El sociólogo canadiense Erving Goffman (1922-1982), contemporáneo de Parsons, también se interesó por comprender cómo las personas se comportan en sus interacciones cotidianas. A ese conjunto de comportamientos lo llamó “el orden de la interacción”, y lo describió como un tipo de comportamiento estratégico, en el que todos actuamos tratando de convencer a los demás como si fuésemos actores frente a un público.
Según el autor, en la situación de interacción tratamos de responder a las expectativas que creemos que los demás tienen de nosotros controlando aquellos aspectos de nuestra personalidad que podrían no ajustarse a lo esperado, y tratando de disimular las características físicas que, suponemos, pueden no agradarles.
Nuestro esfuerzo constante, en cada interacción social, está orientado a encajar en ese estereotipo porque, de lo contrario, corremos el riesgo de ser rechazados o estigmatizados. Ese esfuerzo cambia de una situación a otra a medida que nos movemos por distintos ámbitos de la sociedad. No es, por ejemplo, igual el esfuerzo que hacemos en las situaciones más flexibles de la vida cotidiana que el que nos imponen las condiciones más rígidas de la vida institucional. De todos modos, siempre está presente: siempre estamos desempeñando un papel para tratar de convencer a un público tanto de que somos quienes esperan que seamos como de que somos de verdad lo que decimos que somos. Y siempre tratamos que las “peculiaridades” psíquicas o físicas que todos, en alguna medida, tenemos y pueden ser vistas como “desvíos” de la norma, no nos delaten y nos expongan ante los demás como no merecedores de su confianza o aceptación. Este es el modo en que —mediante un esfuerzo constante, pero la mayor parte del tiempo inconsciente, de estrategia y habilidad, que, según Goffman, se asemeja a una representación teatral— nos integramos en la sociedad.

Representación del uso de "máscaras" en el entorno social. Imagen generada por IA mediante el uso de [ChatGPT], ([OpenAI, 2022]) con el prompt: “[representación de un hombre formal con máscaras al costado]”. https://chatgpt.com/
¿Te pasó alguna vez que decidiste cambiar tu forma de vestir o de actuar para encajar en un grupo? Para Goffman, esa situación muestra algo esencial de la vida social: nuestra habilidad para desenvolvernos en sociedad depende de conocer el marco cultural que nos rodea, con sus expectativas, normas y estereotipos.
Estas expectativas y estereotipos nos indican cómo deberíamos ser o comportarnos según nuestra posición y nuestro rol en la sociedad. A ese conjunto de expectativas Goffman lo llama “identidad social virtual”: es la imagen ideal o anticipada que los demás tienen de nosotros.
Sin embargo, también tenemos una “identidad social real”, que es el modo en que efectivamente actuamos, y los atributos o capacidades que mostramos en esas acciones. Ambas identidades (la virtual y la real) no siempre coinciden, y esa diferencia genera una tensión constante. Por lo cual, en cada interacción social estamos ejercitando permanentemente nuestra habilidad para manejar esa tensión. Por ejemplo, en el ámbito de la educación podemos ser estudiantes, profesores, administrativos o personal de limpieza; en el de la salud podemos ser médico, paciente, técnico u otros; podemos ser de clase baja, media o alta, tener o no trabajo, etcétera. Cada una de estas posiciones viene acompañada de estereotipos que nos dicen cuál es el comportamiento considerado “adecuado” o “aceptable”. Por esta razón, en nuestras interacciones cotidianas, ajustamos nuestro comportamiento para encajar en esas expectativas y evitar el rechazo o la estigmatización. Este esfuerzo cambia según el contexto: no actuamos igual en los espacios más flexibles de la vida cotidiana que en las situaciones más formales o institucionales, en las que las reglas son más rígidas.

Jóvenes expresando su identidad y pertenencia a un grupo mediante la apariencia
Asimismo, en todos los casos, siempre estamos representando un papel para tratar de convencer a un público tanto de que somos quienes esperan que seamos como también de que somos de verdad lo que decimos que somos. En definitiva, esta representación implica un esfuerzo de estrategia y habilidad que permite que las personas logremos integrarnos en la sociedad.