
Una mañana, mientras organizaba sus cuentas, Sami se dio cuenta de que solo le quedaban
$ 90.000 disponibles. Con ese dinero podía:
Si elijo una opción, no voy a poder hacer la otra. ¿Qué pierdo en cada caso?
El beneficio que se deja de recibir cuando se elige una alternativa en lugar de otra se llama costo de oportunidad. Por ejemplo, si tenés $ 5000 y decidís ir a una salida con tus amigos, el costo de oportunidad es lo que dejás de comprar con ese dinero, por ejemplo, unas zapatillas que querías o las vacaciones para las que estás ahorrando. Al elegir una opción, renunciás al beneficio que podría haberte dado la otra.
Por eso no importa solo calcular cuánto se gana o gasta, sino también evaluar qué se deja de ganar con cada decisión.

Sami entendió que:
Este hallazgo le permitió analizar mejor su resultado y planificar el futuro de su emprendimiento.
La contabilidad es, en esencia, una forma de mirar un emprendimiento con claridad. No solo sirve para ver cuánto se ganó, sino también para entender cómo se relacionan esas ganancias con los recursos, deudas y decisiones.
Todos estos elementos se integran en el estado de resultados, donde se puede ver, en un período, si el emprendimiento produjo una ganancia o una pérdida. Ese resultado, positivo o negativo, impacta luego en el balance y modifica directamente el patrimonio neto.
Después de varias semanas de feria con nuevas telas, se sentó con su cuaderno y sumó:
“Entonces, mi ganancia es $ 120.000”, afirmó.

El resultado de un período es la diferencia entre ingresos y egresos. Puede ser:
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Concepto |
Monto ($) |
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Ventas |
500.000 |
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Costos de producción |
250.000 |
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Gastos de feria |
80.000 |
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Otros gastos |
50.000 |
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Resultado |
? |
Las decisiones cotidianas (aceptar un pedido, pagar al proveedor, esperar un cobro) se transforman en información contable que permite evaluar el desempeño de la gestión, la sostenibilidad del proyecto y la capacidad de generar valor en el tiempo.