5. Resolver el examen

Si se trata de exámenes escritos de respuesta abierta:

Leé la pregunta o consigna varias veces. Seguramente quieras identificar en seguida si es un tema que manejás y los materiales de estudio de referencia. Eso está muy bien. Pero detenete también en lo que tenés que hacer sobre ese tema, prestando atención a los verbos de la consigna o lo que plantea la pregunta. Por ejemplo, si te piden que definas conceptos, que expliques la relación entre dos enfoques, que argumentes a favor o en contra de algo, que des un ejemplo y lo justifiques, que analices una situación, etc. El conocimiento que tengas sobre ese tema lo tenés que estructurar de manera de responder la tarea específica que te plantean. Si no, puede suceder que la consigna o pregunta no queden resueltas.

Antes de empezar a escribir, anticipá cómo va a ser la respuesta. Esto es particularmente importante en los exámenes de respuesta extensa.

  • Delimitá el alcance de la respuesta: los docentes suelen decir que las respuestas deben ser concisas y los estudiantes infieren que deben ser breves o que solo deben mencionar las cuestiones sin explicarlas; cuando llega la corrección, el docente dice que faltó desarrollo; el estudiante queda molesto porque entiende que le habían dicho otra cosa. Es así, identificá los elementos esenciales para la respuesta y cuáles son secundarios. Lo imprescindible tenés que desarrollarlo en detalle. Lo secundario podés omitirlo o solo mencionarlo.  Si tenés dudas, podés preguntarle al docente: “Yo estoy pensando en encarar la respuesta con A, B y C, ¿hace falta que incluya también D?”.
  • Planificá mentalmente o en una hoja en borrador el orden en que vas a presentar las ideas. Esto ayuda a que no “te vayas por las ramas” con información irrelevante y que después no te alcance el tiempo, o que falten cosas centrales y que te des cuenta una vez que entregaste el examen.

Redactá la respuesta. En un examen presencial, hay que escribir rápido para llegar a completar la resolución. Pero:

  • Sé lo más cuidadoso que puedas en la escritura para que el profesor pueda leerla “de corrido” sin grandes obstáculos. Cuando la letra es poco clara y hay que releer una y otra vez, es difícil para el evaluador mantener en su mente el sentido del texto.
  • Respetá los signos de puntuación, el uso de mayúsculas, las reglas de acentuación porque un examen es un documento formal.
  • Podés utilizar las abreviaturas convencionales, pero no las que vos ideaste para agilizar la toma de apuntes, porque tu docente no las comprenderá.
  • Si borrás o tachás, asegurate de que resulte claro lo que sí va.

Al terminar, volvé a leer la pregunta o consigna, y tu respuesta.  Si hay alguna información faltante necesaria, podés poner “una llamada” (un asterisco o un número) y al final agregar lo que querés.


Si se trata de exámenes escritos de respuesta cerrada:
  • Leé varias veces la pregunta o consigna. En los exámenes de respuesta cerrada no hay que redactar, solo hay que marcar la respuesta correcta o completar una palabra o símbolo. Pero no te dejes llevar por el impulso de la primera respuesta, o hacelo, pero después volvé a leer todas las palabras del enunciado para entender el problema que plantea y todas las alternativas de respuesta porque a veces las diferencias entre una y otra son mínimas pero relevantes. 

  • Prestá atención a la mecánica de la respuesta. En los ítems de respuesta cerrada a veces las consignas contienen muchas indicaciones: algunas tienen que ver con lo que hay que responder, pero otras con cómo hacerlo (por ejemplo, que la respuesta la escribas en un casillero determinado, o con tinta para que no se borre, o que la cantidad de decimales a computan en los cálculos, etc.). Esto es importante para que se contabilicen adecuadamente tus respuestas.

  • Al terminar, volvé a leer las preguntas o consignas, y tus respuestas.  Puede suceder que cambies algunas de las respuestas. Asegurate de que quede claro a quien evalúa cuál es la respuesta que debe considerar para la corrección. Si las respuestas se debían escribir en un cuadro al final o al principio del examen, asegurate de plasmar los cambios allí.


Si se trata de exámenes orales y de actuación:
  • Preparate para la situación. La situación de interacción directa con el evaluador suele ser motivo de ansiedad en las primeras experiencias. Por eso es importante que practiques previamente explicar a otro lo que querés decir (puede ser un otro real o imaginado, o podés grabarte con el celular y luego escucharte). 

  • Manejá la situación. Podés pedirle apoyo al evaluador: hacer una pausa para pensar, para reorganizar tu respuesta o hacerte un esquema de la exposición; o pedir que te reformulen la pregunta si no estás seguro de entenderla… Si sentís que los nervios te están jugando una mala pasada, pensá qué te puede ayudar a resolverlo y no dudes en pedirlo.