Cuando concluía el primer mandato Carlos Menem estaba decidido a presentar nuevamente su candidatura. Pero, para ello era preciso reformar la Constitución Nacional para lo cual se requería los dos tercios de los votos. Esto no era posible sin un acuerdo con el radicalismo. Después de algunos meses de negociaciones se llegó a un acuerdo con Alfonsín, conocido como el "Pacto de Olivos", posibilitó la reforma constitucional.
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Esta se realizó a través del llamado a una Convención Constituyente que se reunió en 1994.
Principales aspectos de la reforma:
El boom de consumo que logrará el Gobierno a partir de la puesta en marcha del Plan de Convertibilidad (1 dólar igual 1 peso) no hacían más que incrementar la debacle económica. Estos beneficios tangibles en la vida cotidiana especialmente en las clases medias, se mantenían sobre una ficción basada en la sobrevaluación cambiaria, la fuga de divisas y la destrucción de la industria nacional. Dada la ventaja cambiaria, se promovían los viajes al exterior de sectores medios y el ingreso de tecnología y bienes de capital de los países desarrollados. En el período 1991-2000 la política fiscal arrojó un déficit promedio anual de 4,1% del PBI. El gasto creció, junto a una financiación del déficit en el exterior. Se adoptó una política de endeudamiento que llevó la deuda externa pública durante su gestión de 45 000 millones de dólares (en 1989) hasta 145 000 millones (en 2000). Esto sentará las bases para la posterior crisis de diciembre del 2001 durante el gobierno de la Alianza de Fernando de la Rúa cuando decretó el “corralito” una disposición del gobierno que restringía la extracción de dinero en efectivo de los bancos, diseñada por el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo.