7. Las organizaciones como sistemas abiertos

Las dos definiciones anteriores permiten pensar a las organizaciones desde su funcionamiento interno. Sin embargo, tal como vimos anteriormente, es posible abordarlas desde otra perspectiva, centrada en su relación con el entorno y en su carácter de “sistemas”.

Pero ¿qué significa “sistema”? La palabra proviene del griego y alude a una ‘unión organizada de cosas o elementos’. En este sentido, una organización puede considerarse un sistema porque está compuesta por distintas partes que se relacionan entre sí. La diferencia está en si solo miramos lo que ocurre en su interior o si también incorporamos su relación con el exterior: la cultura, las leyes, los recursos, las condiciones políticas, sociales y ambientales que la atraviesan.

Desde mediados del siglo XX, la Teoría General de los Sistemas, desarrollada por Ludwig von Bertalanffy, propuso justamente esto: comprender que los sistemas no son estructuras fijas, sino conjuntos dinámicos que interactúan permanentemente con el entorno. Aplicada al campo organizacional, esta perspectiva nos muestra que las organizaciones son sistemas abiertos, que a partir de ingresos y egresos de personas, materiales e información están en constante interacción con el entorno. Esta interacción las obliga a adaptarse y a transformar sus objetivos, sus estructuras e incluso el equilibrio de poder entre los distintos grupos que las componen.

En este marco, una organización se entiende como un conjunto de actividades interdependientes, que deben renovarse de manera continua para sostener su funcionamiento. Cada elemento (ya sea un departamento, una división o incluso cada persona) es parte del sistema y, a la vez, puede considerarse un subsistema que mantiene vínculos hacia adentro y hacia afuera.

Imaginemos, por ejemplo, una empresa con diferentes áreas: Compras, Producción, Ventas y Finanzas. El área de Compras aporta los insumos a Producción; Producción transforma esos insumos en bienes; Ventas coloca esos bienes en el mercado; y Finanzas administra los recursos generados para sostener el funcionamiento del conjunto. Cada área puede, a su vez, dividirse en dependencias más pequeñas (como Facturación, Cobranzas o Contabilidad), y cada una de ellas está integrada por personas, que también constituyen subsistemas con capacidades y necesidades propias.

Organigrama que representa las áreas y dependencias de una organización

Asimismo, algunos de estos subsistemas se especializan en la relación con el entorno (como Compras y Ventas), mientras que otros se centran en el funcionamiento interno (como Producción o Finanzas). Todos, sin embargo, deben articularse entre sí. De esta manera, la organización se convierte en un sistema dinámico que solo puede sostenerse si logra integrar armónicamente a sus partes y adaptarse a las condiciones externas, gracias a un flujo continuo de información que retroalimenta todo el proceso.