La globalización económica y las nuevas tecnologías de la información generaron una enorme cantidad de transacciones de alta velocidad entre bancos, corporaciones y otros agentes privados que operan en los distintos mercados financieros del mundo, multiplicando los riesgos de un estallido mundial. La interdependencia de esta red financiera global puede apreciarse en el siguiente gráfico.
Desde los inicios de la globalización en la década de 1990 se relajaron las regulaciones de los estados que controlaban la actividad de los bancos e instituciones financieras que se habían establecido desde 1930, autorizando a los bancos a aumentar sus márgenes de endeudamiento y facilitando sus inversiones en operaciones financieras sofisticadas y poco controlables. En esta condiciones, comenzaron a proliferar los fondos de inversión, organismos financieros que administran el capital de instituciones (bancos, compañías de seguros, fondos de inversión, fondos de pensiones, fondos soberanos, etc.) y de personas con alto poder adquisitivo. Estas sociedades de inversión operan con una diversidad de activos financieros (acciones, hipotecas, futuros, bonos) asumiendo una actitud a veces riesgosa con el propósito de ofrecer una mayor rentabilidad.
Como vimos anteriormente, en las décadas de 1990 y 2000 se produjo un sostenido crecimiento de las economías del sur y el este de Asia, destacándose especialmente el notable desempeño industrial de China, que aceleró entonces su inserción en los mercados comerciales y financieros del mundo. Las dinámicas economías asiáticas generaban importantes excedentes comerciales y financieros que se dirigían a los Estados Unidos, donde financiaron los altos niveles de consumo y endeudamiento de las familias, las empresas y el gobierno norteamericanos.
Por otra parte, a partir del año 2000, el gobierno norteamericano redujo los impuestos a las empresas, aumentó el gasto militar y abarató el crédito, lo que estimuló el consumo, el endeudamiento y la especulación, captando inversiones financieras del resto del mundo. Como consecuencia, se produjo un auge notable de la construcción y de los créditos hipotecarios, así como un aumento del precio de las viviendas. En particular, se generó una enorme expansión de “bonos basura” (en inglés bonos “subprime”), llamados así porque eran bonos de deudores hipotecarios que enfrentaban la pérdida de sus viviendas por las ejecuciones bancarias y que tenían una cierta probabilidad de no poder ser pagados, pero rendían intereses superiores a otros bonos.
Desde 2006 la economía norteamericana había comenzado a atravesar dificultades, especialmente en el sector inmobiliario, donde se produjo una contracción de la construcción y muchas personas de ingresos bajos y medios comenzaron a suspender el pago de las cuotas de sus deudas inmobiliarias. Bancos y agencias públicas de Estados Unidos comenzaron a mostrar problemas y en 2007 se produjo la quiebra de varios fondos de inversión en distintos países. En septiembre de 2008, la caída de Lehmann Brothers, una firma hipotecaria que tenía vínculos con millares de financieras, generó una ola de pánico en las bolsas y bancos de la mayor parte del mundo, provocó el congelamiento de los mercados financieros, la quiebra de bancos y empresas, la reducción del financiamiento y del comercio mundial, un aumento del desempleo y enormes pérdidas de riqueza. Los gobiernos y bancos centrales de Estados Unidos y Europa utilizaron el dinero público para rescatar a muchos de los grandes grupos financieros amenazados con la quiebra. En Estados Unidos una parte importante del sistema financiero fue virtualmente nacionalizada. Esto incluyó entre otras a las empresas que garantizaban la mayor parte de hipotecas hechas en ese país: Fannie Mae y Freddie Mac, recordemos aquí que la primera de ellas se había creado tras la crisis de 1930.
Volvamos al cuadro de Carlos Marichal extraído de “El colapso financiero de 1929: ¿Por qué hubo una gran depresión en los años 30´?”, en C. Marichal, Nueva Historia de las grandes crisis financieras. Una perspectiva global. 1873 -2008, p. 126, que presentamos en el Bloque 2, en el capítulo destinado a La gran crisis capitalista de 1930.
Mucha menos ayuda se prestó a las empresas dedicadas a la producción y casi ninguna a los deudores hipotecarios. Como consecuencia, desde 2009 repuntaron las cotizaciones bursátiles, aunque el comercio y la producción globales sólo se recuperaron más lentamente, mientras que en Estados Unidos el crecimiento de las personas sin hogar llevó a que desde 2008 se contabilizara su número, registrando un progresivo aumento que alcanzó su récord en 2023.
En los años posteriores a la crisis de 2008 se produjo una baja en la demanda y en los precios mundiales que afectó a todas las economías. Los países asiáticos volvieron alcanzar niveles de crecimiento relativamente satisfactorios, basados siempre en sus exportaciones industriales, lo mismo que los productores de petróleo y materias primas de Medio Oriente, América Latina y Asia. Aunque también Estados Unidos retomaría la senda del crecimiento, su economía resultó especialmente afectada por la crisis del 2008.
En el siglo XXl, el mundo unipolar que había seguido al triunfo de Estados Unidos en la Guerra Fría intensificó su transformación en un mundo multicéntrico. Los centros manufactureros, financieros y tecnológicos eran cada vez más diversos, destacándose economías que antiguamente habían pertenecido a la periferia extraeuropea. Naciones como Brasil, Rusia, India, China o Sudáfrica (BRICS) eran ya grandes potencias económicas alrededor de las cuales se congregaba toda una serie de regiones de economías secundarias vinculadas a cada una de aquellas. Este escenario multicéntrico se distanciaba rápidamente del sistema económico mundial que se había gestado en los acuerdos de Bretton Woods en 1944, centrado en el predominio de las empresas y del dólar norteamericano en el comercio y las finanzas mundiales. Por su parte, en las economías maduras de Estados Unidos y de las naciones de la Unión Europea, la disminución del crecimiento económico, las dificultades de la población y la insatisfacción política que siguieron a la crisis del 2008 comenzaron a suscitar reacciones proteccionistas y antiglobalistas.