La expansión del proceso de industrialización: 1830 - 1870

Sitio: Campus Claves Académica
Curso: De la Revolución Industrial a la etapa imperialista - Enlace UBA
Libro: La expansión del proceso de industrialización: 1830 - 1870
Imprimido por: Invitado
Día: domingo, 15 de febrero de 2026, 06:26

1. Presentación

2. Introducción

En este segundo bloque se abordarán contenidos vinculados a la segunda fase del proceso de industrialización que expresa el triunfo del capitalismo, de la burguesía y del liberalismo. Caracterizada esta fase por el trazado de líneas férreas, entre 1830 y 1850 diversas regiones se conectaron dinamizando así la economía a una escala global. Ligado al estímulo que significó el ferrocarril, el desarrollo industrial se expandió hacia distintas naciones como Francia, Alemania, Rusia, Estados Unidos y Japón. Desde una visión comparativa, se recorrerán algunos de estos casos para poder advertir, por un lado, la convivencia y el peso de distintas formas de organización del trabajo y, por el otro, cómo el crecimiento de ciertas sociedades posteriormente desplazarán la hegemonía de Inglaterra. 

En este bloque también se estudiará el impacto social de dicha expansión, relacionada con la conformación de nuevas clases obreras en el continente. Y, en correspondencia con estos cambios, se prestará una particular atención a la organización de los obreros y obreras, a las ideologías que comenzaron a desarrollarse conforme la industrialización alteraba los modos de vida y de organización laboral y a los procesos revolucionarios que marcaron a fuego la primera mitad del siglo XIX. 

Todos estos temas y problemas están guiados por una serie de interrogantes que funcionan como un guía de lectura: ¿qué características adoptó la industrialización en otras regiones?, ¿se trató de un proceso disímil al caso inglés?, ¿cómo impactaron tales transformaciones en las diferentes sociedades europeas?, ¿cómo se fueron organizando los y las trabajadores/as en dichos años?, ¿qué ideales guiaban su lucha?

¡Comencemos!

3. La segunda fase de la Revolución Industrial

Para comenzar a analizar la segunda fase del proceso de industrialización, es necesario agudizar la mirada sobre un nuevo sector industrial que dinamizará la economía europea a partir de 1830: el ferrocarril. Este último constituyó así, un gran incentivo para la inversión de capitales, el hierro, el acero, el carbón y la maquinaria pesada, como asimismo el trabajo, dando inicio a la expansión del capitalismo a nivel global.

¿Cuándo y dónde comenzó a funcionar la primera línea férrea? En 1825 las locomotoras de vapor de la pionera línea Stockton-Darlington unieron la zona minera interior de Durham (nordeste de Inglaterra) con el afluente del río Tees. La función principal consistía en el traslado del carbón para su posterior comercialización. 

Celebración del centenario de la inauguración de la línea Stockton-Darlington, 1925. Fuente: BBC

A partir de allí y en los años subsiguientes las inversiones en la industria ferroviaria se incrementaron considerablemente: se construyeron tendidos de vías ferroviarias en numerosas regiones y estados. ¿Qué consecuencias trajo el auge del ferrocarril? Por un lado, revolucionó el transporte y las comunicaciones, pues se acortaron las distancias, se abarataron los costos y se conectaron las economías regionales. Por otro lado, incidió de manera favorable el desarrollo industrial de otros sectores, como por ejemplo el impulso de la industria siderúrgica y la producción de acero. 

La Gare Saint-Lazare, Claude Monet, 1877 

Bréville, Benoit, Atlas de historia crítica y comparada. Una visión heterodoxa desde la Revolución Industrial hasta hoy, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Capital Intelectual, 2016

A su vez, como se verá, el sector ferroviario favoreció la expansión del capitalismo industrial a otros estados europeos (por ejemplo, Bélgica, Francia, Alemania), como también a los Estados Unidos y Japón. Si bien Inglaterra, hasta 1870, continuó asumiendo una primacía industrial a nivel internacional, es en este período cuando comenzó a modificarse su poderío frente a la expansión que atravesaron vastas regiones europeas. 

Entonces, ¿cuáles fueron los productos industriales más relevantes de esta etapa? En estrecha relación con la difusión del tendido de líneas férreas, se destacan el hierro, el acero y el carbón. Cabe señalar aquí que la producción de acero a bajo costo se incrementará con el perfeccionamiento de los procesos químicos que convierten hierro en acero y será un sector de punta en el marco ya de Segunda Revolución Industrial que se inició hacia la década de 1870. Los artículos textiles, punta de lanza de la industrialización hacia fines del siglo XVIII, tuvieron un rol importante, pero ya no representaron el sector más dinámico para el desarrollo económico.

4. La industrialización se expande a Europa continental

El proceso revolucionario industrial originado en Inglaterra hacia fines del siglo XVIII se extendió hacia otros estados europeos en las primeras décadas del siglo XIX, lo que significó cambios económicos, sociales y políticos y la adopción de características particulares según el caso analizado. 

¿Cómo se produjo el desarrollo industrial más allá de Inglaterra, la nación precursora en dicha senda?

Ciertamente, un análisis comparativo permite contrastar diversas vías hacia la industrialización. En el bloque anterior, hemos analizado el caso inglés hacia fines del siglo XVIII, las diversas causas e interpretaciones sobre su rol pionero, el tipo de industria predominante, sus vinculaciones con el mercado interior y exterior, entre otras cuestiones. 

Al colocar la mirada en la industrialización del continente, debemos tener en cuenta que la relación entre Inglaterra y este último adoptó rasgos de complementariedad/interdependencia, debido a varias razones: por un lado, el modelo inglés impulsó el desarrollo de otras regiones, favoreciendo los conocimientos y las técnicas. Pero, por otro lado, los países que comenzaban a industrializarse demandaban grandes cantidades de hierro, carbón y maquinarias a Gran Bretaña, lo que la benefició enormemente. 

A su vez, la industrialización en el continente europeo se caracterizó por un mayor protagonismo del Estado en el desarrollo económico. Así, a diferencia de Inglaterra, el impulso estatal fue esencial en la construcción de las redes ferroviarias, como asimismo existía una mayor dependencia de una legislación comercial y bancaria y de un aparato financiero. Veamos con más detenimiento algunos de dichos desarrollos nacionales.

4.1. Francia

¿Cómo se caracterizó el proceso de industrialización en Francia? En torno a dicho interrogante, se suscitaron numerosos debates historiográficos, centrados en el ritmo del desarrollo industrial, si el mismo implicó un retraso con respecto al caso inglés, entre otros aspectos.

Les proponemos iniciar el recorrido deteniéndonos en los factores que influyeron en el desarrollo de la economía francesa, entre finales del siglo XVIII y el siglo XIX. En primer lugar, debemos dar cuenta de algunas variables que favorecieron al desarrollo económico de tipo capitalista. Nos referimos a las condiciones propicias del legado de la Revolución francesa y del período napoleónico, vinculadas a la estructura jurídica e institucional. Así, a partir de 1789, las medidas de los revolucionarios conllevaron cambios radicales que sentaron las bases para el desarrollo de tipo capitalista: tras la abolición de los derechos señoriales y de los privilegios de la nobleza y el clero, se estableció la igualdad jurídica de todos los hombres. Al lema revolucionario “Libertad, Igualdad, Fraternidad” debemos sumar el derecho sagrado a la propiedad privada, que sentaba las bases, sin dudas, para un desarrollo de tipo capitalista. También se establecieron los principios básicos del liberalismo económico, pues al desplazar el régimen de las corporaciones, de los gremios, que paralizaban la iniciativa individual, se incentivó la libertad para producir, para trasladar hombres, mercancías y capitales. Asimismo, se eliminaron las aduanas internas y los peajes en suelo francés, creando un mercado interno unificado que propiciaba el libre desarrollo del comercio y de la economía en general. Todas estas reformas legislativas y otras medidas tendientes a favorecer el desarrollo de una economía capitalista (garantía legal para la libertad contractual, reconocimiento de las letras de cambio y la sociedad anónima, entre otras) fueron unificadas en el Código Napoleónico (1804), el cual institucionalizó los principios revolucionarios. 

Código Napoleónico. Fuente: www.bridgemanart.com

En segundo lugar, también deberíamos considerar algunas variables que obstaculizaban el desarrollo de la economía francesa, entre ellas: la evolución demográfica, la insuficiencia de recursos naturales (el escaso carbón, por ejemplo), entre otros. A su vez, es importante destacar que la evolución de la población rural francesa fue muy diferente al caso inglés. Recordemos que en Gran Bretaña, merced al proceso de cercamientos de tierras, la población rural fue despojada gradualmente de sus parcelas, conformando así un ejército de reserva de mano de obra en las ciudades. En Francia, el proceso fue muy distinto: durante la Revolución francesa, la venta de tierras eclesiásticas y de los nobles emigrados posibilitó la compra por parte de muchos campesinos y su permanencia en el área rural en tanto pequeños propietarios. 

El peso de la vida rural de la Francia decimonónica ha quedado retratada en un conjunto de obras del pintor francés Jean Francois Millet (1814-1875). Les compartimos algunas de ellas.

 


Fuente: https://juanmuro52.wordpress.com/2011/04/19/el-pintor-campesino

La estabilidad de la población campesina en el área rural es indicada por algunos autores como un factor negativo para el proceso de industrialización en suelo francés, el cual adquirió otros rasgos durante gran parte del siglo XIX, centrado en la producción artesanal urbana y no en las grandes fábricas. 

Las industrias más florecientes de Francia durante gran parte del siglo XIX fueron las de artículos de lujo (sedas, porcelanas), cuyos orígenes se remontan a la producción artesanal de los gremios del Antiguo Régimen. Se trataba de un tipo de industria diferente a la inglesa, centrada en productos de alta calidad. En las siguientes ilustraciones podemos apreciar el trabajo de los denominados canuts, trabajadores/as de la seda, en talleres de Lyon: 

Cuadro de Jules Férat

Fuente: By Jules Férat/ Frederick William Moller - http://traboule.free.fr/historique.html, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2996661 

 Fuente: https://fabricadelamemoria.com/tejiendo-la-seda-de-la-historia-los-canuts/

Revisión de la noción de “retraso” francés

La noción de retraso se esgrime a partir de un ejercicio comparativo con la industrialización inglesa; es decir, comparado con el caso inglés, el proceso inglés habría sido tardío y lento. Pero ¿existe una vía única hacia la industrialización? ¿el caso inglés era necesariamente el modelo a imitar? Frente a estos interrogantes, muchos historiadores advierten la existencia de múltiples caminos hacia el desarrollo industrial. En el caso de Francia, se habría tratado de una forma de industrialización alternativa, gradual: iniciado en las últimas décadas del siglo XVIII, centrado en la industria rural a domicilio (del lino y el algodón) y luego afianzándose en el sector artesanal urbano, tuvo alternancia de períodos de aceleración y desaceleración del crecimiento. Por ejemplo, entre 1815 y 1860 la industrialización estuvo centrada en las formas de producción tradicionales, con mecanización reducida y un alto empleo de mano de obra. 

En síntesis, en el caso francés, a diferencia de Inglaterra, no hubo una etapa de despegue identificable y, según algunos historiadores, se trató de una industrialización sin “Revolución Industrial”, donde primó hasta aproximadamente la década de 1870 el denominado “dualismo industrial”. Este refiere a la coexistencia de formas tradicionales e innovadoras de producción, muchas veces complementarias.

4.2. Los Estados alemanes

Si continuamos repasando algunos casos de industrialización, es posible advertir que, a diferencia del proceso gradual iniciado en Francia, el caso alemán es muy llamativo. Fue un proceso tardío pero de acelerada expansión, pues, en comparación con los centros comerciales del noroeste de Europa, aquella imagen de Alemania asociada a la fragmentación de un conjunto de estados atrasados en términos económicos, dio paso a fines del siglo XIX a la de un imperio unificado e industrializado, que disputará el poderío que poseía Inglaterra sobre los mercados. Y lo interesante de este proceso vertiginoso, como ha señalado un historiador, Tom Kemp, es esa peculiar combinación entre estructuras institucionales tradicionales y el desarrollo de las formas más desarrolladas del capitalismo. 

¿Cuáles fueron los factores que propiciaron este peculiar desarrollo? 

Por un lado, una serie de condicionantes obstaculizaron el temprano desarrollo industrial en la región germánica. En términos políticos, debemos destacar que Alemania recién se constituyó como un Estado Nacional unificado en 1871. Antes, más concretamente a partir de 1815, tras la derrota de Napoleón Bonaparte, se conformó la Confederación Alemana constituida por 39 Estados autónomos política y económicamente. Dicha fragmentación política se presentó como un obstáculo para el desarrollo industrial y comercial de la zona germana, cuya expresión más clara se advierte en la presencia de numerosas aduanas internas y las dificultades de los pasos fronterizos en toda la región. 

No obstante, entre 1840 y 1870 los Estados alemanes fueron sorteando las trabas mencionadas a la modernización de la economía y al desarrollo industrial. Liderada por el reino de Prusia, la creación de un mercado común aduanero en 1834 (Zollverein) contribuyó a homogeneizar económicamente aquella realidad política fragmentada. Si bien no incluyó a la totalidad de los Estados alemanes, significó un paso fundamental hacia el camino de la unificación política.

Por otro lado, la regulación gremial en los talleres artesanales de los Estados alemanes pervivió hasta aproximadamente el decenio de 1840. Y, como vimos para el caso francés, la producción corporativa y el consiguiente control sobre el proceso productivo y comercial atentaba contra la producción industrial moderna, limitando la competencia y la libertad de producir.

Entonces, mientras se iniciaba un crecimiento de la industrialización a partir de los años cuarenta, este no fue uniforme en todos los Estados alemanes, concentrándose en algunas regiones: el Ruhr y Silesia. Ciertamente, Prusia se destacaría como el estado más dinámico, y su desarrollo, cabe señalar, radicó en la abundancia de carbón y de hierro (minerales estratégicos en la industrialización). En la siguiente ilustración artística, y en un clima que podría representar el “infierno”, podemos observar numerosos obreros trabajando en la fundición de metales.

                                         La fundición. Los cíclopes modernos trabajando, óleo de Adolph von Menzel, 1875 Fuente: https://historia-arte.com/obras/la-fundicion

Como ya hemos mencionado, los gobiernos en el continente tuvieron una mayor participación en el desarrollo industrial, y en el caso de Prusia el Estado explotaba una gran proporción de las minas del país, lo que significó una importante industria siderúrgica y la centralidad del ferrocarril: las rieles ferroviarias complementaron la unión aduanera, en tanto facilitaron la comunicación de los diferentes estados alemanes. Además, el ferrocarril fue el gran impulsor de la modernización industrial, en tanto acortó los tiempos y distancias, abarató los costos de producción y generó así una gran demanda de manufacturas, bienes industriales y de maquinaria, que incentivó el desarrollo de una serie de ramas industriales.

Fábrica de municiones Krupp (1861), en Alemania Fuente: Atlas de historia crítica y comparada. Una visión heterodoxa desde la Revolución Industrial hasta hoy, Benoít Bréville y Dominique Vidal (comp.), Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Capital Intelectual, 2016

A su vez, debemos considerar que el desarrollo de Prusia se basó en la concentración del capital financiero en grandes corporaciones bancarias, que actuaron más como inversionistas que como banqueros, con lo que dominaron la industria y facilitaron su concentración.

Por último, y no menos importante, el Estado prusiano destinó un elevado porcentaje de sus ingresos en materia educativa. Con el objetivo de propiciar la formación profesional de técnicos y científicos invirtió grandes sumas en un sistema educativo avanzado; prueba de ello es el desarrollo de la más potente industria química de Europa. 

De esta manera, tras la unificación política en 1871 liderada por Prusia, el proceso de industrialización se extendió, adoptando alcances nacionales. Y, hacia fines del siglo XIX, constituía la principal economía industrial de Europa continental, una potencia económica y militar que entraría en coalición con los intereses británicos, en el marco de un mundo de economías capitalistas competitivas y rivales. En palabras de Eric Hobsbawm asistimos a la “Era del Imperio”.

 

5. Consecuencias político-sociales: las revoluciones

El legado de la Revolución francesa de 1789 originó fuertes resistencias, entre las que se intentó una “restauración absolutista”. Sin embargo, frente a los múltiples cambios sucedidos entre fines del siglo XVIII y las primeras décadas del siglo XIX, la aspiración de un retorno a las monarquías absolutas era ya imposible. En efecto, a lo largo del siglo XIX se produjeron una oleada de “revoluciones burguesas” que expresaron el descontento social y la proclama de nuevos derechos en el marco del desarrollo capitalista. Es decir, en el marco de estas revoluciones se expresaron diversas ideologías y programas de los partidos liberales, radical-democráticos y socialistas. Figuras como Robert Owen, Blanqui, Louis Blanc, Marx y Bakunin promovieron distintos cambios sociales. 

¿Y las mujeres? Sin duda, muchas trabajadoras y pensadoras persiguieron ideales de igualdad social y de género. En el caso francés, un grupo relevante de mujeres participó activamente por la emancipación durante los años 30 del siglo XIX. Destacaremos la creación del periódico, La Femme Libre que luego se llamaría Tribune des Femmes. Así, educadoras y obreras se acercaron al socialismo y desde allí defendieron los derechos de la mujer trabajadora y la emancipación femenina: entre ellas, Eugénie Niboyet, Suzanne Voilquin, Désirée Véret, Jeanne Deroin, Marie-Reine Guindorf, Flora Tristán, entre otras.

Ícono video Les dejamos un audio con un pequeño fragmento del 1° número de La Femme Libre (en 1832), en el que realizan un “Llamamiento a las mujeres”:

 
Tres fueron las revoluciones burguesas que signaron el período 1815-1848: la revolución de 1820-1824, limitada a la zona del Mediterráneo, con España, Nápoles y Grecia como epicentro, esta última la única exitosa. No obstante el fracaso general, cabe señalar que la revolución acaecida en España reavivó el movimiento de liberación de sus provincias sudamericanas. La segunda ola, situada entre 1829-1834, estuvo signada por la “Revolución de Julio” en Francia, cuyo símbolo central fueron las barricadas como símbolo de la insurrección popular.

Eugène Delacroix, La Libertad guiando al pueblo. Fuente: Wikipedia

La “Revolución de Julio”, que implicó la caída de los Borbones en Francia, estimuló diferentes alzamientos en Europa al oeste de Rusia y continente norteamericano y selló la derrota definitiva del poder aristocrático y el triunfo de la gran burguesía. De esta manera, en naciones como Inglaterra, Francia y Bélgica, se impusieron como sistema político las monarquías constitucionales. Ahora bien, dentro de esta oleada revolucionaria es importante destacar el protagonismo que tuvieron los trabajadores y trabajadoras pobres como clase social y fuerza política independiente en Inglaterra y Francia. Del mismo modo, hay que enfatizar la aparición de movimientos nacionalistas en varios países europeos.

Revueltas de los Canuts (Lyon, 1831) Ilustración anónima, publicada en Petite Histoire de la France et de la civilisation française (1939). Puede leerse: “vivir trabajando o morir combatiendo”

Asedio a la dieta federal en Frankfurt, grabado sobre madera

Bréville, Benoit, Atlas de historia crítica y comparada. Una visión heterodoxa desde la Revolución Industrial hasta hoy, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Capital Intelectual, 2016

Por último, se levantó la mayor de las olas revolucionarias, la de 1848, conocida como “la primavera de los pueblos” por su alcance, velocidad y simultaneidad. La revolución estalló y triunfó en Francia, en casi toda Italia, en los estados alemanes, en gran parte del Imperio de los Habsburgo y en Suiza. También afectó a España, Dinamarca y Rumania y de forma esporádica a Irlanda, Grecia e Inglaterra. Nunca se estuvo más cerca de la revolución mundial soñada, pues como escribió el historiador Eric Hobsbawm: “Lo que en 1789 fue el alzamiento de una sola nación era ahora, la primavera de los pueblos de todo un continente”. Sin embargo, el resultado final fue el fracaso, pues ante el peso de la clase trabajadora y la ideología aparición del socialismo o comunismo como alternativa política, aquella burguesía que había cuestionado y desplazado a los poderes absolutos, demandando constituciones y una apertura del poder político, devino en una clase conservadora por temor no sólo a la instauración de repúblicas como principal sistema político, sino de república democrática y social.

Aunque no tuvo éxito, esta revolución que afectó tanto a las regiones más desarrolladas como atrasadas del continente, y que en su mayoría estaban gobernadas por monarcas o príncipes absolutos, se constituyó como el modelo de la revolución mundial soñada por los revolucionarios

Barricadas

¿Sabías que 1848, fue el año en el que se publicó el Manifiesto Comunista? Este escrito de Karl Marx y Friedrich Engels redactado al calor de las revoluciones de 1848, revela los conflictos del modo de producción capitalista al tiempo que promueve la lucha de clases. Considerado la base del marxismo, junto con El capital, este manifiesto fue traducido en diversos idiomas y alcanzó su apogeo en la década de 1870.

El Manifiesto y El Capital

De lo anterior se desprende que, la etapa de las revoluciones burguesas fue, sin dudas, la etapa del triunfo del capitalismo, pues las distintas fases de la industrialización, y en particular la abordada en este bloque, significó el triunfo de la clase burguesa.

6. Los años de expansión

A partir de la segunda mitad del siglo XIX comenzó una era de gran prosperidad económica mundial (1850-1870). Lejos quedaba el estallido revolucionario de 1848/9 y, tras el fracaso de los principios políticos y sociales que guiaron los levantamientos, durante las siguientes dos décadas, la conflictividad social (sin desaparecer) se desaceleró. A partir de 1850 asistimos así a una etapa de expansión de la economía capitalista europea guiada por la expansión comercial y por un elevado nivel de inversiones. Como vimos antes, una minoría de países industrializados (Gran Bretaña, Bélgica, Alemania) aceleraron su producción industrial con la consiguiente competencia comercial internacional, en un contexto signado por el libre cambio entre las naciones europeas. 

Algunos historiadores afirman que, en dichos años, Europa estuvo más cerca de un libre comercio total de lo que nunca estaría. Gran Bretaña sostuvo una política incondicional en tal sentido, en un contexto general de extrema confianza en el liberalismo económico. El sistema monetario, basado en la libra esterlina (ligada a una paridad de oro fija, se trata del Sistema de Patrón Oro), era estable. Solo Estados Unidos era el baluarte de cierto proteccionismo económico. El resto de los países europeos se guiaban por  la libre competencia de los mercados, sin advertir las contradicciones inherentes entre un exceso de producción industrial en el mercado mundial y la limitada extensión de los mercados. 

La expansión económica de los decenios 1850 y 1860, que implicó un avance en la senda del desarrollo industrial de algunos países europeos, hallaría sus límites tras la primera gran crisis capitalista de 1873. A partir de allí, como se abordará en el siguiente bloque, los dogmas económicos liberales se vieron desplazados por una serie de medidas proteccionistas tendientes a enfrentar la gran depresión económica.

Ahora bien, ¿cómo se caracterizó el desarrollo del movimiento obrero durante los años de expansión? ¿A través de qué medios lucharon y expresaron sus ideas? Tras la represión ejercida sobre los trabajadores luego de 1848, paulatinamente fueron organizándose en pos de sus reclamos. En 1864 se conformó la Asociación Internacional de Trabajadores o Primera Internacional, cuyo principal objetivo se vinculaba con la organización de las diferentes clases obreras de Europa y los medios de lucha en el marco de los Estados liberales del período. Allí, se destacó la participación de Karl Marx y los debates suscitados con el anarquismo, cuyo principal exponente fue Mijail Bakunin. 

Durante los años de la Internacional (1864-1876), y en el marco de la derrota del país en la Guerra Franco-Prusiana (1870/1), estalló en Francia un alzamiento obrero de gran relevancia: la Comuna de París. Concretamente, durante marzo y mayo de 1871 la ciudad de París estuvo bajo control de los y las trabajadores/as. La Comuna de París se constituyó como el primer gobierno obrero de la historia y no obstante su brevedad, pues fue disuelta tras una feroz represión, su legado pervivirá en los años subsiguientes.

Barricada de la Chaussée Ménilmontant, el 18 de marzo de 1871.  Fuente: Wikimedia Commons.

 

Maximilien Luce, “Una calle de París en mayo de 1871”. Fuente: Museo de Orsay, París.

La Comuna de París marcó un hito fundamental en la lucha del movimiento obrero del siglo XIX, aceleró el proceso de democratización e inserción de los trabajadores al sistema político de los diferentes Estados y marcó un claro límite al período de expansión y fortalecimiento de la burguesía en Europa.

7. Balance

Luego del recorrido realizado, es importante destacar que, entre 1830 y 1848, un grupo reducido de países se transformaron en economías industriales y estos cambios no solo configuraron el nacimiento de un nuevo tipo de organización económica capitalista, sino también la formación de las clases obreras y una serie de conflictos sociales y políticos, entre las que se destacan las “revoluciones burguesas”, la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores y la Comuna de París.

De este modo, si en las últimas décadas del siglo XVIII, Gram Bretaña fue la pionera en el desarrollo industrial, 100 años después compartía dicha condición con otros países europeos, con EEUU y con Japón. 

Ciertamente, se trataba de un pequeño grupo de estados frente a una mayoría de naciones no industrializadas; asistimos así al origen de “la gran divergencia”, la brecha existente entre países ricos y pobres, entre estados desarrollados, industrializados y otros que se integraron a la economía mundial, dependientes del centro industrial, como productores de alimentos o materias primas. La existencia de naciones industriales, con la consiguiente pérdida de la situación “monopólica” inglesa, redundó en un escenario progresivamente competitivo cuyos resultados se advertirían en los primeros años de la década de 1870. 

 

8. Bibliografía

  • Bianchi, Susana, Historia social del mundo occidental. Del feudalismo a la sociedad contemporánea, Bernal, Universidad Nacional de Quilmes Editorial, 2007.
  • Díaz, Hernán, De Saint-Simon a Marx. Los orígenes del socialismo en Francia, Buenos Aires, Editorial Biblos, 2020.
  • Hobsbawm, Eric, La era de la revolución 1789-1848, Buenos Aires, Crítica, 2011 [1962].
  • Hobsbawm, Eric, La era del capital, 1848-1875, Buenos Aires, Crítica, 2006 [1975].
  • Landes, David, La riqueza y la pobreza de las naciones, Barcelona, Crítica, 2000.
  • Marx, Carlos y Engels, Federico, El Manifiesto Comunista, en Marx, Carlos, Antología (selección e introducción de Horacio Tarcus), Buenos Aires, Siglo XXI, [1848] 2015.
  • Niveau, Maurice, Historia de los hechos económicos contemporáneos, Barcelona, Ariel, 1981.
  • Sewel, William, “Los artesanos, los obreros de las fábricas y la formación de la clase obrera francesa, 1789-1848”, en Historia Social, Nº 12, 1992, pp. 119-140.