Ambiente: El mundo que somos, cómo nos conectamos lo vivo y lo no vivo en el ambiente.
2. Nunca solos (a veces, incluso, “mal acompañados”)
A. Todo bicho que camina tiene nombre y apellido
Un grupo de amigas/os emprende una aventura natural: muy cerquita de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires visitan el Parque Nacional Ciervo de los Pantanos. Lo primero que se encuentran es un cartel con el emblema del parque, que es un ciervo nativo de la zona. Sin embargo uno de los guardaparques le cuenta a las y los visitantes que el ciervo no es el único animal del parque: habrá un puma que lo mire con cariño para el almuerzo, y una pulga, que también come “del” ciervo, pero de otra manera, y un pájaro que, posado en el lomo del ciervo, “vigila” mientras sus congéneres pájaros se alimentan ahí cerquita. Una de las visitantes, L, estudiante para diseñadora gráfica, no puede dejar de pensar que entonces el emblema del Parque Nacional debería cambiar y agregar las demás especies, para estar más completo (Figura 1).

Figura 1: El emblema del Parque Nacional Ciervo de los Pantanos, con los agregados según información del guardaparques. Desde en rincón con el número (1) un puma al acecho; en el lomo del ciervo con el (2) un pájaro alerta que avisa a otros de su especie ante la llegada de predadores; sobre el ciervo con el (3) una pulga hiper ampliada.
Aún con este emblema “ampliado”, otro de los amigos que visita el Parque nota que en el esquema el ciervo está rodeado de vegetación: pastos, algunos arbustos en el fondo, incluso un árbol. Es decir que no solo está acompañado por otros animales, sino que también hay plantas. Ahí empiezan a surgir las dudas entre las y los visitantes: todo “lo que es verde”, ¿funciona igual que los animales? ¿influye en la existencia del puma? Para ayudar a las y los amigos en sus interrogantes, empecemos por entender que todos los organismos que conocemos comparten características por las que pueden ser agrupados y clasificados. ¿Cómo? Los criterios varían, pero en general se utilizan características “sencillas”: si los cuerpos están compuestos por una o muchas células, si esas células están compartimentalizadas internamente o no, cómo se alimentan (cómo adquieren la materia prima y la energía que requieren para vivir), etc. Si bien hay varias clasificaciones que conviven actualmente, podemos hacer una síntesis en la siguiente figura (Figura 2):
Figura 2: Una de las formas posibles de clasificar a los seres vivos de nuestro planeta. Árbol filogenético o esquema arborescente que muestra las relaciones evolutivas entre organismos con un ancestro común (origen del tronco). Los 5 grupos actuales representados son las bacterias, las arqueas, los protistas, las plantas, los hongos y los animales.
Hay trillones de seres vivos en el planeta. No es nada fácil etiquetar a cada uno y todavía más difícil es ponerse de acuerdo en una clasificación que sea “universal” y en la que todas/os las/los expertas/os estén de acuerdo. Sin embargo, no perdamos de vista por qué clasificamos a los seres vivos: para conocerlos, para saber de su existencia y para entender cuál es su función en los sistemas naturales. Es importante considerar también que, como especie, estamos generando un gran impacto ambiental, cambiando las características del ambiente, provocando que muchos organismos abandonen sus hábitats, incluso que desaparezcan.
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El futuro llegó hace rato (y sí, es todo un palo) |
Ahora que tienen un panorama de la diversidad que habita nuestro planeta, podemos pensar si en el lugar que eligieron las y los amigos para acercarse a la naturaleza existen representantes de todos estos Reinos o grupos. Spoiler: ¡claro que si! Todos los organismos representados en la Figura 2, por más cerca o lejos que aparezcan dibujados, tienen el potencial de influir en la vida de los otros. Para entender esta cualidad tenemos que pensar a los organismos en un espacio concreto, con ciertos recursos y condiciones, y ciertas necesidades para satisfacer.
B. ¿Ecosistema, hábitat y bioma son lo mismo?
Vamos a hablar de ecosistema como el espacio de interacción entre el ambiente biológico (los organismos) y el ambiente físico y químico (la luz, el agua, los minerales, la temperatura y todo lo que se nos ocurra que proporcione las condiciones de vida y a la vez que es fuente y destino de energía y materia). Muchas veces confundimos el término ecosistema con el de bioma, y a esta confusión se suma el término hábitat. Para pasar de un término a otro, necesitamos cambiar la escala: pensemos en los biomas como regiones completas de territorio, incluyendo la vida, el ambiente y el clima. Dentro de un bioma, entonces, habrá varios ecosistemas tal como los definimos previamente, y pensando en un ecosistema en particular, encontraremos varios hábitats, a los que podemos definir como el espacio en el que cada especie o población vive, con todas las características (abióticas o bióticas) que requiera (Figura 4).

Figura 4: El uso incorrecto (como espacio de interacción entre el ambiente biótico y abiótico) y el uso correcto (como el espacio de interacción entre los ambientes biótico y abiótico) de los términos hábitat y ecosistema.
Conociendo entonces la multiplicidad de hábitats que puede haber en un mismo ecosistema, es altamente probable que en cualquiera de ellos haya organismos de todos los reinos, uni o pluricelulares, autótrofos o heterótrofos full time o cuando puedan y quieran, conviviendo en un mismo ecosistema. Ahora bien, ya que varias especies comparten hábitat y recursos, es lógico que surjan “asperezas” y “alianzas” en la convivencia (¿o acaso ustedes no peleaban con sus hermanas/os por algún juguete, o se complotaban con ellas/os para conseguir que sus familias les compraran más helado?). La ecología (la rama de la biología que estudia las interacciones entre los seres vivos y el ambiente) cataloga a estas interacciones, les pone nombre y apellido y, sobre todo, evalúa los efectos que tienen para los distintos organismos.
