5. Principales pensadores

5.1. Karl Marx (1818-1883)

Karl Marx analizó y criticó la sociedad de su tiempo. A diferencia de otros pensadores, propuso soluciones y participó activamente en luchas sociales, lo que le valió persecuciones y exilios. Participó de la Liga de los Comunistas ─ para la cual redactó el Manifiesto del Partido Comunista, junto con su colega y amigo Friedrich Engels (1820-1895) ─ y de la Asociación Internacional de los Trabajadores, lo que lo convirtió en un “líder subversivo” para los gobiernos europeos. Su acción política y sus escritos inspiraron a movimientos socialistas, socialdemócratas y comunistas en la lucha contra lo que entendían como injusticias del capitalismo.

Marx estudió en la Universidad de Berlín, donde predominaba la influencia de Hegel. Este filósofo sostenía una visión idealista de la historia: toda la humanidad sería el resultado del avance de la razón hacia la plena conciencia de sí misma, proceso que se da a través de la dialéctica, es decir, la afirmación, negación y superación de ideas, lo que impulsa un mayor conocimiento y dominio del mundo. Influenciado por Hegel, Marx adoptó la idea del cambio a través de conflictos, pero rechazó la visión idealista de que este podía lograrse solo con enfrentamientos de ideas. Su célebre afirmación radica en que no basta con interpretar el mundo, sino que hay que transformarlo.

Junto con Engels desarrolló el materialismo histórico, enfoque que sostiene que para comprender la sociedad hay que estudiar las condiciones materiales de vida y las relaciones de producción que conforman su “estructura” económica. Las ideas, religiones, filosofías y formas políticas serían una “superestructura” que refleja esas bases materiales. Así las ideas dominantes de una época reflejan los intereses del grupo social que controla los medios de producción. Con este marco conceptual, Marx sentó las bases de un enfoque científico para estudiar las sociedades, aunque nunca se definiera a sí mismo como sociólogo.

Aplicando este enfoque a los problemas sociales de su tiempo, Marx sostiene que estos no son consecuencia del fracaso del capitalismo, sino de su propio éxito como modo de producción en las sociedades modernas. En este modo de producción se establece la división de clases entre la burguesía, la clase propietaria de los medios de producción (tierras, maquinarias, capital) y el proletariado (clase trabajadora que solo posee su fuerza de trabajo). Esta separación entre clases es el resultado de un proceso histórico de expropiación y de dominación que lleva a que una parte minoritaria de la sociedad le imponga al resto condiciones de sometimiento y explotación.

Para analizar las consecuencias sociales de estas relaciones, Marx y Engels señalan que no se debe comenzar por las ideas que las sociedades adoptan para explicarlas, ya que las ideas dominantes reflejan las relaciones materiales de poder. El punto de partida debe ser el estudio de las relaciones materiales de producción, es decir, la estructura económica de la sociedad. Desde esta perspectiva, Marx investigó historia y economía en Londres, y plasmó sus análisis en su obra El capital, donde explica las condiciones y consecuencias del éxito del capitalismo, y cómo la burguesía alcanzó el poder transformando el feudalismo tras la Revolución Industrial y la Revolución francesa.

Cubierta del libro El capital

En dicha obra, Marx explica que el modo de producción capitalista se basa en la explotación del trabajador asalariado: el obrero produce mercancías cuyo valor excedente, la plusvalía, es apropiado por el capitalista. Este plusvalor se reinvierte continuamente, lo que genera acumulación constante. Los trabajadores solo cuentan con su fuerza de trabajo y las relaciones humanas aparecen solo como relaciones con las mercancías. De este modo, las mercancías son humanizadas y los humanos cosificados. Esto toma la forma de un “fetichismo” que oculta el hecho real de que toda la riqueza es producida y distribuida mediante relaciones sociales de producción e intercambio.

En los inicios del capitalismo, las condiciones de trabajo eran duras: salarios miserables, largas jornadas, ambientes peligrosos y trabajo infantil. Pero en la sociedad liberal burguesa los trabajadores son formalmente libres: son las condiciones materiales las que restringen de hecho esa libertad limitando sus opciones al hacerles elegir entre la explotación laboral o el hambre. Sin embargo, los trabajadores pueden usar esa libertad formal para organizarse sindical y políticamente para exigir la mejora de sus condiciones de vida.

Niños trabajando en el contexto del capitalismo industrial del siglo XIX 

De este modo, Marx creía que, una vez organizados con conciencia de sus intereses de clase, reconocerían la necesidad de una transformación social completa mediante una revolución socialista que instaurara un modelo de sociedad más justa. El modelo de esa sociedad es el comunismo, en el que cada ser humano aporta trabajo según sus capacidades y recibe beneficios según sus necesidades.