Leé la pregunta o consigna varias veces. Seguramente quieras identificar en seguida si es un tema que manejás y los materiales de estudio de referencia. Eso está muy bien. Pero detenete también en lo que tenés que hacer sobre ese tema, prestando atención a los verbos de la consigna o lo que plantea la pregunta. Por ejemplo, si te piden que definas conceptos, que expliques la relación entre dos enfoques, que argumentes a favor o en contra de algo, que des un ejemplo y lo justifiques, que analices una situación, etc. El conocimiento que tengas sobre ese tema lo tenés que estructurar de manera de responder la tarea específica que te plantean. Si no, puede suceder que la consigna o pregunta no queden resueltas.
Antes de empezar a escribir, anticipá cómo va a ser la respuesta. Esto es particularmente importante en los exámenes de respuesta extensa.
Redactá la respuesta. En un examen presencial, hay que escribir rápido para llegar a completar la resolución. Pero:
Al terminar, volvé a leer la pregunta o consigna, y tu respuesta. Si hay alguna información faltante necesaria, podés poner “una llamada” (un asterisco o un número) y al final agregar lo que querés.
Leé varias veces la pregunta o consigna. En los exámenes de respuesta cerrada no hay que redactar, solo hay que marcar la respuesta correcta o completar una palabra o símbolo. Pero no te dejes llevar por el impulso de la primera respuesta, o hacelo, pero después volvé a leer todas las palabras del enunciado para entender el problema que plantea y todas las alternativas de respuesta porque a veces las diferencias entre una y otra son mínimas pero relevantes.
Prestá atención a la mecánica de la respuesta. En los ítems de respuesta cerrada a veces las consignas contienen muchas indicaciones: algunas tienen que ver con lo que hay que responder, pero otras con cómo hacerlo (por ejemplo, que la respuesta la escribas en un casillero determinado, o con tinta para que no se borre, o que la cantidad de decimales a computan en los cálculos, etc.). Esto es importante para que se contabilicen adecuadamente tus respuestas.
Al terminar, volvé a leer las preguntas o consignas, y tus respuestas. Puede suceder que cambies algunas de las respuestas. Asegurate de que quede claro a quien evalúa cuál es la respuesta que debe considerar para la corrección. Si las respuestas se debían escribir en un cuadro al final o al principio del examen, asegurate de plasmar los cambios allí.

Preparate para la situación. La situación de interacción directa con el evaluador suele ser motivo de ansiedad en las primeras experiencias. Por eso es importante que practiques previamente explicar a otro lo que querés decir (puede ser un otro real o imaginado, o podés grabarte con el celular y luego escucharte).
Manejá la situación. Podés pedirle apoyo al evaluador: hacer una pausa para pensar, para reorganizar tu respuesta o hacerte un esquema de la exposición; o pedir que te reformulen la pregunta si no estás seguro de entenderla… Si sentís que los nervios te están jugando una mala pasada, pensá qué te puede ayudar a resolverlo y no dudes en pedirlo.