La etapa imperialista y el camino hacia la Gran Guerra
4. La Crisis de 1873 y la Gran (larga) Depresión
4.3. La concentración económica
Otra de las respuestas para paliar los efectos de la crisis llegó desde el empresariado. Radicó en reducir la competitividad para obtener beneficios y frenar la caída de precios por medio de la combinación de la concentración económica y la racionalización empresarial. Esta articulación da inicio a una etapa de reestructuración de la unidad de producción capitalista con el desarrollo de los trusts, es decir, la fusión de empresas que devinieron en empresas de un tamaño mucho mayor y en el dominio de los mercados por parte de unas pocas.
Para comprender cómo se podría generar la concentración económica existe un método conocido como dumping. Utilizado en ciertas coyunturas críticas, este método consiste en la decisión de las grandes empresas de bajar los precios o establecer acuerdos con otras empresas de tamaño similar para acordar tanto los precios de compra de materia prima como de venta de producto terminado, lo cual puede terminar arruinando a empresas competidoras. Es decir, en tanto una gran empresa puede soportar mejor las fluctuaciones económicas que una empresa pequeña, elige vender su producto a un precio bajo (tal vez hasta a pérdida) porque poseen la capacidad de resistir esa pérdida. Por el contrario, las pequeñas empresas, frente a los competidores, no pueden resistir, funden y, en muchos casos, son compradas por las más grandes que alcanzan una concentración de su poder económico. En este sentido, la crisis dio paso a la existencia de cárteles y trusts. A su vez, los cárteles, y sus vínculos cada vez más estrechos con las entidades bancarias, dieron paso al capitalismo financiero.
Otro aspecto relevante que se relaciona con dicha concentración fue la racionalización de las empresas, denominada gestión científica del trabajo. Con el objetivo de obtener mayores beneficios a partir de la reducción de los costos unitarios de producción se llevaron a cabo las ideas del ingeniero Frederick Taylor, quien, vinculado a la industria del acero, propuso aplicar nuevas técnicas para racionalizar la organización del trabajo en aquellas empresas más grandes a las que se hizo referencia. Para ello, fue planificado un sistema -conocido como “taylorismo”- que buscaba un mayor rendimiento de los trabajadores, eliminando los tiempos muertos de producción a partir de la simplificación e intensificación del trabajo.
¿Cuáles fueron las medidas que lograron la obtención de mayores beneficios y que reestructuraron las grandes empresas capitalistas?
Concretamente, se aplicó una separación total de la planificación y de la ejecución del trabajo por medio de un conjunto de medidas como la estandarización de las tareas y de los productos para lograr producir rápido y barato. De esta manera, el trabajador dejó de controlar el proceso de producción al realizar ahora una tarea específica, sencilla y de forma aislada; se introdujo el cronómetro (instrumento de control del tiempo y del movimiento del trabajador para eliminar los tiempos y movimientos improductivos) y se aplicaron incentivos y castigos para producir más. Para llevar a cabo esta racionalización del trabajo fue calculado el “trabajo promedio”, aunque en la práctica esto equivalía a tomar cómo parámetro al trabajador que más rápido realizaba su tarea.
En este momento es cuando se inicia el estudio de la administración de empresas como “ciencia” y se impone un término que ya utilizamos: el de planificación, pues, las grandes empresas comienzan a organizarse a partir de diferentes funciones realizadas por el dueño, el gerente, el personal de recursos humanos, contaduría, producción y distribución. En efecto, surgirán los primeros manuales que reglamentan dicha organización. Así, se produce una clara división entre los trabajadores de cuello azul y los de cuello blanco (entre quienes realizan un trabajo manual de aquellos que realizan el trabajo intelectual).
Estas propuestas impulsadas por Taylor se profundizaron más tarde con las ideas de Henry Ford, célebre fabricante de automóviles, que ahondó en aquella articulación planificada entre el uso racional de la maquinaria y la mano de obra, al introducir la cinta transportadora. La misma constituyó una de las mayores innovaciones que permitieron aumentar la productividad, pues la permanencia rígida de los trabajadores en sus puestos de trabajo y su acción regulada por la cinta transportadora era la que otorgaba la cedencia de los movimientos del proceso productivo.
Además, Ford, siguiendo con la lógica de mejorar la productividad, incentivó la presencia de los sindicatos y de los convenios colectivos de trabajo para mejorar las remuneraciones.
Las y los invitamos a ver un breve fragmento de la película Tiempos modernos de Chaplin, en el que, de modo satírico e irónico, se observa la jornada laboral de un trabajador, sujeto al ritmo de la cadena de montaje y la alienación que este movimiento sistemático producía. Es decir, Chaplin muestra de manera crítica el devenir del ser humano en una suerte de autómata, consecuencia de la estandarización y disciplinamiento del trabajo.