La etapa imperialista y el camino hacia la Gran Guerra

Sitio: Campus Claves Académica
Curso: De la Revolución Industrial a la etapa imperialista - Enlace UBA
Libro: La etapa imperialista y el camino hacia la Gran Guerra
Imprimido por: Invitado
Día: domingo, 15 de febrero de 2026, 06:26

1. Presentación



2. Introducción

El proceso de industrialización abordado en el primer y segundo bloque continuó expandiéndose, aunque adquirió nuevas características que reestructuraron y modificaron el orden económico y social mundial tal y como se conocía en la Primera Revolución Industrial. Estos cambios, que se sitúan hacia finales del siglo XIX, estuvieron atravesados por una coyuntura de particular importancia, la primera crisis del sistema capitalista conocida como la crisis de 1873. Esa crisis y posterior depresión económica, cuyos efectos se prolongan hasta mediados de la década de 1890, dieron lugar a una serie de respuestas (migraciones transatlánticas, medidas proteccionistas, el surgimiento de la gestión científica del trabajo, el fenómeno imperialista) que modificaron el rumbo del sistema capitalista y lo llevaron hacia su triunfo. A su vez, estas transformaciones conllevaron la expansión de los mercados a nivel mundial, la competitividad entre potencias industriales y la consolidación de la empresa y estructura productiva moderna. En este bloque abordaremos estos y otros problemas, considerando tanto el rol del Estado como del movimiento obrero. Estudiar este período histórico reviste una particular importancia porque nos invita a reflexionar sobre los fundamentos del mundo contemporáneo. Fueron años de una crisis y posterior expansión del capitalismo como sistema mundial, motorizadas por la idea del “progreso” material y moral que, años más tarde, entrarían en contradicción ante la Primera Guerra Mundial. De aquí, estudiar las últimas décadas del siglo XIX posibilitan comenzar a desentrañar algunas de las principales causas de la Gran Guerra, entre otros temas y problemas, que serán analizados en el curso de Historia Mundial del siglo XX. ¡Comencemos!

3. Segunda Revolución Industrial

Como abordamos en los bloques previos, en la primera Revolución Industrial (iniciada en las últimas décadas del siglo XVIII), con epicentro en Inglaterra y en la industria textil, las innovaciones tecnológicas fueron acotadas, sencillas y de bajo costo. Sin embargo, ya hacia mediados del siglo XIX, relacionado con el crecimiento económico de Gran Bretaña, Francia, Alemania, Estados Unidos y Japón, tales invenciones iniciaron una etapa de gran crecimiento económico. Advertimos así, un importante desarrollo científico y tecnológico que dio luz a lo que hoy se conoce como Segunda Revolución Industrial. En esta Segunda Revolución, la industria básica adquirió un rol central para el crecimiento económico. Las nuevas fuentes energéticas como el petróleo comenzaron a desplazar el carbón y el vapor. Todas estas innovaciones fueron fomentadas por las grandes empresas industriales que, como se verá, fueron de la mano de la gestión científica del trabajo.

Asimismo, con esta etapa de la industrialización se demandó una mayor complejidad, inversión de capitales y mano de obra calificada; en efecto, la educación y la investigación fueron muy relevantes en este período. Y, como una de las consecuencias principales, mejoraron los transportes: los barcos, los ferrocarriles, el automóvil, el avión y, vinculada a la vida cotidiana, la bicicleta. Esta “revolución de los transportes”, especialmente si se considera el trazado de una extensa red ferroviaria, permitió el crecimiento del comercio internacional gracias al abaratamiento de costos para el traslado de productos y pasajeros. También, se incorporaron una variedad de creaciones que revolucionaron la vida moderna y urbana, como la lamparita eléctrica, el teléfono, el telégrafo, el fonógrafo y el cine. Los electrodomésticos comenzaron a ocupar un lugar importante en la vida doméstica y se inventó la aspirina como medicamento universal. Por último, cabe señalar el desarrollo e importancia de la industria química en este período.

Ícono video Para apreciar uno de las tantas innovaciones de la Segunda Revolución Industrial, los y las invitamos a disfrutar de la primera película, el corto que realizaron los hermanos Lumière en 1895.

Ícono video Si querés complementar y seguir complejizando tus conocimientos podés escuchar a Belén Menéndez en el Programa UBA XXI.

4. La Crisis de 1873 y la Gran (larga) Depresión

La caída de la Bolsa de Viena, 9 de mayo 1873. Fuente Internet s/d autor

¿Cuáles fueron las causas de la crisis mundial iniciada en 1873 y la depresión posterior?, ¿qué características definieron a esta crisis?, ¿cuáles fueron sus respuestas?

En primer lugar, para comenzar a desentrañar estos interrogantes cabe recordar, por un lado, que a partir de la revolución industrial el capitalismo no dejó de expandirse en correspondencia del liberalismo como política económica predominante, del rol de la burguesía como clase hegemónica en ese proceso y de las facilidades que brindaba el patrón oro al momento de realizar las transacciones a nivel internacional. Y, por el otro, que hacia 1870 el proceso de industrialización se había expandido más allá de las fronteras británicas. En efecto, para entonces, Estados Unidos y Alemania habían crecido notablemente. Además, naciones como Francia, Bélgica, Norte de Italia y también otros países más atrasados, como por ejemplo Rusia, ya estaban inmersos en un proceso de industrialización. Asimismo, varios países de ultramar se habían incorporado a la economía mundial. Estos señalamientos son relevantes, pues expresan una trama económica más compleja que la del período previo, más conectada y más competitiva.

En segundo lugar, debemos señalar que se trató de la primera gran crisis económica de tipo moderno, ya que su origen no obedeció a un contexto de escasez, característico de las crisis previas. A diferencia de las crisis de subsistencia, en esta coyuntura, dada la mayor industrialización, primó un exceso de producción y saturación de los mercados. ¿Qué significa esto? Que ese aumento de la oferta de productos no lograba ser absorbida por los mercados lo que llevó a un cambio de ritmo económico que culminó en una recesión hacia 1873, de alcance global. 

Como advierte el historiador Eric Hobsbawm es una crisis novedosa y en algún sentido paradójica, porque si bien entre 1873 y 1896 se produce una depresión, esta no inhibió el crecimiento económico pero sí cambió su ritmo. Aunque a un ritmo menos vertiginoso que el conocido hasta entonces, la producción mundial, lejos de estancarse continuó incrementándose. Lo que estaba en juego, entonces, no era la producción sino la rentabilidad -producto del desequilibrio entre la oferta y la demanda- que afectó tanto al sector agrícola como industrial, pues ante la imposibilidad de vender los productos por falta de mercados, los precios de los bienes industriales y los alimentos cayeron impactando de manera negativa en las ganancias. 

De aquí, esta crisis se define, desde algunos enfoques, como una crisis de sobreproducción que se evidenció en una baja dramática de precios a nivel mundial. Este fenómeno conocido como deflación afecta directamente los beneficios de los empresarios, quienes habían realizado inversiones a los fines de obtener ciertas ganancias que luego no fueron satisfechas, pues los productos se vendieron a un precio menor al calculado. Entonces, si aumenta la oferta, pero la demanda se mantiene estable porque los mercados nacionales no llegan a crecer tan rápido como para absorber la oferta que circula, el precio tiende a bajar. De este modo, se genera una crisis de sobreproducción que produce una baja de precios y, por lo tanto, la pérdida de beneficios. El impacto de la crisis se evidenció fundamentalmente en en el sector agrícola. 

Asimismo, es importante considerar que estos factores se relacionan con otros motivos, como la presión ejercida por los avances tecnológicos en la ampliación de una producción extraordinaria, relacionada esta con el abaratamiento de costos que supuso la revolución de los transportes, la extensión de competidores, y la inestabilidad del tipo de cambio, entre otros.

En síntesis, si recordamos que una de las principales premisas de la economía capitalista es la maximización de las ganancias (lo que implica otros dos principios: por un lado, bajar los costes de producción para obtener el mayor beneficio posible y, por el otro, desplazar a los competidores), sin dudas la crisis de 1873 fue una crisis de beneficios, producto de un mundo cada vez más complejo y conectando.

Ícono video  Para complementar la explicación de la crisis de 1873 les proponemos escuchar a Magalí Devés del Programa UBA XXI:

4.1. Respuestas a la Gran Depresión

Para evaluar las distintas respuestas a la crisis, es importante partir del impacto que tuvo ésta en diversos ámbitos. 

El sector agrícola fue tan golpeado por la crisis que suscitó la preocupación de muchos contemporáneos que temían a potenciales rebeliones campesinas. Por ello, en respuesta a esa posibilidad y con el objetivo de descomprimir el descontento social fueron fomentadas principalmente dos soluciones: las migraciones masivas atlánticas y la cooperación. La primera alcanzó a quienes no tenían tierras o a quienes tenían tierras muy pobres y la segunda se orientó a quienes tenían explotaciones viables para su crecimiento y por ese motivo recibieron préstamos al tiempo que se configuraron algunas cooperativas para sustentar la producción y enfrentar la competencia.

En cuanto a las migraciones masivas, Estados Unidos y América Latina se presentaron como tierras promisorias para absorber a la población empobrecida. El 80% del trigo importado por Europa provenía de Estados Unidos: en efecto, sus ventajas comparativas eran tan altas que permitían vender a precios mucho más baratos que los de los agricultores europeos, esto impactó profundamente en el mundo rural, mientras que las ventajas comparativas de las praderas de Estados Unidos incentivaron la llegada de grandes contingentes de trabajadores. ¿Qué otro caso podría resultar más familiar para pensar estas respuestas a la crisis? El caso argentino. 

Las ventajas comparativas de la pampa húmeda basadas en la renta agraria diferencial de la tierra (ingreso extraordinario que se origina de las ventajas naturales que ofrecen la fertilidad del suelo y el clima) se constituyeron como rasgos que impulsaron una gran recepción de inmigrantes de dos naciones que poseían una gran parte de población campesina y que, por lo tanto, habían sido afectadas por la crisis. A su vez, las particularidades de la tierra argentina fueron un gran atractivo para las inversiones de capitales británicos y luego norteamericanos. 

La masividad que alcanzaron esos movimientos migratorios hacia nuestro país se refleja en el tercer censo nacional que se llevó a cabo en Argentina 1914. Allí, se verificó que el 30% de la población a nivel nacional era extranjera y en la Capital Federal el 50%. Entre los inmigrantes se destacó la comunidad italiana y la española, entre otros grupos étnicos.

 Inmigrantes en el Puerto de Buenos Aires, 1912. Fuente: AGN

Inmigrantes italianos recién arribados al Puerto de Buenos Aires, 1907. Fuente: AGN

4.2. El Proteccionismo

Como se ha señalado, la crisis también afectó al mundo de los negocios, en tal sentido tanto el empresariado como los Estados pusieron en marcha respuestas. Se definieron una serie de medidas concretas, que comprendieron desde un cambio en las políticas económicas predominantes hasta una reestructuración del capitalismo. En cuanto al primer aspecto, el ya mencionado historiador Eric Hobsbawm sostiene que “la gran depresión puso fin a la era del liberalismo económico”, pues la misma no sólo reveló una competencia entre empresas sino también entre estados rivales. Dicho de otro modo, con la crisis emergió un gran temor frente al ingreso masivo de productos extranjeros que ponían en riesgo los beneficios obtenidos en las industrias nacionales. Concretamente, a fin de defenderse de los competidores extranjeros, tanto industriales como agricultores solicitaron la intervención del Estado, algunos de los cuales respondieron con medidas de proteccionismo selectivo o neoproteccionismo.  Es decir, con el objetivo de proteger la industria nacional se aplicaron, por ejemplo, barreras aduaneras, tarifas a los productos importados o directamente, en algunos casos, se prohibió la importación de ciertos productos.

Con respecto al proteccionismo es importante aclarar dos cuestiones. En primer lugar, las medidas proteccionistas fueron aplicadas, sobre todo, para bienes de consumo, no así para el capital financiero y la circulación de mano de obra y, en segundo lugar, Inglaterra fue una excepción, pues en tanto mayor exportador de productos industriales, servicios y capitales e importador de materias primas, fue un defensor del libre cambio.

Cartel político donde el Partido Liberal del Reino Unido enfrenta al proteccionismo con el libre comercio; la tienda de libre comercio está llena hasta el borde de los clientes debido a los bajos precios mientras que la tienda basada en el proteccionismo ha sufrido por los altos precios y la falta de clientes. Fuente Wikipedia

Asimismo, desde algunas perspectivas este tipo de medidas proteccionistas que implican la intervención del Estado, en algunos casos, aunque con matices y distintas intensidades, sentó las bases del Estado de bienestar: un tipo de Estado que introduce reformas tributarias progresistas y realiza gastos importantes en educación, salud, seguros sociales; rasgos que como se verá en el curso de Historia del Siglo XX, se desarrollan con mayor fuerza en el contexto de la Depresión de 1930. 

4.3. La concentración económica

Otra de las respuestas para paliar los efectos de la crisis llegó desde el empresariado. Radicó en reducir la competitividad para obtener beneficios y frenar la caída de precios por medio de la combinación de la concentración económica y la racionalización empresarial. Esta articulación da inicio a una etapa de reestructuración de la unidad de producción capitalista con el desarrollo de los trusts, es decir, la fusión de empresas que devinieron en empresas de un tamaño mucho mayor y en el dominio de los mercados por parte de unas pocas.

Para comprender cómo se podría generar la concentración económica existe un método conocido como dumping. Utilizado en ciertas coyunturas críticas, este método consiste en la decisión de las grandes empresas de bajar los precios o establecer acuerdos con otras empresas de tamaño similar para acordar tanto los precios de compra de materia prima como de venta de producto terminado, lo cual puede terminar arruinando a empresas competidoras. Es decir, en tanto una gran empresa puede soportar mejor las fluctuaciones económicas que una empresa pequeña, elige vender su producto a un precio bajo (tal vez hasta a pérdida) porque poseen la capacidad de resistir esa pérdida. Por el contrario, las pequeñas empresas, frente a los competidores, no pueden resistir, funden y, en muchos casos, son compradas por las más grandes que alcanzan una concentración de su poder económico. En este sentido, la crisis dio paso a la existencia de cárteles y trusts. A su vez, los cárteles, y sus vínculos cada vez más estrechos con las entidades bancarias, dieron paso al capitalismo financiero. 

Otro aspecto relevante que se relaciona con dicha concentración fue la racionalización de las empresas, denominada gestión científica del trabajo. Con el objetivo de obtener mayores beneficios a partir de la reducción de los costos unitarios de producción se llevaron a cabo las ideas del ingeniero Frederick Taylor, quien, vinculado a la industria del acero, propuso aplicar nuevas técnicas para racionalizar la organización del trabajo en aquellas empresas más grandes a las que se hizo referencia. Para ello, fue planificado un sistema -conocido como “taylorismo”- que buscaba un mayor rendimiento de los trabajadores, eliminando los tiempos muertos de producción a partir de la simplificación e intensificación del trabajo. 

¿Cuáles fueron las medidas que lograron la obtención de mayores beneficios y que reestructuraron las grandes empresas capitalistas?

Concretamente, se aplicó una separación total de la planificación y de la ejecución del trabajo por medio de un conjunto de medidas como la estandarización de las tareas y de los productos para lograr producir rápido y barato. De esta manera, el trabajador dejó de controlar el proceso de producción al realizar ahora una tarea específica, sencilla y de forma aislada; se introdujo el cronómetro (instrumento de control del tiempo y del movimiento del trabajador para eliminar los tiempos y movimientos improductivos) y se aplicaron incentivos y castigos para producir más. Para llevar a cabo esta racionalización del trabajo fue calculado el “trabajo promedio”, aunque en la práctica esto equivalía a tomar cómo parámetro al trabajador que más rápido realizaba su tarea.

En este momento es cuando se inicia el estudio de la administración de empresas como “ciencia” y se impone un término que ya utilizamos: el de planificación, pues, las grandes empresas comienzan a organizarse a partir de diferentes funciones realizadas por el dueño, el gerente, el personal de recursos humanos, contaduría, producción y distribución. En efecto, surgirán los primeros manuales que reglamentan dicha organización. Así, se produce una clara división entre los trabajadores de cuello azul y los de cuello blanco (entre quienes realizan un trabajo manual de aquellos que realizan el trabajo intelectual).

Estas propuestas impulsadas por Taylor se profundizaron más tarde con las ideas de Henry Ford, célebre fabricante de automóviles, que ahondó en aquella articulación planificada entre el uso racional de la maquinaria y la mano de obra, al introducir la cinta transportadora. La misma constituyó una de las mayores innovaciones que permitieron aumentar la productividad, pues la permanencia rígida de los trabajadores en sus puestos de trabajo y su acción regulada por la cinta transportadora era la que otorgaba la cedencia de los movimientos del proceso productivo.

Además, Ford, siguiendo con la lógica de mejorar la productividad, incentivó la presencia de los sindicatos y de los convenios colectivos de trabajo para mejorar las remuneraciones.

Ícono video Las y los invitamos a ver un breve fragmento de la película Tiempos modernos de Chaplin, en el que, de modo satírico e irónico, se observa la jornada laboral de un trabajador, sujeto al ritmo de la cadena de montaje y la alienación que este movimiento sistemático producía. Es decir, Chaplin muestra de manera crítica el devenir del ser humano en una suerte de autómata, consecuencia de la estandarización y disciplinamiento del trabajo.

Tiempos Modernos de Chaplin

4.4. El Imperialismo

Una de las consecuencias más relevantes de la crisis fue el surgimiento del fenómeno imperialista. En los años siguientes a la gran depresión de 1873, sobre todo entre 1880 y 1914, las principales potencias europeas, Estados Unidos y Japón, llevaron a cabo el despliegue sistemático de una política de expansión colonial, cuyo objetivo era asegurarse grandes porciones del mercado, la provisión de materia primas y bajar los costos de producción. Más específicamente, se produjo un proceso de expansión colonialista sobre África y Asia, que implicó el control económico y político de dichos Estados (las metrópolis) sobre los territorios denominados (las colonias). 

El imperio británico fue el más amplio, extendiéndose por vastas regiones del globo, y luego seguían Francia, Bélgica, Holanda, Italia, Alemania, Japón y Estados Unidos. A las colonias formales se añadían las colonias informales (dominación sólo económica); por ejemplo podría pensarse en el caso de Argentina dentro de la región latinoamericana. 

Fuente: Atlas de historia crítica y comparada. Una visión heterodoxa desde la Revolución Industrial hasta hoy, Benoít Bréville y Dominique Vidal (comp.), Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Capital Intelectual, 2016

Si bien las potencias europeas ya ejercían cierto control de las costas africanas y asiáticas (a través del comercio y del sistema de factorías), hacia 1880 se emprendió la conquista de los territorios internos, ejerciendo una dominación total sobre los territorios coloniales. Todo este proceso implicó una gran violencia y represión sobre la población nativa de las colonias. A su vez, el “reparto del mundo” generó una división internacional de trabajo, rivalidades y competencias entre las diferentes potencias, como veremos más adelante. En la siguiente imagen, podemos advertir cómo los representantes de diversas naciones se reparten el globo (como si fuera una torta), mientras que uno de ellos (Alemania), es impedido para apropiarse de su parte (aludiendo a la tardía apropiación de colonias por parte de Alemania).

Fuente: Wikipedia

¿Qué otras explicaciones debemos considerar para explicar la expansión imperialista europea? ¿A qué causas obedeció dicha expansión? Existen diversas interpretaciones por parte de los historiadores, como también analistas de la época. Por un lado, algunos trabajos ponderan la prevalencia de los objetivos políticos y militares para explicar la expansión imperialista de Europa, por ejemplo, la búsqueda del control de zonas estratégicas, o bien, objetivos de tipo ideológicos: exaltar un orgullo imperial en sus naciones, para, entre otros motivos, reducir los conflictos sociales internos. Así, la expansión industrial y de los Estados era considerada una demostración de la fuerza de la nación. En este sentido, el nacionalismo fue uno de los argumentos de la expansión imperialista, pues esta estimulaba un sentimiento de superioridad étnica (por sobre los pueblos sometidos), y era vista como una misión civilizadora sobre los pueblos considerados “inferiores” y “atrasados” en términos raciales, culturales y económicos. El capitalismo era concebido, entonces, como símbolo del “progreso” y de la “civilización”. 

Los/as invitamos a leer el siguiente fragmento del secretario de Asuntos Coloniales de Gran Bretaña, en el cual se advierten algunas de estas cuestiones:

Por último, con respecto a las interpretaciones sobre el imperialismo, es importante destacar que aquellas que ponderan las motivaciones económicas de las potencias, o bien, las razones de índole político-ideológico colocan la mirada en Europa, es decir, parten de las decisiones y motivaciones de las potencias para explicar la expansión imperial. En contraposición con dicha postura, algunos trabajos consideran sumamente importante hacer hincapié en el rol de los grupos locales de las colonias, y en el colaboracionismo de las élites nativas de África y Asia con los funcionarios imperiales europeos, para entender cómo se produjo la dominación colonial.

Ícono video Si querés complementar y seguir complejizando tus conocimientos podés escuchar a Joaquín Calvagno del Programa UBA XXI:

5. La Belle Époque (1896-1914)

La Belle époque refiere a una época caracterizada por la euforia que surgió cuando se logró dejar atrás a la Gran Depresión, inaugurando un período de extraordinario crecimiento económico, relacionado con los réditos que trajeron aparejados el imperialismo y el nuevo modelo de reestructuración promovida por las grandes empresas, pues ambos factores potenciaron una gran circulación de productos en esa búsqueda de nuevos mercados. En correspondencia a ello, es importante señalar el papel clave y el desarrollo que tuvo el sistema publicitario, como un eslabón central al momento de fomentar la configuración de una gran masa de consumidores que, en efecto, en este período creció notablemente estimulando la producción de bienes de consumo, los cuales, de acuerdo a la mentalidad de una burguesía en crecimiento, mejoraba su vida. Además, en relación con todas las transformaciones señaladas hasta aquí, se produjo el incremento del sector terciario de la economía, tanto público como privado, que se expresó en un aumento de puestos de trabajo en oficinas, de trabajo administrativo, trabajo en tiendas y otros servicios.

De aquí, se comprende la relevancia que tuvo la expansión imperialista en relación con la ampliación de la base geográfica de la economía mundial y el proceso de industrialización. Asimismo, el mercado internacional de materias primas se amplió extraordinariamente, como se señaló, a partir de la división internacional del trabajo en donde varios países se especializaron en uno o dos productos básicos para exportarlos al mercado mundial. La función primordial de estos países productores de materias primas era el de complementar -y no competir- con las economías de las metrópolis.

Por último, es importante destacar, como se verá en el curso de Historia del siglo XX, que este crecimiento económico también se explica por los vínculos próximos entre la política y la economía, evidente en la carrera armamentística que reforzó la dinámica de concentración del capitalismo y la puesta en marcha de una parte de la tecnología al servicio de la muerte. En este período de paz, se desarrolló una modernización de la armada como consecuencia de los aumentos del presupuesto de los Estados a los ministerios y de los impuestos que lo solventaron. En este sentido, cabe destacar que la belle époque es una visión que se impuso retrospectivamente al padecer las consecuencias dramáticas de la guerra y ansiar una vuelta al período previo.

¿Sabías que la Belle Époque se expresó y celebró en las Exposiciones Universales?. La Exposición Universal de París, realizada en 1900, como se ha destacado, fue el mayor escaparate internacional del diseño, el arte y la tecnología. A raíz de esta exposición se consolidó aquella representación de París como capital cultural mundial.


Fuente: Biblioteca Forney. París, Francia

Fuente: Museo de Bellas Artes de la Ciudad de París

6. Cambios políticos y sociales en los sistemas políticos

¿Qué cambios a nivel político se dieron en este período?

En estos años se produjo un avance de la democratización en los sistemas políticos liberales de los Estados europeos. Tengamos presente que hasta este período, el derecho de votar no era universal para todos los hombres y las mujeres, sino que estaba limitado a varones pertenecientes a determinados sectores sociales, y se obtenía en virtud de la riqueza o de la instrucción educativa alcanzada.

Entonces, a partir de 1880, se produjo una democratización progresiva de la política, que quiere decir que el derecho a votar se fue extendiendo a todos los ciudadanos. Dicho proceso se produjo en un contexto de demandas de vastos sectores sociales, de tensiones y también de temores por parte de las clases dirigentes, las cuales consideraban peligrosa la extensión de los derechos políticos, ante la eventual inclinación electoral del movimiento obrero por los partidos socialistas, que cuestionaban el orden económico capitalista. Pese a ello, hacia 1914, los Estados europeos habían avanzado en la democratización de la política, alcanzando el sufragio universal masculino.

¿Y las mujeres? La lucha del movimiento feminista por la obtención del derecho al voto de las mujeres fue reprimida por muchos años y hubo que esperar varios decenios para ver cumplido su reclamo, ya en el siglo XX.

Parate en la flecha y avanzá en el carrousel:

 Imágenes 1, 3 tomadas del film Las Sufragistas (dirigida por Sarah Gavron y con guion de Abi Morgan). Imagen obtenida en Internet

Imagen 2 tomada del film La carrera del siglo (The Great Race, Blake Edwards, EUA, 1965). Imagen obtenida en Internet

Imagen 4 Liga de sociedades religiosas por el sufragio femenino (1914). Imagen obtenida en Internet

Imagen 5 Una niña haciendo campaña a favor del sufragio femenino en Reino Unido a principios del siglo XX. Londres (Reino Unido), 1890 (CA.). Fuente Archivo ABC

¿Vieron la película Las sufragistas (2015)? Es una película que aborda la demanda del derecho al voto femenino en Gran Bretaña, y pueden comprender dos cuestiones centrales: primero, cómo las mujeres desarrollaron una conciencia de clase, es decir, cómo se vieron a sí mismas en tanto mujeres trabajadoras, a partir de la experiencia y de la explotación sufrida en el ámbito laboral y doméstico y, segundo, sobresale la lucha de una de las líderes más reconocidas: Emmeline Pankhurst.

Paralelamente a dicho proceso, los Estados fomentaron el sentimiento nacionalista entre sus ciudadanos. Así, se buscó cubrir un vacío que había dejado la política liberal racional, alentando la lealtad emocional de la sociedad hacia la Nación, a través de símbolos (por ejemplo, el himno nacional), exaltando tradiciones, una historia en común. En este sentido, se buscaba reafirmar la identidad nacional de los ciudadanos con derecho a voto, por sobre la identidad de clase (obrera), como veremos a continuación.

¿Qué cambios se produjeron en la sociedad? El ambiente social, profundamente afectado por los efectos de la industrialización, por el aumento de los trabajadores y trabajadoras, fue muy receptivo a las ideas socialistas de Marx y Engels, que arrojaban esperanza en la resolución de los conflictos con los capitalistas y el Estado.

 Carlos Marx  1818 - 1883 

/ Federico Engels 1820 - 1895 

En la segunda mitad del siglo XIX, los trabajadores comenzaron a organizarse, a través de sindicatos y partidos políticos, logrando mejorar paulatinamente, a lo largo de los años, sus condiciones laborales. En 1889, se conformó la Segunda Internacional de Trabajadores, que abogaba por la organización de la clase trabajadora a nivel internacional, en pos de una revolución socialista que derribara al capitalismo.

El Cuarto Estado, pintura de Giuseppe Pellizada Volpedo

No obstante, conforme algunas reformas favorables a los trabajadores se alcanzaban en algunos Estados europeos (a nivel laboral y la obtención del derecho al sufragio masculino), el movimiento obrero se dividió entre quienes abandonaron la idea de revolución, y apostaban por una vía pacífica hacia el socialismo (es decir, votando en las elecciones por partidos socialistas que, una vez en el gobierno, dieran paso al Socialismo), de defender las mejoras laborales obtenidas, y aquellos que continuaban sosteniendo la necesidad de una revolución para generar cambios en la situación del trabajador y la trabajadora.

Por último, cabe destacar que la Primera Guerra Mundial impactó en el movimiento obrero. La Segunda Internacional se disolvió tras su inicio, ante el predominio de un marcado sentimiento nacionalista entre la mayoría de los diputados socialistas y en vastos sectores del movimiento obrero, por sobre la identidad internacionalista, de clase (de unidad de todos los obreros del mundo, sin importar la nación), esencial para la revolución socialista. Como veremos más adelante (en el curso de Historia del Siglo XX), al calor de los sucesos revolucionarios en Rusia y tras años de sangrientos combates bélicos, el fervor nacionalista fue menguando en los combatientes y en la sociedad, dándose inicio a un período revolucionario en Europa. 

7. A modo de síntesis

En este bloque hemos analizado varios procesos de finales del siglo XIX vinculados a la primera crisis capitalista, las salidas que fortalecieron la consolidación del capitalismo industrial, el denominado “reparto del mundo” y la división internacional del trabajo que produjo una enorme brecha entre los países industriales y una gran mayoría de las naciones, que se integraron a la economía mundial como proveedores de alimentos y/o materias primas. Todo ello en el marco del imperialismo, cuyas características y evidenciaron la aceleración de una economía global que penetró en los rincones más remotos del mundo: se desarrolló un entramado de transacciones económicas, comunicaciones, circulación de productos, dinero y personas que vinculaba y jerarquizaba países. Más tarde, y desde alguna perspectiva de análisis, esta jerarquización clasificó a los países en “desarrollados” y “subdesarrollados”. 

Asimismo, procesos como el de la nacionalización de las masas y el proceso de democratización de la política, que significó la extensión del derecho al voto en amplios sectores de la población, implicó grandes cambios en el tipo de vínculo dados entre las sociedades y los gobiernos. 

Todos estos aspectos se podrán seguir indagando en el curso de Historia del siglo XX.

¡Las y los esperamos allí!

8. Bibliografía del bloque

  • Aróstegui, Julio, Buchrucker, Saborido, Jorge (dir.) (2012), El mundo contemporáneo. Historia y problemas, Buenos Aires, Biblos.
  • Béjar, María Dolores (2015), Historia del mundo contemporáneo (1870-2008), La Plata, EDULP (Libros de cátedra. Sociales). En Memoria Académica. Disponible en:
  • http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/libros/pm.419/pm.419.pdf
  • Comín, Francisco (2005), “La segunda revolución industrialización en el marco de la primera globalización (1870-1913)”, en E. Llopis Agelán, M. Hernández Benítez, F. Comín (coords.), Historia Económica Mundial: siglo X-XX, Barcelona, Crítica.
  • Hobsbawm, Eric (2006) , La era del capital, 1848-1875, Buenos Aires, Crítica.
  • __, (2007), La era del imperio, Buenos Aires, Crítica.
  • __, (1991), Naciones y nacionalismo desde 1780, Barcelona, Crítica.
  • Neffa, Julio César (1999), Crisis y emergencia de nuevos modelos productivos, Clacso.

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