Desafío 4: Organizar el estudio

Sitio: Campus Claves Académica
Curso: Claves para estudiar en la universidad - Enlace UBA
Libro: Desafío 4: Organizar el estudio
Imprimido por: Invitado
Día: sábado, 18 de abril de 2026, 06:57

Descripción

1. Presentación

Ya empezaste a cursar. Seguramente los primeros días te sentiste desorientado, pero de a poco vas entendiendo la dinámica de trabajo. El desafío ahora es estudiar durante la cursada y para los exámenes antes de que se aproximen. Y para ello te vamos a brindar algunas pautas y técnicas que pueden ayudarte a desarrollar una modalidad de estudio propia.

2. Organizar la semana

El uso de agendas (que pueden ser las aplicaciones de calendario del celular o la agenda tradicional en papel) son herramientas fundamentales para organizar el estudio y cuadrar las actividades universitarias con las de tu vida personal o laboral.

Tenés que anticipar que además de las horas de cursada sincrónica (presencial o virtual), vas a tener que disponer de horas para la lectura de la bibliografía, la realización de actividades, la preparación de las tareas o trabajos obligatorios y el repaso para los exámenes.

En general, además del programa analítico de la materia, hay un cronograma con las temáticas, la bibliografía y/o las actividades correspondientes a cada semana de cursada. Conseguí el cronograma de cada materia que estés haciendo y volcá las fechas clave en tu agenda para que, sobre esta base, puedas planificar las tareas de estudio.

Sobre todo, en época de exámenes, prever el tiempo que te va a llevar cada actividad y tratar de cumplirlo te va a servir para poder planificar otras actividades más allá del estudio, y saber qué vas a llegar a hacer y qué no. Durante tu carrera seguramente vas a tener que dejar de lado algunos planes: la vida universitaria tiene esas pequeñas renuncias, pero al final vale la pena.

Meme: cuando sos universitario y tus hermanos siguen en la escuela (imagen de bob esponja encerrado)

2.1. Evitar la procrastinación

Al momento de estudiar, es posible que vayas posponiendo lo que tenés que hacer sin ninguna razón aparente. Puede suceder que te distraigas con mucha facilidad y busques cualquier excusa o cualquier otra tarea para “patear” para más adelante el estudio. Esto se llama “procrastinar” y, en mayor o menor medida, nos sucede a todos.

La procrastinación puede obedecer a distintas razones: no haber planificado o anticipado las tareas, no tener objetivos claros de estudio de cada día, tener poca confianza en tus capacidades para estudiar o para rendir los exámenes, o que la situación de cursar te esté generando ansiedad y que esto te impida ponerte en tarea.

→¿Te suele pasar que dejás las cosas para hacer hasta último momento? ¿Qué causas pensás que te hacen posponer las tareas? ¿Tenés alguna estrategia que te sirva para evitar la procrastinación?

Posponer alarma del celular

Una estrategia que te va a servir para reducir la procrastinación es establecer rutinas diarias de estudio que sean realistas y alcanzables. Es decir, no plantearte que vas a poder estar muchas horas más de lo que de verdad podés. Más adelante, a medida que te vayas acostumbrando a la vida universitaria, podés ir aumentando el tiempo de estudio cuando tengas una rutina más establecida.

Es probable que muchas veces no llegues a cumplir tu planificación y te queden cosas pendientes. Aceptar que va a suceder esto, tener flexibilidad y anticipar la posibilidad de ir adaptando tu plan semanal para el estudio también es una manera de combatir la procrastinación.

No todos los temas te van a requerir la misma atención. Tratá de identificar las materias y los temas que te resultan más difíciles o que podés prever que tienen mayor peso en el examen, y concentrate en eso primero. Como muchas veces no se puede abarcar todo con la misma profundidad y dedicación, entender qué es lo imprescindible es clave para organizar tus objetivos de estudio. Estate atento en clase y consultá con tus compañeros, tratá de encontrar las pistas que te indiquen cuáles son los temas centrales de la materia y dedicales más tiempo.

2.2. Distribuir el tiempo del estudio

La procrastinación te puede llevar a tener que estudiar muchos temas en tiempos más acotados o, incluso, todo junto unos días antes de los exámenes. Sobre esto, algunas investigaciones sostienen que distribuir el estudio en distintas sesiones más acotadas es mucho más efectivo para comprender y retener práctica de estudio distribuida y que llegues a estudiar todos los temas.

Algunas investigaciones sobre técnicas de estudio recomiendan para las materias de ciencias exactas o naturales (por ejemplo, matemática, física, química) que, en las sesiones de estudio en un mismo día, vayas cambiando el tipo de problema o ejercicio que vas resolviendo; es decir, ir alternando entre los distintos temas que tenés que estudiar y dedicarle un ratito a cada uno. Probá si esta recomendación te sirve para estudiar e incorporar mejor los temas.

Podés usar aplicaciones como Google Task o Notion para armar listas de chequeo (que también se las llama to do list), donde planificás y registrás distintos objetivos por día y por semana. Podés organizar tareas, fechas de entrega y objetivos de estudio con recordatorios, alarmas y listas de chequeo para cada materia. 

Por ejemplo, si tenés que leer una determinada cantidad de textos o resolver muchos ejercicios, primero visualizá cuánto es la totalidad y luego distribuilos a lo largo del día y de la semana. Te va servir planificar y visualizar esa distribución para calmar un poco la ansiedad y que no te sientas abrumado. Luego, vas marcando o chequeando los casilleros a medida que vayas completando las tareas.

Google tasks

2.3. Estudiar y descansar

Es importante que puedas prever los tiempos de descanso para evitar el agotamiento y desgaste excesivos. Si estás muy cansado, es probable que todo te cueste mucho más y que no sea tan productivo el tiempo que le dedicás al estudio. Además, muchas investigaciones sostienen que dormir lo necesario es un factor central que va a influir en tu desempeño en la universidad y además va a repercutir en tu salud y bienestar general.

Hay personas que se sienten más activas y productivas, y les resulta mejor estudiar por la mañana y, en cambio, otras prefieren estudiar hacia la tarde o la noche. Esto es normal y se relaciona con los biorritmos de cada uno o los “cronotipos del sueño”. A quienes tienen un cronotipo de “madrugador” se los conoce como “alondras” y a los trasnochadores, “búhos”, aunque también hay casos intermedios que no se identifican ni con uno ni con otro de manera clara. Los cronotipos llevan el nombre de aves: la primera con un comportamiento más diurno y la segunda, por el contrario, con un comportamiento más nocturno. Igualmente, seas búho o alondra, es importante que duermas las horas recomendadas.

→¿Te identificás más con un búho o con una alondra? ¿En qué momento del día te resulta más productivo estudiar?

En el Desafío 3, te recomendamos algunas estrategias para evitar las distracciones.

Otra forma de reducir la procrastinación, aumentar la concentración y evitar el agotamiento rápido durante una sesión de estudio es distribuir los tiempos entre el descanso y la realización de una tarea.

La técnica pomodoro es muy efectiva para este propósito y consiste en utilizar un temporizador (por ejemplo, el del celular) para establecer intervalos fijos, llamados “pomodoros”, de 25 minutos en los que te concentrás en la tarea (como leer, subrayar o resolver ejercicios), seguidos de 5 minutos de descanso en los que podés “distraerte” o hacer otra actividad cualquiera (como mirar el celular, consultar algún sitio web, hacer un mate). Luego de cuatro pomodoros (cuatro intervalos de 25 minutos de tarea y 5 minutos de descanso), podés hacer una pausa más larga, por ejemplo de 10 minutos, siempre respetando los intervalos fijos de tiempo dedicados a la tarea y al descanso.

Pomodoro

La técnica de pomodoro es ideal para organizarte. ¡Implementala siempre que puedas!

3. Organizar el tiempo del estudio

A veces, el estudio en la universidad es la actividad principal. Pero es probable que tengas también otras actividades. Puede ser que también trabajes, o tengas responsabilidades familiares (cuidado de hijos, padres, etc.), o que te dediques a algún deporte. Por eso es importante que organices tu agenda semanal para poder aprovechar al máximo el tiempo de estudio.

Seguramente, ya te diste cuenta que estudiar en la universidad te va a llevar más tiempo del que el que solamente te demanda asistir a clase. De hecho, es muy importante ir leyendo la bibliografía o resolviendo las actividades que plantean los profesores durante la semana porque además de que esto te va a servir para estar al día con la materia, vas a sentir más seguridad e interés respecto de los temas que se van tratando.

Si no le dedicás tiempo al estudio por tu cuenta durante la semana, es muy probable que te sientas un poco perdido en la clase, te cueste entender lo que se está tratando, te distraigas con más facilidad y llegues al examen más exigido y con muy poco tiempo para repasar todo. La organización del tiempo que le dedicás al estudio es un factor clave para tener una buena cursada, rendir mejor en los exámenes e, incluso, disfrutar más de lo que estás estudiando.

→¿Cuántas horas por semana le dedicás al estudio de cada materia?

4. Organizar la información para estudiar

La manera en que organizás la información y las técnicas que utilizás para estudiar dependen de muchas cuestiones. Por ejemplo, del tipo de materia que cursás, del enfoque que le da la cátedra y de tus preferencias. Si estás cursando una asignatura de ciencias sociales, en la que se prioriza el trabajo con textos de distinto tipo, tus estrategias serán distintas a las que vas a usar en ciencias exactas, si se prioriza la resolución de problemas prácticos. También, anticipar cómo será el examen, el tipo de consigna que se tomará, te va a ayudar a decidir cómo estudiar (lo veremos en el próximo desafío). Además, cada estudiante tiene sus métodos de estudio que sabe que le resultan más cómodos y productivos.

→En este desafío te invitamos a explorar y experimentar con distintas técnicas para descubrir cuál te funciona mejor en cada caso.

Para empezar, es recomendable que organices la bibliografía y los materiales siguiendo algún criterio que te permita distribuirlos durante la semana y durante el cuatrimestre.
Por ejemplo, si los tenés en papel, organizate los materiales por unidad ayudándote con el programa de la materia y haciendo “pilas” de fotocopias y apuntes. Si los tenés digitales, armarte carpetas en tu computadora o en la nube (Google Drive, One Drive, Icloud), y organizá la bibliografía y los otros materiales de estudio por unidad y/o por tema. 

4.1. Leer textos en la universidad

La gran mayoría de los materiales que vas a usar para estudiar son textos de distinto tipo, en distinto formato, con rasgos específicos según la materia. La lectura y el trabajo con los textos es una de las actividades centrales en la universidad y a la que, seguramente, junto con la asistencia a clase, le vas a dedicar más tiempo.

Cualquier persona que se enfrenta a un texto, lo hace con algún conocimiento de lo que va a leer. Por ejemplo, si ya tuviste una clase sobre el tema que estás leyendo, vas a ir al texto con todo eso que escuchaste y registraste que dijo el profesor. Mientras vas recorriendo línea por línea, todo el tiempo (de manera más o menos consciente) anticipás lo que creés que va a decir y, a medida que avanzás, verificás si eso que pensabas se confirma o no. Si no se confirma, te genera alguna confusión o desconcierto, y ahí volvés a leer para intentar aclarar eso que no entendiste. Casi nunca alcanza con una sola lectura para comprender el contenido del texto. Es necesario volver a leer, incluso más de una vez.

Muchas veces, estos textos no están destinados a estudiantes como los manuales que leías en el secundario. Son textos escritos por especialistas en sus áreas con distintos propósitos. Por eso, el lenguaje puede resultar más difícil, con términos técnicos que tal vez no reconocés. Puede ser útil buscar el significado de estos términos en internet (asegurándote de que sea un sitio con información confiable), revisar otro material de la cátedra, preguntarle a un compañero o anotar la duda hasta que puedas consultar a los profesores.

Existen distintas técnicas que te permiten trabajar con ese texto para comprenderlo y memorizarlo mejor: marcarlo, subrayarlo, resumirlo, pasar la información a otro formato. Estas técnicas te ayudan a interpretar, sintetizar, integrar, relacionar y jerarquizar las ideas.

Veremos algunas de ellas: subrayar, escribir anotaciones al margen, resumir y construir organizadores gráficos. Estas son técnicas de estudio muy comunes y que te pueden resultar útiles, pero hay muchas más que podés investigar y probar.

→Cuando leés un texto, ¿qué técnicas usás para comprenderlo mejor y recordar la información?

4.2. Subrayar

Subrayar o resaltar un texto es una práctica de las más habituales en el estudio. Cuando estás subrayando estás haciendo un esfuerzo por seleccionar, organizar, jerarquizar e identificar cuáles son las ideas centrales que intenta transmitir el texto. Podés subrayar las ideas importantes, las palabras clave, las ideas que te hicieron comprender otras ideas de otros textos o algo que se dijo en clase.

Si estás familiarizado con el tema, es probable que te des cuenta más rápidamente qué ideas del texto son más importantes. Igualmente, siempre es mejor subrayar luego de hacer una primera lectura general del texto o de un determinado apartado, ya que, de lo contrario, es probable que no llegues a identificar qué es lo relevante y qué no.

La manera de subrayar cambia según el propósito que tengas al leer el texto. No es lo mismo subrayar cuando estás intentando localizar una información determinada que si estás estudiando para un examen o si estás elaborando un trabajo práctico.

Algunos prefieren subrayar solamente palabras sueltas y otros, oraciones enteras. La ventaja de la primera opción es recuperar más rápidamente, en un vistazo, los conceptos clave (aunque esto se puede reemplazar con las acotaciones al margen que veremos en el próximo apartado). En cambio, la ventaja de la segunda es que cuando tenés que repasar para el examen, podés leer solamente lo subrayado, y es más fácil y rápido recordar el sentido y el contexto de los fragmentos que resaltaste. También podés combinar las dos opciones y usar dos colores, destacando con un color las oraciones enteras y con otro, solamente las palabras. Te recomendamos esta técnica combinada.

Podés usar resaltadores o lápices de colores para indicar el orden de importancia de las ideas que destacás. Es recomendable respetar siempre este orden de los colores, por ejemplo usar siempre el amarillo para las ideas centrales y verde para las ideas aún más importantes. También podés subrayar dentro del subrayado, por ejemplo, marcar un concepto con un color y su definición con otro. 

Texto subrayado

No hay una receta infalible para determinar cuándo es mucho o poco el subrayado, depende del propósito que tengas y del texto que estás leyendo, ya que algunos suelen condensar información importante toda junta. Sin embargo, si estás subrayando casi todo el texto, es probable que te esté costando identificar y distinguir la información relevante de la que no lo es tanto.

Es muy últil acompañar el subrayado con la toma de notas en el margen del texto, como veremos a continuación.

4.3. Hacer notas al margen

Hacer notas al margen consiste en escribir comentarios al costado del texto mientras estás leyendo. Estas notas sirven, en general, para sintetizar en pocas palabras el contenido de cada párrafo; consiste en ponerle un subtítulo o asignarle una idea central a cada sección. Podés anotar también dudas, otras ideas con la que relacionás ese párrafo o destacar algún dato relevante que querés recordar: nombres de personas, fechas, causas y efectos, lugares, clasificaciones, desacuerdos, similitudes, etc. Estas notas también te permiten, cuando estás repesando para un examen, recuperar más rápidamente la información destacada. 

Si estás leyendo un documento en la computadora o en el celular, podés utilizar la herramienta “añadir comentario” con el mismo propósito.  

Como el espacio para escribir en el margen suele ser acotado, podés usar marcas, signos o dibujos para resumir ese comentario. Es recomendable que siempre uses las mismas marcas. Te mostramos algunos ejemplos:  
  • Si el texto explica un fenómeno que se puede representar con una fórmula, podés ir sintetizando con los símbolos correspondientes cada término de esta fórmula.
  • Podés marcar con un signo de admiración una información que te resulte relevante, con tres signos lo que creés que es más importante todavía o marcar con un signo de pregunta alguna duda.
  • Podés usar una flecha para relacionar ideas entre párrafos o un asterisco para agregar información. 
  • Si el texto explica una secuencia de pasos o enumera las características de un fenómeno, podés poner números (1, 2, 3, etc.) o letras (a, b, c, etc.) en el margen para identificar cada uno de estos pasos o términos.
  • Podés destacar la definición de un concepto marcando la palabra con un círculo y en el margen poner “def.” o podés destacar un ejemplo de ese concepto escribiendo “ej.” 

Marcas en el libro

4.4. Resumir

Hacer resúmenes es una práctica de estudio muy útil que te permite gestionar y organizar la gran cantidad de información, de materiales de estudio, de textos que puede llegar a tener una materia. Básicamente, consiste en reducir el tamaño del texto original, extrayendo y condensando la información principal, y recortando aquellas ideas que pueden omitirse, manteniendo la idea general.

Si bien es posible utilizar herramientas con inteligencia artificial (IA) como el Chat GPT (o muchas otras) para realizar resúmenes de los textos y ahorrar tiempo, te recomendamos hacerlos por tu cuenta. Las aplicaciones con inteligencia artificial funcionan mediante algoritmos que procesan grandes cantidades de datos para encontrar patrones y generar soluciones, pero pueden cometer errores cuando realizan un resumen.

Le preguntamos al Chat GPT en qué errores puede incurrir y nos contestó esto:
 “Perder detalles importantes: Al sintetizar demasiado, puede omitir información clave o matices importantes del texto original.
 Interpretación errónea: La IA puede malinterpretar el contexto o los conceptos, lo que resulta en un resumen inexacto.
 Exceso de generalización: A veces, los resúmenes pueden ser demasiado generales, perdiendo profundidad.
 Falta de jerarquización: Podría no priorizar correctamente las ideas más relevantes.
 Desajuste con el tono original: Puede cambiar el tono o el estilo del texto original al resumir”. 

En cambio, hacer un resumen por tu cuenta requiere una serie de operaciones que van a favorecer que sigas aprendiendo sobre el tema. Cuando escribís un resumen intentás dilucidar el sentido que el autor le dio al texto, identificás las ideas principales diferenciándolas de las que no lo son tanto y tratás de establecer conexiones entre ellas, y escribís con tus palabras algunas informaciones: todo esto contribuye a que comprendas y memorices más los contenidos. Por eso te recomendamos que los hagas vos, de la manera tradicional, en lugar leer resúmenes elaborados por otros: te va a servir más cuando estás intentando apropiarte de los contenidos.

A veces es mejor escribir todo el resumen con tus propias palabras y otras veces necesitás recordar algunos fragmentos de manera más literal (con las palabras del autor), por lo que el modo de hacerlo dependerá del propósito que tengas; pero siempre es importante que estés atento a que los cambios en las palabras no cambien el sentido de lo que el autor quiso transmitir.

Podés armar el resumen a partir de lo que subrayaste en una lectura anterior del texto. También podés incluir notas, comentarios, distintos colores para jerarquizar ideas y organizadores gráficos (esquemas, mapas, diagramas, como veremos en el próximo apartado).

Mientras hacés el resumen podés imaginar posibles consignas de los exámenes e ir anotándolas para que, cuando te toque repasar, puedas estudiar practicando preguntas y respuestas. 

Compartir y comparar resúmenes con tus compañeros te puede servir para completar o corregir la información que puede faltar en tus propios resúmenes, y para tener una referencia adicional, contrastar y discutir las ideas que cada uno identificó como principales del texto. 

4.5. Armar organizadores gráficos

Seguramente te vas a encontrar en el pizarrón en una clase, dentro de la bibliografía o en los materiales de estudio, cuadros sinópticos, mapas conceptuales, cuadros comparativos, líneas de tiempo, entre otras herramientas gráficas que utilizan los docentes para presentar la información y ayudar a la visualización y comprensión del contenido que intentan transmitir.

Cada disciplina tiene una manera particular de estructurar su contenido, por ejemplo, la información puede presentarse en secuencias cronológicas, procesos, comparaciones, relaciones de causa y efecto, o clasificaciones. Por eso, existe una gran diversidad de organizadores gráficos que corresponden a estas maneras diferentes de estructurar el contenido.

Además de los organizadores que aparecen en la bibliografía o te proponen los docentes, te sugerimos construir tus propios gráficos cuando leés un texto, tomás nota en una clase o escuchás un video explicativo. Esto te va a ayudar a ir entendiendo y apropiándote mejor del contenido, ya que para elaborarlos tenés que sintetizar y relacionar ideas, comparar datos, ordenar sucesos o estructurar conceptos, y todo esto va a colaborar con tu comprensión del tema. Además, esta forma de representación gráfica –y no solamente textual– te puede ayudar a incorporar, retener y recuperar la información más eficazmente.

A continuación, te presentamos algunos ejemplos de organizadores gráficos que te pueden servir para estudiar. Según dónde los encuentres, algunos nombres de estos organizadores pueden variar (por ejemplo, cuadros, esquemas o mapas mentales a veces refieren a lo mismo). Lo importante, más allá de cómo lo llames, es que te ayuden a organizar la información de acuerdo al contenido que estás estudiando.

Cuadro sinóptico: Es un esquema que permite estructurar la información en categorías y subcategorías, organizando los conceptos de manera jerárquica con líneas o flechas.

Mapa conceptual: Sirve para representar los conceptos mediante nodos conectados por líneas o flechas que muestran y expresan relaciones entre ellos (no necesariamente relaciones de jerarquía).


Diagrama de flujo: Muestra procesos o secuencias de pasos. Es útil para organizar y visualizar procedimientos.

Línea de tiempo: Sirve para organizar eventos de manera cronológica, es decir en el orden en que estos sucesos ocurrieron en el tiempo. Es ideal para estudiar secuencias o procesos históricos.

Cuadro comparativo: Permite comparar y contrastar diferentes elementos o características en columnas y filas.

Herramientas digitales para armar organizadores gráficos: 
Aunque muchas personas prefieren hacerlo en lápiz y papel, existen aplicaciones o sitios web que te permiten armar distintos tipos de organizadores gráficos como Miro, CMap o Canva.