proceso de presión contra el sistema impuesto por los soviéticos (sus regímenes comunistas tenían escasa aceptación popular). En Polonia, la ideología opositora que aglutinaba las aspiraciones nacionalistas y anticomunistas fue la religión católica. En este sentido, la elección del arzobispo de Cracovia, en 1978, como Sumo Pontífice (el Papa Juan Pablo II) generó un fuerte impacto en el país. Pero sin dudas, el rol del sindicato Solidaridad y de su líder Lech Walesa (quien gozaba de gran prestigio y popularidad), son claves para comprender la evolución de la transición polaca. En 1990 Walesa fue elegido presidente de Polonia. En el siguiente afiche de Solidaridad, podrán ver cómo se asociaba el comunismo soviético con el nazismo, rememorando el Pacto de no agresión de Hitler y Stalin (con terribles consecuencias para Polonia), firmado en agosto de 1939. 

Afiche de Solidaridad

Fuente: wikipedia (http://apuntes.santanderlasalle.es/historia_1/xx/polonia/paises_excomunistas.htm)

Se trató de un cambio generado por un gran esfuerzo desde abajo, es decir, derivado de una oposición popular liderada por Solidaridad. En este sentido, la vía revolucionaria polaca siguió el camino de las urnas y unas elecciones democráticas.

Lech Walesa en Gdansk

Lech Walesa en Gdansk, Polonia. Fuente: Wikipedia (http://apuntes.santanderlasalle.es/historia_1/xx/polonia/paises_excomunistas.htm)

La movilización popular no estuvo presente en todos los casos nacionales: en Hungría, por ejemplo, los cambios se originaron a partir de las decisiones tomadas por algunos hombres del poder, dirigentes comunistas con mentalidad reformista, entre quienes se destacó el líder húngaro Miklós Nemeth.

Ahora bien, otros países siguieron una evolución más complicada al tratarse de estados más pobres y con problemas étnicos complejos: tales son los casos de Bulgaria, Albania y Rumania. Nos detendremos en el último caso, ya que la experiencia rumana marcó un quiebre en el acelerado proceso de revoluciones pacíficas.

Rumania

La transición en Rumania se inició en diciembre de 1989 mediante un estallido popular que adoptó una forma insurreccional con apoyo del ejército y de algunos sectores del régimen. En la capital, hubo combates entre la policía política leal al régimen y, por otro lado, el ejército, apoyado por multitudes de civiles armados que luchaban en oposición al gobierno. Tales enfrentamientos dejaron un saldo aproximado de 2.000 víctimas fatales.

El presidente rumano, Nicolae Ceausescu fue destituido de su cargo (estaba en el poder desde 1965), tras lo cual fue detenido por las nuevas autoridades, juzgado y ejecutado junto con su esposa.

 Ceausescu pronunciando uno de sus últimos discursos

Ceausescu pronunciando uno de sus últimos discursos. Fuente: Wikipedia

El tribunal del Pueblo que lo juzgó fue televisado, al igual que las ejecuciones, transmitidas en directo el 25 de diciembre de 1989. Por todo esto, los analistas coinciden en señalar que la revolución rumana fue diferente al resto: allí la lucha se escribió con sangre.

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El proceso de transición hacia sistemas democráticos de Europa oriental

El proceso de transición hacia sistemas democráticos de corte occidental y de economías capitalistas generó varias situaciones de mayor o menor éxito dependiendo, entre otros factores, de la cercanía a occidente o bien, del grado de desarrollo anterior. Tal proceso de reconversión política y económica trajo aparejada una dislocación social en los diferentes estados del bloque soviético. El desempleo, la inflación y la miseria dejaban entrever a la sociedad que la democracia no redundaba en la prosperidad que esperaban.

En líneas generales, las dificultades estribaban, en primer lugar, en fundamentar un orden democrático que reemplazase un régimen de partido único y, en segundo lugar, en conformar una economía de mercado tras el desmantelamiento de las estructuras de planificación central. Los índices de crecimiento de las economías de Europa del este en los años noventa fueron negativos (siendo la República Checa una posible excepción). ¿Cómo se puede explicar el rumbo que tomaron los países de Europa de este? La presencia de algunas dificultades u obstáculos internos permite comprender tal evolución: por un lado, se trataba de países con bajo nivel de desarrollo económico, que se vieron envueltos, en ciertos casos, en enfrentamientos internos. Además, pocos países de los que habían constituido el bloque soviético tenían experiencia previa de sistemas democráticos (con la excepción de Checoslovaquia), es decir, no existía una tradición política en dicho sentido. Muchos comunistas de Rumania y Bulgaria, se reconvirtieron para perpetuarse en el poder, con discursos de tipo nacionalista. Por último, cabe destacar que, el proceso de transición del socialismo al capitalismo coincidió con una fase de recesión en todo el mundo capitalista industrializado, que impidió la inversión de capitales y las ayudas hacia Europa del este.

En suma, en 1989 se derrumbaron los regímenes europeos del socialismo real. Las políticas reformistas de Gorbachov aceleraron el cambio: cuando se quitó la presión del sistema soviético, los regímenes comunistas cayeron a partir de las revoluciones de 1989 y los estados de Europa oriental debieron emprender un arduo proceso de transición hacia el capitalismo.

2.2. La disolución de la Unión Soviética

¿Cómo impactó en la Unión Soviética la oleada revolucionaria de Europa oriental?

La situación era muy compleja: tras un intento de golpe de Estado en Moscú, en agosto de 1991, llevado a cabo por líderes comunistas contrarios a las reformas de Gorbachov, la posición del líder soviético se vio debilitada. Finalmente, dimitió el 25 de diciembre de 1991 y Boris Yeltsin asumió como presidente: se daba inicio a la “Era Yeltsin”. 

El presidente ruso Boris Yeltsin ( a la derecha) y su homólogo norteamericano, George Bush (izquierda), en una reunión del tratado de desarme nuclear, dejando atrás el enfrentamiento característico de la Guerra Fría.
Fuente: Historia del Siglo XX (1996), Barcelona, Salvat Editores, S. A.

En materia política, se sancionó una nueva constitución rusa y un parlamento al estilo liberal. La transición a una economía de libre mercado impactó negativamente en la mayoría de la población rusa: las medidas de liberalización, las privatizaciones de las industrias estatales, sumada la corrupción financiera benefició mayormente a los directores de las empresas estatales, es decir a la nomenklatura del partido, que inclusó utilizaron recursos estatales para la compra de acciones. Por esto algunos analistas llaman al capitalismo de la Rusia postsoviética "capitalismo de nomenklatura".

¿Qué sucedió con las repúblicas que constituían la URSS?

La declaración de independencia de estas generó la creación de numerosos estados y el restablecimiento de otros. En Europa, el desmembramiento de la URSS dio paso a Ucrania, Bielorrusia, Moldavia y las repúblicas bálticas (Estonia, Letonia y Lituania). En Asia, se conformaron los siguientes estados: Azerbaiyán, Uzbekistán, Tayikistán y Kazajstán. Por todo ello, Rusia vio reducida sus dimensiones territoriales, sumado a la pérdida del estatus de gran potencia internacional, que recuperaría algunos años más tarde.

Ciertamente, el derrumbe de la URSS produjo la crisis de la utopía soviética (en tanto modelo a alcanzar por movimientos revolucionarios de otros países) que había enfrentado al capitalismo durante la Guerra Fría. El fracaso del comunismo soviético (una economía basada en la propiedad estatal de todos los medios de producción, con una planificación centralizada que lo abarcaba todo y sin recurrir a los mecanismos de mercado) derribó en gran parte las aspiraciones del socialismo a nivel mundial.

Sin embargo, algunos historiadores señalan el fracaso también de la ideología neoliberal en Rusia. ¿En qué se basan para afirmar esto? En que implementación del neoliberalismo, a fin de sustituir de un día para el otro la antigua economía socialista soviética trajo resultados desastrosos en lo económico y terribles desde el punto de vista social. Algunos de los efectos directos del proceso de privatización y transición a una economía de mercado fueron el aumento del desempleo, la escasez de productos básicos y el aumento de la brecha social.

icono ojo En el siguiente link podés leer una notica del aquel momento publicada en el diario de izquierda La Vanguardia.

En suma, la desintegración de la URSS fue un proceso caracterizado por la crisis de la economía soviética, un intento de transformación (a cargo de Gorbachov) y la desaparición final del socialismo real.

3. Un mundo multipolar

El fin del mundo bipolar, como era entendido durante la Guerra Fría, generó una nueva situación internacional en la cual las principales decisiones a nivel mundial no estaban determinadas por dos grandes superpotencias. Es decir, no estaban tan claros los nuevos actores en la escena internacional. Por un lado, tras la debacle de la URSS, Estados Unidos se posicionaba (durante los gobiernos de Bill Clinton, 1993-2001) como la única superpotencia del planeta, en base a una economía en crecimiento y al control militar a escala planetaria, pero sin un claro oponente político e ideológico.

¿Y la situación de Europa occidental?

Si bien tenía un rol destacado en el ámbito mundial, en tanto parte del mundo capitalista occidental, claramente el mundo de fines del siglo XX era muy diferente al de los comienzos de la centuria, allá por 1900. El mundo ya no se caracterizaba por ser eurocéntrico, es decir, Europa había dejado de ser el centro de poder, de riqueza y de la “civilización occidental”. Las grandes potencias europeas cambiaron radicalmente su posición en el orden mundial. Al tiempo que las potencias europeas perdieron el control de los mercados, el comercio y las finanzas internacionales que tenían a comienzos de siglo, no fue sólo la hegemonía norteamericana la que desafió su posición. También la emergencia de nuevas economías industriales que vivieron un despegue económico que los posicionó como potencias industriales, a saber: Singapur, Hong Kong, Taiwán, Corea del Sur y China.

Frente a estos cambios del escenario económico internacional, a comienzos de la década de 1990, Europa occidental profundizó un proceso de unificación supranacional que había iniciado previamente (Comunidad Económica del Carbón y del Acero), dando origen a la Unión Europea.

¿Cuál era el principal objetivo de esta organización?

Básicamente pretendía alcanzar la integración económica y política Europa occidental (en principio) a fin de revitalizar su rol y posicionamiento internacional. Una de sus principales medidas de índole económica fue el lanzamiento de una moneda única, el euro (el 11 de enero de 1999), a fin de garantizar la estabilidad monetaria y hacer frente al dólar. A lo largo de los años los países del este europeo fueron integrándose paulatinamente a la Unión Europea.

Retomando el contexto del fin de la Guerra Fría, un aspecto interesante que dejó la finalización del conflicto es que no estaba clara la naturaleza de los peligros a que se enfrentaba el mundo. En este sentido, la Guerra Fría había permitido una cierta identificación del enemigo, lo cual había brindado ciertas certezas a una situación internacional compleja, plagada de tensiones diplomáticas y bélicas.

¿Cómo fueron los principales conflictos de la década de los noventa? 

En principio, se destacó el liderazgo militar de Estados Unidos mientras que la ONU llevaba adelante un rol limitado, es decir, una supremacía meramente formal. Algunos conflictos fueron nuevos y otros antiguos reconfigurados: el enfrentamiento entre Israel y Palestina, separatismos étnicos, tensiones entre estados potencialmente nucleares (India y Paquistán o China y Taiwan), proliferación de armas nucleares, extensión de armas químicas y biológicas.

En suma, los años 1991-2000 pueden ser calificados de “desorden político internacional”. El sistema de hegemonía indiscutida de una sola superpotencia (Estados Unidos) era incapaz de asegurar por sí mismo un orden mundial estable. 

La situación internacional cambió tras el atentado a las torres gemelas, el 11 de septiembre de 2001. A partir de allí, el enemigo de Estados Unidos y del mundo desarrollado occidental fue el fundamentalismo islámico terrorista. 

4. El capitalismo postindustrial

Los años noventa profundizaron cambios en el capitalismo industrial que se habían ido gestando desde la década de 1970. Así, se dio paso a una sociedad postindustrial con algunos rasgos distintivos. ¿Cómo podemos caracterizar a este nuevo tipo de capitalismo? Por un lado, en él es fundamental el rol de la revolución tecnológica en la informatización, la cultura de la comunicación de masas y el predominio de una economía global. Por otro lado, en la sociedad postindustrial la estructura de clases ha sufrido cambios debido a la segmentación de la mano de obra, la individualización del trabajo. Todo ello genera una despersonalización, cierta autonomización de muchos productores, entre otros aspectos. A continuación, vamos a analizar con más detenimiento los rasgos de la sociedad postindustrial.

¡Comencemos!
 Conjunto de memes

Collage elaboración propia. Fuente: imágenes de internet de uso libre

4.1. Neoliberalismo

A partir de los último años e la década de 1970 comenzó a expresarse con fuerza el neoliberalismo, una corriente que desde la década de 1960 se manifestaba en ámbitos académicos. Ella promueve la tendencia a reducir al mínimo la intervención del Estado en la economía; pues, esto permite el desarrollo sin trabas del sistema capitalista. Este cambio se relaciona con dos grandes crisis que cierran el período de bonanza conocido como "la edad de oro del capitalismo".  Primero, la crisis del dólar de 1971, que como resultado del déficit fiscal norteamericano pone fin al sistema monetario internacional que había dado estabilidad a la economía desde 1944 (Bretton Woods). Segundo, la crisis del petróleo de 1973, cuando el aumento de los precios del petróleo durante toda la década clausuró la etapa de energía barata y abundante de los años previos . El impacto de estas crisis (que hicieron de la inflación un problema central de la economía) dio paso a voces que, sin ser nuevas, lograron mayor visibilidad. Se impuso la idea de que era necesario favorecer a los mercados, a la competencia a partir del libre juego entre la oferta y la demanda (de bienes, servicios y mano de obra) y a la acumulación privada. Concretamente, con ese objetivo, los principales organismos financieros internacionales -como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, entre otros- impulsaron una serie de reformas que iban en un sentido contrario a las políticas económicas de los Estados interventores y de bienestar, basadas, según esta nueva concepción, en un excesivo gasto público. En contraposición, ahora, sólo debía garantizarse un marco jurídico que beneficiara al sector privado. 

Estas ideas que se apoyaban en las propuestas del economista Milton Friedman y la escuela de Chicago, desplazaban así a las trazadas por John Maynard Keynes. En este nuevo contexto, se aplicaron medidas de ajuste que se tradujeron, sobre todo, a partir de la privatización de empresas de servicios públicos, reducción de la presión fiscal sobre las empresas y la flexibilización laboral. Con estas medidas se promovía la noción del “derrame”: si las empresas se veían beneficiadas redundaría en toda la sociedad y en especial los/as trabajadores/as que podrían mejorar sus salarios o reinsertarse al mundo laboral en caso de desempleo. De esta manera, se justificaba la conducta de los Estados que satisfacían las imposiciones del empresariado. 

Sin embargo, muchos economistas impugnaron dicha premisa al sostener que el elemento que explica la generación de trabajo es el fortalecimiento del mercado interno y por lo tanto la mejora de los salarios de los trabajadores para potenciar el consumo y la actividad económica.

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¿Qué significa la flexibilización laboral?

La flexibilización laboral supone modificar un conjunto importante de la reglamentación vigente para los trabajadores/as. Fijadas, sobre todo, en momentos de crisis económicas se cambian las formas de contratación, en las cuales se apoya una mayor flexibilidad para: aumentar o disminuir los niveles de empleos en las empresas; beneficiar la movilidad geográfica de los puestos de trabajo; alterar los salarios y los horarios laborales. En relación con esto, y en una economía en donde el libre mercado se constituye como el vector principal, los sindicatos (sus reivindicaciones, como las protecciones y los servicios sociales que estos demandaban) son considerados como un elemento negativo. A partir de estas medidas, los años ochenta, estuvieron signados por un retroceso de las conquistas laborales obtenidas por el movimiento obrero a lo largo de la historia.

Las figuras más representativas que apoyaron y llevaron a cabo estas políticas fueron Margaret Thatcher (“la dama de hierro”), primera ministra del Reino Unido entre 1979 a 1990 y Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos entre 1981 y 1989. En el caso de términos generales, en América Latina, el neoliberalismo comenzó a instalarse con las dictaduras cívico-militares. En efecto, en los países periféricos estas medidas se aplicaron con niveles de violencia estatal aún mayores que en los casos de los países centrales, y con resultados aún más dramáticos tanto en términos económicos como sociales: aumento del endeudamiento público, ruptura de las tradiciones organizativas obreras y subsecuente precarización de los trabajadores, de la mano de altos niveles de desempleo, caída de los salarios reales y amplios procesos de desafiliación social. En ambos casos, sin embargo, la aplicación de estas políticas fue de la mano de lo que Naomi Klei llamó “la doctrina del shock”. 

Para introducirse en estos temas les recomendamos una película en la cual se pueden apreciar estas políticas de ajuste y sus respuestas: Billy Elliot (2000), dirigida por Stephen Daldry y escrita por Lee Hall. Esta película narra la historia de un niño de clase obrera que descubre su vocación por la danza clásica y debe luchar en contra de los prejuicios de su padre, resultado de los estereotipos femeninos y masculinos del período. Ahora bien, uno de los componentes más interesantes de la película es que transcurre en el condado de Durham, zona minera de carbón de Inglaterra, durante la huelga de mineros de 1984-1985. Allí se puede observar cómo impactaron ciertas medidas neoliberales en relación con los trabajadores, los conflictos entre dos fuerzas en pugna, el trabajo y el capital, que se expresan en las resistencias de los trabajadores mineros y la acción represiva del gobierno de Thatcher. Cabe destacar que, la huelga de los mineros de 1984-1985, producto del cierre progresivo de los pozos de carbón fue uno de los conflictos sociales más importantes de la historia de Reino Unido y se constituye como el símbolo de la derrota del mundo del trabajo frente a las políticas neoliberales. 

Fuente: Benoit Bréville [et. al.] (2011), El Atlas histórico de Le Monde diplomatique. Historia crítica del siglo XX, Buenos Aires, Capital Intelectual

En los países centrales, esta nueva fase del capitalismo se acompaña de la promoción de innovaciones y desarrollo con el objetivo de incorporar al mercado nuevos productos y servicios. En este sentido, se despliega un perfeccionamiento tecnológico permanente y los científicos y los técnicos ocupan un lugar relevante en estas sociedades, al tiempo que se reduce la mano de obra. Esto se puede observar con claridad en la robotización implementada en la industria automotriz que posibilita producir más con menos trabajadores, lo que se traduce en pagar menos salarios.

El neoliberalismo presentó profundas fallas, pues creció la desigualdad social y los países periféricos se endeudaron profundamente estallando en 1982 la crisis de las deudas soberanas en América Latina. En consecuencia, y con el objetivo de propiciar la integración plena de América Latina, surge en 1989 el “Consenso de Washington”: un conjunto de recomendaciones cuyo objetivo principal es el disciplinamiento macroeconónico sustentado en una reorganización del gasto público, una severa política fiscal, reformas tributarias, tipos de cambio competitivos, liberalización financiera, entre otras.

Por último, es importante tener en cuenta que esta corriente va de la mano de cambios culturales que pueden observarse en la exaltación del individualismo, la meritocracia y la reconfiguración de la sociedad de consumo. En correspondencia con estas ideas, se desplazan valores vinculados a la igualdad o la solidaridad promovidos por el Estado de Bienestar.

4.2. Desplazamiento de industrias al este

A partir de finales del siglo XX, la producción industrial que había tenido como eje a Europa y los países occidentales, se fue desplazando hacia el este asiático: China, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Tailandia, Malasia, Filipinas y Hong Kong. ¿Por qué ocurrió este proceso? 

Existe una estrecha relación entre lo analizado sobre el neoliberalismo y la respuesta a este interrogante, pues tras el progresivo avance de los principios neoliberales, la oposición social a los mismos, es decir, la lucha por la defensa de los derechos laborales de los trabajadores y las trabajadoras en los países industriales no generaban un clima propicio para las empresas. Los estados asiáticos ofrecían, en cambio, un marco tentador para el asentamiento de las industrias: por un lado, bajos salarios, mayor flexibilidad laboral, abundancia de mano de obra y, sobre todo, una deficiente o nula organización del movimiento obrero. A este proceso se lo conoce como deslocalización industrial y se comprende en el marco de la globalización económica, que analizaremos con mayor detenimiento en los siguientes títulos.

¿Cuál es la posición de China en este reordenamiento industrial?

Aunque China fue durante milenios un notable centro de desarrollo civilizatorio, durante los siglos XIX y XX se vio postergada frente a las potencias occidentales. A inicios del siglo XXI, China se ha convertido otra vez en una protagonista de primer orden en términos económicos y políticos en el concierto mundial. ¿Cómo se explica este proceso? 

En 1911 una revolución depuso al último emperador de China, pero la joven república china enfrentó serios problemas: inestabilidad política, graves enfrentamientos internos, la ocupación y la guerra con Japón y el involucramiento de China en la Segunda Guerra Mundial. Recién en 1949, luego del triunfo de los comunistas liderados por Mao-Tse-Tung, la República Popular China consolidaría definitivamente el orden interno y un gobierno plenamente independiente. En las décadas que siguieron al término de la guerra, sobre la base de un modelo comunista basado en la planificación centralizada y el control estatal de la economía, el gobierno chino aspiraría a alcanzar a pasos acelerados el desarrollo económico, la diversificación industrial, el avance tecnológico, el poderío militar y la satisfacción de las necesidades básicas de una población que era entonces la más grande del mundo, de manera que China se ubicara en un nivel similar al de las potencias occidentales. Luego de la muerte de Mao-Tse-Tung en 1975, China salía del marasmo de la llamada “Revolución Cultural” al mismo tiempo que el juego de la diplomacia la llevaba a acercar posiciones a los Estados Unidos, con lo que se abría camino para un cambio en las políticas oficiales.

A partir de 1978, las reformas implementadas en materia económica, tendientes a la liberalización de la economía china propiciaron un camino ascendente que la llevaría a convertirse en “el taller del mundo”. En la actualidad, alrededor del 40% del crecimiento industrial del mundo pertenece a China, que además es el principal país exportador a nivel internacional. Las reformas liberalizadoras se limitaron a la esfera económica, ya que en el plano político la República Popular China continúa siendo gobernada por el Partido Comunista Chino.

En el siguiente mapa se aprecian los movimientos de las industrias desde los centros manufactureros (Europa, Estados Unidos) hacia los países asiáticos, los cuales fueron adquiriendo una relevancia progresiva, constituyéndose en el nuevo polo industrial en los primeros años del siglo XXI.

Atlas de historia crítica y comparada

Fuente: Bréville, Benoit y Vidal, Dominique (comp.) (2016), Atlas de historia crítica y comparada. Una visión heterodoxa desde la Revolución Industrial hasta hoy, Buenos Aires, Capital Intelectual.

5. Un mundo globalizado: nuevos desafíos del siglo XXI

La principal característica del mundo globalizado es la interconexión entre naciones a escala planetaria a partir de los años noventa que se produjo, como se analizó, con el derrumbe del socialismo real y el auge de las multinacionales, que fomentan un mercado mundial libre de barreras arancelarias y una mínima intervención de los Estados para permitir la circulación de capitales. A su vez, en esta nueva década se consolidaron algunos de los cambios que se produjeron previamente, entre los cuales sobresale la revolución tecnológica, digital, dando lugar a una nueva realidad histórica. En efecto, esa expansión acelerada de la revolución de la información y de las comunicaciones, conocida también como la “tercera revolución industrial” constituye uno de los elementos clave de este nuevo fenómeno, pues transformó al sistema económico mundial y convirtió al mundo en un lugar cada vez más interconectado impactando, de esta manera, en todos los aspectos de la vida: económicos, sociales, políticos y culturales. 

Revolución digital

Fuente: imagen extraída de internet de uso libre

5.1. La economía en un mundo globalizado

El fin de la Guerra Fría, en 1991, implicó la extensión del sistema capitalista a nivel mundial (recordemos, por ejemplo, la transición de Europa oriental hacia una economía de libre mercado), consolidándose un mundo globalizado. 

Fuente: Wikipedia

Entonces, podemos decir que el sistema económico mundial sufrió transformaciones hacia los años 90 con la globalización y lo que se denomina la transnacionalización de la economía: la  interconexión entre sí de todas las economías del mundo, propiciada por la revolución tecnológica, los cambios en la información y las comunicaciones, la imbricación de los sistemas financieros y los procesos de endeudamiento de numerosos países con entidades como el Fondo Monetario Internacional. A partir de allí, las sucesivas crisis capitalistas, desde el “Efecto Tequila”, en 1994, hasta el 2007, cuando la crisis hipotecaria en Estados Unidos y los mercados financieros del globo comenzaron a desmoronarse. En el año 2008 la economía de todo el mundo estaba por colapsar, prueba de ello era el derrumbe de los mercados de valores, la paralización de los sistemas de crédito y la quiebra de los bancos como consecuencia de un engranaje económico que se extendía desde los Estados Unidos hasta Europa, y que amenazaba con devastar al resto del mundo. Es decir, las crisis impactan, en mayor o menor medida, a escala planetaria y de manera cada vez más inmediata, dada la alta inestabilidad del sistema.

Ahora bien, ¿cuál es el rol de los Estados Nación en este nuevo mundo globalizado? En la transición del siglo XX al XXI, los Estados y su soberanía se vieron afectados por el poder de los mercados globales, por la deslocalización de las industrias y por las nuevas tecnologías. Existen diversas miradas sobre este tema, por ejemplo, desde una perspectiva neoliberal, el Estado Nación es considerado una institución marginal, que obstaculiza el proceso de mundialización de las economías y por tanto el crecimiento económico. Se postula una imagen ideal de un mundo sin fronteras gobernado por empresas transnacionales, sin conexión con los estados nación. 

Otros trabajos consideran que la globalización no significa abandonarlo todo a las fuerzas del mercado. Postulan como respuesta a la globalización un modelo de Estado supranacional, entidades que congreguen a diversos Estados Nación, como por ejemplo, la Unión Europea. Ahora bien, este límite borroso de las fronteras propio de una economía transnacionalizada no debe hacernos olvidar que los Estados Nación tienen una gran injerencia al momento de resolver diversos problemas sociales, como los atravesados por los migrantes y/o refugiados. Allí, las fronteras de los Estados Nación cobran fuerza, aún en un mundo globalizado.                 

Por último, ¿qué consecuencias sociales trajo aparejada la globalización de la economía capitalista de fin de siglo XX? En términos sociales, en primer lugar, el desplazamiento de las industrias de los antiguos centros hacia los países del este asiático, con bajos costos salariales, redundó en un incremento de los índices de desempleo en los países centrales, mientras que los avances tecnológicos continúan expulsando el trabajo humano de la producción de bienes y servicios. En segundo lugar, la ideología neoliberal debilitó los instrumentos para enfrentar los efectos sociales de las sucesivas crisis económicas. En este sentido, la economía globalizada a nivel mundial se transformó cada vez más en una máquina poderosa e incontrolable donde los seres humanos importamos más en tanto consumidores que en tanto productores. 

5.2. La crisis financiera y económica de 2008-2009

La globalización económica y las nuevas tecnologías de la información generaron una enorme cantidad de transacciones de alta velocidad entre bancos, corporaciones y otros agentes privados que operan en los distintos mercados financieros del mundo, multiplicando los riesgos de un estallido mundial. La interdependencia de esta red financiera global puede apreciarse en el siguiente gráfico.

Desde los inicios de la globalización en la década de 1990 se relajaron las regulaciones de los estados que controlaban la actividad de los bancos e instituciones financieras que se habían establecido desde 1930, autorizando a los bancos a aumentar sus márgenes de endeudamiento y facilitando sus inversiones en operaciones financieras sofisticadas y poco controlables. En esta condiciones, comenzaron a proliferar los fondos de inversión, organismos financieros que administran el capital de instituciones (bancos, compañías de seguros, fondos de inversión, fondos de pensiones, fondos soberanos, etc.) y de personas con alto poder adquisitivo. Estas sociedades de inversión operan con una diversidad de activos financieros (acciones, hipotecas, futuros, bonos) asumiendo una actitud a veces riesgosa con el propósito de ofrecer una mayor rentabilidad.

Como vimos anteriormente, en las décadas de 1990 y 2000 se produjo un sostenido crecimiento de las economías del sur y el este de Asia, destacándose especialmente el notable desempeño industrial de China, que aceleró entonces su inserción en los mercados comerciales y financieros del mundo. Las dinámicas economías asiáticas generaban importantes excedentes comerciales y financieros que se dirigían a los Estados Unidos, donde financiaron los altos niveles de consumo y endeudamiento de las familias, las empresas y el gobierno norteamericanos.

Por otra parte, a partir del año 2000, el gobierno norteamericano redujo los impuestos a las empresas, aumentó el gasto militar y abarató el crédito, lo que estimuló el consumo, el endeudamiento y la especulación, captando inversiones financieras del resto del mundo. Como consecuencia, se produjo un auge notable de la construcción y de los créditos hipotecarios, así como un aumento del precio de las viviendas. En particular, se generó una enorme expansión de “bonos basura” (en inglés bonos “subprime”), llamados así porque eran bonos de deudores hipotecarios que enfrentaban la pérdida de sus viviendas por las ejecuciones bancarias y que tenían una cierta probabilidad de no poder ser pagados, pero rendían intereses superiores a otros bonos.

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Crédito hipotecario: préstamos destinados a la construcción y/o adquisición de viviendas

La crisis de 2008 y sus consecuencias

Desde 2006 la economía norteamericana había comenzado a atravesar dificultades, especialmente en el sector inmobiliario, donde se produjo una contracción de la construcción y muchas personas de ingresos bajos y medios comenzaron a suspender el pago de las cuotas de sus deudas inmobiliarias. Bancos y agencias públicas de Estados Unidos comenzaron a mostrar problemas y en 2007 se produjo la quiebra de varios fondos de inversión en distintos países. En septiembre de 2008, la caída de Lehmann Brothers, una firma hipotecaria que tenía vínculos con millares de financieras, generó una ola de pánico en las bolsas y bancos de la mayor parte del mundo, provocó el congelamiento de los mercados financieros, la quiebra de bancos y empresas, la reducción del financiamiento y del comercio mundial, un aumento del desempleo y enormes pérdidas de riqueza. Los gobiernos y bancos centrales de Estados Unidos y Europa utilizaron el dinero público para rescatar a muchos de los grandes grupos financieros amenazados con la quiebra. En Estados Unidos una parte importante del sistema financiero fue virtualmente nacionalizada. Esto incluyó entre otras a las empresas que garantizaban la mayor parte de hipotecas hechas en ese país: Fannie Mae y Freddie Mac, recordemos aquí que la primera de ellas se había creado tras la crisis de 1930.

Volvamos al cuadro de Carlos Marichal extraído de  “El colapso financiero de 1929: ¿Por qué hubo una gran depresión en los años 30´?”, en C. Marichal, Nueva Historia de las grandes crisis financieras. Una perspectiva global. 1873 -2008, p. 126, que presentamos en el Bloque 2, en el capítulo destinado a La gran crisis capitalista de 1930.

Mucha menos ayuda se prestó a las empresas dedicadas a la producción y casi ninguna a los deudores hipotecarios. Como consecuencia, desde 2009 repuntaron las cotizaciones bursátiles, aunque el comercio y la producción globales sólo se recuperaron más lentamente, mientras que en Estados Unidos el crecimiento de las personas sin hogar llevó a que desde 2008 se contabilizara su número, registrando un progresivo aumento que alcanzó su récord en 2023.

En los años posteriores a la crisis de 2008 se produjo una baja en la demanda y en los precios mundiales que afectó a todas las economías. Los países asiáticos volvieron alcanzar niveles de crecimiento relativamente satisfactorios, basados siempre en sus exportaciones industriales, lo mismo que los productores de petróleo y materias primas de Medio Oriente, América Latina y Asia. Aunque también Estados Unidos retomaría la senda del crecimiento, su economía resultó especialmente afectada por la crisis del 2008. 

En el siglo XXl, el mundo unipolar que había seguido al triunfo de Estados Unidos en la Guerra Fría intensificó su transformación en un mundo multicéntrico. Los centros manufactureros, financieros y tecnológicos eran cada vez más diversos, destacándose economías que antiguamente habían pertenecido a la periferia extraeuropea. Naciones como Brasil, Rusia, India, China o Sudáfrica (BRICS) eran ya grandes potencias económicas alrededor de las cuales se congregaba toda una serie de regiones de economías secundarias vinculadas a cada una de aquellas. Este escenario multicéntrico se distanciaba rápidamente del sistema económico mundial que se había gestado en los acuerdos de Bretton Woods en 1944, centrado en el predominio de las empresas y del dólar norteamericano en el comercio y las finanzas mundiales. Por su parte, en las economías maduras de Estados Unidos y de las naciones de la Unión Europea, la disminución del crecimiento económico, las dificultades de la población y la insatisfacción política que siguieron a la crisis del 2008 comenzaron a suscitar reacciones proteccionistas y antiglobalistas. 

 

5.3. Un mundo interconectado: el auge de internet y las redes sociales

Fuente: Wikipedia

Los avances científicos, técnicos y tecnológicos fueron cruciales en la historia sobre todo, si se observan y comparan los cambios que se originaron a partir de la revolución de los transportes. La comunicación de las noticias fue otro elemento clave: el telégrafo, el teléfono y luego la radio y la televisión fueron revolucionarios. La radio y la televisión se constituyeron en un medio de comunicación de masas a partir del rol central que tuvo Estados Unidos, pionero en la emergencia de una sociedad de consumo. Luego de la primera postguerra, este se posicionó como potencia a nivel mundial motorizando lo que se llama “revolución digital”. Pues esta revolución de la información se potenció con la informática, la electrónica y, más específicamente, con la cibernética; es decir, con los ensayos de copiar por medio de mecanismos físicos y matemáticos las competencias básicas del cerebro, superados luego por la “inteligencia artificial”: toma de decisiones frente a escenarios no programadas.

Hacia fines del siglo XX, sin dudas, la computación y la digitalización se erigieron como transformaciones radicales que incidieron en las relaciones sociales de nuestro presente. Los cambios son incesantes como se observa en la caducidad inmediata de la tecnología en el mercado. En los ochenta y noventa los avances son tan rápidos que se acuñó el concepto de “sociedad red” o “informacional”, lo que se entiende como comunicación social digitalizada a partir del desarrollo de procedimientos en “tiempo real”. Como se ha señalado en diversos estudios, la diferenciación entre las personas radica en el acceso a la información y del operar alrededor de esta, antes que en el placer que generan los bienes de consumo. De aquí, los propietarios de este nuevo capital de la tecnología y de los medios de información desempeñan una dominación transnacional que trasciende a los sistemas democráticos de los estados nacionales.

En este sentido, otro hito que marcó los años de la globalización fue la fusión entre las redes de información y comunicación con el auge de internet, cuya consecuencia más inmediata fue la reconfiguración del tiempo y el espacio, pues las comunicaciones se vieron revolucionadas por la inmediatez con la que podía circular la información a escala planetaria. La red de cables telegráficos inaugurada en el siglo XIX dio paso a los satélites de telecomunicaciones, monopolizados por unas pocas empresas que restringían el acceso a la información, una característica que no finalizó con el neoliberalismo y el conglomerado mediático que se constituyó hacia la década de 1970. 

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¿Cuáles son los orígenes de internet?

Los orígenes de internet se relacionan con ciertas previsiones militares llevadas a cabo por Estados Unidos en los setenta (ciberward). Por ejemplo, podemos pensar en el rol que ejerció Eva Maria Kiesler y George Antheil ¿Sabías quién es ella?

Más conocida como Hedy Lamarr (Viena, 1914- Florida 2000), fue una famosa actriz de cine e inventora del sistema de comunicaciones denominado “técnica de transmisión en el espectro ensanchado”, en el que se basan todas las tecnologías inalámbricas de que se disponen en la actualidad. Radicada en Estados Unidos, cumplió un papel destacado para este gobierno en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Concentrada en el terreno armamentístico y en la resolución de los problemas de la vulnerabilidad de los torpedos teledirigidos, trabajó en 1942 junto con George Antheil en un sistema secreto de comunicación que posibilitaría guiar por radio los torpedos sin sufrir ninguna interferencia. Dada su complejidad, este sistema no fue usado en esa oportunidad, aunque, años más tarde, durante la crisis de los misiles de Cuba en 1962, el gobierno de Estados Unidos acudió al invento de Lamarr y Antheil para mejorarlo con los avances en electrónica. Si bien este sistema fue pensado como pauta para el uso de torpedos, su potencial lo hacía viable para otros sistemas de transmisión de sonidos y mensajes. En este sentido, se considera que fue el origen de todas las tecnologías inalámbricas de que disponemos en la actualidad, en tanto muchos sistemas orientados a voz y datos, tanto civiles como militares, emplean sistemas de espectro ensanchado como, por ejemplo, la telefonía de tercera generación como el WiFi o el BlueTooth que se basan en el cambio aleatorio de canal.

 

Hedy Lamarr

 

George Antheil

Como se señaló, estas técnicas fueron luego aplicadas a la sociedad civil multiplicando de modo vertiginoso la cantidad de usuarios en Estados Unidos y la Unión Europea. El correo electrónico, las páginas web, ahora las redes sociales (Twitter, más tarde X, Facebook e Instagram, entre tantas) y todo tipo de aplicaciones se erigieron como aspectos fundamentales para circular información entre empresas, instituciones públicas e individuos (propicia vínculos familiares, profesionales, asociativos más allá de las distancias físicas). El uso de internet, en los últimos tiempos, con el descenso de costos, dejó de ser un privilegio occidental al tiempo que ejerce un rol central en la integración del mercado mundial y la producción de bienes de consumo.

En los siguientes cuadros conceptuales pueden observar algunos ejemplos sobre los diversos usuarios y usos de internet.

 

Gresh, Alain (2011) El Atlas de Le Monde Diplomatique III, Un mundo al revés. De la hegemonía occidental al policentrismo, Buenos Aires, Capital Intelectual

Cabe destacar que, estas nuevas formas de comunicación trajeron múltiples problemas vinculados a los derechos sobre los contenidos que se expanden sin fronteras y la regulación de las redes en cuanto a libertad de información, seguridad y cuestiones ligadas a la ética. Asimismo, la cibercriminalidad y el ciberterrorismo llevó a una vigilancia extrema sobre las maneras de comunicación de las personas, por medio de tecnologías de seguimiento (huellas genéticas, videovigilancia, etcétera, escuchas, drones). Más allá de las amenazas de un ataque informático, los terroristas privilegian el uso de internet como medio de propaganda, para reclutar partidarios y conseguir notoriedad.

Un caso que tuvo gran resonancia en el globo y que posibilita analizar la relación entre terrorismo, redes y libertad de expresión, es el atentado que un grupo fundamentalista islámico llevó a cabo contra la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo, luego de la publicación de una serie de caricaturas de Mahoma, el 7 de enero de 2015 en París. Este hecho que terminó con la vida de doce trabajadores se diseminó de inmediato por los medios masivos de comunicación y las redes sociales, lo que suscitó diversos debates entre los que sobresalieron las relaciones complejas entre el humor gráfico, la política y la libertad de expresión.

La solidaridad frente a este atentado se expresó rápidamente. Como forma de repudiar lo ocurrido y enfrentar el temor que se quiso sembrar, la opinión pública salió a las calles, inundó las redes sociales por medio del lenguaje gráfico que se multiplicó de la mano de infinidad de caricaturistas y se impuso la frase “Je suis Charlie” o “Nous sommes tous Charlie” como una clara defensa a la libertad de expresión. A continuación, pueden apreciar algunas de las respuestas gráficas al atentado de Hervé Pinel, Gary Baker, Liniers, Thierry Ermann extraídas de twitter y portadas de Liberation o el mismo Charlie Hebdó .

Si prestan atención a la imagen de Gary Barker titulada “After Delacroix”, hace referencia al célebre cuadro “La libertad guiando al pueblo” (1830) del pintor francés Eugène Delacroix. Claramente la apropiación y resignificación de esta imagen remite a la bandera alzada por la Revolución Francesa y los valores republicanos basados en la “libertad, igualdad y fraternidad”. Asimismo, podría pensarse que alude a los principios declarados por el propio semanario francés, en tanto sostenía en su sitio web:

Fuente: https://racimo.usal.edu.ar/5376/

Gary Barker levanta en su acuarela los lápices en reemplazo de las armas como una forma de lucha pacífico, libre que la distancia de los hechos violentos y brutales acontecidos. En el siguiente link del Museo Louvre de París se puede apreciar la pintura del artista francés.

En correspondencia con este debate vinculado a la libertad de expresión, también es interesante destacar la atracción que genera en el espectador la fusión entre crimen y entretenimiento, aprovechada por los medios de comunicación, que se potenció en este caso, a partir de un aspecto novedoso: la importancia de la participación activa de los usuarios que, apropiándose de las herramientas tecnológicas que ofrecen los teléfonos celulares, captaron y difundieron una gran cantidad de recursos audiovisuales brutales y cruentos. Apropiadas estas imágenes por muchos medios de comunicación, se generó un debate sobre la responsabilidad ética ligada a la publicación de ciertas imágenes polarizando la opinión entre, por un lado, los que en nombre de la libertad de expresión defienden su circulación como estrategia para una toma de conciencia de los crímenes terroristas y, por el otro, los que sostienen que esa acción no hace más que provocar una profunda insensibilización frente a lo ocurrido. Dos posiciones que, sin dudas, deben incitar una reflexión en torno a la importancia de los derechos humanos y los principios democráticos, pues, al igual que otros contenidos, los generados por los internautas también deben contemplar esta dimensión.

Para cerrar y seguir reflexionando, otro gran problema que porta el usos de las tecnologías es que de la mano de una democratización de la información, también se profundizan las desigualdades, como se pudo advertir frente a los problemas educativos y el acceso a internet que se expusieron con la pandemia del COVID-19. A partir de la necesidad de impartir clases en línea se visibilizó la “brecha digital” existente, que se articula con otros componentes que condicionan el acceso a una educación de calidad en línea (la clase social, la  etnia, el género, el lugar geográfico y el tipo de institución educativa a la que pertenecen). Juntos, esos factores separan a quienes pueden beneficiarse de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y los que quedan excluidos.

Por último, un problema que comienza a despertar preguntas e investigaciones dentro de la comunidad científica a medida que aparecen las primeras generaciones nativas digitales, es la cuestión del impacto del uso de redes sociales en el desarrollo cognitivo y la salud mental de las personas, en particular los niños y niñas.  Especialmente en el marco de las neurociencias, diversas investigaciones muestran que el uso temprano y prolongado de pantallas portables (tablets y celulares) tienen un impacto directo en el desarrollo de la capacidad de autorregulación, incidiendo en problemas de ansiedad, la depresión, la falta de empatía y relación con el entorno. A esto se suma que el uso de redes sociales, especialmente en edades claves para la estructuración de la personalidad como la niñez y la pubertad, implica la difusión y recepción de mensajes relativos a la imagen personal que dan paso a problemáticas como el ciberbulling, el grooming y el aumento de las tasas de suicidios en estas edades. En algunos países como Francia, estas problemáticas han dado paso a la prohibición del uso de celulares en las escuelas.

5.4. Feminismos

Tapa Alternativa Feminista

Fuente: Tapa Alternativa Feminista, n° 1, 8 de marzo de 1985. Argentina. AmericaLee-CeDInCI

Sin dudas, la desigualdad que se acrecentó con la globalización afectó a las mujeres. Como se mostró a lo largo de este curso, las luchas por la conquista de los derechos fue una constante en la historia mundial, desde la Revolución Francesa y las movilizaciones posteriores a favor del sufragio femenino. Estas acciones promovidas por las mujeres se fueron radicalizando en distintas coyunturas entre las que se destaca Mayo del ‘68 con las denuncias en torno a la opresión social y sexual, hasta llegar al tiempo presente tras el grito de “Ni una menos”, apoyado este último movimiento en el uso de tecnologías digitales para su expansión a nivel internacional. La impugnación del matrimonio y la maternidad como premisa del “ser mujer”, sumado a la reivindicación por el derecho a abortar libremente, entre tantos temas y problemas, impusieron la bandera de “lo personal es político” y una agenda política diversa que entiende la lucha por los derechos de las mujeres como parte de la reivindicación por los derechos humanos. 

Como se señaló, los últimos años de la década de 1960 y la década de 1970 fue importante para los feminismos porque las mujeres no sólo exigieron derechos civiles, políticos y sociales sino también derechos sexuales, que implicaban vivir una sexualidad libre y tener control sobre la reproducción y, por lo tanto, sobre los cuerpos. En este marco se inició la lucha por la despenalización y legalización del aborto.

¿Sabías que en 1971 se publicó el texto “Un llamamiento de 343 mujeres”? Este manifiesto publicado en la revista Le Nouvel Observateur fue redactado por Simone de Beauvoir y firmado por mujeres que habían abortado. Considerado como una provocación, fue repudiado y acarreó consecuencias para muchas de estas mujeres, calificadas de “sinvergüenzas”. El texto comenzaba con la siguiente afirmación: 

 

No obstante, y a pesar de las consecuencias que sufrieron algunas de las firmantes (por ejemplo, despidos de sus trabajos) hacia fines de 1974,  se legalizó esta práctica gracias al impulso de la ministra de Sanidad Simone Veil. Este manifiesto y lucha por la legalización del aborto trascendió las fronteras de Francia. En el siguiente mapa es posible observar la progresiva adquisición de este derecho a escala mundial.

En Argentina la lucha fue ardua. En 2004, en el Encuentro Nacional de Mujeres se lanzó la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, Legal, Seguro y Gratuito. Allí se estableció el pañuelo verde como símbolo de la campaña. Esa “marea verde” logró con sus diversas intervenciones la sanción y vigencia de la ley de interrupción voluntaria del embarazo en 2021. Entre los argumentos que se postularon en defensa de la legalización del aborto se destacó que, frente a la realidad irrefutable de la existencia y muertes por aborto, la situación difería entre mujeres que tenían la posibilidad de acceder a un aborto seguro y quienes no, lo que lleva a reflexionar sobre las desigualdades que genera la globalización y el impacto singular que tiene para las mujeres de distintas clases sociales.

Es decir, en términos socioeconómicos, el impacto de la implementación de políticas neoliberales profundizó las desigualdades de género, sobre todo en los sectores más empobrecidos y excluidos. Con una intervención mínima de los estados, los programas de ajuste intensificaron aún más las divergencias existentes en los cuidados del ámbito doméstico, pues a la precarización sufrida en mercado laboral por las mujeres, que se expresa en salarios inferiores, se sumó la necesidad de suplir en la esfera privada los servicios sociales antes brindados por los estados benefactores.

A su vez, cabe destacar que, a partir de esas desigualdades que atraviesan el trabajo formal, informal y doméstico muchas mujeres se ven impelidas a migrar en busca de nuevas oportunidades laborales, y muchas de ellas quedan atrapadas en el circuito de trata de mujeres y explotación sexual o narcomenudeo instalado a nivel global.

No obstante, las ambivalencias intrínsecas de la globalización también impactaron en la subjetividad de las mujeres que, a la luz de la intensificación del trabajo femenino en la esfera pública y privada, cuestionaron las consecuencias de este modelo económico y otros aspectos político-culturales que ponen en jaque a la familia patriarcal con nuevos modelos alternativos de familia. En las siguientes imágenes se puede observar cómo las mujeres tomaron las calles en distintas partes del mundo para plantear distintas problemáticas.

Fuente: Amnistía Internacional

Veamos un ejemplo. Si nos trasladamos a nuestro presente, otro momento que marcó (y marca) la historia de los feminismos fue el nacimiento del movimiento “Ni una menos”. Frente a la gran cantidad de femicidios (crímenes por motivo de género) registrados en Argentina, el 3 de junio de 2015 se congregaron en Buenos Aires unas 250.000 personas aproximadamente para manifestarse en contra de la violencia de género y exigir medidas al Estado. Esta acción se replicó en 120 puntos del país y los medios de comunicación se hicieron eco de la movilización. Las redes sociales también tuvieron un rol protagónico en la trama de este movimiento que se globalizó trascendiendo diferencias de clase, étnicas, territoriales y generacionales, pues la diversidad es una de las principales características del “Ni una menos. Vivas y libres nos queremos”. La masificación de este movimiento se expresó también en el establecimiento del 8 de marzo como día de paro internacional de las mujeres. En esta fecha se exponen y denuncian todas las formas de violencia y discriminación por motivos de género: desigualdades económicas, laborales, maltratos físicos, verbales, psicológicos y simbólicos.

Para finalizar, y vinculando los dos últimos temas tratados en este bloque, podemos pensar en el impacto que suscitó la muerte de la joven iraní Masha Amini, luego de ser arrestada el 13 de septiembre de 2022 por la policía en Teherán por violar la ley que exige que las mujeres oculten su cabello con un velo o pañuelo. Este hecho fue repudiado de inmediato por mujeres iraníes que salieron a las calles a manifestarse. El uso que se hizo de las redes sociales para difundir los hechos posibilitaron no solo conocer el caso sino repudiarlo con una acción que se viralizó: el corte de pelo llevado a cabo por infinidad de mujeres de distintas partes del mundo como símbolo de solidaridad y un grito de libertad frente a la opresión ejercida por aquella sociedad en donde prima un fundamentalismo religioso. Son muchos los desafíos que hay que afrontar en este siglo XXI, comprendidos a la luz de complejos procesos históricos.

6. A modo de balance

Luego del recorrido realizado en este último bloque, y también a lo largo del curso, podemos comprender las bases que dieron lugar al proceso de la globalización en términos políticos, sociales, económicos y culturales. Este fenómeno, que se desplegó a partir de los años setenta y se consolidó en los noventa, se presenta como una etapa del capitalismo en la que se profundizaron las desigualdades sociales, a pesar de una mayor riqueza. Como se analizó, es importante tener en cuenta las particularidades que se desencadenaron en distintos países a partir del fin de la Guerra Fría, como el desplazamiento de las industrias al este asiático, así como también el lugar que alcanzó China en este reordenamiento económico. 

En relación con estas deslocalizaciones industriales es importante comprenderlas a la luz de las políticas económicas neoliberales que, como parte de una ideología, propiciaron una mínima intervención de los Estados a favor de  las privatizaciones, la flexibilización laboral, la reducción de los impuestos a los ricos y la disminución del gasto público. 

Asimismo, otro factor a tener en cuenta en este reordenamiento mundial fue, como destacamos, la revolución tecnológica que inauguró la era digital. En relación con este aspecto también fue posible apreciar cómo, de la mano de una democratización de la información, surgen infinidad de problemas vinculados a los derechos humanos y al uso responsable de las redes, la cibercriminalidad y el ciberterrorismo, entre otros.

Entre otras cuestiones, señalamos cómo las desigualdades que afectan a las mujeres se acentuaron en ciertos aspectos con la globalización, lo que conllevó una serie de resistencias que, a su vez, se beneficiaron de la potencialidad de las redes sociales que fomentaron la consolidación de los feminismos a escala planetaria. 

Por último, es importante agregar que en este mundo globalizado se generalizó la explotación de los recursos naturales sin contemplar los cambios climáticos, otro tema que dejamos simplemente enunciado en este balance como apertura para reflexionar y buscar nuevos desafíos de cara a un nuevo modelo económico más equitativo, democrático y sustentable.

 

7. Bibliografía del bloque

  • Aróstegui, Julio, Buchrucker, Saborido, Jorge (dir.) (2012), El mundo contemporáneo. Historia y problemas, Buenos Aires, Biblos.
  • Béjar, María Dolores (2011), Historia del siglo XX. Europa, América, Asia, África y Oceanía, Buenos Aires, Siglo XXI.
  • Bréville, Benoít  y Dominique Vidal (comp.) (2016), Atlas de historia crítica y comparada. Una visión heterodoxa desde la Revolución Industrial hasta hoy, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Capital Intelectual.
  • De la Guardia, Martín, Ricardo M. y Pérez Sánchez, Guillermo A. (1995), La Europa del Este, de 1945 a nuestros días, Madrid, Síntesis.  
  • Gresh, Alain (2011) El Atlas de Le Monde Diplomatique III, Un mundo al revés. De la hegemonía occidental al policentrismo, Buenos Aires, Capital Intelectual.
  • Hobsbawm, Eric (2012), Guerra y paz en el siglo XXI, Buenos Aires, Arte Gráfico Editorial Argentino [1º edición 2006].
  • __ (1987), Historia del siglo XX, Barcelona, Crítica.
  • Marichal, Carlos (2010),  Nueva historia de las grandes crisis financieras. Una perspectiva global, 1873-2008, Buenos Aires, Editorial Sudamericana-Debate.
  • Meyer, Michael (2009), El año que cambió el mundo. La historia secreta detrás de la caída del Muro de Berlín, Bogotá, Grupo Editorial Norma.
  • Rapoport, Mario y Brenta, Noemí (2010), Las grandes crisis del capitalismo contemporáneo, Buenos Aires, Capital Intelectual.

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