¿Héroes o villanos?
4. Poison Ivy: la filosofía de la ecología profunda
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El maniqueísmo del universo de los superhéroes
El mundo de los superhéroes está claramente dividido entre aquellos que luchan por el bien y aquellos que lo hacen por el mal. De un lado están los héroes, del otro los villanos. Batman protege Gotham, mientras el Joker elabora planes de robos, asesinatos y masacres. Desde este punto de vista, el mundo de los superhéroes es maniqueo. El adjetivo maniqueo proviene de maniqueísmo, una doctrina religiosa del siglo III d.C. fundada por un sabio persa de nombre Mani. El culto maniqueo suponía la creencia de una eterna lucha de dos principios opuestos, el Bien y el Mal, la Luz y las Tinieblas. Cuando afirmamos que existen personas buenas y personas malas, sobre todo si consideramos estas determinaciones morales como intrínsecas, esenciales o naturales, adoptamos una clara concepción maniquea.

Batman contra Joker
Muchos han señalado que el gran problema con el maniqueísmo es su simplismo, pues, ¿es posible declarar que alguien es absolutamente bueno o completamente malo? Los guionistas de historietas de superhéroes han tomado conciencia de este inconveniente en las últimas décadas. No es raro ver en algunas historias cómo un personaje que nació siendo villano se complejiza y se transforma en lo que se conoce como un antihéroe. Un antihéroe es un héroe con defectos, vicios, lejos de la perfección moral que se espera de él. Es el caso patente de Poison Ivy o Hiedra Venenosa del universo de enemigos de Batman. Aunque se siga rechazando sus métodos violentos, el fin de sus actos de ecoterrorismo son hoy revalorados. Al fin y al cabo, ella busca salvar la flora del medioambiente de la contaminación producida por la industria humana.
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Poison Ivy, una supervillana convertida en antiheroína
Poison Ivy fue creada en 1966 por Robert Kanigher y Sheldon Moldoff para antagonizar con el dúo dinámico de Batman y Robin. Su nombre real es Pamela Isley y es doctora en biología botánica. A causa de unos experimentos con toxinas que se realizan con ella, adquiere los poderes de controlar las plantas de la Tierra, pero también pierde la cordura y se vuelve una supervillana. En sus primeras apariciones encarnaba el perfil clásico de femme fatale. Este término francés, que se traduce en español por mujer fatal, hace alusión al estereotipo de una mujer hermosa, misteriosa y seductora que usa sus encantos para llevar a los hombres a su perdición. Últimamente, el personaje fue abandonando sus rasgos sexistas originales, como se puede comprobar a partir de la apariencia y personalidad que adopta en la serie animada Harley Quinn estrenada en 2019. Los escritores del programa además han decidido resaltar su costado ambientalista, no como el resultado de un delirio patológico, sino como una preocupación genuina por la naturaleza. Podemos encontrar puntos en común entre sus ideales y los de la ecología profunda.

Poison Ivy en Batman: la serie animada de 1992 (izq.) y Poison Ivy en Harley Quinn de 2019 (der.)
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Ecología Profunda
La ecología profunda es una filosofía ambientalista fundada en la década del sesenta por el pensador noruego Arne Næss (1912 – 2009). Es producto de la toma de conciencia en aquella época de los daños irreparables que la hiperproducción y el hiperconsumo estaban provocando al planeta Tierra (por ej. el efecto invernadero y la ruptura de la capa de ozono). Esta filosofía propone principalmente comprender, apreciar y resguardar el valor inherente de todos los seres vivos más allá del valor instrumental asignado por la humanidad en la satisfacción de sus necesidades. Así pues, desde su punto de vista, un árbol no es valioso porque de él se obtiene madera para construir una casa o un animal de granja vale algo porque “nos ofrece” alimento, sino que ellos tienen un valor en sí mismo en cuanto organismos únicos que componen la riqueza y diversidad de la naturaleza.
El movimiento de la ecología profunda critica severamente la visión antropocéntrica que adoptan sobre todo las sociedades occidentales. Esta visión ubica al ser humano como especie superior con derecho a hacer uso indiscriminado del resto de los seres vivos. Filósofos modernos como Francis Bacon (1561-1626) o René Descartes (1596-1650) son precursores de esta ideologías con la que Poison Ivy estaría muy en desacuerdo. A modo de ilustración, la desforestación de la selva amazónica para el uso del suelo en el desarrollo de la industria ganadera está justificada en última instancia por la primacía de la humanidad. Desde 1970 se han perdido más de 800 mil kilómetros de selva, dañando profundamente la biodiversidad de la zona. La ecología profunda propone adoptar una nueva visión holística del mundo. Esto implica entender que la supervivencia de cualquier parte depende del bienestar del todo. Esta visión es ecocéntrica en vez de antropocéntrica.

A la izquierda, visión ecocéntrica.
A la derecha, visión antropocéntrica.
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Profundo versus superficial
El adjetivo profundo en el nombre de este movimiento proviene de su contraposición con lo que Næss denominó ecología superficial. La ecología superficial comprende las políticas, las empresas y las medidas del llamado desarrollo sustentable que buscan paliar las consecuencias negativas de la modernización, pero sin revisar sus bases ideológicas. El objetivo primario de esta ecología superficial es encontrar maneras innovadoras de continuar el desarrollo capitalista industrial global evitando poner en peligro la vida y el estilo de vida de las personas, o, por lo menos, de ciertas personas. Así, ante la desaparición de las reservas de combustibles fósiles, como el petróleo, algunas empresas automovilísticas diseñan autos eléctricos. Surge la duda de si este cambio es para proteger el medioambiente o para evitar una caída de sus ganancias en el futuro próximo. Næss alerta que en general las acciones de la ecología superficial o el desarrollo sustentable están dirigidas a preservar el bienestar de las personas adineradas y favorecen a los países desarrollados capitalistas. La ecología profunda, por su parte, no sólo se preocupa por la biodiversidad y el medio ambiente, sino que también tiene en consideración cuestiones económicas, sociales y políticas.
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Para seguir filosofando
Pese a sus métodos terroristas, ¿podemos seguir diciendo que los objetivos de Poison Ivy son malvados? ¿Qué sucede si los revisamos a partir de los principios de la ecología profunda? ¿No es momento de redimirla y considerar que tiene una lección ética que ofrecernos?