En este Bloque analizamos una etapa de la historia argentina en la cual tuvo lugar una experiencia política particular: el peronismo. Este proyecto expresaba los intereses de un sector de la burguesía industrial y, a su vez, fue ganando la adhesión de la mayoría de los dirigentes sindicales. Este modelo tenía como base la redistribución del ingreso, que favoreció, por un lado, a los trabajadores (a través del mejoramiento de los salarios y de otros beneficios) y, por otro lado, a la burguesía industrial dado que se amplió el mercado interno, mejorando sus oportunidades económicas.
Para comprender este momento histórico es indispensable tener en cuenta no sólo los factores internos sino también los externos.
Luego de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, el mundo quedó dividido en dos polos (por eso a este mundo de la posguerra se lo ha denominado “bipolar”), dos bloques políticos militares e ideológicos: los países comunistas liderados por la Unión Soviética y los países capitalistas liderados por los Estados Unidos.
En este marco las funciones estatales se replantean y surge el estado benefactor o “de bienestar” asociado a la etapa de intervención estatal en la economía que surge a partir de la gran depresión del ‘30 y se consolida, luego de la Segunda Guerra Mundial. Este tipo de estado que ampliaba sus funciones sociales tenía por objetivo hacer frente a “la amenaza comunista” que luego de la Revolución Rusa de 1917 se presentaba como una alternativa política. Además se buscaba contener el conflicto entre las clases sociales debido al impacto de la crisis del ‘30 primero y después de la guerra. En consecuencia, el Estado debía intervenir activamente en la producción, en la fijación del nivel de los salarios y en las prestaciones sociales, regulando la inversión o el consumo a través de herramientas tales como el gasto público.