8. Las organizaciones como sistemas operativamente clausurados

A fines del siglo XX, a partir de la teoría de los sistemas de acción social de Talcott Parsons, el sociólogo alemán Niklas Luhmann desarrolló una teoría más compleja acerca de los sistemas sociales. Luhmann propuso que los sistemas no deben definirse por sus partes o elementos, sino por su operación. Cada sistema es operativamente clausurado, es decir, está definido únicamente por la operación que lo constituye, la cual lo produce y reproduce en el tiempo.

Según Luhmann, un ejemplo de estos sistemas clausurados son los sistemas orgánicos, que se caracterizan por producir y reproducir vida a partir de la propia vida. Esto significa que los procesos que los constituyen (como la síntesis de proteínas o la reproducción celular) no dependen directamente de elementos externos para su funcionamiento básico, sino que permiten que el sistema se mantenga y se regenere a sí mismo. Al mismo tiempo, estos procesos hacen que el sistema se distinga de otros sistemas y del entorno inorgánico. Esta capacidad de un sistema de producir y sostener sus propios componentes de manera continua se denomina autopoiesis, un concepto de origen griego que significa literalmente “autoproducción”.

Luhmann extiende este mismo enfoque a los sistemas sociales, a los que entiende como autopoiéticos y operativamente clausurados. Esto significa que los sistemas sociales no se sostienen por elementos externos, sino por sus propias operaciones internas. Dentro de este marco, la sociedad es el sistema social más amplio e incluye a todos los demás.

La operación fundamental que define a estos sistemas es la comunicación. En este sentido, los sistemas sociales no “contienen” cosas materiales ni individuos, sino que funcionan produciendo continuamente nuevas comunicaciones a partir de comunicaciones anteriores. Es decir, cada comunicación genera las condiciones para otras comunicaciones, en una cadena ininterrumpida que mantiene activo al sistema.

Interacción informal en un equipo de trabajo

Una consecuencia central de esta perspectiva es que, estrictamente hablando, en los sistemas sociales no forman parte los seres humanos como tales. Las personas, ya sea entendidas como cuerpos o como conciencias, no realizan la operación de la comunicación: esa operación corresponde exclusivamente al sistema social. Por eso, Luhmann distingue entre sistemas psíquicos (la conciencia) y sistemas biológicos (la vida), que pertenecen al entorno de los sistemas sociales.

Desde esta mirada, la sociología no estudia individuos, intenciones o emociones, sino las formas y dinámicas de la comunicación. Los sujetos quedan fuera del sistema social, aunque sean condiciones necesarias en su entorno para que la comunicación sea posible.

Ahora bien, que los sistemas sean operativamente clausurados no implica que están totalmente cerrados ni que funcionan como sistemas abiertos tradicionales. Esto significa que no incorporan de manera directa elementos del entorno, sino que solo se relacionan con él a través de sus propias operaciones internas. Por este motivo, el entorno no actúa sobre el sistema de forma automática, sino que sus influencias solo tienen efecto cuando el sistema las interpreta según su propia lógica. En ese proceso, el sistema puede modificarse, pero siempre de manera interna y coherente con su propia estructura.

En este marco, los sistemas sociales se acoplan o vinculan con los sistemas psíquicos a través del lenguaje, el cual permite a las personas pensar y comunicarse al mismo tiempo. De este modo, los sistemas sociales se diferencian entre sí solo por la forma en que comunican.

En esta línea, las organizaciones son sistemas sociales que producen un tipo específico de comunicación: la decisión. Generan decisiones nuevas a partir de decisiones previas, y cualquier comunicación que forme parte del sistema debe ser tratada como una decisión. La primera decisión es participar en la organización, o fundar la organización; a partir de allí, todas las decisiones se interrelacionan y estructuran el sistema.

Grupo de trabajo tomando decisiones

Según Luhmann, las organizaciones pueden entenderse como sistemas que operan a partir de decisiones. Su función principal es procesar las “irritaciones” del entorno, es decir, los estímulos o influencias externas, sin incorporarlas directamente, sino traduciéndolas en nuevas decisiones internas. En este sentido, la organización distingue siempre entre el sistema (la propia organización) y el entorno, donde se ubican otros sistemas sociales y las personas que participan en ellos.

Para poder funcionar, las organizaciones se estructuran mediante roles, tareas y jerarquías, que ordenan quién decide, cómo circula la información y en qué secuencia se producen las decisiones. Esta estructura permite que la organización mantenga su propio funcionamiento, generando sus decisiones de manera autónoma. Al mismo tiempo, las organizaciones no son estáticas: se van ajustando continuamente a las influencias del entorno, pero siempre dentro de los límites de sus propias operaciones, es decir, transformando esos estímulos en decisiones propias en lugar de recibirlos de forma directa.

En este sentido, Luhmann sostiene que la organización surge como un nuevo principio de construcción social, capaz de producir estabilidad y de responder de manera continua a las exigencias del entorno. En este sentido, la organización funciona como mediadora entre distintos sistemas sociales, en tanto las comunicaciones de estos se concretan en su interior y se transforman en decisiones específicas. Así, cada sistema encuentra en las organizaciones un espacio donde sus comunicaciones se traducen en operaciones concretas, como ocurre en hospitales, bancos, tribunales, empresas o asociaciones sin fines de lucro, entre otros.