La siguiente pregunta que debemos hacernos es ¿cómo es que incorporamos el conocimiento de las referencias sociales y culturales que nos permiten tener, en mayor o menor medida, esa habilidad social? Es decir ¿cómo aprendemos qué es la sociedad y de qué está compuesta?, ¿cómo aprendemos a movernos en ella? Y, quizás lo más importante, ¿cómo construimos, en este proceso, nuestra identidad?
Dos autores que responden de un modo muy interesante estos interrogantes son el sociólogo austríaco Peter Berger (1929-2017) y el sociólogo esloveno Thomas Luckman (1927-2016). En 1967, publicaron juntos un libro que es hoy un clásico de la sociología: La construcción social de la realidad y que nos va a ayudar a aclarar nuestras inquietudes.
Para ellos, los seres humanos somos tanto seres sociales como naturales, sin que podamos separar ambas condiciones. A diferencia de otras especies, los humanos no poseemos instintos innatos, es decir, no estamos biológicamente programados para actuar de un modo u otro, sino que nuestros instintos son plásticos, es decir, cambiantes y adaptables. Otro aspecto que nos diferencia de gran parte de las especies es que nacemos sumamente indefensos y continuamos desarrollando muchas de nuestras funciones luego de nacer. Es decir que el cuidado y la protección de otros seres humanos es indispensable para nuestra supervivencia. Ese cuidado y protección involucran, desde el vamos, relaciones sociales mediadas por el lenguaje. Por lo tanto, nuestra principal característica como seres vivos es ser tanto naturales como sociales, en igual medida y con igual grado de necesidad.
No hay, para estos autores, una contradicción, ni una oposición ni un enfrentamiento entre el individuo y la sociedad. Este es el punto de partida para pensar el proceso de integración de las personas en la sociedad, es decir, el proceso de socialización.