3. Las relaciones sociales según Karl Marx: cooperación, división del trabajo, explotación y conflicto

Según el fundador del socialismo científico Karl Marx (1818-1883), todas las relaciones sociales son relaciones de producción. Esto responde a que, según el autor, lo que nos diferencia de otros seres vivos es que podemos producir aquello que necesitamos para vivir: fabricamos herramientas, cultivamos alimentos, construimos casas, inventamos tecnología. En otras palabras, transformamos la naturaleza mediante el trabajo, y esa actividad productiva constituye la base de la organización social.

Asimismo, gracias a esta capacidad de producir, los seres humanos desarrollamos la cultura y la civilización. Pero Marx aclara algo importante: ni nuestra existencia ni el modo en que la producimos es el resultado de actividades puramente individuales. Es decir, no actuamos de forma aislada, sino que existimos y producimos colectivamente, cooperando entre nosotros. Así, sostiene que nuestra existencia es el resultado de la cooperación, y que esta es la relación social básica de los seres humanos.

Ahora bien, esta cooperación no siempre fue igual a lo largo de la historia. Según Marx, la forma en que las personas trabajan en conjunto también cambia conforme se transforman las condiciones materiales y las formas de producción. En las sociedades prehistóricas, por ejemplo, la cooperación era simple y la especialización del trabajo, escasa: todos cultivaban, todos cazaban y todos recolectaban. Con el tiempo, la cooperación se complejizó, y generó una creciente especialización de tareas que estructuró nuevas formas de organización social.

Hoy, esa especialización alcanza todos los ámbitos: la producción, el comercio, la administración e incluso el conocimiento. Dentro de cada rama de la producción —y dentro de cada proceso productivo—, las tareas se reparten entre distintos puestos de trabajo, lo que Marx denominó “división técnica del trabajo”. Esto significa que cada persona se especializa en una parte del proceso: alguien diseña un producto, otra persona evalúa su rentabilidad, otros se encargan de producirlo, publicitarlo y venderlo.

Sin embargo, a lo largo de la historia, la división del trabajo no solo ha organizado la producción, sino que también ha generado (y aún genera) relaciones desiguales tanto en la distribución de las tareas como en la distribución de los productos del trabajo. En este sentido, Marx sostiene que la división del trabajo refleja las condiciones en las que el trabajo se realiza y que, cuando esas condiciones son impuestas por una parte de la sociedad sobre otra, surge una separación fundamental entre quienes realizan el trabajo físico y quienes desempeñan el trabajo intelectual. Esto quiere decir que se genera una división entre quienes participan directamente en la producción de los bienes materiales (encargados de la fabricación, elaboración o distribución de lo que la sociedad necesita) y quienes no trabajan directamente en el proceso productivo, pero lo dirigen y controlan, y se apropian total o parcialmente de sus resultados o beneficios.

Imagen que representa la división del trabajo hacia el interior de una fábrica. Imagen generada por IA mediante el uso de [ChatGPT], ([OpenAI, 2022]) con el prompt: “[representación de la división del trabajo en una fábrica]”. https://chatgpt.com/

Históricamente, y en cada modo de producción, esta división dio origen a relaciones de dominación entre clases sociales: una clase dominante, que controla el proceso de producción y transforma su poder económico en poder social y político (como los amos, los señores feudales o los burgueses), y una clase dominada, que realiza el trabajo físico y carece de control sobre los medios de producción (como los esclavos, los siervos o los proletarios).

En este contexto, Marx identifica que la división del trabajo no es un fenómeno único, sino que se manifiesta de diferentes maneras, íntimamente relacionadas entre sí, que explican cómo se organiza la producción y cómo se estructuran las relaciones sociales en cada sociedad. Estas tres formas de división del trabajo son:

Forma de división del trabajo Definición
División funcional del trabajo  Refiere a la separación de la producción en todas sus ramas y actividades.
División técnica del trabajo Consiste en la organización interna de cada proceso productivo distribuyendo las tareas necesarias para elaborar un producto. 
División social del trabajo Abarca a toda la sociedad y está determinada por las condiciones históricas. Se trata de la separación entre quienes producen materialmente la riqueza social y quienes controlan, dirigen y se apropian de sus beneficios, es decir, la distinción entre trabajo físico y trabajo intelectual.

En este sentido, Marx sostiene que, en las sociedades capitalistas modernas, la forma principal de dominación es económica. Esta dominación se expresa a través de la explotación del trabajo “libre”: las personas trabajan de manera “voluntaria” (no son esclavas), pero el resultado de su trabajo beneficia más al dueño de los medios de producción que a quien produce.

Veámoslo paso a paso: cuando un trabajador fabrica un producto o brinda un servicio, está creando valor económico que no recibe íntegramente. Solo una parte retorna a él bajo la forma de salario. Ese salario le permite cubrir sus necesidades básicas (alimentación, vivienda, transporte, etc.), pero no equivale al valor total de lo que produjo. La diferencia entre lo que el trabajador produce y lo que recibe queda en manos del empresario, quien es el propietario del proceso productivo.

El empresario puede apropiarse de ese valor porque controla los medios de producción: las fábricas, las máquinas, las herramientas, las tierras, los animales o las semillas, según el tipo de actividad. Esta situación no es una elección individual, sino el resultado histórico de cómo se ha organizado el trabajo a lo largo del tiempo.

De esta manera, la posición que cada persona ocupa en el proceso productivo (como obrero o como dueño) no depende de su voluntad, sino de condiciones heredadas del pasado y de la forma en que la sociedad se estructura económicamente.

Asimismo, la explotación de una clase sobre otra no es resultado de decisiones individuales, sino más bien es una expresión históricamente condicionada de la forma en que se estructuran las relaciones de producción en el capitalismo. Estas relaciones generan un conflicto permanente entre los intereses de quienes poseen los medios de producción (la burguesía) y quienes dependen de su trabajo para sobrevivir (el proletariado). Mientras los primeros buscan maximizar la ganancia, los segundos buscan mejorar sus condiciones de vida. Esta contradicción es estructural. De este modo, esta tensión no desaparece: la lucha es permanente y se expresa, a veces, con la fuerza de un conflicto de clases.

 Representaciones de la explotación laboral y la supervisión hacia el trabajador

En este sentido, Marx creía que, a medida que el capitalismo se expande, también lo hace la desigualdad (y, por lo tanto, la explotación): la riqueza se concentra cada vez más en manos de una minoría, mientras que aumenta la cantidad de personas sometidas a la explotación en el trabajo. Con el tiempo, este conflicto se vuelve cada vez más visible, más evidente, y las luchas, más constantes y conscientes. Marx pensaba que esta contradicción entre quienes poseen los medios de producción y quienes viven de su trabajo no podía mantenerse para siempre. Tarde o temprano, solo podría terminar en una revolución que cambiara el sistema por completo, a menos que el sistema capitalista lograra justificar y legitimar socialmente su forma de dominación.