Si bien las formas organizativas existen desde las primeras civilizaciones —como lo evidencian las grandes obras hidráulicas en Mesopotamia o las estrategias militares de la antigua Roma—, el auge de las organizaciones modernas se sitúa en un momento histórico clave: la Revolución Industrial. Este proceso marca el inicio de la organización formal del trabajo libre y ha sido ampliamente analizado por pensadores clásicos como Adam Smith, Karl Marx y Émile Durkheim, quienes señalaron el aumento de la división del trabajo y la especialización como características centrales del surgimiento de la modernidad.
En este contexto, Max Weber introdujo una mirada decisiva al describir estos cambios como parte de un proceso de racionalización “específico y peculiar de la civilización occidental” (Weber, 2003, p. 23). Racionalización significa, entonces, buscar la máxima eficiencia en los procesos productivos y administrativos mediante la división previa de tareas, la supervisión jerárquica y el establecimiento de reglas y regulaciones detalladas que guían las acciones y los procedimientos.
Esta lógica se materializó en el ámbito de la producción con la introducción de las máquinas, que redujeron la dependencia de los saberes de los artesanos y transformaron a los trabajadores industriales en un engranaje más del sistema productivo. Los ritmos y modos de trabajo pasaron a imponerse sobre las capacidades humanas, lo que dio forma a lo que Frederick Taylor (1856-1915) llamó la “dirección científica de la producción”. Posteriormente, Henry Ford (1863-1947) llevaría estos principios a su máxima expresión con la creación de la cadena de montaje del famoso modelo Ford T, que se convirtió en símbolo de la organización racional-capitalista del trabajo.

Línea de ensamblaje y montaje automotriz, propia del fordismo
Numerosas producciones audiovisuales han mostrado las implicancias de la organización racional-capitalista desde distintas miradas. Entre ellas, la película Tiempos modernos (1936), de Charles Chaplin, es sin dudas la que mejor refleja esta dinámica.

Imagen de la película Tiempos modernos (1936) que representa la lógica racional capitalista
De este modo, las transformaciones de la Revolución Industrial dieron lugar no solo a nuevas formas de organización del trabajo, sino también a la administración racional-burocrática, que marcaría profundamente tanto al ámbito estatal como al empresarial.