3. El desarrollo de la guerra

3.2. La derrota del Eje

El avance de los aliados sobre Europa se produjo por el este y el oeste, cercando a Alemania e Italia. En junio de 1944, el desembarco aliado en Normandía pasó a la historia como el “día D”: norteamericanos, británicos y canadienses llevaron a cabo una gran invasión marítima sobre el continente, obligando al ejército nazi a replegarse. En agosto de 1944, se produjo la liberación de Francia de la ocupación nazi. La alegría de la población parisina y los festejos llevados a cabo quedaron retratados en innumerables imágenes de la guerra: 

Liberación de Francia de la ocupación nazi

Fuente: Colección Conozca Más, Nº 27, Buenos Aires, Editorial Atlántida, 1995.

Por otro lado, el Ejército Rojo fue avanzando por Europa oriental hasta Berlín. En mayo de 1945, los aliados ocuparon la capital alemana, dando fin al ambicioso plan de Hitler de extender el poderío alemán por Europa y el mundo. Similar destino tuvo el efímero régimen fascista en el norte de Italia: Mussolini fue apresado y fusilado por grupos antifascistas. En el caso del régimen nazi, ante la derrota inminente, Hitler y varios jerarcas nazis se suicidaron, dejando al pueblo alemán a merced de los aliados, que obtuvieron la rendición incondicional de Alemania. 

En la siguiente fotografía podrán observar cómo los soldados rusos despliegan la bandera de la Unión Soviética sobre el Parlamento alemán, el Reichstag.

 Soldados rusos despliegan la bandera de la Unión Soviética

Fuente: Archivo del Museo de Historia de Rusia. (Sputnik)

¿Y Japón?

La rendición nipona se logró unos meses después, en agosto de 1945, luego del lanzamiento -que Estados Unidos decidió unilateralmente sin consultar con sus aliados- de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, que dejaron un saldo inmediato de alrededor de 120.000 muertes (que se incrementarían en los meses subsiguientes) y con nefastas consecuencias para los sobrevivientes de los dos atentados nucleares sobre población civil.

En 1945, la guerra iniciada en 1939 había dejado como saldo una suma espeluznante de aproximadamente 50 millones de muertos, entre población civil y militar; Europa y Japón quedarían con sus campos y sus complejos industriales destruidos; la estructura social quedaría devastada como resultado no sólo del ingente número de muertos, sino también de los miles de desplazados; y finalmente, con un orden político por reconstruir. Durante el período bélico, por otra parte, se produjo uno de los hechos más aberrantes del siglo XX: el holocausto sobre el pueblo judío. A este tema dedicaremos nuestra atención en el siguiente apartado.