Una vez que hemos alcanzado la socialización primaria, estamos preparados para participar en nuevos espacios sociales más amplios, como la escuela, el club o el trabajo, que forman parte de la socialización secundaria. Por ejemplo, si somos capaces de aceptar reglas generales en nuestra casa (ir al baño, comer con cubiertos, etcétera), eso quiere decir que también vamos a poder hacerlo en el jardín o en la colonia de vacaciones. En los casos en que esto no ocurre, pueden aparecer dificultades en el comportamiento y en la interacción social, que obstaculizan o incluso impiden una integración adecuada del individuo en la sociedad.

Escenas de socialización secundaria en la escuela
La socialización secundaria es, simplemente, el aprendizaje continuo de las reglas que rigen y de los roles que imponen los distintos grupos secundarios en los que vamos participando. Esos grupos secundarios son, en primer lugar, la escuela, desde la etapa inicial, la primaria y la secundaria. Luego la universidad, pero también los distintos ámbitos laborales, los grupos a los que nos integramos, ya sea de amigos, en el club o en cualquiera de las actividades que realizamos. Cada uno de estos espacios posee sus propias normas, expectativas y modos de funcionamiento, y en todos ellos ocupamos un rol determinado.
Si pudimos incorporar la noción de que la sociedad es un mundo regido por reglas válidas para todos y que esas reglas implican el cumplimiento de roles o funciones, entonces ya estamos listos para interpretar adecuadamente las lógicas de funcionamiento de los distintos submundos que conforman esa sociedad. Toda nuestra vida social es un proceso constante de socialización secundaria. A través de este proceso nos incorporamos progresivamente a la vida institucional y vamos aprendiendo a desenvolvernos dentro de las organizaciones, reconociendo sus reglas, sus dinámicas y los roles que cada uno debe cumplir.