2. El fin del “Socialismo real”

2.1. La transición al capitalismo en Europa oriental: las revoluciones de 1989

Las revoluciones de 1989 en los países europeos bajo la órbita soviética se originaron tras un cambio en las relaciones que la URSS sostenía con sus satélites. Así, se produjo un cambio en la política exterior: el fin de la Doctrina Breznev y su reemplazo por la Doctrina Sinatra.

¿Qué implicaban cada una de ellas?

La Doctrina Breznev le otorgaba a la URSS el derecho de intervenir en asuntos internos de sus satélites en Europa oriental (las aplicaciones prácticas de dicha intervención fueron algunos casos ya mencionados: en Hungría,1956 y Checoslovaquia 1968). Ello significaba que los países europeos bajo la órbita soviética no tenían plena autonomía para realizar cambios en sus políticas, debían respetar el modelo de Socialismo real impuesto desde la URSS, ya que cualquier giro era visto como una amenaza a la integridad del resto de los estados comunistas. 

La nueva Doctrina Sinatra significó el fin de dicho intervencionismo soviético: la URSS se comprometía a no actuar militarmente, es decir a no intervenir más en los asuntos internos de los estados del bloque comunista. Desde ese momento, estos últimos recuperaron la plena autonomía para escoger el camino a seguir. ¿Saben por qué se denominó Sinatra a esa doctrina soviética? Por la reconocida canción de Frank Sinatra, “A mi manera”, aludiendo a la libertad de elección de dichos países.

Ícono video Les dejamos el link para que la disfruten, situándola ahora en el contexto de los años finales de la Guerra Fría.

¿Por qué la Unión Soviética adoptó dicho cambio de actitud?

En el marco del programa de reformas de Gorbachov, basados en dos conceptos clave: perestroika (reestructuración) y glasnot (liberalización, apertura), se pretendió establecer relaciones con sus satélites sobre nuevas bases, de tolerancia y flexibilidad. Pero la respuesta en Europa del Este fue contraria a la prevista por el líder ruso: en un lapso de 4 años se produjeron las revoluciones más espectaculares de la segunda mitad del siglo XX, cambios radicales que condujeron al fin de la guerra fría y el derrumbamiento de un sistema social, un modelo teórico y una ideología que había polarizado el mundo.

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¿Vemos con más detenimiento algunas de estas revoluciones?

Al referirnos a los procesos revolucionarios de Europa del este, podemos agrupar algunos casos particulares, en función de sus características: cómo se produjo el cambio, si hubo o no participación popular, si los gobiernos locales fueron los promotores de dichos cambios o si aplicaron violencia y represión contra movimientos desde abajo, entre algunos aspectos. Un primer grupo se caracteriza por un rol activo de la movilización popular: Los casos de la República Democrática Alemana y Checoslovaquia.

Alemania

El 9 de noviembre de 1989, a las 19 horas, el secretario general del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED) de Berlín, Gunter Schabowski, anunció en una conferencia de prensa internacional -transmitida en directo- la decisión del politburó del partido de liberar la circulación de las personas entre ambas zonas de Berlín. Así, se dio inicio a un momento histórico: una movilización popular en la RDA que daría fin al Muro de Berlín, y constituiría un primer paso para la reunificación de Alemania. 

Ícono video Les proponemos ver unos videos con algunos momentos claves: por un lado, la rueda de prensa, donde para asombro de todos los allí presentes, se anunciaba la normativa que permitía a cualquier ciudadano/a de la RDA cruzar las fronteras libremente a través de algunos pasos y su puesta en vigencia inmediatamente. Los efectos de la conferencia fueron revolucionarios, miles de personas se volcaron a las calles a la medianoche y cruzaron el muro, ante las miradas atónitas de los guardias que debieron abrir los puestos fronterizos.

En un segundo video podrán ver un pequeño fragmento de un noticiero de la época, donde se aprecia la cobertura realizada por un periodista, sus entrevistas a emocionados y eufóricos alemanes del este que cruzaban a Berlín occidental sin impedimento alguno, luego de tantos años de segregación.

La reunificación de Alemania se alcanzó un año más tarde, en octubre de 1990, no obstante, la caída del Muro de Berlín constituye un hito histórico: con él desaparecía el símbolo más representativo de la guerra fría. 

Checoslovaquia

En el caso checoslovaco, los cambios revolucionarios también implicaron una movilización popular (en un primer momento reprimida) y una evolución relativamente tranquila: la multitud en las calles hizo caer al régimen comunista, en la llamada “revolución de terciopelo”. Así, tras las manifestaciones y la huelga general el régimen procedió a la democratización de la política. El primer presidente no comunista del Estado fue el escritor Václav Havel, sobre quien pesaba una gran influencia Dubcek, el dirigente checoslovaco que había liderado la Primavera de Praga (en 1968).

Polonia y Hungría

En el caso de Polonia y Hungría, también se caracterizaron por cierta evolución tranquila: ambos países fueron pioneros en el proceso de presión contra el sistema impuesto por los soviéticos (sus regímenes comunistas tenían escasa aceptación popular). En Polonia, la ideología opositora que aglutinaba las aspiraciones nacionalistas y anticomunistas fue la religión católica. En este sentido, la elección del arzobispo de Cracovia, en 1978, como Sumo Pontífice (el Papa Juan Pablo II) generó un fuerte impacto en el país. Pero sin dudas, el rol del sindicato Solidaridad y de su líder Lech Walesa (quien gozaba de gran prestigio y popularidad), son claves para comprender la evolución de la transición polaca. En 1990 Walesa fue elegido presidente de Polonia. En el siguiente afiche de Solidaridad, podrán ver cómo se asociaba el comunismo soviético con el nazismo, rememorando el Pacto de no agresión de Hitler y Stalin (con terribles consecuencias para Polonia), firmado en agosto de 1939. 

Afiche de Solidaridad

Fuente: wikipedia (http://apuntes.santanderlasalle.es/historia_1/xx/polonia/paises_excomunistas.htm)

Se trató de un cambio generado por un gran esfuerzo desde abajo, es decir, derivado de una oposición popular liderada por Solidaridad. En este sentido, la vía revolucionaria polaca siguió el camino de las urnas y unas elecciones democráticas.

Lech Walesa en Gdansk

Lech Walesa en Gdansk, Polonia. Fuente: Wikipedia (http://apuntes.santanderlasalle.es/historia_1/xx/polonia/paises_excomunistas.htm)

La movilización popular no estuvo presente en todos los casos nacionales: en Hungría, por ejemplo, los cambios se originaron a partir de las decisiones tomadas por algunos hombres del poder, dirigentes comunistas con mentalidad reformista, entre quienes se destacó el líder húngaro Miklós Nemeth.

Ahora bien, otros países siguieron una evolución más complicada al tratarse de estados más pobres y con problemas étnicos complejos: tales son los casos de Bulgaria, Albania y Rumania. Nos detendremos en el último caso, ya que la experiencia rumana marcó un quiebre en el acelerado proceso de revoluciones pacíficas.

Rumania

La transición en Rumania se inició en diciembre de 1989 mediante un estallido popular que adoptó una forma insurreccional con apoyo del ejército y de algunos sectores del régimen. En la capital, hubo combates entre la policía política leal al régimen y, por otro lado, el ejército, apoyado por multitudes de civiles armados que luchaban en oposición al gobierno. Tales enfrentamientos dejaron un saldo aproximado de 2.000 víctimas fatales.

El presidente rumano, Nicolae Ceausescu fue destituido de su cargo (estaba en el poder desde 1965), tras lo cual fue detenido por las nuevas autoridades, juzgado y ejecutado junto con su esposa.

 Ceausescu pronunciando uno de sus últimos discursos

Ceausescu pronunciando uno de sus últimos discursos. Fuente: Wikipedia

El tribunal del Pueblo que lo juzgó fue televisado, al igual que las ejecuciones, transmitidas en directo el 25 de diciembre de 1989. Por todo esto, los analistas coinciden en señalar que la revolución rumana fue diferente al resto: allí la lucha se escribió con sangre.

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El proceso de transición hacia sistemas democráticos de Europa oriental

El proceso de transición hacia sistemas democráticos de corte occidental y de economías capitalistas generó varias situaciones de mayor o menor éxito dependiendo, entre otros factores, de la cercanía a occidente o bien, del grado de desarrollo anterior. Tal proceso de reconversión política y económica trajo aparejada una dislocación social en los diferentes estados del bloque soviético. El desempleo, la inflación y la miseria dejaban entrever a la sociedad que la democracia no redundaba en la prosperidad que esperaban.

En líneas generales, las dificultades estribaban, en primer lugar, en fundamentar un orden democrático que reemplazase un régimen de partido único y, en segundo lugar, en conformar una economía de mercado tras el desmantelamiento de las estructuras de planificación central. Los índices de crecimiento de las economías de Europa del este en los años noventa fueron negativos (siendo la República Checa una posible excepción). ¿Cómo se puede explicar el rumbo que tomaron los países de Europa de este? La presencia de algunas dificultades u obstáculos internos permite comprender tal evolución: por un lado, se trataba de países con bajo nivel de desarrollo económico, que se vieron envueltos, en ciertos casos, en enfrentamientos internos. Además, pocos países de los que habían constituido el bloque soviético tenían experiencia previa de sistemas democráticos (con la excepción de Checoslovaquia), es decir, no existía una tradición política en dicho sentido. Muchos comunistas de Rumania y Bulgaria, se reconvirtieron para perpetuarse en el poder, con discursos de tipo nacionalista. Por último, cabe destacar que, el proceso de transición del socialismo al capitalismo coincidió con una fase de recesión en todo el mundo capitalista industrializado, que impidió la inversión de capitales y las ayudas hacia Europa del este.

En suma, en 1989 se derrumbaron los regímenes europeos del socialismo real. Las políticas reformistas de Gorbachov aceleraron el cambio: cuando se quitó la presión del sistema soviético, los regímenes comunistas cayeron a partir de las revoluciones de 1989 y los estados de Europa oriental debieron emprender un arduo proceso de transición hacia el capitalismo.