5. Los conflictos obreros

La Gran Guerra, como se llamó a la Primera Guerra Mundial, ocasionó problemas en la economía argentina. Con la disminución de las exportaciones agrarias y de las importaciones, el país tuvo dificultades para abastecerse de combustibles para los servicios públicos y la calefacción y aumentó el desempleo. Con el fin de la guerra, la economía argentina se fue recuperando, sin embargo la situación de los trabajadores no mejoró y aunque la ocupación creció, los salarios cayeron a causa de la inflación. En consecuencia, los conflictos sociales reaparecieron y, entre 1917 y 1922, un nuevo pico de huelgas y protestas sociales tuvieron lugar en diferentes ciudades. Para entonces, una ola revolucionaria modificaba el panorama mundial, desde México a partir de 1910 hasta Rusia donde en 1917 los bolcheviques habían conseguido instalar el primer gobierno obrero y comunista. 

En el siguiente video de la Serie Revoluciones pueden ver el Capítulo Revolución Rusa.

Cuando el radicalismo comienza su gobierno, muchos anarquistas habían sido deportados y los “sindicalistas” pasaron a dominar la federación obrera de Buenos Aires, la FORA. 

La popularidad de Yrigoyen comenzó a descender entre los trabajadores urbanos cuando en el mundo laboral creció el descontento y cuando la política del gobierno que en un principio se planteaba “mediar” entre los sectores patronales y los obreros fue reemplazada por la represión. 

A finales de 1918, a los trabajadores de los talleres metalúrgicos Vasena en Buenos Aires, se les redujo el salario a la mitad y se contrataron a mujeres y niños para suplirlos en las tareas. La protesta obrera creció en el verano de 1919 y la empresa contrató a “rompehuelgas” con el propósito de someter a los huelguistas. Estos colaboradores de la empresa contaron con el apoyo de la policía y de grupos civiles, armados y adiestrados por el ejército, que se sumaron a la represión de los obreros en las calles. 

La acción de estos grupos armados se dirigió, especialmente, contra la comunidad judía de Buenos Aires bajo la sospecha, infundada, de que el conflicto era producto de una conspiración mundial dirigida desde Rusia para extender la revolución “roja” o “comunista”. En aquella “semana trágica” donde se persiguieron, golpearon y asesinaron entre 1000 y 2000 huelguistas, Yrigoyen se mantuvo distante y no impidió la represión. Después de la tragedia, ordenó la libertad de los detenidos y favoreció un aumento salarial que no menguó la opinión sobre la impotencia del gobierno de evitar la tragedia.

En 1921 y 1922, el conflicto pasó a los territorios del sur del país y tuvo como protagonistas a los trabajadores rurales de Santa Cruz. Comenzó entre los obreros del puerto de la ciudad de Río Gallegos pero luego se extendió a los peones de las estancias dedicadas a la producción lanera quienes padecían la desocupación, largas jornadas de trabajo, bajos salarios y duras condiciones de vida y trabajo. Cuatro meses más tarde, el gobernador medió en el conflicto. El convenio fue aceptado por los dirigentes sindicales anarquistas que dirigían la protesta y los estancieros. Sin embargo, las cosas siguieron como antes y los peones no recibieron ninguno de los beneficios acordados. El conflicto se agudizó cuando la policía encarceló a todos los dirigentes obreros. Una huelga se extendió por el campo solicitando la libertad de los presos y el regreso de los deportados. Los dueños de las estancias desalojaron a los peones sin pagarles sus jornales. Para entonces, los peones se organizaron en grupos, recorrieron las estancias en búsqueda de provisiones y de más apoyo entre los trabajadores, y tomaron como rehenes a dueños y administradores de las estancias. La respuesta del gobierno nacional no tardó en llegar. 


Marcha de peones rurales en Puerto Santa Cruz, en 1921. Fuente: wikicommons