2. El contexto europeo en 1939

2.2. La expansión territorial de Hitler hasta 1939

Durante los años previos a la guerra, Hitler llevó a cabo una política de expansión territorial en Europa justificada por el concepto geográfico de espacio vital (Lebensraum). Como hemos visto anteriormente, al llegar al poder, en 1933, emprendió un proceso de militarización de la sociedad alemana, desconociendo el Tratado de Versalles, a la vez que se retiró de la Sociedad de las Naciones (la organización internacional creada tras la Primera Guerra Mundial, que velaba por preservar la paz). 

A partir de allí, el objetivo del régimen nazi consistió en unificar en una sola nación a todas las poblaciones germánicas (es decir, alemanes) que vivían en otros países del este europeo. Por ello, emprendió una campaña de anexiones territoriales, agrandando Alemania a costa de otros países. En primer lugar, las tropas nazis ocuparon Austria, en marzo de 1938. 

Ícono video En el tramo final de la ya clásica película “La novicia rebelde” (1965) se aborda este suceso. En el siguiente fragmento pueden apreciar cómo el protagonista austríaco (el capitán Von Trapp), al regresar de un viaje, se encuentra con la esvástica (bandera de la Alemania Nazi) colgada en el frente de su casa y, en franca oposición con la anexión y ocupación nazi de Austria, descuelga la bandera y la rompe, sin importar las consecuencias que este acto podía provocar:

¿Cuál era el origen de la bandera nazi?

En 1920, Hitler había adoptado la cruz esvástica como símbolo principal del Partido Nazi. La misma había sido utilizada como símbolo del sol o de buena suerte por los pueblos arios, centenares de años atrás (un pueblo indoeuropeo originario del que se especulaba que era racial y lingüísticamente homogéneo). A partir de allí, dicha cruz pasó a tener una connotación antisemita (es decir, contraria a la población judía y a la mezcla racial en general).

Luego de la anexión austríaca, siguió el turno de Checoslovaquia: allí, la región de los Sudetes (región fronteriza con Alemania), de gran importancia industrial, también estaba habitada por población germánica. 

Ahora bien, ¿cuál fue la actitud de las principales potencias occidentales ante la expansión territorial nazi sobre Europa? En el caso de Austria, no manifestaron su oposición. Por un lado, consideraron prudente no enfrentar a Hitler para preservar la paz en el continente y, por otro lado, el anticomunismo del líder nazi les resultaba conveniente para hacer frente a la extensión del socialismo en los nuevos y pequeños Estados del este europeo. No obstante, sí expresaron su desacuerdo a la pretensión nazi de continuar expandiéndose territorialmente. A tal fin, en septiembre de 1938, los Primeros Ministros de Gran Bretaña y Francia se reunieron con Hitler (y con Mussolini, como mediador) en la ciudad alemana de Múnich.

El líder fascista también estaba llevando a cabo una política imperialista para Italia: en octubre de 1935 se lanzaba a conquistar Etiopía, en África. Dos eran los objetivos: insertar sus productos en nuevos mercados para enfrentar la recesión económica y reivindicar el pasado imperial en el que se quería legitimar el régimen de Mussolini. Es decir, con diferentes motivaciones y objetivos territoriales, ambos gobiernos totalitarios llevaron a cabo una política de expansión en los años treinta, sin hallar demasiadas voces en contra en el plano internacional.

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Acuerdo de Múnich (1938)

Retornando a la reunión concertada en Múnich, el objetivo de dicho encuentro consistía en llegar a un acuerdo con el líder nazi para evitar el estallido de una nueva guerra. Con dicho fin, se aceptaron las pretensiones alemanas sobre la región de los Sudetes a cambio de un pacto de no agresión de Hitler hacia Gran Bretaña y Francia. Checoslovaquia quedó indefensa y dividida (la región checa quedó en manos de los alemanes y Eslovaquia se vio obligada a separarse). 

En líneas generales, la población alemana de la región de los Sudetes se mostró satisfecha de la anexión a Alemania, por lo que recibió de manera muy entusiasta al ejército de ocupación nazi. En las siguientes imágenes se pueden advertir las muestras de alegría por parte de vastos sectores de la población germana de los Sudetes:

Jóvenes de los Sudetes marchando

Jóvenes de los Sudetes marchando del brazo de soldados de infantería alemanes
Fuente: La Segunda Guerra Mundial. Los nazis, España, Ediciones Folio, S.A., 2008.

Mujeres alemanas de los Sudetes con vestimenta tradicional

Mujeres alemanas de los Sudetes con vestimenta tradicional, reciben emocionadas a los soldados alemanes.
Fuente: La Segunda Guerra Mundial. Los nazis, España, Ediciones Folio, S.A., 2008.

El Primer Ministro inglés, Arthur Chamberlain, dijo al retornar de Múnich: “Tengo la convicción de que esto significa la paz para nuestra generación”. Nada más lejos de lo sucedido en los meses venideros. 

En agosto de 1939, Hitler firmó un pacto de no agresión con Stalin (algo impensado, dado el anticomunismo que profesaba) para poder continuar su expansionismo territorial sobre el este sin temer una reacción por parte de la URSS. El Pacto Molotov-Ribbentrop implicó un acuerdo secreto de reparto de Polonia entre ambos regímenes (nazi y soviético). 

Desconociendo lo acordado en Múnich con las potencias occidentales, Hitler continuó su proyecto de engrandecer territorialmente Alemania. El 1º de septiembre de 1939 invadió Polonia, hecho que desencadenó la Segunda Guerra Mundial.