5. Principales pensadores

5.4. Talcott Parsons (1902-1979)

La obra de Talcott Parsons, sociólogo estadounidense, es muy compleja y fue desarrollada en distintas etapas. Su objetivo fue crear una teoría unificada para la sociología y las ciencias sociales, centrada en la acción social.

En La Estructura de la acción social (1937), Parsons sostiene que esa teoría ya contaba con bases en las ideas de Marshall, Pareto, Durkheim y Weber, con estos dos últimos como los pensadores más influyentes. La importancia de su trabajo fue tal que contribuyó a consolidar a Durkheim y Weber como clásicos indiscutidos de la sociología. La teoría voluntarista de la acción le permite a Parsons señalar el marco de referencia abstracto con el cual comprender cualquier acción concreta. Posee cuatro componentes que configuran la unidad básica de análisis de la sociología. Lo llama el “acto-unidad”, y está compuesto por:

- El actor, un agente social que es quien lleva a cabo la acción.

- Un fin, que es el estado de cosas deseado al que se orienta la acción.

- Una situación, que tiene condiciones que el agente no puede controlar y medios que el agente controla y usa para obtener sus fines.

- Una o más normas, que expresan los valores culturalmente vigentes en la sociedad y que regulan el modo en que el agente elige los medios y los fines para actuar.

Desde este marco, Parsons sostiene que no puede pensarse a la sociedad como una sumatoria de individuos ni a los individuos como átomos aislados que persiguen cada uno solo sus propios intereses. Por el contrario, toda acción, por más que esté motivada por fines individuales, transcurre en el seno de una cultura con normas que la regulan y valores por los cuales también se orienta la acción. Al regularse por los valores sociales que se expresan en las normas, puede comprenderse un aspecto de la acción social que está ausente en la teoría utilitarista liberal: las acciones sociales contribuyen a conservar el orden social no como un resultado automático de la libertad de mercado, sino porque en su propio desarrollo están guiadas por orientaciones normativas que reproducen los valores culturales vigentes.

En El sistema social (1951), Parsons amplía su teoría de la acción y la presenta a la sociedad como un sistema, es decir, como un conjunto de elementos organizados que se relacionan para cumplir una función definida. Puede estar formado por objetos, ideas o personas. El modo en que se organizan los elementos de un sistema define su estructura (aspecto estático), y la forma en que se relacionan define su función (aspecto dinámico). Los sistemas existen en un entorno con el que interactúan: si son abiertos, pueden intercambiar información, energía o materia mediante entradas y salidas, e incluso compartir elementos con otros sistemas.

Cubierta del libro La estructura de la acción social y del libro El sistema social

Todas estas nociones le permiten a Parsons afirmar que la acción social es un sistema abierto muy complejo en el que intervienen componentes de otros sistemas, pero que no se puede explicar completamente por ninguno de ellos. 

Toda acción se desarrolla en condiciones materiales del entorno que tienen que ver con los aspectos físicos y químicos del mundo natural. Necesita incorporar elementos adaptados a esas condiciones y, por eso, utiliza componentes del sistema orgánico humano. Es decir, en toda acción participa, de alguna manera, el cuerpo humano. Asimismo, para orientarse hacia el logro de un fin, depende de decisiones y motivaciones (función que cumplen los componentes del sistema de la personalidad), inspiradas en el principio freudiano del placer. Al ser una acción social, implica interacción entre varios actores y es regulada por normas compartidas (sistema social), que garantizan orden mediante recompensas o sanciones. Además, las acciones se guían por valores, ideas y creencias comunes (sistema cultural), que se reproducen y mantienen a través de la práctica social.

La acción puede ser comprendida, así, como un sistema abierto que se interpenetra con otros cuatro sistemas que son independientes entre sí:

- El sistema cultural le aporta a la acción las pautas de valor.

- El sistema social genera la integración social de los actores.

- El sistema de la personalidad provee las orientaciones motivacionales para el logro de las metas.

- El sistema biológico, que Parsons llama “organismo o sistema conductual”, le otorga la capacidad de adaptación con el ambiente, lo que incluye la obtención de los recursos energéticos que hacen posible la acción.

La teoría de Parsons fue criticada por su carácter abstracto y alejado de las descripciones concretas de la vida social. Sin embargo, otros encontraron en ella una apología de las condiciones en que se daba la integración de las masas en la sociedad de consumo estadounidense de mediados del siglo XX.

Cuando esa sociedad entró en crisis en la década de 1960, con los conflictos generacionales, raciales y las protestas por la Guerra de Vietnam, la influencia del paradigma parsoniano entró también en crisis y fue atacado por su invisibilización teórica del conflicto social. Parsons hizo modificaciones en su teoría, pero ya era tarde: nuevas perspectivas ganaron terreno, y algunas incluso rechazaron la necesidad de una teoría general, lo que llevó a la fragmentación de la sociología en múltiples corrientes.      

Manifestación contra la guerra de Vietnam en Estados Unidos en la década de 1960

Recién hacia fines del siglo XX reapareció en la sociología la idea de construir una teoría de la sociedad de la mano de autores como Anthony Giddens (1938), Pierre Bourdieu (1930-2002) y los alemanes Jürgen Habermas (1929) y Niklas Luhmann (1927-1998), sobre quien hablaremos más adelante.