2. Los orígenes del radicalismo y el ascenso al poder

En julio de 1890 estalló una “revolución” opositora al presidente Juárez Celman bajo el liderazgo de Leandro N. Alem uno de los fundadores de la Unión Cívica de la Juventud. Esta revolución obligó al presidente a renunciar en el marco de una importante crisis económica. En los años siguientes, 1892 y 1893, los radicales protagonizaron revueltas en Buenos Aires y en algunos distritos de Santa Fe consiguiendo ocupar el gobierno por poco tiempo. Después de la muerte de Alem, en 1896, la conducción de la UCR pasó a Hipólito Yrigoyen quien rápidamente se construyó un estilo de liderazgo muy personal y mantuvo la posición de no participar en las elecciones dado que el régimen electoral y el partido gobernante –el PAN- no garantizaba la transparencia en las mismas. 

 Fuente: Caricatura de portada en semanario Caras y Caretas, 7 de noviembre de 1903, n.º 266, Año VI.  Biblioteca Nacional de España.

Observen la imagen y lean el texto al pie que aquí se transcribe y que da cuenta de que el voto de muertos era una constante dentro de las prácticas fraudulentas efectuadas en estos años:

Rivas: Que digan ahora los republicanos que no tenemos votantes de carne y hueso.

Ugarte: Ya lo creo, sobre todo los de hueso.

Los radicales combinaron la estrategia de abstención con la revuelta armada que ya venían realizando. En 1905 volvieron a intentar la conquista del poder con algunos apoyos del Ejército, pero esta revuelta fue reprimida. 

No obstante ello, los radicales habían organizado un partido con ramificaciones en todo el territorio nacional e incluso, en algunos lugares, eran tan numerosos como los partidarios del PAN. Al igual que el Partido Socialista, la UCR contaba con una Carta Orgánica y una Convención que reunía a los dirigentes de las provincias.