4. El Holocausto

Cuando hablamos del holocausto (o shoah) nos referimos al genocidio que se desató en contra de la población judía bajo el nazismo, sobre todo entre 1941 y 1943. No obstante, la política racial del régimen nazi comenzó tempranamente, con la promulgación en 1935 de la denominadas Leyes Raciales de Núremberg. De esta manera, los nazis dieron carácter legal a sus ideas raciales sobre la humanidad: consideraban que la raza aria (a la cual pertenecían los alemanes) era superior, mientras que los judíos pertenecían a una raza inferior. En virtud las leyes raciales, se determinaba quién era judío (investigando la ascendencia familiar) y se les quitaba la ciudadanía alemana, excluyéndolos del resto de la población: no podían compartir espacios públicos, como bares, tranvías, colegios, etcétera; se les denegó el ejercicio de profesiones y de determinados cargos (en la prensa, por ejemplo), y se prohibieron los casamientos “mixtos”, es decir, entre alemanes “arios” y judíos, y toda relación entre ambos. Quienes violaban la ley eran penalizados y además, víctimas de humillaciones, se les obligaba a desfilar por las calles portando carteles detallando su “crimen”, escoltados por miembros de las SS.

Campañas difamatorias antisemitas se desplegaron bajo el régimen nazi, a cargo del Ministro de Propaganda, Joseph Goebbels: caricaturas y estereotipos sobre la población judía eran difundidos en la prensa; en los colegios se distribuían cartillas de prejuicios entre los niños alemanes, alertando a la sociedad de los peligros que entrañaba “el judío”. Además, se lo responsabilizaba de la Primera Guerra Mundial, de su inicio y, especialmente, de la derrota alemana, como podemos advertir en el siguiente póster, ampliamente distribuido bajo el régimen nazi. En él, se representa al pueblo alemán descorriendo una cortina de conspiración para encontrar detrás al “judío instigador y prolongador de la guerra”.

 

Fuente: La Segunda Guerra Mundial. Los nazis, España, Ediciones Folio, S.A., 2008   

La propaganda antisemita atribuía rapacidad al pueblo judío y alianzas con los comunistas. Fuente: Astigarra, Maisa, Ana Frank (2007), Madrid, Globus

¿Cómo impactó dicha campaña en la sociedad alemana?

En Alemania, los prejuicios contra la población judía (que había alcanzado los plenos derechos civiles y políticos en 1871) existían desde antes de la llegada de los nazis al poder. Las medidas legales del régimen contra la población judía fueron aceptadas por la sociedad, aunque de manera pasiva, con indiferencia, generándose una distancia cada vez mayor entre la minoría de judíos alemanes y el resto de la población (los judíos alemanes representaban el 1% de la población en Alemania y el 4% en Berlín).

Ahora bien, los historiadores tienden a distinguir entre una minoría del partido, para la cual el antisemitismo era una prioridad, y la inmensa mayoría de la población alemana, para la cual no lo era, que si bien aceptó con cierta indiferencia las leyes raciales, no apoyaba abiertamente los actos violentos de los sectores más radicales del partido. Un ejemplo de esto último es el suceso conocido como “la noche de los cristales rotos”, en noviembre de 1938, que implicó ataques contra las propiedades y locales de la población judía, a la vez que se ejerció violencia física sobre esta última.

Tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial, la política racial del régimen se fue extendiendo al resto de los Estados europeos bajo el control nazi. La conformación de guetos -barrios cerrados donde era obligada a residir la población judía, en pésimas condiciones habitacionales y de salubridad, hacinada y marginada del resto de las ciudades- fue práctica habitual en los territorios ocupados. 

Judíos confinados en el gueto de Varsovia

Judíos confinados en el gueto de Varsovia, Polonia. Fuente: La Segunda Guerra Mundial. Los nazis, España, Ediciones Folio, S.A., 2008       

Así, aunque muchos judíos intentaron escapar de la persecución nazi, las posibilidades se fueron reduciendo. No sólo la expansión nazi les dejó pocas alternativas dentro de Europa, sino que incluso muchos que tenían los recursos para migrar no pudieron conseguir asilo y muchos países (como Estados Unidos) no modificaron sus cuotas migratorias frente al aumento de la demanda de ingreso por parte de judíos.

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El genocidio nazi en los campos de concentración y de exterminio

En 1941, la población judía de toda la zona europea ocupada por Hitler debió portar la estrella de David en su vestimenta, como insignia visual de su condición de judío. A su vez, la existencia de numerosos campos de concentración fue parte esencial del genocidio nazi: los más grandes fueron Auschwitz-Birkenau, Bergen-Belsen, Treblinka y Mauthausen (destino de muchos republicanos españoles tras la ocupación alemana de Francia), entre otros. 

Ingreso al campo de concentración Auschwitz-Birkenau

Ingreso al campo de concentración Auschwitz, en el complejo Auschwitz-Birkenau (actualmente Museo estatal Auschwitz-Birkenau). En el ingreso, la frase macabra “Arbeit macht frei” (el trabajo libera) que leían los prisioneros al arribar. Fuente: Astigarra, Maisa, Ana Frank (2007), Madrid, Globus

En los campos de concentración los objetivos eran dos. Primero, la deshumanización o desaparición simbólica de las víctimas: se les tatuaba un número que reemplazaba su nombre, se les rapaba, se les vestía con ropas de prisioneros, se les despojaba de todo bien (desde propiedades y joyas, hasta fotografías) que los vinculara con su historia y con la persona que eran antes de arribar al centro, se les separaba en pabellones de varones y de mujeres, y se les sometía a trabajos forzosos que incluían en ocasiones involucrarse en el circuito del campo. Segundo, el exterminio físico de los prisioneros a los que nada más podía extraérseles.

¿Cómo era la organización de tareas en los campos de concentración nazis?

Estaban muy bien delimitadas: por ejemplo, algunos recibían a los prisioneros, los cuales habían sido trasladados en trenes, en vagones completamente hacinados, sin posibilidad de sentarse siquiera, sin beber ni comer durante dos o tres días. Se procedía al despojo de sus escasas pertenencias, se establecía una diferenciación entre los aptos para trabajar y aquellos que no (los cuales eran conducidos directamente a las cámaras de gas).

Llegada de prisioneros a Auschwitz

Llegada de prisioneros a Auschwitz y selección para sus diversos destinos por miembros de las SS. Fuente: Astigarra, Maisa, Ana Frank (2007), Madrid, Globus

El sistema que posibilitó el asesinato masivo de judíos estaba organizado de acuerdo a una división de tareas (similar al taylorismo, que hemos analizado anteriormente en el sector industrial), las cuales eran llevadas a cabo por individuos (muchas veces los propios prisioneros) que cumplían con una labor burocrática, una acción individual que, unida al engranaje del resto, permitió llevar a cabo la muerte de millones de personas.

En los campos de concentración el exterminio estaba diseñado de manera fría y racional. A través de la implementación de la tecnología de la muerte, cada día las cámaras de gas se cobraron la vida de miles de personas (ancianos, mujeres, niños, hombres en general). En efecto, el gas Ziklon B podía matar diariamente a 12 mil personas: era la producción en masa de cadáveres. En este sentido, muchos historiadores han afirmado que los campos de concentración nazi eran un producto de la modernidad: "grandes fábricas industriales de la muerte".

Existen diversas interpretaciones sobre el holocausto, es decir, los historiadores aportan miradas sobre cómo concebirlo: ¿fue un plan preestablecido por Hitler, desde antes de asumir el poder en Alemania, o bien producto de las circunstancias caóticas de la guerra? También hay un interés por analizar las motivaciones que indujeron a los alemanes corrientes, que integraban las instituciones policíacas del régimen (la Gestapo, la Policía del Orden, las SS) a convertirse en asesinos, a llevar a cabo el exterminio masivo de millones de judíos. 

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La solución final

Tras la fallida invasión a la Unión Soviética, el exterminio llevado a cabo por el régimen alemán se aceleró. En 1942, el jerarca nazi Heydrich expresó: “La solución final del problema judío en Europa deberá ser aplicada a once millones de personas (...), los judíos deben ser transferidos bajo custodia al Este, y allí ser afectados al servicio del trabajo. Formados en colonias de trabajo los judíos aptos, hombres por un lado, mujeres por el otro, serán llevados a esos territorios para construir las rutas; sin decir que una gran parte de ellos se eliminará naturalmente por su estado físico deficiente. Los que a fin de cuentas subsistieran -y que pueden considerarse como la parte más resistente- deberán ser tratados en consecuencia.” A partir de allí, fueron asesinados millones de judíos: sólo en Auschwitz, Polonia, casi 2.500.000 personas perecieron en las cámaras de gas. Cuando los aliados arribaron y liberaron los campos de concentración nazis, el horror cobró forma en las montañas de cadáveres apilados y en el estado de los prisioneros sobrevivientes. Numerosas fotografías son testimonios visuales de dicho escenario, tan terrorífico como incomprensible: 

Campos de concentración

Campos de concentración

Campos de concentración

Imágenes tras la liberación de Bergen-Belsen. Fuente: Astigarra, Maisa, Ana Frank (2007), Madrid, Globus

La imagen sintetiza la deshumanización de las víctimas y el estado de los sobrevivientes.

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Palabras, testimonios

Tras la liberación, muchos sobrevivientes plasmaron sus vivencias en escritos y testimonios, en ocasiones luego de un lapso considerable de tiempo, necesario para procesar lo vivido, las pérdidas de familiares, los traumas psicológicos y físicos. Pero sin dudas, uno de los testimonios que reflejan dichos años de horror y persecución sobre el pueblo judío es el Diario de Ana Frank. Nacida en Alemania, en 1929, se dirigió junto con su familia a Holanda escapando de la política antisemita del régimen nazi. Durante la guerra, tras la ocupación alemana del territorio holandés, se vieron obligados a vivir escondidos en la buhardilla de la casa donde el padre de Ana tenía su negocio. Ella ingresó al refugio con 13 años y prosiguió escribiendo su diario íntimo, relatando sus vivencias, sus pensamientos y sus impresiones de la guerra, en suma, dejando un tremendo testimonio de la cruel situación. Finalmente, dos años después, las SS los detuvieron y trasladaron a diversos campos de concentración. Ana murió de tifus en Bergen-Belsen junto con su hermana Margot, en febrero o marzo de 1945, unos meses antes de la liberación del lugar por los británicos y del fin de la guerra. El diario pasó desapercibido por los oficiales nazis que requisaron el escondite y, posteriormente, su padre (único sobreviviente de la familia) lo editó, cumpliendo en alguna forma el deseo de Ana de llegar a ser escritora.

Las fotos de Ana Frank y su familia fueron tomadas por su padre, Otto Frank, antes de la Segunda Guerra Mundial y durante su estancia en Ámsterdam. Después de la guerra, Otto Frank donó muchas de estas fotos al Museo Ana Frank en Ámsterdam, donde se exhiben actualmente

Ícono video En el siguiente video se visualiza a Ana en Ámsterdam, observando desde su balcón la salida de una pareja de novios de la casa contigua a la suya.

Es la única filmación de una de las mujeres más trascendentes del siglo XX. ¿Y por qué lo fue? Las palabras de Primo Levi, un judío italiano y militante antifascista que sobrevivió al campo de concentración de Auschwitz, nos brindan una respuesta al interrogante: 

“Una sola Ana Frank nos conmueve más que las innumerables personas que sufrieron igual que ella, pero cuyas imágenes permanecen en la sombra. Y así quizá haya de ser: si debiéramos y pudiéramos compartir los sufrimientos de todos, no podríamos seguir viviendo”.