3. Construir tu rol

Las creencias acerca de sí mismo

Cuando comenzamos a estudiar, seamos conscientes o no, tenemos cierta expectativa acerca de cuál va a ser nuestro propio desempeño en las materias o en una materia en particular. Esto se relaciona con la imagen que tenemos de nosotros mismos como estudiantes y con nuestras creencias acerca de nuestra propia capacidad.

Es una especie de “autoconcepto” que fuimos construyendo a lo largo de nuestras experiencias escolares previas a partir de la interacción con personas de nuestro entorno familiar y con los docentes que tuvimos. Se expresan en frases como “Soy muy bueno en matemáticas”, “Me llevaba casi todas las materias”, “No entiendo lo que leo”, etc.

A veces, este autoconcepto está atravesado también por cuestiones de género o de clase social y grupo étnico (por ejemplo, pensar que los varones tienen mejor desempeño que las mujeres en ciertas áreas, o que ciertos grupos sociales tienen un desempeño mejor o peor, o que ciertos niveles educativos están reservados a una minoría).

Por ejemplo, egresados de las universidades fueron varones. Las mujeres que tenían acceso a la educación, no llegaban al nivel superior. Esta situación no resultaba llamativa porque se correspondía con el lugar de la mujer en la sociedad en aquella época.

La primera mujer graduada en la Universidad de Buenos Aires fue Cecilia Grierson, que se recibió de médica en 1889.

A lo largo de los años, la matrícula femenina fue aumentando y, en la actualidad, la cantidad de estudiantes mujeres supera a la de estudiantes varones.

Las investigaciones sobre el aprendizaje muestran que esta percepción que tenemos sobre nuestra capacidad condiciona nuestra disposición para el aprendizaje en situaciones nuevas. Cuando nos consideramos capaces, podemos enfrentar los problemas como desafíos que nos llevan a probar soluciones con confianza y seguridad. Por el contrario, una baja valoración de nuestra propia capacidad nos lleve posiblemente a evitar los desafíos o abandonar rápido la búsqueda de soluciones, pensando que el éxito no depende de nosotros y está fuera de nuestro control.

Es importante reflexionar sobre estas creencias acerca de nuestro potencial y de nuestras limitaciones porque pueden incidir en las expectativas de nuestro desempeño en una materia y reducir el esfuerzo que ponemos (en lugar de incrementarlo). Entonces estas creencias funcionan como una “profecía autocumplida” y las confirman. Por ejemplo:

Ilustración Desafío 1

 

Un razonamiento como este, seguramente desaliente a Facundo para tratar de comprender las explicaciones, preguntar lo que no entiende y ejercitar, en el convencimiento de que eso está fuera de sus posibilidades de comprensión. Entonces es posible que no logre un buen desempeño. Y que confirme así la predicción inicial.

Ilustración Desafío 1

Un razonamiento como este seguramente impulse a Lucila a resolver las tareas con confianza y a consultar cuando una consigna le genera dudas o no entienda bien lo que se espera de la tarea. Posiblemente, logre un buen desempeño o, al menos, no se desaliente ante la primera dificultad. Así confirma la predicción inicial.

Y vos ¿cómo te percibís como estudiante?

Como dijimos, este autoconcepto se construyó a partir de experiencias anteriores, pero también se va modificando a partir de las experiencias presentes. Nuevas experiencias de aprendizaje exitosas pueden ir modificando tus creencias acerca de tu propia capacidad: buenas calificaciones, una devolución elogiosa de un docente a tu trabajo, un comentario que destaca una intervención tuya en clase, la valoración de tus compañeros…

¿Recordás momentos en los que hayas sentido que eras muy buena o bueno en un área? ¿A partir de qué?

En aquellas áreas en las que no te sentís tan capaz, podés darte otra oportunidad. Todos conocemos historias de personas que triunfaron en sus profesiones y que en la escuela no eran “buenos alumnos” o no lo eran en las materias en las que después fueron casi eminencias. Algunas de las más importantes figuras de las ciencias no tuvieron un desempeño destacado en la escuela.

¿Conocés a estas personas?

Hacé click en las imágenes y encontrá información sobre estas personas.

 

Cursar una carrera, aprobar una materia en la universidad no es una proeza imposible ni algo para genios o superhéroes. Simplemente, poné más esfuerzo en aquellas áreas en las que creés que podés tener más dificultad. Lo más probable es que te sorprendas con buenos logros, y que estas experiencias te dejen en una mejor posición para enfrentar los siguientes desafíos.

Las propias motivaciones para estudiar una carrera

Volvamos a las razones por las que decidiste estudiar una carrera universitaria.

Otro factor que influye en las decisiones sobre nuestro estudio son nuestras motivaciones para estudiar y lo que esperamos obtener de la experiencia universitaria. Podemos clasificar estas motivaciones en cuatro orientaciones[1].

Orientación
Expectativa

Vocacional

Obtener un título para ejercer una profesión en el futuro y mejorar la situación social.

Académica

Interés intrínseco en profundizar el conocimiento en un área y seguir estudiando.

Personal

Emprender un desafío y ampliar horizontes.

Social

Disfrutar lo que ofrece la experiencia universitaria.

Puede haber un motivo predominante o un motivo principal y otros secundarios, o combinaciones.

→Recordá tu respuesta a por qué elegiste tu carrera y fijate cuál de estas orientaciones se acercan más tus razones.

Estas expectativas acerca de lo que esperamos obtener de los estudios en la universidad nos llevan a definir un “contrato de estudios” personal y en función de eso juzgamos nuestro éxito o satisfacción. Este contrato, al igual que las creencias, también influye sobre nuestro enfoque de aprendizaje. Por ejemplo, podríamos pensar que alguien con un interés predominantemente “social” obtendrá menos satisfacción del estudio de una materia que alguien con un interés predominantemente “académico”; alguien con un interés predominantemente “vocacional” obtendrá mayor satisfacción de aprobar materias que de los conocimientos que obtiene en ella.

Pero este contrato personal inicial se va modificando a partir de la experiencia de cursado y es posible que varíe en cada materia.


[1] Esta conceptualización es planteada por Noel Entwistle, un investigador sobre el aprendizaje, en La comprensión del aprendizaje en el aula, Barcelona/Madrid, Paidós, MEC, 1988.