Como señalamos en el bloque Los inicios del siglo XX, la Primera Guerra Mundial supuso un quiebre civilizatorio con respecto al orden mundial previo. Es decir, los rasgos propios de la etapa imperialista (las últimas décadas del siglo XIX), a nivel político, social y económico, se vieron alterados tras la contienda bélica.
Por un lado, debemos tener en cuenta que el mapa europeo se reconfiguró en 1918: el hundimiento de los imperios Austrohúngaro, Alemán y Ruso dio paso a la creación de numerosos estados: tal es el caso de Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Finlandia, entre otros.
Les proponemos observar el siguiente mapa, en el cual podrán apreciar los cambios mencionados, concretamente, cuáles fueron los territorios que se desmembraron de las fronteras imperiales de Alemania, Austria-Hungría y Rusia.

Tras la victoria de la entente (Francia y Reino Unido), los aliados en la Primera Guerra Mundial, las naciones beligerantes firmaron en París tratados de paz, el más importante de ellos fue el Tratado de Versalles (en junio de 1919), firmado con Alemania. Se inició un período de tensa estabilidad en una Europa devastada por los años bélicos.

De izquierda a derecha: Thomas Woodrow Wilson (presidente de Estados Unidos), Lloyd George (Primer Ministro del Reino Unido), Vittorio Emanuele Orlando (Primer Ministro italiano) y Clemenceau (Primer Ministro de Francia).
Las condiciones de paz impuestas generaron profundas tensiones en el viejo continente, y más específicamente en Alemania. ¿Por qué motivos? En gran parte, porque el acuerdo de Versalles responsabilizó exclusivamente a Alemania del inicio de la contienda (en virtud de la cláusula de la “culpabilidad de la guerra”), razón por la cual esta última se vio obligada a aceptar condiciones extremadamente duras: por un lado, asumir las llamadas reparaciones de guerra (es decir, pagar indemnizaciones -importantes sumas de dinero anuales- a las naciones victoriosas), perder sus colonias de ultramar, al igual que extensos territorios del propio Estado alemán y aceptar la ocupación extranjera en la cuenca del Sarre, una zona alemana sumamente rica en recursos minerales, como el carbón.
Por otro lado, Alemania vio afectadas sus Fuerzas Armadas: el ejército quedó reducido a 100.000 hombres, su flota marítima a unos pocos barcos y su fuerza aérea, prohibida. A su vez, debió eliminar el servicio militar de los ciudadanos alemanes y la nación se vio impedida de fabricar o comprar armas, entre otras cláusulas punitivas. La intención de las naciones vencedoras (y de Francia en particular, debido a una enemistad de larga data con su país vecino) era evitar un renacimiento militar y económico de Alemania. Por todo ello, el Tratado de Versalles despertó un fuerte rechazo por parte de la población alemana y de la mayoría del espectro político, en un clima plagado de humillación y de deseos de revancha que tendrá importantes consecuencias en los años siguientes, como veremos más adelante.
¿Recuerdan el proceso revolucionario desencadenado en Rusia, en 1917? El mismo impactó fuertemente en los años subsiguientes: como hemos señalado, fue la primera vez que una revolución socialista triunfaba dando inicio al primer gobierno obrero de la historia. Ello sumado a la crítica situación económica que atravesaban los países, alentó diversos alzamientos revolucionarios, alentó diversos alzamientos revolucionarios de los movimientos obreros en Europa, que intentaban seguir el ejemplo ruso: en Italia, durante el llamado "bienio rojo" (1919 y 1920) se hicieron sentir con mayor fuerza en la zona industrial del norte: huelgas, toma de fábricas (por ejemplo, la de la fábrica automotriz Fiat, en Turín) y distintas movilizaciones obreras y comunistas. También en Alemania, se sucedieron intentos revolucionarios de la mano de la Liga Espartaquista, cuyos miembros se habían alejado de la Socialdemocracia alemana, y en 1919 conformaron el Partido Comunista Alemán.
Ahora bien, la organización de los partidos comunistas europeos se articuló a través de la creación de la Tercera Internacional Comunista, fundada en Moscú, en 1919, y brindó una estructura organizativa al accionar de los comunistas, en Europa en particular. ¿Cuál era su finalidad? La lucha contra el sistema capitalista a nivel mundial, para lo cual se delinearon diversas estrategias de lucha que debían cumplirse por parte de los diferentes partidos comunistas del mundo, en el intento por extender o exportar la Revolución Rusa.
Sin embargo, los alzamientos revolucionarios en Europa tras la Primera Guerra Mundial fueron duramente reprimidos y muchos de sus líderes, asesinados. Quisiéramos destacar aquí a la líder socialista y una de las fundadoras de la Liga Espartaquista de Alemania: Rosa Luxemburgo.

Fuente: Rosa Luxemburgo en un evento paralelo al Congreso Socialista Internacional de Stuttgart en 1907
Rosa Luxemburgo fue asesinada, al igual que su compañero Karl Liebknecht, en el marco de la salvaje represión por parte de los freikorps, milicias armadas paramilitares antimarxistas, conformadas en gran parte por los veteranos de la gran guerra.
En la siguiente imagen pueden observar el grabado que la artista alemana Khäte Kollwiz le dedicó a Karl Liebknecht en donde se expresa el dolor de los/as compañeras y de los trabajadores.

Fuente: Käthe Kollwitz, Memorativo a Karl Liebknecht (1919-1920). Grabado en madera. Extraído de Donald Drew Egbert, El arte y la izquierda en Europa. De la Revolución Francesa a Mayo de 1968, Barcelona, Gustavo Gili, 1981.
En suma, tras el fin de la Primera Guerra Mundial, los sistemas políticos liberales de Europa se vieron inmersos en problemáticas políticas, sociales e ideológicas. La imposibilidad de los gobiernos de responder a las demandas sociales del período de posguerra, el impacto producido por cuatro años de lucha sangrienta y el triunfo de la Revolución Rusa pusieron en crisis a las instituciones políticas liberales y democráticas desarrolladas a lo largo del siglo XIX. Esta crisis política fue parte de una crisis general de la moral burguesa.
¿Qué implicó esto último? Que tanto los partidos que defendían el orden capitalista, como aquellos que lo enfrentaban, adoptaron medios de lucha ajenos a la participación liberal democrática. En muchos estados europeos, los años de entreguerras vieron un quiebre en sus instituciones liberales y la llegada al poder de regímenes autoritarios: son los años del ascenso del fascismo.