Émile Durkheim fue un sociólogo francés interesado en aplicar la ciencia al estudio de la sociedad. Aunque comenzó estudiando filosofía, como Marx, vivió en un contexto en el que las ciencias sociales empezaban a consolidarse en la academia francesa, especialmente durante la Tercera República, cuando se buscaba modernizar el Estado y la educación. En 1887 asumió la cátedra de Pedagogía y Ciencias Sociales en la Universidad de Burdeos y trabajó para establecer la sociología como ciencia reconocida y útil para comprender y fortalecer el orden social. Fundó la revista L’année sociologique y escribió tres obras clave: La división del trabajo social, Las reglas del método sociológico y El suicidio.
En Las reglas del método sociológico, publicado en 1895, Durkheim presenta un objeto propio de estudio y un método científico para la sociología, lo que le permitiría diferenciarse de todas las otras formas no científicas de reflexión sobre la sociedad. Además, le permitiría distinguirse, por su objeto de estudio específico, de las otras ciencias que tratan sobre los seres humanos: la biología y la psicología. Este objeto es el “hecho social”, definido como toda forma de actuar, pensar o sentir, exterior a las personas y capaz de ejercer sobre ellas una influencia coactiva.

Cubierta del libro Las reglas del método sociológico
De este modo, Durkheim sostiene que hay muchos aspectos de la vida social, formas en las que los seres humanos actúan, piensan o sienten (como las creencias religiosas, la vestimenta, el lenguaje o la educación), que no dependen solo de la voluntad individual, sino que les vienen impuestas por la sociedad en la que viven. La sociedad es, entonces, una realidad que condiciona y a la vez posibilita la acción individual. Por supuesto que las personas pueden, si lo desean, actuar contradiciendo esos hechos sociales, pero entonces deben enfrentar las resistencias o sanciones que toda sociedad aplica a los intentos de actuar en contra de lo establecido como norma, ya sea formal o informal.
Desde esta perspectiva, Durkheim postula que la sociología estudia los hechos sociales, que son aspectos sociales (no biológicos ni psicológicos) del comportamiento humano. Su método científico consiste en tratar estos hechos como cosas externas y objetivas, en evitar el sentido común o las ideas preconcebidas, y en basar los análisis únicamente en observaciones y fundamentos rigurosos. Así, la mejor forma de estudiar los hechos sociales es mediante el análisis de las regularidades y los cambios en los comportamientos sociales que se observan en las estadísticas.
Dos años después, en El suicidio, Durkheim aplicó este método sociológico para explicar un hecho antes considerado subjetivo: quitarse la vida. Analizando estadísticas europeas, concluyó que los aumentos en las tasas de suicidio se relacionan con cambios sociales de la modernidad. Estos cambios tienen su anclaje en el creciente individualismo que debilita los lazos comunitarios que antes vinculaban a las personas entre sí. En su estudio, identificó distintos tipos de suicidio: el egoísta, causado por la falta de integración social; el altruista, motivado por un exceso de integración y dedicación al grupo donde predomina el deseo abnegado de proteger al grupo aún a costa de la propia vida; el anómico, provocado por la desregulación social y económica que deja a las personas sin normas claras, y el fatalista, resultado de normas demasiado rígidas que asfixian la vida, como la esclavitud o matrimonios infelices sin posibilidad de divorcio.

Émile Durkheim dictando clases en la universidad
Estos cambios observables en las formas de un hecho social como el suicidio están relacionados con los cambios en la forma de organización social que había descrito en su primera obra, La división del trabajo social, de 1893. En ella, Durkheim había explicado que, con el desarrollo de la modernidad, se da una creciente división del trabajo. Esto significa que van apareciendo nuevas ramas en la industria y el comercio, se van especializando las funciones administrativas y surgen nuevas actividades y nuevos conocimientos. Se produce, así, un cambio en la forma en la que se da el vínculo de los individuos entre sí y con la sociedad. A este vínculo lo llamó “solidaridad social”. Afirma entonces que se pasó de una “solidaridad mecánica”, basada en la pertenencia total del individuo al grupo y en comportamientos tradicionales similares, a una solidaridad orgánica, donde la integración social surge de la complementariedad entre individuos que cumplen funciones diferentes y aportan a la sociedad según sus roles.
De este modo, Durkheim sentó las bases de una sociología científica centrada en la observación empírica, la objetividad y el estudio de los mecanismos que mantienen unida a la sociedad.